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Tabasco, vivir con el agua hasta la cintura
Por Luis Castrillón
5 de noviembre, 2011
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Villahermosa,  Tab.- Las primeras cifras hace apenas un par de semanas referían 50 mil afectados, a la fecha superan los más de 300 mil. La creciente de los ríos que cruzan Tabasco sextuplicó en cuestión de días el número de hombres, mujeres y niños que hoy están con el agua a la altura de la cintura o la rodilla, viendo como sus enseres y otros utensilios domésticos se arruinan y las enfermedades los amenazan con hacer aun peor su situación.

Los refugios temporales apenas dan para proteger a unas 10 mil personas. El resto ve cómo hacerle en el día con día para soportar vivir entre aguas estancadas, cubiertas de espeso limo esmeralda dentro de su propia vivienda. Subiendo a tapancos improvisados los animales que la estructura frágil aguante: da igual si son cerdos, gallinas o pavos. Sólo los perros se quedan abajo. Finalmente se las ingenian para nadar.

Los brazos del Usumacinta y su principal afluente han dañado como nunca antes a los habitantes de comunidades de municipios como Jonuta, Centla, Macuspana, Balancán, Tenosique y Emiliano Zapata. Las zonas lagunares alimentadas por la lluvia y las corrientes de los ríos Samaria y Carrizal cubren igual y sin distinción a los pobladores de villas y rancherías en derredor de Villahermosa, la capital del estado, donde la situación permanece bajo control y el suelo seco.

Desde 1997, en el marco de la Convención de Naciones Unidas para el Cambio Climático, un documento presentado por México ya advertía de la “alta vulnerabilidad” del complejo sistema de ríos que cruzan Tabasco. La recomendación que acompañaba el texto urgía al desarrollo de obra pública con visión de largo plazo tanto en infraestructura urbana planificada como en proyectos hidráulicos de gran envergadura, no sólo en el municipio de Centro, con cabecera en Villahermosa, sino en las zonas ya identificadas como inundables en el resto de la entidad.

No se hizo caso alguno y la prueba quedó expuesta en un análisis hecho después de las inundaciones de 1999 y 2007 por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que señalaba los sitios más expuestos al desastre como aquellos donde se había presentado un crecimiento desordenado de asentamientos humanos o no se había regulado el establecimiento de los mismos a orillas de los ríos, o proporcionado opciones de reubicación verdaderas a los afectados de años anteriores.

A lo que los ciudadanos de comunidades ubicadas en derredor de Villahermosa o de los municipios de la región de Los Ríos le llaman falta de interés y corrupción de parte de las autoridades que “quién sabe qué han hecho con todos los millones que llegan al estado”, se ha sumado el crecimiento de las operaciones de las presas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Chiapas y a las abundantes lluvias provocadas, según los expertos, por el cambio climático.

Más allá de las explicaciones de especialistas, al recorrer los caminos que conducen a los municipios de la región de los ríos, la evidencia del desastre se monta en la carretera en forma de potreros improvisados, cuartos-refugio construidos con láminas de zinc y estructuras de madera barata donde se come y se pasa el día, para después pernoctar en grupos de familias compartiendo el espacio en la casa menos inundada.

Tablones sobre tabiques improvisan puentes que atraviesan de la sala a la cocina, a las habitaciones; de ahí a lo que asemeja un muelle donde está atracado el cayuco o lancha que normalmente está del otro lado de la casa, a donde da el río, pero que con la creciente que  ha superado el terreno, la vivienda y hasta en algunos tramos la carretera, se vuelve el medio de transporte en todo el terreno.

Vacas y caballos con el agua al cuello o atascándose por momentos entre el fango mientras cansados de mover muebles, de ir en lancha por el agua o la comida; padres sin trabajo ni medios para producir alimentos; madres sacrificando el último pollo; abuelas que le mientan la madre al gobernador Andrés Granier Melo y al presidente Felipe Calderón Hinojosa, o a los militantes lopezobradoristas que llegan a ofrecer apoyo a los afectados. Ni un color partidista sale librado, sea PAN, PRI o PRD. “Por cabrones…”.

Durante los últimos años, lo único que muchas de las familias afectadas hoy por las inundaciones, que no alcanzaron lugar en un albergue o refugio temporal, es decir, casi el 90 por ciento, saben es que la ayuda no es útil: no sirven 10 mil pesos para comprar enseres domésticos arruinados por el agua. Los adquiridos en 2010 ya se perdieron este año. El cemento y los tabiques para reconstruir se deterioraron entre el agua, o apenas dieron para levantar cuatro paredes.

Las despensas se agotan velozmente y en los ríos no se puede aprovechar la pesca. Las opciones de irse a vivir a otro lado tampoco son viables. ¿Cómo ir a vivir a una cabecera municipal en un fraccionamiento improvisado donde no se pueden sembrar árboles frutales u hortalizas, ni pescar camarones, mojarras o topenes frescos.

Los damnificados, habitantes del sector rural con menos acceso a la información pública ignoran que en 2008 la Comisión de Asuntos Hidráulicos del Senado de la República presentó un informe sobre las inundaciones de 2007 en el que se reconocían los daños producidos por el manejo y desfogue de las presas Peñitas, Angostura y Chicoasén, en Chiapas, pero les queda claro que cuando llueve el agua llega desde el vecino estado y se lleva todo.

Ignoran igualmente ese documento ya refería las contingencias por las lluvias desde 1980, 1995, 1999 y otras de menor magnitud e identificaba las zonas prioritarias a brindar atención inmediata y recomendaba revisar y terminar la infraestructura en el Programa Integral de Control de Inundaciones (PICI) y determinar las zonas de inundación para crecientes con periodo de retorno de al menos 100 años y realizar las acciones necesarias para relocalizar a la población asentada en estas zonas (de riesgo).

Tampoco saben que según contratistas que participaron en la construcción de bordos y obras hidráulicas en la entidad en 2008 y 2009, lo único que se pusieron fueron parches. Omitiendo nombres, reconocen que los planes de manejo de los afluentes no son útiles a largo plazo y en algunos casos solo han pasado los problemas de un lugar a otro. Incluso que algunos, como los realizados durante la administración de Manuel Andrade Díaz, ni siquiera se terminaron.

En septiembre del año pasado, el gobernador Granier Melo reconocía la condición crítica en la que el estado se encontraba. En publicaciones en periódicos tabasqueños del 4 de ese mes, afirmaba que la situación era peor a 2007. La contingencia fue superada entonces, pero reventó en este 2011. Probablemente tampoco tengan los damnificados actuales ese dato.

Lo que sí saben y pueden palpar al igual que las heridas provocadas por las infecciones por hongos en sus pies o manos es que los programas de apoyo o atención la contingencia no son útiles para ellos. Y lo dejan claro: están cansados de que se les acuse de que se “joden” entre el agua porque son tercos y no se quieren ir a vivir a otro lado. ¿A dónde?, se preguntan, que puedan sobrevivir sin convertirse en marginados dentro de las poblaciones urbanas.

En el periodo, 2009-2010, la organización no gubernamental  Asociación Ecológica “Santo Tomás”, recurrió a las leyes de acceso a información pública para revisar el uso de los recursos del Fondo Nacional para Desastres Naturales (Fonden) y con ello identificó casos claros de desvío de recursos tan obvios como la construcción de una estatua del cantante popular “Chico-Che” en el parque donde se instala la Expo Tabasco cada año.

Según lo verificado en documentos oficiales por esa agrupación, en Tabasco se recibieron en 2008 tres mil 500 millones de pesos del Fonden y  además se creó en la entidad el Fondo Tabasco, que aportó otros cuatro mil 290 millones, para sumar aproximadamente siete mil 800 millones de pesos.

Gran parte de los recursos se manejó a través de fideicomisos que por ley fue prácticamente imposible revisar, pero entre lo que pudo averiguarse, además de la estatua de Francisco Hernández Mandujano, se invirtió dinero del fondo de emergencias federal en el parque de beisbol “Centenario”, la Plaza de Toros, el área de exposición ganadera de la Feria Tabasco, entre otros gastos que no llegaron a donde realmente se requerían.

Y según los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional, seguirá lloviendo en las próximas semanas. Entrevistado ayer viernes, el gobernador recordó que en los municipios afectados el agua retomará sus niveles acostumbrados hasta enero próximo.

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Qué es "la luna de gusano", la superluna que no se veía desde hace casi 40 años
Llega la primavera al hemisferio norte y este año viene acompañada de una superluna llena, la tercera y última del año.
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20 de marzo, 2019
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La primavera llega este miércoles al hemisferio norte del planeta con una luminosa compañera: la tercera y última superluna llena del año.

La llamada “luna de gusano” ya se puede apreciar desde algunos lugares de la Tierra, pero el momento de mayor visibilidad se dará poco después del inicio oficial de la primavera en el hemisferio norte y del otoño en el hemisferio sur, que se produce este miércoles a las 21:58 GMT.

Lo llamativo de esta superluna es precisamente la coincidencia con el equinoccio de primavera y de otoño (en el sur), algo que no sucedía desde hace casi 40 años, en 1981.

Luna… ¿de gusano?

El viejo almanaque de los campesinos nativos de Norteamérica empezó a poner nombres a las lunas llenas en la década de 1930.

Algunos escritores vinculan dichos nombres a los meses de nuestro calendario moderno, pero también es posible que estén asociados a las estaciones del año.

“Luna de gusano” se refiere a la primera luna llena de marzo en referencia al deshielo primaveral en el hemisferio norte que libera gusanos en el terreno.

Pero también tiene otros nombres, como “luna de cuervo” (los graznidos de los cuervos indican el final del invierno) o “luna de savia o de azúcar” (para marcar el inicio de la temporada de jarabe de arce).

Celebración de la llegada de la primavera en India

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La luna llena y la llegada de la primavera se celebran en Bhopal, India, de una forma especial, con el festival Holi.

Además, los nombres específicos para la luna llena suelen recibir calificativos adicionales cuando coinciden con otros eventos lunares.

En enero, por ejemplo, hubo una “superluna de sangre de lobo” y en febrero tuvimos una “superluna de nieve”.

“Lobo” y “nieve” son los nombres para las primeras lunas llenas de enero y febrero, respectivamente.

Otros nombres incluyen “fresa” para junio, “esturión” para agosto y “fría” para diciembre.

Cuando en un mismo mes hay una segunda luna llena se la conoce como luna azul.

Qué es una “superluna”

Cuando observamos la Luna, su tamaño parece fluctuar levemente en el cielo nocturno porque orbita la Tierra en una trayectoria elíptica.

Así, parece ligeramente más grande cuando está en el punto más cercano a nuestro planeta en su órbita, lo que se conoce como perigeo, según explica la NASA (Agencia Espacial de Estados Unidos).

Los astrónomos usan los términos “superluna” o “de perigeo” cuando la Luna está llena y en su punto más cercano a la Tierra.

La NASA dice que una superluna se ve un 14% más grande y un 30% más brillante que una luna llena normal, aunque la diferencia es difícil de distinguir a simple vista.

La de este miércoles es la tercera y última superluna de 2019. No será una luna de sangre, como las dos anteriores de este año, porque no coincide con un eclipse lunar.

Tampoco será la más brillante puesto que la de febrero fue la más cercana a la Tierra y pudo verse en todo su esplendor durante seis horas, según explicó la NASA.

Los astrónomos esperan otras tres superlunas (no llenas) este año: el 1 y el 30 de agosto y el 28 de septiembre. Nuestro satélite estará entonces en su punto más cercano a la Tierra, pero no será visible porque no reflejará la luz solar.

La siguiente superluna llena será en marzo de 2020.


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