¿Fin del mundo, o tergiversación del legado maya?
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¿Fin del mundo, o tergiversación del legado maya?

Por Luis Castrillón
30 de diciembre, 2011
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Las múltiples interpretaciones fuera del ámbito científico y académico que se han dado a la forma de medir el paso del tiempo de los mayas, terminan siendo poco menos que “ocurrencias”, ambigüedades y distorsiones de la verdad que demeritan y los avances logrados hoy día en el conocimiento sobre la principal cultura mesoamericana y poco abonan a mejorar la situación en la que viven sus descendientes en los territorios compartidos de México y Centroamérica.

Basados en el calendario gregoriano que rige a la cultura occidental, grupos de seguidores de movimientos new age, empresas y prestadores de servicios turísticos, casas editoriales e incluso Gobiernos de los estados del sureste mexicano y de las naciones centroamericanas comenzaron la madrugada del día 21 de diciembre pasado la “cuenta regresiva” para alcanzar el final de lo que han llamado la “cuenta cósmica”,  a partir de una interpretación errónea del sistema cíclico de medición del tiempo de la cultura maya.

Según lo expresado por dichos sectores, a las 00:00 horas GMT habría iniciado el año 5128 del calendario maya, que comenzó desde el 13 de agosto del 3114, acorde a una interpretación hecha desde la forma de medir el tiempo en la cultura occidental judeocristiana a partir del supuesto nacimiento de Jesucristo, el cual es inexacto per se, a los hallazgos en códices y estelas mayas.

Para especialistas de las áreas de arqueología, antropología social, epigrafía y etnolingüística involucrados en la investigación de la cultura maya, tanto histórica como contemporánea, la expectativa en general que rodea a lo señalado en los calendarios de esa civilización prehispánica carece de fundamentos tanto si se habla de un término apocalíptico como del principio específico de una nueva era para la humanidad.

 

En contraparte y en un aparente desconocimiento de lo expresado por el sector académico y científico en diversos foros durante los últimos años, los Gobiernos de estados como Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas, así como el Ejecutivo Federal han impulsado proyectos conjuntos para explotar turísticamente el fenómeno que ha creado una supuesta fecha calculada en el 21 de diciembre de 2012.

 

La propia gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco se refirió al tema la mañana del día 21 pasado a través de su cuenta de Twitter [email protected] en la que expresaba lo siguiente: “Exactamente en un año se termina la cuenta del calendario maya. Ustedes dónde van a estar? Ya lo planearon?”

 

La mandataria yucateca, quien desde su entrada al sitio de microblogging se ha mantenido ranqueada entre los 30 principales usuarios de ese sistema en México, aclaró que no se trata de un asunto de carácter apocalíptico:
“El 21de dic de #2012 termina la cuenta larga del #calendariomaya. No es el fin, es el inicio de una nueva era.”, escribió la mandataria quien ha usado como tagline o slogan el tema de la “nueva era” como una estrategia de promoción político-electoral desde su último informe de gobierno presentado en octubre pasado.

La iniciativa de los diputados yucatecos

 

Encabezados por el diputado priista, Roberto Rodríguez Asaf, los integrantes de la actual Legislatura de Yucatán, impulsan una declaratoria del 2012 como “Año de la Cultura Maya” a nivel nacional y respaldada por el Ejecutivo Federal, lo cual podría ocurrir luego de que el mismo presidente, Felipe Calderón Hinojosa diera el “banderazo” el 21 de junio pasado a una reedición más del programa turístico Mundo Maya, bajo el lema “Con la cultura Maya México se fortalece”.

El objetivo del programa federal y la iniciativa yucateca es aprovechar la expectativa que todo el tema ha provocado a nivel internacional para atraer hasta 52 millones de visitantes principalmente en el último trimestre de 2012. A la fecha, sitios como Cancún y la Riviera Maya, en Quintana Roo han reportado cifras superiores al 30 por ciento en las reservaciones de las cerca de 70 mil habitaciones de hotel con que cuenta esa zona, solamente para el mes de diciembre.

 

La propuesta de los legisladores de Yucatán fue aprobada por unanimidad el 10 de marzo pasado y tiene el objetivo de “es brindar reconocimiento a los ancestros que tanto legado dejaron a la humanidad; así como posicionar a Yucatán y México, como eje central de la civilización Maya”.
La exposición de motivos señala que “al hablar de la Cultura Maya no solamente se hace referencia a una de las culturas más importantes, sino que implícitamente se reconoce a hombres y mujeres que con esfuerzo y tenacidad legaron a la humanidad grandes aportaciones”.

“El interés que demostraron los mayas en el año 2012 genera que dicho año sea considerado como de gran relevancia para todo el mundo, en este sentido y con la finalidad de que sea precisamente Yucatán quien transmita y promueva su importancia a nivel local, nacional e internacional, es necesario que se establezca ‘2012 Año de la Cultura Maya’”, indica el proyecto.
También establece la creación de un Comité para la Planeación, Desarrollo y Difusión del 2012, Año de la Cultura Maya y la delimitación de sus funciones y objetivos, la propuesta legislativa no establece ningún programa relacionado directamente con la mejoría de las condiciones y trato a los pobladores de las comunidades mayas de Yucatán.

 

El Comité se hará cargo de “elaborar programas que contengan actividades, eventos, acciones, expresiones, conmemoraciones y demás proyectos que tengan como propósito enaltecer y celebrar a la Cultura Maya”, los cuales no se detallan.

 

La perspectiva académica 

De acuerdo con investigadores del INAH, el CIESAS y la UNAM, la expectativa popular ya existente a nivel internacional está revestida de un exotismo que entrelaza sin fundamento creencias con conocimiento científico. En un mismo contexto mezclan astrología y esoterismo con disciplinas como la historia, la astronomía, la arqueología e incluso las matemáticas, entre otras.

 

Descalifican los programas turísticos porque carecen de una exposición correcta del tema y distorsionan los conocimientos ya establecidos sobre la cultura maya, poniéndolos en riesgo y forzando lo que podría ser el inicio de un largo recorrido académico para tratar de corregir y aclarar todas las interpretaciones equívocas que a partir del próximo año surgirán, amén de las ya conocidas.

 

Al respecto se refirieron  los investigadores del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la UNAM, Guillermo Bernal Romero; del Centro INAH-Yucatán, Alfredo Barrera Rubio, y el director de la Unidad Peninsular del CIESAS, Pedro Bracamonte y Sosa.

 

De acuerdo con Bernal Romero, es importante conocer que el sistema cíclico del calendario maya tiene su origen en la cultura Olmeca tardía, en la zona de la costa del Golfo de México, posteriormente adoptado y perfeccionado por los mayas, quienes fijan un punto determinado en el tiempo y establecen una cuenta larga y ciclos rotativos.

 

Lo señalado hoy día como “un final”, explicó, es solamente el cierre de un ciclo después del cual iniciará otro. “Hay datos confiables en los registros y estudios que permiten ver la continuidad del calendario, el cual está construido incluso matemáticamente”.

 

Es cierto, agregó, que los textos del Chilám Balám refieren cambios en la creación, en el orden del cosmos y lo relacionan con hechos de su presente, en el que pueden encontrarse elementos de fatalidad, cuya adopción o arraigo en la actualidad puede ser normal, pero que ha estado cubierta de lecturas incorrectas.

 

“No hay nada serio en todas esas interpretaciones. El pensamiento maya prehispánico no consideraba las condiciones que establece el pensamiento actual porque incluso sus conocimientos de la naturaleza, matemáticos y astronómicos no tenían los alcances de ahora”, reiteró.

 

“Son meras ocurrencias, pero son atractivas porque tienen un ropaje exótico. Hoy lo maya es totalmente exótico; le hemos puesto más de lo que es y no hemos terminado de entender su mundo. Lo que necesitamos es difundir información legítima de su cultura, no inventarles atribuciones sobrehumanas ni usarlos como un filón del momento porque, luego que pase 2012, sin ocurrir nada sorprendente, quizá muchos se preguntarán: ¿y entonces a qué vamos a Yucatán?”, aseveró.

 

A su vez, Barrera Rubio destacó que todo el fenómeno y la expectativa de un final catastrófico o nuevo comienzo no es reciente, al referirse al libro publicado en 1995 por el novelista Adrian Gilbert, que inició una corriente con diversos títulos escritos por autores que no eran ni mayistas ni arqueólogos y cuya difusión mercantil ha terminado por generar una creencia.

 

“Ya lo ha señalado el epigrafista David Stewart –uno de los más destacados a nivel mundial-: no hay sustento académico ni científico; son propuestas sin validez en el medio de los estudios sobre lo maya. Por eso es importante, en lugar de usarlo como propaganda, ubicarlo en su sentido adecuado, no confundir, ni distorsionar la realidad”, reiteró.

 

Quienes han expuesto estas pseudoprofecías, abundó, mezclan los textos de la cuenta larga, con la cuenta corta del calendario de esta cultura y además los interpretan bajo la concepción de nuestro tiempo actual, no del maya. Citó como ejemplo que el punto de partida de la llamada cuenta larga se establecería en agosto de 3114 antes de Cristo, pero que refiere una fecha mítica para el inicio de su existencia y no puede pensarse en los términos exactos como insisten en exponerla.

 

También usan textos del Popol Vuh, hablan de las cuatro creaciones, mezclan términos, pese a que ninguno establece la fecha de un final. Son textos asociados arbitrariamente y relacionados con cuentas astronómicas, con movimientos esotéricos y astrológicos, pero no existe ningún elemento válido que refiera ese final o reinicio, según explicó.

 

“Llegan incluso a asociarlos con acontecimientos astronómicos previstos ahora, pero que los mayas antiguos no conocían ni tenían forma o capacidad para preverlos en su momento”, citó también como ejemplo del riesgo de la promoción de estas ideas que “venden mucho y no dicen nada; son ruido sin contenido, sin sustento real y que sólo perjudican al distorsionar la cosmovisión de los mayas y su cultura, que está presente, viva, no es sólo códices y vestigios.”

 

Para Bracamonte y Sosa la principal preocupación está en cómo se soslaya a las comunidades mayas actuales que viven en condiciones de pobreza y marginación, discriminadas por ideas de etnicidad que acentúan la diferenciación en el trato, y que ahora serán vistos, si se da el caso, como objetos de admiración exótica y turístico, sin que ello abone a su derecho a desarrollarse como personas e integrantes de la sociedad con igualdad de oportunidades.

 

De acuerdo con la sociología del conocimiento, expuso, lo que llamamos la realidad, su percepción, se construye en relación con un entorno determinado. Lo maya es una forma de pensamiento específico que se contrapone al occidental actual y que se asienta en dos líneas específicas: el uso del tiempo cíclico y la construcción de vaticinios, que no es lo mismo que profecías: los mayas no tienen ni tenían profetas en la concepción de su realidad.

 

Expuso que los mayas alcanzaron un nivel de protociencia que integró el pensamiento en un solo espacio interrelacionado. Sus vaticinios se basan en la superposición de cada periodo del calendario, compuestos por una serie de variables resultantes en hechos varios; la lectura de éstos, de forma cíclica permitía esperar que si las variables se repetían, ocurrieran situaciones similares.

 

Destacó que incluso al mezclarse con el judeocristianismo durante la colonización, la forma de pensamiento se mantuvo e incluso hoy día puede constatarse en la conversación con mayas yucatecos que al hablar del tema del final de una era, hacen referencia al Dios judeocristiano y a señales o conocimientos transmitidos vía oral, pero siempre sobre la estructura cíclica y además, aclarando que no existe una fecha determinada para lo que pueda ocurrir.

 

“Todo este exotismo actual no son más que cuentos y superchería. Entiendo que los empresarios quieran tomar ganancias de lo que queda de los mayas, prometiéndoles trabajo, pero sin un salario digno, o simplemente subempleos, pero los mayas y los vaticinios auténticos no deberían ser sujetos de comercialización basados en una mala interpretación de lo que realmente es su forma de pensamiento y cultura.

“Si bien es un pensamiento ingente, dañado o destruido porque no ha tenido las motivaciones sociales que lo reproduzcan y reconozcan como válido más allá de su entorno familiar y comunitario, en el fondo están en su derecho, como seres humanos, de construir su realidad y su forma de existir”, aseveró Bracamonte y Sosa.

El Calendario Maya

El calendario usual entre los mayas a la llegada de los españoles tenía como unidad el día o sol (kin), la luna o mes (u, ik), el mes de la piedra (uinal), la cuenta de los 260 días (tzolkín), el año o piedra de 360 días (tun), el año (haab), el ciclo o pila de piedras de 20 tunes (katún), la rueda del calendario de 52 años (hunab), el ciclo de 13 katunes (may) y un ciclo de 20 katunes (baktún).

 

Para la astronomía y otros cómputos mayores se usaban múltiplos superiores al baktún, como el pictún, formado por 20 baktunes; el calabtún igual a 20 pictunes; el kinichiltún, equivalente a 20 calabactunes y el alautún, similar a 20 kinichiltunes.

 

Como en los kinichiltunes el final del ciclo de trece baktunes corresponde al solsticio de invierno de 2012 d. C., se dice que ésta será la fecha del final de una era maya. Pero la colonización tendió a desajustar los calendarios nativos, especialmente por la influencia de los calendarios gregoriano y juliano. Asimismo, el año bisiesto, la semana de siete días, el año de 12 meses y las fiestas móviles de la Iglesia influyeron en el uso calendárico de los mayas.

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Cortesía Fanny Griffin

El esclavo de Texas que se hizo millonario haciéndose pasar por mexicano

William Ellis nació como esclavo en un pequeño pueblo de Texas y a lo largo de su vida amasó fortuna haciéndose pasar por mexicano, cubano e incluso hawaiano para esquivar la segregación racial instalada durante la "Edad dorada" de EE.UU. de finales del siglo XIX.
Cortesía Fanny Griffin
3 de agosto, 2020
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Un espectacular acto de reinvención.

Lo conocían como Guillermo Enrique Eliseo o Guillermo Ellis, el banquero de gran riqueza de Ciudad de México, que a su vez tenía una oficina en Wall Street en Nueva York y una residencia en la distinguida zona del oeste de Central Park.

Hubiese sido una locura pensar que este mismísimo hombre, siempre ataviado con joyas y ropas caras, había nacido como esclavo en una plantación de algodón en el sur de Texas.

William Henry Ellis era su verdadero nombre.

Lo investigó el FBI, conoció al entonces presidente Theodore Roosevelt, mantuvo estrechas relaciones con el Porfiriato mexicano, lideró una misión diplomática a Etiopía y, entre otras hazañas, orquestó “uno de los esfuerzos de emigración de afroestadounidenses más audaces en la historia de Estados Unidos”.

Karl Jacoby, historiador de la Universidad de Columbia (Nueva York), se encontró con la enigmática figura de Ellis por accidente.

Tal fue su fascinación que dedicó buena parte de su carrera académica a sumergirse en las sombras este personaje, que vivió entre 1864 y 1923.

Un esfuerzo que materializó en un libro de 2016 titulado The Strange Career of William Ellis: The Texas Slave Who Became a Mexican Millionaire (“La extraña carrera de William Ellis: el esclavo de Texas que se convirtió en un millonario mexicano”).

El año pasado, el documentalista estadounidense Phillip Rodríguez adquirió los derechos para televisión y cine del libro y está en el proceso de desarrollar el proyecto.

"Ellis hizo todas las cosas que un afroestadounidense de su tiempo supuestamente no debía hacer".", Source: Karl Jacoby, Source description: Historiador de la Universidad de Columbia (EE.UU.) y autor de la biografía de William Ellis, Image:

Uno de los aspectos que más llamó la atención de Jacoby fue que Ellis “hizo todas las cosas que un afroestadounidense de su tiempo supuestamente no debía hacer”.

“Esta es la época en que Jim Crow estaba institucionalizándose y aun así, él encontró las fisuras del sistema y pudo hacer cosas notables”, le dice Jacoby a BBC Mundo.

Ellis vivió en los márgenes fronterizos y de raza, esquivando etiquetas y al mismo tiempo asumiendo los peligros que para la época representaba que lo reconocieran como negro.

Su “extraña” carrera, como menciona Jacoby, plantea la pregunta más básica y sin embargo la que asalta a la mente en seguida: ¿cómo lo hizo?

De traductor a emprendedor

Las características geográficas en las que creció William Ellis facilitaron que aprendiese español, una poderosa herramienta que supo aprovechar por el resto de su vida.

Nacido en Victoria, en el sur de Texas, un año antes de que se aboliera la institución de la esclavitud en 1865, Ellis compartía con “mexicanos, tejanos, anglo estadounidenses y afroestadounidenses que vivían unos cerca de los otros”, describe Jacoby.

Construcción abandonada de aparceros en lo que era la plantación de los Weisiger y donde nació William Ellis.

Cortesia Karl Jacoby
Construcción abandonada de aparceros en lo que era la plantación de los Weisiger y donde nació William Ellis, en el sur de Texas.

En la plantación de Joseph Weisiger, un patriarca blanco de Kentucky, la familia de Ellis entró en contacto con mexicanos que convocaban en las ocupadas épocas de recolección de algodón.

Fue así que el joven William aprendió a hablar español con fluidez y se convirtió luego en el asistente y traductor del irlandés William McNamara, un poderoso comerciante de algodón y cuero.

“McNamara no solo compra las materias primas en Texas sino a lo largo de la frontera con México y el joven Ellis lo acompaña y habla por él”, describe Jacoby.

A los 20 años de edad, Ellis se despide de su Victoria natal y decide mudarse a San Antonio, una ciudad más grande.

Ahí empieza la reinvención: al abrir su negocio de comercio de cuero y algodón, Ellis les dice a sus nuevos contactos que su nombre es Guillermo Enrique Eliseo y que es de origen mexicano.

Lo ayudaba que para su época, finales del siglo XIX, “nadie tenía pasaporte, ni licencia de conducir o certificados de nacimiento, había muy poco rastro en papel”, señala el historiador.

Al mismo tiempo, el desarrollo de las ferrovías en la década de 1880 facilitó el desplazamiento más rápido y de mayor distancia.

El anhelo de México

Desde antes del nacimiento de Ellis, en el imaginario de muchos afroestadounidenses del sur habitaba la idea de México como una tierra de libertad.

“Un estimado de 4,000 esclavos huyeron de Estados Unidos a México antes de la Guerra Civil ”, indica el libro.

Así lo describió Felix Haywood, un antiguo esclavo de Texas en un testimonio citado en el libro: “No había razón para huir hacia el Norte. Todo lo que teníamos que hacer era caminar, pero caminar hacia el Sur, y ahí seríamos libres tan pronto como cruzáramos el Río Bravo”.

Un dibujo muestra a esclavos trabajando la tierra mientras son supervisados por un hombre.

Getty Images
“Un estimado de 4,000 esclavos huyeron de Estados Unidos a México antes de la Guerra Civil ”, indica el libro.

La esclavitud de africanos existió en México desde 1519, recoge Jacoby. Pero después de la independencia en 1821, el país “adoptó medidas para prohibir el comercio de esclavos y emancipar a todos los niños esclavos menores de 14 años”.

“Es difícil para los estadounidenses entender el hecho de que el verdadero faro de libertad durante estos tiempos no era parte de Estados Unidos, sino México”, dice Jacoby.

Una nueva era: passing

Con la abolición de la esclavitud en Estados Unidos no cesó el maltrato hacia la población negra, lo que llevó a que muchos en el sur vieran el beneficio -y asumieran el riesgo- de hacerse pasar por mexicanos o nacionales de otros países.

En inglés, se le conocía bajo el término passing y, por lo general, se usaba para describir a alguien “que tenía ascendencia afroestadounidense pero que se presentaba como blanco“, explica Jacoby.

Era frecuente que aquellos que empezaban una nueva vida como “blancos” se distanciaran para siempre de sus familias, y por ello a veces el acto se veía como “darle la espalda a la comunidad a la que se pertenecía”.

En última instancia, acota Jacoby, lo que indicaba el passing es que “todo el sistema de razas dependía de clasificaciones de sentido común y de la idea de que se podía ‘saber’ la raza de alguien solo con verle”.

Un dibujo con un retrato de William Ellis a finales de la década de 1880.

Cortesia Karl Jacoby
Un dibujo con un retrato de William Ellis a finales de la década de 1880.

“Pero esto no es posible, especialmente si consideramos que durante el periodo de la esclavitud, hubo una tremenda explotación sexual de mujeres negras por parte de sus esclavizadores”, dice.

Convenientemente, Ellis se hizo pasar por mexicano en San Antonio, una ciudad en la que el 20% de la población era de ese origen.

Luego, en Nueva York por ejemplo, se haría pasar por cubano. Y en otras ocasiones, hasta hawaiano.

La única vez que admitió hacer passing fue en 1891 en una entrevista con un diario de Chicago, según documenta el libro.

Explicó que viajar en ferrocarril fue lo que lo motivó a hacerlo: “Estoy obligado a hacerme pasar por mexicano para poder obtener las comodidades básicas de un viajero blanco”, dijo entonces.

Un hombre “que se hizo a sí mismo”

Ellis se desenvolvió durante la llamada “era dorada” o Gilded Age de Estados Unidos, cuando el país atravesó grandes cambios con la llegada de la industrialización y muchos amasaron fortunas gracias a ello.

Años antes de establecerse como un hombre de negocios y el contacto necesario entre los inversionistas de Wall Street y México, Ellis se embarcó en un ambicioso proyecto desde Texas.

El comerciante viajó a Ciudad de México en 1889 junto a un socio y ambos llevaron cartas de presentación a altos miembros del gobierno de Porfirio Díaz.

“Convencieron a Pacheco (secretario de fomento) de que les aprobara un contrato de 10 años para colonizar hasta 20,000 personas en México“, explica el libro.

Durante el siglo XIX y el XX, “hubo una discusión considerable sobre la llamada ‘colonización’ de afroestadounidenses tanto por parte de la comunidad negra como de la blanca”, aunque por razones diferentes, explica Jacoby.

Un mapa de la zona fronteriza entre México y EE.UU. en 1911

Getty Images
Un mapa de la zona fronteriza entre México y EU en 1911

Entre los blancos, señala, existía “esta fantasía de ‘limpiar’ étnicamente el país, de no querer la esclavitud pero tampoco a afroestadounidenses libres, por lo que entonces había que enviarlos a África“.

Entre los negros, en contraposición, el racismo estructural abrió la puerta a pensar que “tenía sentido mudarse a otro sitio”.

En paralelo, durante el Porfiriato, México invirtió esfuerzos en atraer más inmigrantes, principalmente de Europa, para “modernizarse como Estados Unidos”, dice Jacoby.

“Pero Ellis logró persuadirlos de llevar a negros desde Estados Unidos”.

Bajo el argumento de que “los negros eran agricultores excepcionales de algodón, ‘los mejores del mundo'”, el Senado mexicano aprobó en 1889 su plan de colonización.

Pero los emprendedores no recaudaron los fondos necesarios para financiar el programa, pese a que sí generó interés en Texas, explica Jacoby en el libro.

Esto, combinado con cambios internos en la política de México (Pacheco falleció), hicieron que el plan se anulara en 1891.

Segundo intento

Pero Ellis no descansaría hasta lograrlo.

Después de breves ambiciones políticas que lo llevaron a lanzarse como candidato al Congreso de Texas, en 1894 decidió retomar su plan de colonización.

La firma de un contrato con La Compañía Agrícola Limitada del Tlahualilo significó que casi mil afroestadounidenses emigraron a esta enorme hacienda, ubicada en el norte de México entre Durango y Coahuila, en 1895.

“Creo que este fue el número más grande de afroestadounidenses en emigrar de Estados Unidos en grupo durante todo el siglo XIX”, afirma Jacoby.

El sitio web que creó Karl Jacoby con la historia de William Ellis

Website
El sitio web que creó Karl Jacoby con la historia de William Ellis, williamhellis.com

Ellis dijo entonces: “Siete niños han nacido y el sueño de mi vida se ha hecho realidad. He vivido para ver al afroestadounidense en el País de Dios y la Libertad”.

Pronto, sin embargo, su anhelo de crear una comunidad pujante se frustró.

La aparición de enfermedades, “algo parecido a la malaria” según diagnosticó un médico de la época, y las denuncias por las malas condiciones de trabajo para los pobladores acabaron con el proyecto.

El destape

De vuelta en San Antonio, Ellis ya se había cimentado como una figura de reputación, pero ese estatus no llegaría muy lejos.

En un incidente que Jacoby describe en el libro, al empresario se negaron a atenderlo enuna cantina por su color de piel.

“Poco después, el nuevo directorio de la ciudad de San Antonio fue publicado. Por primera vez, el nombre de Ellis aparecía con una letra ‘c’ al lado, que quería decir hombre de color”, describe el texto.

“Su historia queda revelada y aunque podía quedarse allí como un hombre afroestadounidense, decide irse”, dice Jacoby.

William Ellis en una foto de pasaporte de 1919

Archivo Nacional de Estados Unidos
William Ellis en una foto de pasaporte de 1919.

Un año después, en 1898, los documentos muestran que Ellis ya tenía residencia en el hotel Imperial de Nueva York.

De ahí en adelante, apunta el historiador, su activismo en torno a su comunidad “se vuelve mucho más moderado porque no quieren que vuelvan a descubrirlo”.

Ellis, sin embargo, no corta relaciones con su familia, como pasaba con muchos que decidieron “pasarse” al mundo de los blancos.

Un distinguido mexicano en Nueva York

Su llegada a Nueva York coincidió con un “asombroso” crecimiento en las relaciones comerciales entre México y EU, comenta el autor.

“Él se convirtió en una persona muy útil porque en Wall Street estaban obsesionados con invertir en México y él estaba muy bien conectado con figuras clave del Porfiriato”, explica Jacoby.

En la capital de la industrialización, Ellis “vendió el discurso de México como una tierra de riquezas tropicales, y de él mismo, Guillermo Eliseo, como la persona a la que había que conocer”.

Ellis aparecía en documentos revisados por Jacoby como presidente de al menos siete compañías, algunas valoradas en millones de dólares.

William Ellis

Cortesia Fanny Griffin

Por esos años también compró la fábrica de muebles más grande de México y se convirtió en el representante para ese país de la Hotchkiss Arms Company, una manufacturera francesa de armas.

En este periodo, coordina dos llamativos viajes a Etiopía, uno de ellos una misión diplomática con el fin de concretar acuerdos de comercio con el emperador Menelik II.

Se convirtió en el primer afroestadounidense en visitar ese país, según documenta Jacoby, y a su regreso a EE.UU. sostuvo reuniones con el entonces presidente Roosevelt en 1904.

Por esos años, se casó con una mujer blanca de origen sencillo llamada Maude Sherwood y tuvieron seis hijos, dos de ellos fallecidos poco después de nacer.

Por alguna razón, Ellis mintió sobre los orígenes de su esposa al afirmar en un comunicado de prensa sobre su casamiento que pertenecía a la nobleza de Inglaterra.

“Una de las cosas difíciles al momento de escribir este libro fue que él intentaba esconder su historia de vida y siempre trataba de reinventarse”, explica Jacoby.

Tiempos turbios

Sus ambiciones de industrialización en Etiopía se estancaron, entre otras cosas, por falta de financiamiento, tal y como le había ocurrido en el pasado.

Obligado a volver a mirar hacia México y con las finanzas apretadas, Ellis tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos tras la Revolución Mexicana en 1910 y el fin del Porfiriato.

Los tiempos turbulentos y constantes cambios en el poder hicieron que Ellis perdiese ambiciosos contratos que había firmado en la era Díaz para establecer una fábrica de goma y una planta hidroeléctrica.

La Revolución Mexicana se prolongó desde 1910 hasta 1917 y dejó más de un millón de muertos.

Getty Images
La Revolución Mexicana se prolongó desde 1910 hasta 1917 y dejó más de un millón de muertos.

El haberse involucrado en los asuntos políticos del país que adoptó como propio hizo que el FBI (entonces conocido como Buró de Investigaciones) lo investigase en 1916, aunque no encontró hallazgos que lo incriminaran, documenta el historiador.

En 1920, cuando el general Álvaro Obregón depuso a Venustiano Carranza, Ellis estaba a su lado nada más y nada menos que cuando el presidente huía de Ciudad de México, reconstruye Jacoby.

Cuando EE.UU. finalmente reconoció el gobierno de Obregón en 1923, “Ellis ya estaba trabajando en un nuevo proyecto: un acuerdo de reducción de aranceles para varios puertos con el fin de atraer más comercio”.

Pero la enfermedad no le permitió llevar a cabo sus nuevos emprendimientos.

El 24 de septiembre de 1923, Ellis murió en Ciudad de México y su cuerpo está enterrado en una tumba sin nombre en el Panteón Español.

La tumba de William Ellis en el Panteón Español de Ciudad de México.

Cortesía Karl Jacoby
La tumba de William Ellis en el Panteón Español de Ciudad de México.

Durante su residencia en México, Ellis evitó involucrarse con la comunidad estadounidense y siempre se hospedó en un hotel cuyo dueño era un inmigrante inglés.

Sorpresivamente, el hombre que se reinventó no dejó grandes riquezas sino 5,000 dólares a su esposa Maude.

Pocos años después, su esposa e hijos se mudaron a México.

La prensa afroestadounidense reseñó su muerte resaltando su verdadero origen, pero Jacoby destaca que, en lugar de juzgarlo, se coló una cierta celebración de su vida.

“(…) Por el hecho de que su vida fue espectacular, llena de ambiciones a lo grande entre los más grandes del mundo, debemos sentir cierto grado de satisfacción al darnos cuenta de que él era de los nuestros“, destacó entonces el diario Dallas Express.


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