El buen ojo y los dedos seguros de Jesús León
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El buen ojo y los dedos seguros de Jesús León

Por Moisés Castillo
10 de diciembre, 2011
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Dicen que detrás de la lente fotográfica hay un hombre: una sensibilidad y una fantasía. Un punto de vista. Y las imágenes de Jesús León congelan fragmentos de la vida nocturna de la ciudad de México: rostros en plena euforia y la inevitable resaca cuando amanece. Sus fotos sensuales y sexuales aprisionan el tiempo que ya fue, pero que documentan la moda, lugares y rostros desde un ángulo o momento inesperado.

Desde hace más de 10 años comenzó su proyecto Domestic Fine Arts y tiene un stock de 70 mil fotografías de distintas fiestas e inauguraciones de exposiciones de arte. En medio de la diversión y los tragos, Jesús tomaba su cámara y buscaba a personajes que le llamaran la atención. Encontró en la fotografía una forma de expresión y conexión con la gente. Tomar fotos fue un excelente medio para terminar con su timidez brutal y hacer amigos.

“Les pedía sus datos, su mail y, al día siguiente, les mandaba las fotos a sus direcciones electrónicas. Así empezó todo. Con las redes sociales e Internet se fue facilitando el intercambio y la exposición de mis imágenes. Sin duda, el blog disparó aún más el proyecto”.

Jesús es autodidacta. Tiene una obsesión por la historia de la fotografía y la documentación. No cursó fotografía y no le interesa la técnica. Sólo le importa hacer clicks que le ordena su mente: rostros y cuerpos que persisten en la memoria. Éxtasis y desastre. La fascinación y el “bajón”. Retrata la diversión y las ruinas que quedan del desmadre. Identidades que se olvidan.

Jesús León.

Dice que nadie en su casa se dedica a la fotografía. Siempre vivió con dos tías, hermanas de su padre, quienes veían cine mexicano de los años 40 y es su única influencia familiar. Después de una década ya no es el joven invisible para sí mismo y para los demás. Su primera cámara fue una Polaroid setentera y después tuvo en sus manos una de 35 milímetros. Quizás si alguien se ve en una de sus fotos irá surgiendo otra persona formada por todo lo que no era: ilusión peligrosa, ¿qué ojo ve primero?

A sus 37 años, es un artista que saltó del blog a las galerías. Domestic Fine Arts combina fotografía y música para mostrar su trabajo visual. Su cámara es testigo de la fiesta “artística” y del underground en el Distrito Federal. Sus imágenes presentan la vida frágil y fugaz de la noche, falsas apariencias o falsas presencias. Sus fotografías nocturnas son otras mentes que observan como un ojo, rostros y cuerpos que se consumen bajo la luz de la luna.

Jesús ha tenido exposiciones individuales en Garash Galería y actualmente tiene una itinerante en Suecia llamada “Multitude”, con una selección de 30 fotografías en gran formato. Además ha participado en muestras colectivas en Los Ángeles, Washington y Kioto. Estuvo colaborando en el programa “Arteria” con su cápsula el “Paparazzo del terrore” y en el show del “Insomnio” de Canal 22.

-¿Has tenido algún altercado por tomar fotos sin pedir permiso?

No, afortunadamente. He aprendido a acercarme y sentir a la gente. No me interesan mucho las personas que no se visten para la ocasión. Hay gente que no le gusta llamar la atención o que la fotografíen. En pocas ocasiones me ha tocado borrar la foto en el momento, pero me muevo en libertad y sin restricciones.

-Tus fotos son producto de la inmediatez y lo inesperado, ¿Cómo escoges a tus personajes, lugares y situaciones?

Es el timing, el poder estar en el momento adecuado. Puedes estar en la misma fiesta y otros fotógrafos captaron algo increíble y por algún motivo estuviste distraído o fuera de foco. Tienes que tener la suerte de estar justo a tiempo. Por ejemplo, en una noche estaba en un club de stripper Solid Gold fotografiando a varias chicas y, de repente, llegó el dueño y las abrazó y empezó a juguetear con ellas. Él nada tenía que ver con mi trabajo que estaba haciendo y, sin embargo, son de mis fotos favoritas.

-Veo que también te gusta capturar retratos de travestis…

Son amigos cercanos y han sido una influencia muy grande en mi obra. Lo hago por todo lo que significan: son un performance ambulante, es documentar lo que son y lo que esconden. Cómo se embellecen y se transforman en otra persona, eso me gusta.

-¿Cómo fue pasar del mundo de Internet a una galería?

Conocí a mi galero por amigos mutuos y entonces él me propuso exponer en Garash, lo cual se me hizo un gesto noble de su parte. Se dio cuenta de la importancia que tenían las fotos en la red y el juicio de la gente es muy individual: a muchos les gustan y también hay gente que le parecen superficiales.
En Garash apoyaron mi trabajo sin importar que mi obra no haya sido oficialmente validada por alguna galería.

-¿Observas algún cambio de la “fiesta” en la ciudad de México? ¿Se ha alterado la forma de divertirse de los capitalinos en la última década?

Creo que se repiten muchas cosas como el gusto por el alcohol y las drogas. La fiesta se me hace igual de divertida antes y ahora. Claro que cambian lugares y la gente. A mi edad como que la onda es más tranquila, pero las fiestas de hoy no me aburren ni me cansan.

-¿Hay bares o foros que extrañes?

No me gusta tanto la onda nostálgica, siento que todo tuvo su momento y ahora está trasladado a otra parte, ¿no? Sigue habiendo lugares muy divertidos cuando la gente es la adecuada, no creo mucho en un lugar. Creo más bien como en el conjunto de gente que provoca el ambiente ideal para pasarla bien. Sin embargo, cuando era muy chavo iba al Patrick Miller, que estaba en el Club de Periodistas. Era padrísimo, iba cuando tenía como 15 años y no vendían alcohol. Era todo un palacio en el Centro Histórico. Todos los sábados iba con mi banda y eso fue que de las primeras cosas a las que me lanzaba como chavito.

-¿Recuerdas alguna fiesta memorable que hayas registrado?

Me acuerdo mucho de una serie de fiestas en un bar de la Condesa hace dos años. Todos los miércoles organizaban eventos y entonces la cantidad de gente que se reunía era muy singular y había muchos personajes. Ahora es muy difícil porque la gente se dispersa por tantas opciones de fiesta. También recuerdo con gusto El patio de mi casa, un bar que estaba en el Centro, era todo el desmadre del mundo. Me gustó mucho esa época.

Cine Teresa y funeraria

El 24 de agosto de 2010 ocurrió uno de los episodios más trágicos en la historia reciente del país: se encontraron 72 cuerpos de migrantes centro y sudamericanos en un rancho de San Fernando, Tamaulipas. Según los reportes, la matanza fue perpetrada por el temible cártel de Los Zetas. Los cadáveres fueron trasladados para embalsamarlos a la funeraria “La Piedad”, ubicada en la colonia Doctores de la ciudad de México.

Enfrente de esa funeraria pasa diariamente Jesús León en su bicicleta, es su ruta cotidiana de la Galería Garash a su casa. No le daba mucha importancia a ese sitio con olor a muerte hasta que, una noche del 2009, detuvo su bici y vio iluminada la funeraria de forma muy singular, con muchos reflejos y contrastes. Hizo varios clicks. Un año después se enteró de la masacre y se convirtió una foto simbólica para él: espejo que refleja la penumbra.

“Me gustó mucho la composición, el charco de agua y el tono de la escena… La recuperé de mi stock y la utilicé combinada con retratos. Me gusta editar mis fotos de esa manera: combinar la crueldad y el horror de la ciudad con cosas bellas visualmente”.

El primero fotógrafo que le impactó fue Arthur H. Fellig alias “Weegee”, quien cubría la nota roja en Nueva York en los años 30 y se caracterizaba por llegar a la escena del crimen antes que la policía o los servicios médicos. También le gusta el trabajo del “desastre” de Enrique Metinides, el glamour de Richard Avedon y los retratos de Armando Herrera, el “fotógrafo de las estrellas”.

En 1994 inició un proyecto sobre el Cine Teresa. Durante dos semanas ingresó con una cámara de turista de revelado de 45 minutos y fotografió la basura, los fluidos y los restos que dejaban los asistentes después de la función porno. Con esa serie de fotos registró lo que sucedía en ese lugar emblemático para algunos y satanizado por otros. En 1942, el Teresa fue inaugurado y era considerado como el mejor cine de la época. El año pasado fue derrumbado ese espacio de citas y masturbaciones masivas.

“Entré por morbo, por sentir toda la onda del cine porno. Veía a las parejas que eran principalmente hombres y me sentaba detrás de ellos hasta que terminaban de ligar, de tener sexo o lo que fuera. Se iban y fotografiaba lo que habían dejado. Prefería que fuera como fotos más abstractas, la serie quedó muy bien. El detalle del paso del tiempo es revelador: un vendedor ofrecía en una charola gaznates y bonafinas en el intermedio”.

Dice que no le interesa fotografiar a gente famosa o a estrellas de rock. Le provoca más placer capturar a gente normal que tiene una personalidad extravagante, frágil o que tiene un look impecable. Recuerda que hubo un tiempo en que un diseñador de modas llamado Quetzal siempre salía en sus fotos y que lamentablemente murió en un accidente.

Le gusta que sus fotos sean mostradas como una instalación, donde la música y las imágenes pueden crear el ambiente de esos momentos eufóricos de la fiesta o simplemente para resaltar la vitalidad de los rostros y cuerpos retratados.

“Creo que las fotos de mi obra se ven mucho mejor con un soundtrack. Entonces lo que procuro en las exhibiciones es preparar una selección de música para lograr el bajón en todos sentidos: la parte más obscura de la fiesta, en la que encuentro lo más bello e interesante de los retratos, que también incluye la moda, la música el alcohol y las drogas”.

Si bien a Jesús le interesa la inmediatez que significa la fotografía digital, le gustaría trasladar sus fotos a la edición de un libro. Que se observe la presencia fotográfica que desapareció y que ocupó una parte del tiempo y del espacio. Sus imágenes son instantes de hombres y mujeres que saltan de la ebriedad al delirio, de las sonrisas inextinguibles a la resaca maldita. Todo es parte de la fiesta: el misterio de la noche y la madrugada fugaz. La luz del sol no sabe lo que hace cuando entra por la ventana.

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'El día que le dije a mi novio que era una persona no binaria'

Katje van Loon tuvo la idea de celebrar un Día Internacional de las Personas No Binarias, a mitad de camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre.
14 de julio, 2022
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Hace 10 años, Katje van Loon escribió una publicación en su blog en la que pedía la creación del Día Internacional de las Personas No Binarias el 14 de julio, exactamente a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre. Katje le ha contado a la corresponsal de género e identidad de la BBC, Megha Mohan, por qué es importante que el día se haya convertido en una realidad.

Hay un meme que aparece de vez en cuando sobre un pájaro al que han llamado pingüino toda su vida. Un día, el pájaro se encuentra con un médico que le dice: “No eres un pingüino, eres lo que se llama un cisne“. El cisne se siente aliviado. De repente, toda su vida cobra sentido.

Yo tuve mi momento cisne en 2011, cuando tenía unos 20 años.

Mi abuela acababa de morir y yo estaba en su apartamento organizando sus cosas. Tratando de distraerme, entré en internet y, pasando de un página a otra, me encontré con la entrada en Wikipedia sobre identidades de género.

Fue aquí donde leí por primera vez la definición de “no binario”. En esos párrafos, aprendí sobre personas que no siguen las normas binarias de género, personas que sienten que existen en un espacio intermedio fuera de las definiciones de hombre y mujer.

“Esto soy yo”, pensé. “Soy una persona no binaria. Esto es lo que he sido toda mi vida. Y nunca he tenido las palabras para describirlo”. Empecé a llorar. Sabía que tenía que contárselo a mi novio.

La chica más fuerte

El teatro era mi asignatura favorita en la escuela secundaria. Me gustaba todo, incluso acarrear las cosas pesadas que habíamos utilizado al final de la clase. Me señalaban como la “chica más fuerte de la clase de teatro” cuando me tocaba guardar las piezas pesadas del set junto con los chicos.

Así que allí estaba yo, moviendo atrezzo con los chicos, identificada como diferente a las otras chicas. Pero, extrañamente, esta era de las pocas veces en las que ser diferente era un motivo de orgullo para mí en lugar de una vergüenza.

De alguna manera, yo era como mi madre. La gente decía que mi madre era una mujer “guapa”, y mucho más tarde me di cuenta de que en realidad lo decían como un insulto para referirse a su aparente falta de feminidad.

Era una mujer soltera, abogada y educadora. Ella no era como las otras madres de la escuela. Se sentía tan cómoda arreglando cosas por la casa como cuando enseñaba a sus alumnos o me cuidaba a mí.

Yo era como ella al adoptar roles de género no tradicionales. Pero a diferencia de ella, yo existía en otro lugar. No era solo que no me sintiera “femenina”, o que fuera más alta y más grande y menos femenina. Era algo más que eso: la etiqueta de “mujer” simplemente no me encajaba.

Al crecer en los barrios periféricos de Vancouver, en Canadá, y luego en Hawái, me perdí en libros de fantasía, en mundos ficticios creados por escritores como Ursula K. Le Guin, habitados por personajes sin identidad de género fija.

A los 12 años comencé a escribir, creando mis propios planetas ficticios. Más de una década después pude publicar una versión muy revisada y pulida de estos mundos, la primera de una serie de novelas de ciencia ficción.

En estos imperios creativos, jugué con los roles de género; los personajes oscilaban entre tener características sexuales masculinas o femeninas. Escribir me dio la libertad para imaginar una realidad menos rígida.

Como milenial, crecí en internet. En los chats encontré comunidades de personas que hablaban sobre sexualidad y me declaré bisexual a los 14 años. Primero en internet y luego en el mundo real, las comunidades LGBT me dieron la bienvenida cuando me abrí sobre mi sexualidad, y entonces experimenté un sentimiento de pertenencia.

Expulsada de la comunidad LGTB

Más tarde, cuando tenía 20 años, me enamoré de mi novio, Nathan. Pero esto tuvo un precio. Creo que no hay forma más rápida de ser expulsada de una comunidad LGBT que la de ser una mujer bisexual que sale con un hombre.

La gente te ve como “heterosexual”, alguien que no entiende la lucha, y de repente las conversaciones y los eventos ya no te incluyen. Lo llaman el “bi-borrado”, y es un fenómeno muy real. Dejan de invitarte a cosas. Se crean grupos privados sin ti.

En mi experiencia, las personas todavía entienden la sexualidad de la forma en la que no entienden la identidad de género.

Cuando encontré la página de Wikipedia que explicaba mi identidad no binaria, Nathan fue la primera persona a la que quise contárselo, pero me daba mucho miedo.

Cuando lo vi más tarde ese día, lo dije rápidamente: “Soy una persona no binaria”.

Pausa.

“Entonces, ¿qué es lo que cambia?”, preguntó.

Otra pausa.

Puede que use pronombres diferentes“, respondí. “O que me llame de otra forma a veces”.

Me preguntó si yo era transgénero. ¿Estaba pensando en cambiar físicamente de alguna forma?

Dije que no, que no lo era.

“Está bien, intentaré recordar tus pronombres”, dijo, “pero no soy muy bueno recordando cosas”.

Ambos nos reímos, relajados, y la tensión se disipó. Le expliqué cómo, al crecer, me había sentido mal representada como esta “otra” persona, y que ahora tenía un nombre para describir lo que era, por lo que inmediatamente encajé un poco mejor en mi propia piel.

Nos comprometimos poco después y nos casamos en 2015.

La boda de Katje y Nathan.

Zemekiss Photography

Durante varios años, usé diferentes pronombres en lugar de “ella”. Me gustó especialmente “zie”, que sonaba suave y divertido. Eran términos neutros en cuanto al género que la gente usaba en internet y que no determinaban el sexo de la persona.

Durante un tiempo estuve a favor del pronombre “they” utilizado en singular (en inglés significa tanto “ellos” como “ellas”). Pero a medida que vi su uso florecer y despegar, comenzó a desagradarme, y ahora no lo soporto.

Como escritora, me tomo el lenguaje muy en serio, y he leído varios textos en los que las personas usan el pronombre “they” que me confundieron realmente sobre si se referían a un individuo o a un grupo. Algunos escritores argumentan que Shakespeare solía usar “they”, a lo que respondo: “Muy pocas personas escriben tan bien como Shakespeare”.

Con el tiempo, mi amor de la infancia por la escritura de fantasía se convirtió en una carrera, así como en una salida para mi mundo imaginario fuera de las normas de género.

En mi libro “Stranger Skies” (Cielos más extraños), escribo sobre una diosa que cae de los cielos a un planeta que no obedece las leyes de la física o la biología. Descubre que en ese mundo, el género está programado, se es hombre o mujer, pero el sexo es mutable. Las personas pueden cambiar su cuerpo físico a través de una pequeña ceremonia semirreligiosa. Esto permite que las parejas homosexuales puedan tener hijos biológicos sin intervención médica. Me divierto mucho explorando estos conceptos en mi escritura.

Un año después de identificarme como persona no binaria, escribí una publicación de 153 palabras en mi blog sobre por qué debería haber un Día Internacional de las Personas No Binarias. Dije que debería ser en julio, a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer en marzo y el Día Internacional del Hombre en noviembre. Hubo algunos comentarios en el blog entonces, pero apenas se extendió por internet.

Katje haciendo pompas de jabón

Kam Abbott
Katje pasa ahora menos tiempo en internet.

Lo olvidé hasta varios años después, cuando vi que el Día Internacional de las Personas No Binarias se celebraría oficialmente el 14 de julio, el mismo día que sugerí en mi publicación. Lo iban a celebrar la organización Campaña por los Derechos Humanos, Stonewall, el sitio web del Parlamento de Reino Unido e incluso la web dictionary.com.

La gente citaba las razones que yo había dado para elegir la fecha, pero solo la página de Wikipedia sobre el género no binario mencionó mi blog como inspiración. Esto me molestó. Un pequeño reconocimiento hubiera estado bien.

Cambios

Ahora, las cosas han cambiado en mi vida. Estoy más cómoda conmigo misma. Me importa menos cuando la gente se refiere a mí como mujer o usa el pronombre “ella”.

Solía ​​​​estar muy a favor de tener un tercer marcador de género en las identificaciones, como pasaportes o permisos de conducir, como tienen en Argentina, Australia e India y han propuesto en Sudáfrica. Pero ahora no estoy tan segura. ¿Quiero que los datos de las minorías de género se recopilen en algún lugar al que los gobiernos puedan acceder fácilmente? Definitivamente no. No tengo fe en las burocracias. Puedo entender por qué puede ser importante para algunas personas en ciertos países, pero no lo es para mí.

También paso mucho menos tiempo en internet. No me siento cómoda ni en las páginas conservadoras ni en las liberales. Se fagocitan a sí mismas, a la espera de que la gente diga lo que ellos consideran que no está bien.

Solíamos llamarlo “la cultura de la denuncia“, pero ahora le han crecido más cabezas, es una bestia. Y no ayuda a nadie, y mucho menos a las personas vulnerables que quieren pertenecer a algo pero que saben que pueden ser apartadas en cualquier momento por decir algo incorrecto.

Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Katje van Loon
Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Puedo imaginar lo que puedes estar pensando ahora. Si no quiero ningún nuevo tipo de documento de identidad, y no necesito que respetes mis pronombres preferidos (todavía zie), ¿qué sentido tiene ser no binario? ¿Es importante tener un Día Internacional de las Personas No Binarias?

Sí, lo es.

Podemos sentirnos invisibles en un mundo que aún no ha entendido del todo lo que somos. Así que es bonito tener un día que reconozca nuestra existencia. ¿Tiene que ser un día en el que estemos en las calles marchando? No. Pero sería lindo recibir algunas flores.

Creo que ser llamada persona no binaria es importante a nivel interno. Para mí es importante tener esas palabras para describirme, y saber quién soy me permite estar más cómoda conmigo misma. Quiero que la gente sea feliz como es.

Y si tener un día te ayuda a ser feliz contigo mismo, genial. Ese es el mejor resultado que podría haber esperado de esa publicación de blog que escribí hace 10 años.


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