Me vale ser una copia de Nirvana: Gabriel Noriega
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Me vale ser una copia de Nirvana: Gabriel Noriega

Por Moisés Castillo
3 de diciembre, 2011
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Kurt Cobain decía que tocar frente a un puñado de gente que reaccione bien es lo mejor del mundo. Y pareciera que a Gabriel Noriega es lo único que le interesa. Odia Tijuana, odia el Distrito Federal, odia sus dos discos. Sólo está a gusto cuando toca su guitarra rasposa en el escenario y se transforma en Mentira Mentira.

En una tarde aburrida, Gabriel estaba viendo Telehit y pasaron un video de Nirvana que le taladró los oídos. ¡Ah, está bien vergas! Dijo el mozalbete de secundaria y, de inmediato, se conectó a internet para ver más y más videos de la legendaria banda de Seattle. En unos días ya tenía decenas de rolas grunge y un amigo le dio el tiro de gracia: le prestó el álbum en vivo From the Muddy Banks of the Wishkah.

El fanatismo de Gabriel por Nirvana fue total. Era el único grupo que escuchaba, a los demás les ofrecía su indiferencia absoluta. A los creadores de Nevermind les construía un altar y leía y veía todo lo que salía del grupo, que desplazó en su momento a bandas dominantes de la época de glam metal como Mötley Crüe.

“No había más que Nirvana. Tenía como 14 años y creo que por eso toco tan parecido a Nirvana, se me hace como muy copia, pero me vale vergas. Esa es la música que me gusta. Sabes, todavía es mi grupo favorito”.

No sabe exactamente cuándo decidió formar una banda pero el efecto Nirvana le hirvió la sangre. Primero, quiso tocar el bajo por ser un instrumento fácil de manipular pero lo arrumbó, tomó la guitarra y ya no deja de alardear con su sonido punk-grunge.

En “Gasoline” y “Meaningmore”, se pueden escuchar gritos desgarradores, acordes sucios y distorsionados, sampleos, altibajos sonoros y una batería que nunca se cansa de alterar las buenas conciencias. Melodías estridentes que aturden la aparente quietud, riffs que provocan estados de exaltación y perdición.

A sus 23 años, el oriundo de Tijuana tuvo que escapar de Monterrey por la violencia del narcotráfico. Formó Mentira Mentira para quemar el tiempo de los fines de semana y pasarla bien con sus amigos. Desde hace un año llegó a la ciudad de México para estudiar  y le caen mal los chilangos. Aún recuerda con cierta nostalgia El Garage, un espacio alternativo en la capital regia donde tocaban bandas y músicos underground, pero la inseguridad en el Barrio Antiguo terminó por sepultarlo.

“No me gusta la gente del DF porque no respeta a los demás. Uso el metro desde que llegué y me deprime: la gente empujándose como sardinas, todo desordenado, la gente comiendo en el vagón. Los batos arrimándose a las morras, la gente si me saca de pedo”.

Gabriel dice que Mentira Mentira tiene un significado secreto. Simplemente le gustó la palabra mentira y la repitió dos veces porque ya había bandas con ese nombre. Grabó decenas de rolas con el fin de que algunas sirvieran para su disco debut y, al final, sólo quedaron seis poderosos tracks: Dorian, Gasoline, Thriller, Ghost, I Want, Why?

 

-¿Cuál es el proceso creativo para grabar tus rolas?

Comienzo a grabarlas en mi casa, antes usaba la computadora. Ensayo un chingo, saco algunos acordes y luego cuando pasa como un año, porque casi nunca ensayo con el baterista, armamos nuevas canciones. Tenemos como 40 rolas y para sacar otras tengo que escribirle y pasa mucho tiempo para coincidir porque el bataco toca con otras bandas.

 

-En la página de Nene Records -donde sacaron su segundo disco- hay comentarios fuertes como “lacras”, “muéranse”, “huevones”, ¿Cómo asimilan ese tipo de mensajes?

La semana pasada fuimos a la radio y el locutor del programa nos dijo que le habían expresado varios comentarios: “pusieron un invitado nefasto”, “no le entendí nada”, “qué le pasa”… Sin embargo, también ha habido buenos comentarios a mi música. Siempre se han burlado de mí desde la escuela, entonces cuando alguien me hace un comentario malo no me importa porque ya estoy acostumbrado. Me gusta que me insulten y me divierto hacer enojar a las personas. Si todo el mundo dijera ¡ah qué chido! Eso me vale. Yo lo que quiero es que digan: odio a ese bato mamón. Eso me gusta, me gusta insultar al público.

MEANINGMORE DE MENTIRA MENTIRA from Txema Novelo on Vimeo.

 

-¿Cómo fue el acercamiento con Vale Vergas Discos?

La primer tocada que tuvimos en El Garage estaba bien emocionado, ¡ufff! No dormí el día anterior porque era mi sueño tocar ahí y ese día le íbamos abrir a un grupo improvisado que tenía Txema con Ángel Sánchez, pinche ruco me caga, no tiene importancia. El caso es que Txema nos estaba escuchando y dijo “yo los quiero tener en mi disquera”. Estoy seguro de que nomás lo dijo por mamón, porque ese wey es un mamón. Y le dije “a huevo”. Estuvo chingón porque la neta es uno de mis mejores amigos y me ha ayudado mucho, es una gran persona. Todo ellos, los involucrados en Vale Vergas Discos los quiero mucho, son como una verdadera familia.

MENTIRA MENTIRA PROMO VALE VERGAS DISCOS from Txema Novelo on Vimeo.

– ¿Cómo ves la escena del rock nacional? Varios grupos ochenteros regresan y hacen giras. ¿Hay un vacío porque no surgen propuestas nuevas?

Esos grupos no deberían existir. Qué es eso de Maná o Caifanes. Lo que hacen es una monstruosidad, no sé ni cómo describirlo, no tiene nada que ver con las tocadas a las que voy, es como algo muy aparte, algo muy diferente y siento que sí hay muchos grupos buenos, pero como no están en la capital nadie sabe de ellos.

Dani Shivers! Número uno, una morra de Tijuana que toca bien verga. Hay un chingo de bandas en la frontera y en Monterrey que son muy buenas.

 

-¿Recuerdas cómo fue tu primera tocada?

La primera vez tocamos de la chingada. Me acuerdo que tocamos en unos departamentos, en una fiesta de fin de año. Fue el 23 de marzo de 2009 y pasaron seis meses de que volviéramos a tocar y no estuvo tan mal al final. Éramos unos morritos tocando pero fuimos la mejor banda ese día.

 

-¿Qué planes tienes luego de sacar tus discos?

No sé. Realmente odio los dos discos. Por ejemplo, Meaningmore sé quién lo grabó y le valió verga al bato. Duramos medio año en grabarlo y al final como me mudé ni siquiera pude estar cuando lo mezcló y fue un gran estupidez porque no sabía cómo eran las canciones. O sea tenía los tracks, pero no sabía qué rolas iban potentes, no sabía nada de las canciones y hubo un chingo de solos, cosas que grabé y ni siquiera están ahí. Paneos que habíamos grabado no están. Lo que me hubiera gustado sacar eran las mejores rolas, unir como los dos discos y sacar sólo uno. Pero supongo que llevábamos tanto tiempo sin sacar nada que por eso salió sin planeación. Fue un pedo terminar ese disco y neta estoy seguro que algún día vamos a volver a grabar esas canciones porque no me gustaron como quedaron. Supongo que se parecen mucho a Nirvana, se me hace como punk.

Una hora después de charlar, Gabriel sube al escenario de El Imperial y saca unos riffs filosos como navajas de afeitar. Luce todo de negro y calza unos tenis de media bota del mismo color. De repente, salta hacia donde está la gente y quiere sentirse parte del público: lo empujan, lo tocan y algunos meten mano a las cuerdas de su guitarra. Gabriel lo disfruta y le gustaría que alguien lo golpeara, le aventara una cerveza o le escupiera.

Grita y toca sin parar. Rola tras rola. Todos bailan y muchos llevan sus camisas de franela. Se respira un grunge adolescente. Todo un estado de ánimo estruendoso y abatido. Cada vez que rasga las cuerdas, Gabriel reta a todos con la mirada y alardea y alardea… Sabe que es dueño del momento y lo goza. Sabe que esta noche nadie se burlará de él, ni el diablo: sólo es Dios borracho.

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Georgia Meloni: qué es el neofascismo, por qué avanza en Italia y qué consecuencias puede tener para el resto de Europa

La posible llegada al poder por primera vez desde Benito Mussolini de un partido de ultraderecha en Italia preocupa a la comunidad internacional.
28 de septiembre, 2022
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El 28 de octubre de 1922, los “camisas negras” de Benito Mussolini marchaban sobre Roma e Italia inauguraba el régimen fascista.

Un siglo después, casi día por día, y por primera vez desde la Segunda Guerra mundial, el partido mas votado en Italia hunde sus raíces en el posfascismo, y ha recuperado un lema que popularizó “Il Duce”: “Dios, patria y familia”.

En apenas una década, Giorgia Meloni, la gran vencedora del los comicios que ha celebrado Italia, ha conseguido llevar a su partido, Hermanos de Italia, desde la marginalidad al centro político e, inexorablemente, al palacio Chigi, sede del Ejecutivo. Se prevé que el presidente de la república, Sergio Mattarella, le encargue formar gobierno en las próximas semanas.

¿Cómo ha sido esa progresión?

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania llevó a cabo un proceso de “desnazificacion” y un doloroso ajuste de cuentas con su pasado. En Italia, sin embargo, se decidio mirar para otro lado.

BEnito Mussolini y otros dirigentes fascistas marchan sobre Roma.

Getty Images
La Marcha sobre Roma dio paso a la dictadura fascista de Benito Mussolini.

Por aquel entonces, el Partido Comunista italiano era el mayor de toda Europa occidental y los aliados, inmersos en la dinámica de la Guerra Fría, tenían un objetivo principal: que los comunistas no llegaran al poder.

Por miedo a que las purgas de antiguos fascistas pudieran generar inestabilidad, las potencias aliadas hicieron la vista gorda ante la creación de nuevos partidos herederos de “Il Duce” y sus ideas. No solo eso, muchos símbolos y monumentos fascistas siguieron -y siguen- presentes en las calles italianas, como los fascios que adornan aún muchas de las tapas de alcantarilla de Roma.

Así surgió en 1946 Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por Giorgio Almirante, que había sido jefe de gabinete del último ministerio de Propaganda fascista.

Giorgia Meloni no ha escondido nunca su admiración por Almirante. En 2018, ella misma difundió un fotomontaje que tituló “De Giorgio a Giorgia”, en el que se presentan uno al lado del otro con idénticos eslóganes: “Podemos mirarte a los ojos”. En 2020, cuando se cumplían 32 años de su muerte, la ahora vencedora de los comicios en Italia homenajeó a Almirante en Twitter con estas palabras: “Un gran hombre, un gran político, un patriota”.

Con la caída del bloque comunista, surgieron nuevos partidos de derecha. Uno de ellos, Forza Italia, liderado por el multimillonario Silvio Berlusconi, incluyó en su coalición de gobierno en 1994 al MSI, liderado entonces por Gianfranco Fini. El posfascismo entró en el gobierno, y ante los ojos de los italianos, argumenta Luciano Cheles, de la Universidad de Grenoble, “le dio respetabilidad”.

Gianfranco Fini.

Getty Images
Gianfranco Fini fue el primer líder posfascista en entrar en un gobierno en Italia.

El partido pasó a llamarse Alianza Nacional y una joven Giorgia Meloni, que con 15 años había militado en el MSI, se convirtió en la líder de sus juventudes.

Hermanos de Italia nace de ese caldo de cultivo. “Han cambiado muchos postulados, han cambiado algunos aspectos, aunque son, por supuesto, un partido de derechas que tiene sus raíces en el movimiento posfascista”, analiza Lorenzo Pregliasco, profesor de Ciencias Políticas de la universidad de Bolonia.

Los orígenes del partido, argumenta Cheles, están estrechamente conectados con los partidos neofascistas, pero Hermanos de Italia y Giorgia Meloni se encuentran con una disyuntiva: “por una parte, quieren presentar una imagen respetable, de moderación y modernidad, y por ello han dicho que han cortado el cordón umbilical con el fascismo. Pero, por otra parte, no quieren perder una parte del electorado que cree que una forma moderna del fascismo es aún válida y aceptable”.

Simbología fascista

Esas raíces están presentes en toda la simbología del partido.

La más evidente es la llama tricolor, el símbolo del Movimiento social Italiano que Hermanos de Italia ha mantenido. Una llama que, por cierto, también adoptó el Frente Nacional en Francia -aunque con los colores de la bandera gala- y que, más estilizada, conserva la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen.

“Pero en su propaganda hay muchísimas más referencias al fascismo, algunas más o menos escondidas porque están hechas para ser comprendidas por los fascistas y aquellos que están familiarizados con su simbología”, explica Cheles, experto en iconografía política.

Uno de los ejemplos que ha encontrado Cheles es el mismo himno de las juventudes de Alianza Nacional, que Meloni dirigió durante años: “se trata de ‘Mañana me pertenece’, que es una canción que canta un joven nazi en la película “Cabaret” de Bob Fosse (1972). Aún sigue siendo un eslogan que aparece en gran parte de la propaganda de Giorgia Meloni”.

El propio Giorgio Almirante, al que Meloni admira tanto, es otro de los ejemplos: cada nuevo número de la newsletter de Hermanos de Italia lleva su foto, que también está en la página web de la formación, revela el experto.

Giorgio Almirante.

Getty Images
Giorgio Almirante fundó Movimiento Social Italiano, el primer partido posfascista de Italia.

Cuáles son sus postulados

Hermanos de Italia hunde sus raíces en el posfascismo pero, ¿qué conserva de esa filosofía?

Umberto Eco consideraba que el fascismo “no tenía esencia” y que Mussolini no había tenido una filosofía particular: “solo tenía retórica”. El fascismo, aseguró el célebre semiólogo, filósofo y escritor italiano en un discurso en 1995, “era un totalitarismo confuso, un collage de distintas ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones”.

No había, por lo tanto, una filosofía particular detrás del fascismo, pero “emocionalmente estaba firmemente fijado a ciertos cimientos arquetípicos”, como el culto a la tradición, el miedo a la diferencia, el populismo selectivo o el machismo.

Hermanos de Italia conserva algunas de estas raíces culturales, como detalla a BBC Mundo la periodista italiana Annalisa Camilli: “tienen un discurso fuerte contra la inmigración y contra los derechos de las mujeres, están en contra del aborto y quieren aumentar la tasa de natalidad en Italia, que es la más baja de Europa. En este sentido, son muy tradicionalistas, de ahí su lema, “Dios, patria, familia”.

Sin embargo, apunta Camilli, ” se han emancipado de ese pasado. Ahora son un partido moderno de ultraderecha, más parecido a otros partidos como la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen, Vox en España o el partido de Victor Orban en Hungría. Buscan un consenso en torno a ciertos pilares como la lucha contra la inmigración ilegal, la promoción de una identidad nacional y las políticas de apoyo a la natalidad”.

Obelisco.

Getty Images
Aún quedan en Italia numerosos monumentos fascistas, como este obelisco dedicado a Benito Mussolini en Roma.

Como tantos otros líderes ultraderechistas, desde Orbán al republicanismo de Donald Trump en EE.UU., la ideología de Meloni arremete contra la “izquierda globalista”, contra los supuestos “lobbies LGTBI”, habla de cómo la “inmigración masiva” acabará sustituyendo a los italianos “de toda la vida”, es decir, a los blancos y cristianos, en línea con la teoría del “gran reemplazo” del polemista francés Renaud Camus.

“El neofascismo”, reflexiona Cheles, “no lleva necesariamente camisas negras. El fascismo hoy tiene una forma más sutil, es una forma de autoritarismo cuyos elementos se resumen en no respetar las diferencias ni a las minorías, y que mantiene actitudes intolerantes hacia ciertos grupos de personas”.

Dónde se alimenta el neofascismo

En un país como Italia, indica Camilli, “el fascismo es algo endémico. De alguna forma, 100 años después, los testigos han muerto y la memoria que queda no es lo suficientemente fuerte para evitarlo”.

La base electoral, además, se ha vuelto mucho más líquida. Y, si algo han demostrado los italianos en los últimos años, es que siempre votan por el cambio.

Los sucesivos gobiernos han generado una desafección entre los ciudadanos y el populismo parece haber llegado para quedarse. “El Movimiento 5 Estrellas ya preparó ese terreno asegurando que no había diferencias entre la izquierda y la derecha, que todo era corrupción”, señala la periodista del semanario “Internazionale”.

Ese discurso de indignados contra la casta y contra las élites, contra los partidos tradicionales y la política clientelar de la que muchos italianos están hartos, el mismo que abanderaban los populistas del Movimiento 5 Estrellas, ahora lo ha recogido Giorgia Meloni y Hermanos de Italia.

La coalición de ultraderecha se ha nutrido de “las clases trabajadoras que han perdido sus ahorros por la inflación, y de las clases medias que cada vez se empobrecen más y les ha prometido una ‘nueva era”, dice Camilli. Hace 100 años, el fascismo también prometió “una nueva era”, un nuevo comienzo.

Cómo afecta a Europa

El auge de partidos de ultraderecha en toda Europa, como recientemente el de los Demócratas de Suecia, Vox en España, Ley y Justicia en Polonia o la Hungría de Orbán, de la que recientemente el Parlamento Europeo declaró que no se puede considerar una democracia plena, tienen una misma raíz, según Cheles: el aumento de la inmigración.

Viktor Orbán y Giorgia Meloni.

Getty Images
Viktor Orbán es el gran referente europeo de Giorgia Meloni.

“Estas ideas neofascistas se han introducido a través de este tipo de argumentos, los que dicen que Italia u otros países no se pueden permitir tener tantos extranjeros”, indica el académico.

En Bruselas, aunque la Comisión Europea asegura que va a trabajar con cualquier gobierno que salga de las urnas, la preocupación es palpable.

Tanto Hermanos de Italia como La Liga, el partido de Matteo Salvini que forma parte de la coalición de ultraderecha, han llevado a cabo una fuerte retórica euroescéptica, aunque con diferencias.

En los últimos meses, Meloni ha moderado su discurso. Ha recalcado que no quiere que Italia salga ni de la Unión Europea ni de organizaciones como la OTAN. Durante la guerra de Ucrania, la líder apoyó la decisión del gobierno de Mario Draghi de mandar armas a Kiev.

La postura de sus socios de coalición, sin embargo, choca frontalmente con la de Bruselas. Salvini tiene una estrecha relación con Rusia y su partido está bajo sospecha de haber recibido financiación de Moscú. El tercer socio de la coalición, Silvio Berlusconi, también amigo íntimo de Putin, justificó recientemente la invasión rusa de Ucrania.

Pero, más allá del asunto de la guerra, lo que realmente preocupa en Bruselas es la posibilidad de que Italia, país fundador de la Unión Euroepa y su tercera economía, se convierta en otra Hungría o Polonia que ponga en peligro sus valores fundamentales.

“Existen preocupaciones a nivel internacional”, reconoce Pregliasco, que también dirige la revista digital de periodismo de datos “YouTrend”, “pero yo creo que la democracia italiana es más fuerte de lo que parece y, por supuesto, más fuerte de lo que lo era en 1922”.

Meloni

Reuters

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