Presupuesto destinado a la ciencia equivale al .44% del PIB nacional
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Presupuesto destinado a la ciencia equivale al .44% del PIB nacional

En 2012, el Gobierno federal plantea invertir cerca de 21 mil millones de pesos en programas destinados a impulsar el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el territorio nacional, cantidad que continúa siendo insuficiente frente a las necesidades que el país tiene.
Por Luis Castrillón
9 de diciembre, 2011
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Mesa en la 2da. Sesión Ordinaria de la Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología.

MÉRIDA, YUC.- La falta de presupuesto mínimo suficiente basado en estándares internacionales, de conciencia para comprender su importancia en el desarrollo nacional y de su socialización entre la ciudadanía para hacerla más participativa en la toma de decisiones mantienen a la investigación, innovación y desarrollo científico y tecnológico sin mayor avance en detrimento de la mejora en la calidad de vida del país.

En 2012, el Gobierno federal plantea invertir cerca de 21 mil millones de pesos en programas destinados a impulsar el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el territorio nacional, cantidad que continúa siendo insuficiente frente a las necesidades que el país tiene y que al no ser cubiertas desde el interior mantienen al país en franca dependencia de los desarrollos tecnológicos y de las investigaciones realizadas en otras naciones.

Según lo expuesto durante la 2da. Sesión Ordinaria de la Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología en la que participan los integrantes de la Red Nacional de Consejos y Órganos Estatales de Ciencia y Tecnología (Renacecyt), el monto de presupuesto señalado representa apenas entre el .44 ó .45% del valor del Producto Interno Bruto, cuando el mínimo a invertir en el área debería ser del 1%.

Mérida se convirtió estos días 8 y 9 de diciembre en la sede de dicha reunión a la que asisten los representantes de los sistemas estatales de impulso a la investigación, innovación y desarrollo, quienes discutieron y revisaron con base en sus experiencias las estrategias que pueden mejorar el desarrollo de programas de inversión en el rubro y de manejo de políticas públicas más acordes a las necesidades de cada región y nacionales.

En medio de los discursos y las presentaciones de cada entidad prevaleció el mismo tema central: la falta de dinero suficiente, de programas más claros y pertinentes, de establecer una comunicación más efectiva con los miembros de la sociedad para que ésta pueda también participar en la toma de decisiones y entienda al desarrollo de la ciencia y la tecnología como algo suyo.

Para el presidente de la Renacecyt, Pedro Mata Vázquez, es urgente colocar el tema de la ciencia y la tecnología como un asunto fundamental y prioritario entre quienes están a cargo de los gobiernos estatales, considerando la capacidad que tienen éstos de atender de manera directa las necesidades de cada una de las regiones del país.

“También tenemos que generar un mayor acercamiento con la gente. Es necesario que la sociedad se apropie del conocimiento… ello permitirá una sociedad más reflexiva, más crítica y por ende más democrática”, expuso durante la mesa plenaria de la conferencia ante los representantes de los 32 consejos de la Renacecyt.

Por su parte, el director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), doctor José Enrique Villa Rivera, reiteró la importancia de vincular el desarrollo científico con las políticas públicas estatales, de manera que redunden en un impacto directo en el bienestar de las familias y en un impulso al crecimiento económico.

Consideró que las entidades federativas deben tener una mayor participación incluso en la gestión de recursos y en su organización de manera más eficiente y eficaz, para destinarlo principalmente a la solución de sus problemas en forma directa.

Expuso que el Conacyt ha logrado avanzar en materia de descentralización de sus capacidades operativas y delegado a las representaciones estatales de administración de ciencia y tecnología una mayor responsabilidad, acompañada de más recursos.

Asimismo, el director de Conacyt presentó cifras para sustentar lo dicho entre las cuales destacó que hoy 61% de los poco más de 617 mil miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) en México están y trabajan en los estados del país.

También se ha logrado que el 63% de los programas de posgrados estén actualmente desarrollándose fuera de la esfera central del Distrito Federal; de la misma forma, el 63% de los becarios están en instituciones de las entidades federativas y el 62% de las becas posdoctorales también han sido colocadas fuera de lo que tradicionalmente destacaba como el principal polo de investigación: el Distrito Federal.

En la explicación a detalle del proyecto de descentralización de labores y operación del Conacyt, Villa Rivera indicó que en promedio los miembros del SNI que participan en la formación de posgraduados es 1.7% mayor que la alcanzada hoy día en el DF.

Sin embargo, dijo el funcionario en uso de una frase escuchada comúnmente en el plano del discurso público, “el camino por recorrer todavía es muy largo” y requiere de un esfuerzo común que venga desde las entidades, de cada región y de la búsqueda de soluciones prácticas desde el lugar donde los problemas o las necesidades se estén presentando.

Consideró que “si no avanzamos y fortalecemos este impulso en cada estado, con un sistema nacional sólido, no avanzaremos en el plano del desarrollo social y económico”.

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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