El saqueo millonario al IMSS
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El saqueo millonario al IMSS

Son más de 100 millones de pesos en equipo médico robado al seguro social durante el sexenio de Felipe Calderón. Al hurto de aparatos especializados del interior de las clínicas, se suma el robo de niños, fenómeno sobre el que la institución guarda silencio. “¿A dónde se está yendo todo esto?”, cuestionan médicos especialistas que conocen la utilidad de los equipos. ¿Existe una mafia que opera ‘sobre pedido’?
Por Mariana Hernández
1 de diciembre, 2011
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Son más de 100 millones de pesos en equipo médico robado al Seguro Social durante el sexenio de Felipe Calderón. Al hurto de aparatos especializados del interior de las clínicas, se suma el robo de niños, fenómeno sobre el que la institución guarda silencio. “¿A dónde se está yendo todo esto?”, cuestionan médicos especialistas que conocen la utilidad de los equipos. ¿Existe una mafia que opera ‘sobre pedido’?

Por Juan Veledíaz

Culiacán, Sin.- Era una emergencia, el paciente tenía que ser intervenido por una apendicitis que estaba a punto de reventar. En la premura, los médicos no esperaban una sorpresa que llegó de pronto. No había anestesia. El equipo, con un valor de 110 mil pesos en el mercado, había sido robado de las instalaciones de una clínica del IMSS en la capital sinaloense. Ese día del verano pasado, el enfermo tuvo que ser trasladado a otro nosocomio para su intervención.

Lo peor no es que se roben equipo médico de las clínicas del Seguro Social, lo terrible es que desaparezcan bebés recién nacidos, dice Reyna Martínez, abuela de una nena que fue raptada del área de cunas en la clínica 28, localizada en la comunidad de Costa Rica, distante media hora por carretera al sur de Culiacán. Los boquetes en la seguridad de este nosocomio, han quedado en evidencia en los últimos meses cuando comenzaron a desaparecer del área de farmacia medicamentos que son usados como sicotrópicos. Pero lo que ocurrió con la niña, dice esta mujer que no rebasa las seis décadas de edad, no se había visto nunca desde que el hospital existe.

Todo ocurrió muy rápido aquella madrugada. El silencio del área de maternidad fue interrumpido por el sonido de unas puertas al abrir, que no inmutaron al encargado de seguridad, quien cabeceaba somnoliento. Después se sabría que una mujer robusta salió del lugar con una maleta negra en la mano. Al amanecer de aquel 4 de junio del 2009, el personal del nosocomio se despertó con la noticia de que una niña con horas de nacida había sido robada del segundo piso. Las alarmas se dispararon cuando se revisó todo el perímetro, sótanos, cuartos y la extensión de servicios sin que apareciera.

Se escuchó un ruido de las puertas pero suelen ser las enfermeras que entran a checar a los bebés, declararon en esa ocasión los vigilantes. La responsable de enfermería señaló que sus reportes indicaban que la niña estaba en su cuna la última vez que la revisaron, poco antes de la media noche. El lecho estaba a unos metros donde convalecía su madre, Nancy Karina Chávez, quien no se percató del momento. Cuando los familiares comenzaron a cuestionar a las autoridades cómo alguien pudo sacar a la nena sin que se percataran, el nerviosismo comenzó a hacerse evidente en los responsables de la clínica. Los padres y abuelos se movilizaron a nivel estatal y ante la lentitud de las autoridades, acudieron con funcionarios federales, quienes mostraron un poco más de interés, recuerda la señora Reyna. Al quinto día la niña fue recuperada. Por este hecho no se suspendido a nadie ni se le sancionó.

Para la imagen del nosocomio tuvo más impacto el escándalo ocurrido en octubre pasado, cuando un festejo en la planta baja de la clínica causó sorpresa e incredulidad a nivel nacional. Fueron aquellas imágenes difundidas por Internet, donde el sonido de la tambora y el acordeón animaban el ambiente, lo que provocó  que el jefe del hospital fuera suspendido. Según trabajadores entrevistados en el lugar, este tipo de fiestas son “una tradición” y se celebran cada vez que un colega sindicalizado llega al último día de servicio antes de que se jubile. Ese día era viernes, recuerdan, y el  “checador” de tarjetas amaneció arreglado con flores. Era la señal de que alguien pasaría ahí por última vez. Se contrataron “Chirrines”, como se le conoce a los músicos de banda local, y se armó el jolgorio, no importó que hubiera pacientes en los pisos de arriba. Fue una viva imagen de lo que pasa al interior de un centro de salud del IMSS, donde los robos no se sancionan, al menos no tanto como las fiestas.

Aquí el video de la fiesta:

¿Mafia en hospitales del IMSS?

Sólo los especialistas médicos saben para qué sirve una unidad de fotoflourangiografía. Y el costo que tiene. El equipo es el más caro –un millón 748 mil pesos—de los que se han robado de instalaciones del IMSS en lo que va del sexenio. Sólo ha sido uno, entre el 1 de diciembre del 2006 a julio pasado, pero quien o quienes lo robaron, sabían de su importancia y utilidad. Éste es un aparato complejo que sirve para visualizar el fondo del ojo y establecer diagnósticos o avances de enfermedades que van de la diabetes a tumores, o alteraciones inmunológicas de la retina, dice un médico cirujano especialista en la materia. Para este galeno que sabe cómo se mueven los intereses en el IMSS, por lo que pidió reservas sobre su identidad, un equipo así sería fácil de rastrear con oftalmólogos o internistas del instituto que canalicen pacientes a ésta técnica. Ningún médico honrado, dedicado a esta especialidad, compraría un aparato así que fuera robado, subraya.

Menos complejos pero con más demanda, los equipos de ultrasonido aparecen en segundo lugar como los más caros de los que han sido hurtados a la institución. Cada uno cuesta un millón 195 mil pesos, han sido dos en este lapso por un monto de dos millones 390 mil pesos, de acuerdo a una lista del equipo e instrumental clínico más caro que ha sido robado al IMSS durante este gobierno, obtenida por medio de una solicitud de acceso a la información vía el IFAI. El ultrasonido es una herramienta básica de los ginecólogos, lo utilizan para observar el estado del producto en una mujer embarazada. En los últimos años han tenido mucha demanda los que utilizan tarjetas con foto, útiles conocer el sexo en etapa de gestación. Su uso es amplio, aplicado a tumores, traumatología y como instrumento clave en las salas de urgencia.

¿A quién le puede interesar un ventilador neonatal?, se pregunta una doctora especialista en pediatría. Dice que su uso es clave para niños que nacen prematuros, con inmadurez pulmonar. Cuando se le muestra la lista, hace una mueca de sorpresa mientras dice no entender cómo es que tres de estos equipos han desaparecido sin dejar huella de hospitales del IMSS. Cada uno tiene un valor de 788 mil pesos, las pérdidas totales  suman dos millones 364 mil pesos.

Lo inverosímil es que un aparato tan sofisticado, como el citrouretroscopio, que permite visualizar la uretra y la vejiga, de amplio uso por los urólogos, esté en cuarto lugar en pérdidas para el instituto, añade esta doctora que como el resto de sus colegas, pidió el anonimato para no entrar en conflicto con sus colegas que trabajan en la dependencia. Cada uno según la lista, tiene un valor de 740 mil pesos y han sido cuatro –con un monto de dos millones 960 mil—los que se han esfumado de las clínicas del seguro.

En quinto lugar aparece el monitor de campimetro, usado en disciplinas médicas como la oftalmología y neurología principalmente. Es un aparato computarizado que permite observar las zonas de visión y las de no visión de un paciente. Se han robado cinco, cada con un valor de 542 mil pesos, y suman dos millones 710 mil pesos en pérdidas. Más allá de las cifras llama la atención que en la lista aparece el detector de pulso fetal, con 41 casos, como el aparato más robado en el seguro social. El monto total en pérdidas suma 246 mil pesos,  cada uno tiene un valor en el mercado de seis mil pesos.

De la lista también resalta que hay equipos que parece que son robados sobre pedido, añade uno de los cirujanos consultados. Su opinión se desprende luego de que se percata que el laser de neodynium, aparato usado en el glaucoma, la operación de cataratas, y de amplio uso también en tratamientos estéticos como la depilación, está en sexto sitio. El uso comercial, más allá del médico, genera esta suspicacia. Aquí suman dos millones 400 mil pesos en pérdidas por los seis que han desaparecido.

El ranking de los robos de equipo al IMSS se complementa con siete procesadores de tejidos, cada uno con valor de 332 mil pesos, sumando dos millones 324 mil pesos. Los ocho monitores de signos vitales desaparecidos, con pérdidas totales por dos millones 616 mil pesos, son utilizados para medir la presión, frecuencia cardiaca, oxigenación venosa y en electrocardiogramas. Como existen de diferentes categorías por su precio, éstos son de los más avanzados empleados en la medicina pública.

Al terminar de revisar la lista, donde el noveno lugar lo tiene el electrocauterio, empleado para sellar arterias y válvulas –suman dos millones 52 mil pesos por los nueve robados—seguido en el décimo sitio del ventilador de presión positiva, aparato usado en pacientes con enfermedades obstructivas crónico pulmonares –dos millones 190 mil pesos el monto por los 10 robados—, los galenos consultados por separado, no salen de su asombro ante la variedad y número de equipo que ha desaparecido. “¿A dónde se está yendo todo esto?”, pregunta uno de ellos. Dice que es un secreto a voces que hay doctores que extraen cosas y objetos para usarlos en sus consultorios, donde puede haber pacientes que los requieran y no tengan seguro. Pero hurtar equipo médico, alguno muy sofisticado, debería apuntar si se hiciera una investigación a fondo, a la posibilidad de una “mafia” que sabe dónde y qué equipo robar en hospitales del IMSS en el país. Quizá hasta lo hagan “por pedido”.

Robo de niños, hurto de equipo médico sofisticado, la posibilidad de una mafia que opera al interior de clínicas del seguro social, fueron los tópicos sobre los que se pidió una posición oficial a las autoridades del IMSS sin que en los últimos días se recibiera respuesta. Patricia Serrano, encargada de la sala de prensa de la dependencia, dijo vía telefónica que “como tal” no tenía información respecto al número de bebés que han sido robados en clínicas de la institución. Sobre los señalamientos de los médicos especialistas, ante la posibilidad de “robos de equipo sobre pedido”, comentó: “Tengo que preguntar y ver”.

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El boom del sotol, el licor perseguido en México y la polémica de su producción en Texas

Forma parte de la identidad de Chihuahua, Coahuila y Durango y es también un destilado con un mercado en expansión.
16 de julio, 2022
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“En mi pueblo acostumbran a decir: ‘Vamos a hacer la mañana’. Y lo primero que hacen al levantarse es tomar una copa de sotol”.

Jesús Miguel Olivas, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, habla del único destilado mexicano que no se hace a partir de un maguey o agave, de una bebida que, aunque ancestral, es para muchos una gran desconocida.

El sotol integra la historia y el paisaje cultural de Chihuahua, Coahuila y Durango, los tres estados del norte de México en los que se produce.

“Forma parte de nuestra identidad. Está presente en corridos, en la poesía, en la literatura. Es un legado de esta región”, le dice a BBC Mundo Ricardo Pico, vicepresidente del Consejo Certificador del Sotol. Por ello, está protegido con una denominación de origen.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
El sotol es el único destilado mexicano que no se elabora a partir de un maguey o agave.

Y es, además, un mercado en expansión. “Comercialmente hablando, es lo que era el mezcal hace 12 años”, asegura Pico, comparándolo con el espirituoso mexicano cuya producción ha aumentado en ese periodo de los 500.000 a los 6,5 millones de litros al año. Aunque no hay cifras oficiales, los entrevistados para este artículo concuerdan en que hay un boom del sotol.

Ahora, hay quien ve ambos aspectos del sotol —la identidad que representa y su potencial comercial— amenazados.

Y es que también se ha empezado a hacer del otro lado de la frontera, en Estados Unidos.

La polémica sobre quién tiene derecho a elaborarla está servida.

Conocimiento ancestral

La palabra sotol proviene del vocablo náhuatl tzotollin, que significa el dulce de la cabeza.

La bebida conocida con ese nombre se elabora con distintas especies del género Dasylirion, una planta nativa deldesierto chihuahuense que resiste las extremas temperaturas —hasta mínimas de -14°C en invierno y 42°C en verano— de ese ecosistema semiárido que abarca la zona norte de México y el suroeste de Estados Unidos.

Mapa de las zonas en las que crece la planta del sotol

BBC

Ya en tiempos prehispánicos, las comunidades originarias de ese vasto territorio se servían de ella, principalmente para alimentarse.

“Asaban el corazón, conocido como piña, y hacían una especie de pastas que se podían almacenar. Eran una buena fuente de carbohidratos”, le dice a BBC Mundo Jeffrey Keeling, profesor de biología y gestión de recursos naturales de la Facultad de Agricultura y Ciencias Naturales de la Universidad de Alpine, Texas.

Los rarámuri o tarahumaras, quienes le siguen llamando sereque, la usaban también para hacer utensilios —no por nada en inglés se conoce también como desert spoon, cuchara del desierto—, canastas, zapatos y artesanías, o con fines medicinales, por sus propiedades antibióticas.

La planta del sotol, del género Dasylirion.

Getty Images
La planta del sotol tiene aspecto de palma.
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Getty Images
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Y elaboraban con ella un brebaje fermentado, similar al pulque que se hace con agave en otras zonas de México, de muy baja graduación, para usos ceremoniales ya desde hace 800 años, apunta el experto.

La destilación llegaría después, cuando los españoles trajeron consigo la técnica en el siglo XVI, y la bebida se empezó a parecer a la que se conoce actualmente.

Fermentación y destilado

Han pasado siglos desde aquello, pero el proceso de elaboración no ha variado mucho en décadas y su producción hoy sigue siendo mayoritariamente artesanal y en algunos casos semiindustrial, señala Pico.

Antes que nada, hay que cortar la planta, que crece de forma silvestre.

Hombre corta la cabeza de una planta de sotol.

Ángel Valdez
Son las cabezas de la planta, también llamadas piñas, las que se llevan a la vinata.

Aunque Olivas lidera un proyecto de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, que nació en 1996, centrado en la domesticación de la especie, con el objetivo de que en un futuro pueda haber plantaciones y la producción sea sostenible.

“Si no nos aseguramos de establecer plantaciones, es muy probable que si sigue creciendo el interés en la bebida, a mediano plazo nos veamos en problemas para tener materia prima”, le dice a BBC Mundo.

Una vez cortado el tallo o piña, ya en la vinata o destilería se cuece en rudimentarios hornos construidos a ras de suelo.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda para reducirlas a trozos pequeños, a los que luego se les añade agua para que inicie la fermentación.

Piñas o cabezas de la planta de sotol en un horno rudimentario construido a ras de suelo.

Ángel Valdez

Finalmente, el doble destilado permite obtener una bebida con un volumen alcohólico del 45%.

“Tiene cosas en común con las producciones tradicionales de otros destilados, como el ‘perlado’, una técnica basada en la observación para calcular la graduación etílica, pero también muchísimas diferencias”, le dice a BBC Mundo Faridy Bujaidar, antropóloga especializada en bebidas espirituosas del norte de México.

“El tequila, el mezcal y el sotol, cada uno tiene su trayecto histórico, sus sabores y aromas particulares. Son conocimientos regionales muy focalizados“, añade.

La mayor disimilitud es quizá el volumen de producción. Ya comentamos cuánto mezcal se genera al año en el país, una cifra que palidece frente a la del tequila: 350 millones de litros en 2021, según el Consejo Regulador del Tequila.

Mientras, la entidad homóloga del sotol estima que de este se producen anualmente 500.000 litros, cerca del 80% en Chihuahua y el resto a partes iguales en Coahuila y Durango.

“A los ojos del consumidor somos una bebida emergente, aunque sea ancestral”, dice su presidente, Efraín Maldonado.

El Consejo calcula que en México hay unos 40 productores tradicionales.

Décadas de persecución

Este panorama es la herencia de la persecución que sufrieron los sotoleros durante décadas, apunta Pico, vicepresidente del Consejo Regulador del Sotol.

Se debió a una combinación de factores, explica, entre ellas la influencia de la prohibición de los destilados a principios del siglo pasado en el estado aledaño de Sonora y la Ley Seca vigente de 1920 a 1933 al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, además de una “corriente de pensamiento conservador en México según la cual el alcohol corrompía la sociedad”.

“Aunque no hubiera una ley per se en el país que prohibiera la actividad sotolera, la policía conocida como ‘la acordada’ llegaba a las comunidades, para en teoría checar que se cumplían las normas ambientales y sanitarias, y les confiscaba el equipo a los vinateros o los llevaban presos“, cuenta.

Hombre cortando un Dasylirion.

Ángel Valdez
Las plantas a partir de las cuales se hace el sotol se encuentran en estado silvestre.

Eduardo Arrieta, “Don Lalo”, maestro sotolero de cuarta generación del municipio de Aldama, Chihuahua, conoce bien la historia.

En parte porque se la contó su abuelo, quien se llamaba igual que él, y en parte porque la vivió en carne propia.

“Mi abuelo empezó en el sotol muy joven, en 1920, cuando andaba en la Revolución con Pancho Villa”, le dice a BBC Mundo.

‘Quítame esa vinata’, le dijo Pancho Villa un día que pasó por allí a caballo, pero mi abuelo no hizo caso, así que cuando volvió lo agarraron, lo ataron y le dieron con un sable. Según ellos esa era la ley aquí antes”, cuenta.

Cuando mataron al “centauro del norte” en 1923, el abuelo de Don Lalo siguió destilando y le enseñó el oficio a su hijo, quien después haría lo propio con el suyo.

“A mí todavía me tocó esconderme cuando llegaron los de a caballo (la policía), para que no me hallaran y me llevaran. Nos destruían el alambique donde hacía uno el vino (sotol), lo balaceaban para que ya no sirviera”, recuerda.

Pico, del Consejo Regulador del Sotol, analiza aquello —que duró hasta finales del siglo pasado en ciertas zonas— con perspectiva.

“La persecución quizá actuó a nuestro favor porque, ¿quién sabe?, de otra manera quizá hubiéramos acabado ya con la planta”, dice. “O nos hubiéramos convertido en otro Tequila, Jalisco, con una industria completamente desarrollada y millonaria”.

Protección institucional

Para caminar en esa dirección y ordenar y proteger la producción del sotol en Chihuahua, Coahuila y Durango, se creó en 2002 la denominación de origen.

Destilando sotol en una vinata.

Ángel Valdez
La última fase de la elaboración del sotol es la destilación.

Una denominación de origen (D.O.) es un sello que certifica que un producto es originario de una zona geográfica particular, que en ella se llevan a cabo todas las fases de producción, y que a esto se deben la calidad y las características del mismo.

Una de las más famosas es la del champán, que dicta que solo se le puede llamar así al vino espumoso elaborado en la zona francesa de Champagne o la Champaña.

La D.O. del sotol está reconocida a nivel internacional por la Organización Mundial de la Protección Intelectual, en 2005 nació el Consejo Mexicano del Sotol y más recientemente, en 2017, el Consejo Certificador.

Hoy el producto se vende dentro y fuera de las fronteras mexicanas.

“El mejor mercado para el sotol en México está, curiosamente, allí donde se producen otros destilados, porque se valora ese tipo de producto: en Oaxaca, Jalisco, y, por supuesto, Ciudad de México“, informa Pico.

“En Estados Unidos se vende en Texas y California sobre todo, y existe un mercado emergente, en constante crecimiento, en Arizona, Nueva York, Colorado e Illinois“.

El problema que ven muchos en la industria del sotol en México es que EE.UU. está dejando de ser meramente consumidor y ha empezado a producir, aunque aún de forma muy focalizada, concretamente en Texas.

Y es que el sotol, a diferencia del tequila y el mezcal, no está reconocido como bebida distintiva de México por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

¿Quién tiene derecho a producir?

En enero, Sandro Canovas se plantó fuera de una destilería en Marfa, Texas, con un megáfono en la mano y gritó: “¡El sotol es mexicano! ¡Boicot a estos buitres culturales! No apoyen a los ladrones”.

Y repartió entre clientes y curiosos unos papeles en los que se leía: “Ten en cuenta que Marfa Spirit Co. opera a diario bajo estas premisas: a) apropiación cultural; b) el flagrante desprecio de la denominación de origen que pertenece a Chihuahua, Durango y Coahuila en México; c) ningún compromiso ni acciones o programas hacia la sostenibilidad en la producción de sus bebidas espirituosas”.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Fundado en 2021 por Morgan Weber, con una amplia experiencia en el sector de la restauración y al frente de bares especializados en licores mexicanos, Marfa Spirit Co. es una de las empresas que está produciendo destilado a partir de Dasylirion en Texas.

“Están robando patrimonio cultural, una de las tradiciones tangibles más viejas de la región del norte de México junto al adobe —él es adobero— y quitándoles el negocio a los maestros mexicanos que han hecho esto durante generaciones”, le dice a BBC Mundo el activista.

Cánovas empezó a alzar la voz sobre la cuestión en distintos eventos, hablando con sotoleros y otros miembros de la industria, tocó la puerta de las autoridades.

Pronto una confederación de productores mexicanos, el Grupo de Sotoleros El Potrero del Llano, publicó un comunicado condenando que varias destilerías texanas estuvieran usando la palabra “sotol” en sus productos.

Las autoridades chihuahuenses mantuvieron una serie de reuniones sobre la protección de la producción del sotol en el estado, a medida que la conversación llegaba a los ciudadanos.

Y en su edición del 17 de febrero el diario Hechos de Chihuahua publicó en portada este titular: “Sin respetar la denominación de origen, Texas produce sotol”.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda

Ángel Valdez
Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda.

Preguntado por la posición Consejo Regulador del Sotol sobre la cuestión, su presidente Efraín Maldonado es tajante:

“La norma denominación de origen es clara: a lo que se produzca en los tres territorios (Chihuahua, Coahuila y Durango) se puede le llamar sotol, a lo producido fuera no. Puede ser cualquier otro licor, destilado, pero no se le puede decir sotol“.

Weber, el dueño de Marfa Spirit Co., quien hizo equipo con Jacobo Jáquez, del veterano Sotol Don Celso, para elaborar su producto, se defiende haciendo referencia justamente a eso.

“La denominación de origen no dice nada sobre el uso de la planta para hacer una bebida”, le dice a BBC Mundo.

Sería una locura que, si tuvieras acceso a uvas, alguien te dijera que no puedes hacer vino espumoso. Lo puedes hacer. Otra cosa es que le puedas llamar champán. Y yo tengo acceso a las plantas de sotol”.

Por ello, aunque en las etiquetas viejas de sus botellas se leía Chihuahuan Desert Sotol, las más recientes dicen Far West Texas Desert Spirit, a lo que se le añade que está hecho en un 100% con sotol.

“Es importante honrar la tradición y nosotros no le llamamos sotol por respeto, le decimos licor del desierto. Pero las normas federales requieren que se incluyan los ingredientes en el etiquetado, así que tenemos que poner que viene de la planta sotol, como comúnmente se le llama”, explica.

“Nos critican mucho, que estamos violando la denominación de origen, cosa que no hacemos. Lo hacemos todo desde el respeto”, insiste.

Sin embargo, otras compañías les siguen llamando a sus destilados Texas sotol.

Shot de destilado reposado o añejo con dos pedazos de naranja.

Getty Images
Para hacer las variedades reposado y añejo se guarda el sotol en barricas de roble americano desde 4 hasta más de 12 meses.

Maldonado ve difícil que se deje de producir al otro lado de la frontera y cree que el futuro pasará por integrar a las destilerías estadounidenses en la industria ya existente.

“Quizá en algún momento, después de que las autoridades estatales y federales mexicanas puedan tocar base con las autoridades de Estados Unidos, y si encontramos un mecanismo que sea también benéfico para la industria de aquí, entonces a lo mejor nos podríamos sentar y negociarla“, añade.

Mientras, sigue trabajando en “ordenar” la industria, para que los sotoleros pequeños también puedan certificar su destilado y beneficiarse de la denominación de origen, y en unir fuerzas con las entidades de Coahuila y Durango.

“El mercado está creciendo y cada vez existe una mayor necesidad de que se difunda la tecnología para plantaciones”, dice el doctor Olivas.

“Y también que el público se entere de la calidad, el origen y lo que representa técnica, cultural, social y económicamente el sotol. Es importante que la gente sepa todo lo que hay detrás de una copita de sotol“, añadió durante el Festival del Agave, precisamente en Marfa.

La copa que, en su pueblo, toman temprano “para hacer la mañana”.


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