Su vida es rodar: La historia en bici de Gerardo
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Su vida es rodar: La historia en bici de Gerardo

Por Francisco Sandoval Alarcón
29 de diciembre, 2011
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Cuando Gerardo Robledo comenzó a utilizar la bicicleta para ejercitarse, tenía un sobrepeso de más de 30 kilos y tomaba un sinfín de pastillas para atender una serie de enfermedades que lo aquejaban.

“Llevaba una vida sedentaria”, reconoce este médico cirujano de la UNAM de 58 años de edad, a quien la inquietud por el ciclismo y la efervescencia de este deporte en el Distrito Federal, lo llevaron -hace poco más de 2 años- a participar en la mayoría  de los paseos ciclistas que comenzaban a organizarse en la ciudad.

En uno de esos paseos, Gerardo  tuvo una revelación: recorrer las mismas rutas en menor tiempo.

Fue así como cada noche comenzó con la nueva aventura. Primero lo hizo solo y después con un sobrino. Uno de esos días, se sorprendió cuando en la puerta de su casa lo seguían otros ciclistas para unirse a las rodadas.

Ya para ese entonces había bajado varios kilos y las rutas que hacía eran más largas  y con mayor velocidad. “No aptas para principiantes”.

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Lagos de Moreno, Jalisco, es una de las ciudades en México que mayor número de ciclistas profesionales ha generado. Con una altura de más de mil 900 metros sobre el nivel del mar, rodeada de valles, lomas y riachuelos secos, es una de las regiones más propicias para ejercer este deporte que ha generado grandes exponentes.  Al igual que José Alfredo Aguirre, 6 veces campeón nacional y que en el 2011 participó en el LXXVIII Campeonato Mundial de Ciclismo en Ruta celebrado en Copenhague (Dinamarca), Gerardo nació y creció en ese municipio, cuna de reconocidos ciclistas.

Desde niño, siempre tuvo una bicicleta a la mano, según comenta. Primero, porque era uno de sus juegos favoritos; de adolescente, la utilizaba para transportarse de un lugar a otro. De adulto, ya con su residencia en la Ciudad de México, encontró una alternativa para realizar mandados -como el ir a comprar  tortillas- y encabezar paseos familiares.

Fue hasta hace un año y 7 meses, ante el sedentarismo que llevaba y que lo habían hecho subir de peso, que decidió darle un nuevo uso a su bicicleta.  Gerardo no sólo cumplió su meta, sino que fundó uno de los grupos de ciclistas más activos en el DF.

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Estimaciones del director del Instituto de la Juventud en el DF, Javier Hidalgo, señalan que en la Ciudad de México diariamente se realizan  un promedio de 200 mil viajes en bicicleta.

Según el Funcionario, “el respeto” con el que tratan los automovilistas a los ciclistas, convierten a la capital mexicana en una metrópoli ciclista”. Opinión, que parece contradecir la de muchos usuarios de este transporte. El doctor Robledo es uno de ellos.

―Pocos son los automovilistas que nos respetan, ―sostiene el médico cirujano, quien agrega que es una práctica común que los automovilistas les griten a los ciclistas “que la calle no es para ellos”.

Idou Picio, filósofo y ciclista urbano, es otro de los que contradicen la versión de Hidalgo y refuerza lo dicho por Robledo. Asegura que el “respeto” varía según la zona y el horario. Si hay tráfico pueden aventarte el coche, seas ciclista o peatón.

Se trata de una cuestión de educación, explica, porque aún cuando el peatón siempre tiene prioridad,  cuando se carece de conciencia vial  siempre se querrá pasar primero, “vayas en lo que vayas”.

Marco González, ciclista urbano, sostiene -por su parte- que el respeto al ciclista  aún es “terreno por sembrar”.  

Según Marco, en la ciudad faltan políticas de movilidad sustentable, además de una capacitación para todos aquellos que se muevan en 2 o 4 ruedas.

***

Producto de los recorridos diarios que inició solitariamente, pero que después cobraron notoriedad con otros ciclistas, el 12 de abril de 2010 surgió formalmente el club: “El proyecto La Palma”, que antes había sido bautizado con los nombres de los “Sin amigos”, “Lobitos bike” y “Club de entrenamiento ciclista: Gerardo Robledo”.

La idea de los miembros fundadores -que como base utilizan la glorieta de “La Palma” en Reforma, de ahí el nombre-, era trascender con la identidad propia de sus integrantes y diferenciarse de otros grupos ciclistas ya existentes hasta ese momento.

Además, buscaban salirse  del paseo tradicional multitudinario y huirle a las cuotas impuestas por algunos clubes. Con esa idea, anunciaron en Facebook sus rodadas diarias, lo que ningún grupo hacía en ese tiempo.

En su página de seguidores, comenzaron a relatar las peripecias de la ruta, las distancias y los pormenores del recorrido. Ya para ese entonces, Gerardo había encontrado 2 compañeros de batalla que nunca faltaban a los recorridos: Demon bike y Nash Cil, que comenzaron a darle forma al naciente club.

En los primeros meses se percataron que al grupo acudían desde ciclistas novatos, hasta gente con mucha experiencia. Esto los orilló a cambiar de ideología y lema. Primero, establecieron que enseñarían al que quisiera aprender y aprenderían del que les quisiera enseñar algo, para después proponerse el no abandonar a nadie en los recorridos. Filosofía que sigue prevaleciendo.

***

Durante los primeros meses de existencia tuvieron que dividir al grupo en avanzados y principiantes. El paso de las semanas y la asistencia constante, sin embargo, arrojaron los primeros resultados de la novedosa filosofía y técnica: Con la práctica, los ciclistas que sufrían para terminar el recorrido, comenzaron a unirse al grupo que llevaba la delantera.

Actualmente, son 212 los integrantes del club que acuden regularmente a los recorridos realizados gratuitamente. Hay desde médicos, cineastas, fotógrafos, periodistas, diseñadores gráficos, músicos, maestros, artistas, empresarios, estudiantes, amas de casa, nutriólogos, ingenieros, abogados, soldados, mecánicos y rancheros.

En poco más de año y medio, varias son las anécdotas acumulados por los integrantes del club. Como aquella que todos recuerdan de Demon bike, la noche que se retraso a la altura del panteón de Los Cipreses porque sintió una pesada carga en su espalda que le impedía pedalear; o cuando fueron recibidos con aplausos en el estado de Morelos al ser confundidos con una procesión de acompañantes de chinelos –baile típico de la región durante carnaval-; o que decir de las veces que al meterse a una colonia con problemas de pandillerismo, el propio Gerardo ha tenido que cantar la canción de la Guadalupana, aquella que dice “desde el cielo una hermosa mañana, la Guadalupana, la Guadalupana, bajó al tepeyac”, para que crean que se trata de una peregrinación de ciclistas que van a la Basílica de Guadalupe.  Todo con el único fin de pedalear, ejercitarse y divertirse a bordo de una veloz bicicleta.

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Shibu Philip

Trabajo en casa y COVID-19: 'Vigilo a mis empleados con un programa que toma fotos de sus pantallas'

Muchas personas se encuentran con dificultades para trabajar desde casa, pero ¿ayudaría a mejorar su productividad la tecnología de vigilancia?
Shibu Philip
29 de septiembre, 2020
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Shibu Philip

Shibu Philip
La firma de Shibu Philip ha utilizado el software de vigilancia Hubstaff durante el último año y medio.

Shibu Philip dice que sabe lo que es “perder un poco de tiempo en el trabajo”.

Es el fundador de Transcend, una pequeña empresa con sede en Londres que compra productos de belleza al por mayor y los revende online.

Durante el último año y medio, ha utilizado el software Hubstaff para realizar un seguimiento pormenorizado de las horas de trabajo de sus trabajadores, para saber qué teclean, cuáles son los movimientos de su ratón y los sitios web que visitan.

Con siete empleados en la India, dice que el software le garantiza que tienen “cierto nivel de responsabilidad” y ayuda a cubrir la diferencia horaria.

“Yo mismo me conozco. La gente puede tomarse un descanso extra de 10 minutos aquí o allá. Es bueno tener una forma automática de monitorear lo que están haciendo”, dice Shibu.

“Al mirar las capturas de pantalla y el tiempo que todos dedican a determinadas tareas, sé si siguen los procedimientos o no”.

“Y, si lo están haciendo mejor de lo que esperaba, también estudio el material recopilado y les pido que compartan ese conocimiento con el resto del equipo para que todos podamos mejorar”, dice.

Los empleados son plenamente conscientes de que el software está activo.

Además, pueden eliminar el tiempo dedicado a visitar sitios web que podrían haber sido registrados por accidente durante su descanso, por ejemplo, agrega Shibu.

Trabajando desde la cama

Getty Images
Si eres de los que ha tenido que colocar la laptop sobre una pila de libros de cocina durante la pandemia o te ha tocado quejarte de la velocidad del internet de tu casa, no estás solo.

¿Vagos en casa?

Dado que muchas personas alrededor del mundo trabajan ahora desde casa debido a la pandemia, la demanda de software que monitorea la actividad de los empleados ha registrado un repunte.

Hubstaff, con sede en Estados Unidos, dice que su número de clientes en Reino Unido se ha multiplicado por cuatro desde febrero.

Otra empresa llamada Sneek ofrece tecnología que toma fotos de los trabajadores a través de la cámara del laptop y las comparte para que las vean el resto de sus colegas.

Aunque se describe a sí misma como una plataforma de comunicación, su programa permite tomar una foto cada minuto.

Su cofundador, Del Currie, le dijo a la BBC que sus usuarios habían aumentado cinco veces durante el confinamiento, sumando casi 20.000 clientes en total.

Un estudio reciente realizado por académicos de la Universidad de Cardiff y la Universidad de Southampton, ambos en Reino Unido, descubrió que un temor común entre los jefes es que los trabajadores que no están a la vista “holgazanearán”, aunque los periodos de cuarentena tampoco parecen haber afectado mucho a la producción.

La encuesta también sugirió que un tercio de los que trabajan desde casa sentían que su productividad también había disminuido.

Pero ¿es la tecnología la respuesta para identificar a aquellos que podrían estar holgazaneando o para ayudar a aquellos que luchan por adaptarse a trabajar desde la mesa de la cocina a tiempo completo?


Me hubiera sentido mal de haber sabido que me vigilaban”

Josh

BBC
El fotógrafo Josh dice que tuvo problemas tanto con la logística como con la motivación

Josh, un fotógrafo de 26 años que vive en Londres, admite que lo que más le costó de trabajar desde casa fue la caída de su productividad.

Establecer un estudio improvisado en la cocina de su piso compartido de tres habitaciones fue un desafío logístico, pero también de motivación.

“Algunos días lo lograba, pero otros me sentaba y me quedaba mirando mis sandalias un buen rato, pensando: ‘No puedo hacer esto’. Es muy fácil hacer la colada o prepararte una taza de té. En casa encuentras formas de distraerte con bastante facilidad“.

Está agradecido de que su jefe no utilice ningún software de seguimiento con él.

“En aquellos días en los que era un poco más difícil estar motivado, me habría sentido mal si hubiera sabido que alguien estaba controlando mi productividad”, dice.

Josh sospecha desde hace mucho tiempo que tiene un trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH), lo que puede dificultar la concentración y la gestión del tiempo. Su médico está de acuerdo, aunque todavía está en lista de espera para una prueba.

Ha vuelto a la oficina recientemente y valora mucho tener más interacción cara a cara.

“Allí me encuentro una rutina, una estructura que realmente me ancla y me ayuda a superarlo todo”.


Trabajador en casa

Getty Images
Desde que se impusieron las restricciones para evitar la propagación del covid-19, las compañías han tenido que diseñar soluciones de emergencia para que sus empleados puedan trabajar desde casa.

Con cautela y políticas escritas

Aunque algunos jefes que usan software de seguimiento argumentan que es una herramienta válida para mantener la productividad, una investigación del Instituto de Colegiados en Personal y Desarrollo (CIPD), una asociación de profesionales del sector de recursos humanos con sede en Londres, sugiere que la vigilancia en un entorno laboral puede dañar la confianza.

“Monitorear el comportamiento de los empleados puede ser una forma justificable de reducir la mala conducta y potencialmente ayudar a gestionar el tiempo”, dice Jonny Gifford, asesor de investigación de comportamiento organizacional en el CIPD.

“Sin embargo, los empleadores deben tener políticas claras para que los trabajadores sepan cómo pueden ser monitoreados y, lo que es más importante, el sistema debe ser proporcionado”.

Los empleadores obtendrán “resultados mucho mejores” si apoyan a sus trabajadores, añade, “en lugar de centrarse en medidas de entrada potencialmente irrelevantes, como el número de pulsaciones en el teclado”.

Jonathan Rennie, socio del bufete de abogados británico TLT, también insta a las empresas que estén considerando la posibilidad de introducir dicho software con cautela.

“Los empleadores tienen la obligación legal implícita de mantener la confianza de sus trabajadores y deben ser conscientes de cómo podrían reaccionar ante la implementación masiva de software de monitoreo”, dice.

Sugiere que cualquier empresa que utilice software de monitoreo debería tener políticas escritas que expliquen cómo y por qué se está utilizando.

También debería haber una guía clara para los administradores y salvaguardas para prevenir el uso indebido o el “monitoreo excesivo”, dice.


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