Sedena se deslinda del secuestro de Marcial y Eva
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Sedena se deslinda del secuestro de Marcial y Eva

Las hijas de los dirigentes de la Organización Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán, secuestrados en Guerrero el pasado martes, narran cómo se dieron los hechos y su esperanza de encontrarlos vivos
Por Paris Martínez
12 de diciembre, 2011
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Victoria, Javier Sicilia y Coral

Victoria, Javier Sicilia y Coral//Foto: Lucía Vergara

Victoria y Coral son hijas, cada cual, de Marcial Bautista y Eva Alarcón, los dirigentes de la Organización Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán, secuestrados en Guerrero el pasado martes, convirtiéndose así en las primeras víctimas de este delito entre los ciudadanos que integran el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

“Voy a relatar cómo fue que pasó –dice Victoria, con la voz quebrada–, testigos de los hechos dicen que un convoy militar subió al autobús (en el que ambos ecologistas se transportaban a Chilpancingo, para de ahí seguir a la Ciudad de México), y preguntó directamente a Marcial Bautista cómo se llamaba, él no contestó, (aunque) le dijeron que era una revisión de rutina, le dijeron que no pasaba nada y se fueron.”

Los hechos ocurrieron en el tramo carretero entre Petatlán y Tecpan de Galeana, alrededor de la 1:00 am.

Eva Alarcón

Eva Alarcón

“Más adelante –continúa Victoria–, no sé cuánto tiempo (avanzaron), encontraron una camioneta negra estorbando el paso al autobús, el cual se paró y subieron siete hombres armados, que se fueron directamente a Marcial Bautista y le preguntaron quién lo acompañaba, Eva Alarcón se puso en pie. Entonces les dijeron ‘agarren sus cosas y bájense, no pasa nada‘. Ellos se bajaron, había cuatro o cinco camionetas con gente armada, los subieron a una camioneta negra y se los llevaron con rumbo desconocido.”

Desde entonces, no se sabe nada de ellos.

“Estamos destrozados –grita Victoria–, porque queremos que los salven, que los regresen con vida, nuestro único pecado es trabajar con las comunidades en el tema del medio ambiente, es lo único que hacemos, ¿a poco le hacemos daño a alguien? ¡No le hacemos daño a nadie! Nos interesan vivos, y estamos aquí para exigir eso, que los regresen vivos y ya… porque vivos se los llevaron, y vivos los queremos.”

A su lado, en el templete instalado por el MPJD ayer junto a la Glorieta del Ángel de la Independencia para conmemorar los cinco años de guerra contra el crimen organizado, Coral llora también. “Exigimos que nos los regresen vivos –dice, con firmeza–, suplico que me regresen a mi mamá y al presidente de la organización… Exijo a mi mamá, quiero saber de ella, tenemos fe en que están vivos, sabemos que están vivos, queremos que nos escuchen.”

“Nos urge que las autoridades correspondientes hagan su trabajo –concluye Victoria–, pero rápido, porque pasan las horas y no tenemos información ni buena ni mala, y mis padres corren peligro.”

Este caso es, al menos en términos oficiales, investigado de forma conjunta por autoridades estatales y federales.

Espacios vacíos

Una hora antes de que iniciara el acto del MPJD, los ciclistas que participan en el paseo dominical se aproximan a los grupos de hombres y mujeres que se afanan en forrar con hilo negro las seis esculturas de héroes de la Reforma, en el tramo que va de la Glorieta de la Palma al Ángel de la Independencia.

Primero los increpan, por lo que consideran una afectación a los monumentos públicos, pero luego de escuchar las razones, incluso se despiden con un abrazo.

Se trata de la acción escultórica colectiva denominada Cuenda, que llevan a cabo víctimas de la violencia que forman parte del Movimiento por la Paz, encabezada por la artista plástica Laura Valencia, del Seminario de Medios Múltiples de la Escuela Nacional de Artes Plásticas.

“Las madejas con las que se están cubriendo las estatuas –explica Irma Leticia, madre de Roy, un joven de 19 años desaparecido en Nuevo– tienen una medida proporcional al índice de masa corporal de algunos desaparecidos. Al envolver las estatuas, queremos reflejar la ausencia en la presencia de las estatuas, que le están prestando sus cuerpos a nuestros hijos.”

Irma Leticia y Roy//Foto: Lucía Vergara

Irma Leticia y Roy//Foto: Lucía Vergara

Roy fue raptado de su vivienda, por una banda de policías municipales de Escobedo que irrumpió en el inmueble para saquearlo. “Nos robaron todo –narra Irma Leticia–: joyas, aparatos electrónicos, dinero, automóviles, y también decidieron llevarse a uno de mis hijos, como tengo dos, ellos preguntaron quién era mayor, y entonces mi niño, Roy, les dijo que él y se lo llevaron… pidieron rescate y lo pagamos, pero ellos no cumplieron con regresánoslo y lo andamos buscando.”

Roy es estudiante de Ciencias del Lenguaje en la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

A pesar de que su desaparición fue denunciada desde enero, no fue sino hasta junio (cuando la primera Caravana del Consuelo, del Movimiento por la Paz, pasó por Nuevo León) que las autoridades estatales emprendieron la investigación.

A su lado está Verónica, hermana de Jehú Abraham Sepúlveda, detenido por policías municipales de Nuevo León, el 12 de noviembre de 2010, por estacionarse sobre unas bollas viales para comprar algo en un Oxxo, y quien desde entonces está desaparecido.

Verónica y Jehú

Verónica y Jehú

“Como mi hermano no llevaba identificación –cuenta Verónica–, se lo llevaron detenido, pero antes de presentarlo al MP, se lo entregaron a policías ministeriales  que, a su vez, se lo entregaron a la Marina, y ellos dicen que 15 minutos después lo pusieron en un taxi, libre… Su bebé tenía cinco meses cuando él desapareció, y la niña ahorita ya tiene un año y fracción.”

Se trata de sólo dos de los 47 casos de desapariciones forzadas que incluye la intervención artística Cuenda (nombre que llevan los pequeños hilos con los que se anudan las madejas de estambre, impidiendo que se enreden), denunciados Guerrero, Michoacán, Monterrey, Veracruz y Sonora.

Una madeja por cada desaparecido

Una madeja por cada desaparecido

“Lo que queremos –explica Laura, la autora del proyecto– es hacer visible el espacio vacío que dejan los desaparecidos, cada madeja representa a una persona desaparecida, y el largo de cada una se calculan a partir del índice de masa muscular, es decir la proporción entre el peso y la altura de cada víctima; así, cada madeja tiene un nombre y una dimensión específica, que puede ser de hasta 400 metros, dependiendo de los datos de cada uno.”

La madeja de Mario, el hijo de Nepomuceno

La madeja de Mario, el hijo de Nepomuceno

La intervención de las estatuas continuará durante toda la semana y luego buscarán otros espacios públicos que intervenir con las cuendas de los desaparecidos.

Cabe destacar que una de estas cuentas corresponde, de hecho, a Mario, secuestrado por policías de Sonora, y quien era buscado por su padre, Nepomuceno Moreno, el activista del Movimiento por la Paz asesinado el 28 de noviembre pasado en Hermosillo.

Escucha el testimonio de Victoria y Coral, hijas de Marcial y Eva, respectivamente:

Hijas de Eva y Marcial dan testimonio de la desaparición de ambos Campesinos Ecologistas at Ángel de la Independencia by Cencos ComunicaciónSocial

Sedena se desliga del secuestro de los activistas

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dijo que ninguno de sus elementos participó en el secuestro de Eva Alarcón Ortiz y Marcial Bautista Valle.

En un comunicado de prensa, la dependencia señaló que “respecto a la entrevista ofrecida a diversos medios de comunicación por parte de los familiares de los desaparecidos, donde puntualizan que personal militar escoltaba al convoy de autobuses en el cual se trasladaban estas personas y que dicho convoy pasó por un puesto de control militar, es preciso señalar que en ningún momento participó personal militar escoltando el señalado convoy y durante su trayectoria no se establecieron puestos de control”.

La Sedena informó que la novena Región Militar y la 27 Región Militar aseguraron que el Ejército colabora en la búsqueda de los activistas y los presuntos responsables del secuestro.

 

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Consecuencias del covid-19: 'Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes'

La fatiga crónica es uno de los síntomas que experimentan miles de pacientes recuperados de covid-19, incluso aquellos que no estuvieron tan enfermos como para estar hospitalizados. Jade cuenta cómo fue su caso.
22 de septiembre, 2020
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Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Jade Gray-Christie nunca fue hospitalizada, pero meses después de haberse recuperado sufre fatiga crónica.

Si has leído noticias de personas con coronavirus que experimentaron síntomas “permanentes”, puede que la historia de Jade Gray-Christie te resulte familiar. Ella tenía síntomas “leves” y no fue hospitalizada, pero su vida dio un vuelco desde que se enfermó en marzo.

Antes de la pandemia, Jade tenía una vida muy ocupada.

Esta londinense, de 32 años de edad, compaginaba un gratificante trabajo dando apoyo a jóvenes de entornos desfavorecidos con una vida social activa, e iba al gimnasio tres veces por semana.

Pero en las primeras horas de la mañana del 15 de marzo, Jade llegó a casa tras un largo día de trabajo y supo que algo no iba bien.

“Me sentía fatal. Tenía mucho calor y mucho frío, y no paraba de toser, toser y toser”, me contó en voz baja, con dificultad para respirar.

A medida que pasaron los días, Jade, que es asmática y vive sola, comenzó a sentirse peor y más asustada.

Llamó al 111 (el número de emergencias). Le enviaron una ambulancia, pero los paramédicos se negaron a entrar. “Me hablaron a través de la ventana y me preguntaron qué me pasaba”, dice ella.

Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Los paramédicos no quisieron entrar a casa de Jade.

Tumbada en la cama y sin apenas poder pronunciar las palabras, Jade explicó que tenía problemas para respirar y que le dolía mucho el pecho.

Le dijeron que tenía la típica “tos covid”, pero por su edad no podían llevarla al hospital. Eres joven y tu cuerpo es lo suficientemente fuerte como para recuperarse, le dijeron.

Jade se sorprendió. “¿Qué hago con mi respiración? Soy asmática. Vivo sola, así que si pasa algo no tengo a nadie que me ayude“, les comentó.

Pero ellos le respondieron que no se llevaban a nadie menor de 70 años por si pudiera contagiar a alguien más en el hospital.

“Comprendí lo que decían, pero al mismo tiempo estaba muy mal y no sabía qué iba pasar. Por las noches sentía miedo al acostarme”, dice Jade.

Con el tiempo, parecía mejorar poco a poco. Pero cada vez que pensaba que estaba recuperándose, sus síntomas volvían.

En mayo, se sintió lo suficientemente bien como para comenzar a trabajar desde casa a tiempo parcial. Tenía dolor en el pecho y a veces se sentía cansada, pero pensó que se las podría arreglar.

Hasta que a finales de mes, algo cambió.

Durmiendo 16 horas al día

“Mi pecho volvió a empeorar. Me costaba respirar y no podía salir de la cama”, dice ella. “Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes”.

Los inhaladores de Jade

Zoë Savitz/BBC News
Jade tiene un inhalador para el asma y recibió dos más para tratar la covid.

Los meses pasaron con pocas mejoras. A veces dormía más de 16 horas al día y le costaba hacer las actividades diarias para cuidar de sí misma.

Cuando hablé con Jade a fines de julio, me contó que su médico le había dicho que tenía fatiga posviral, pero no le dieron ningún consejo sobre cómo manejar sus síntomas, más allá de que estableciera una rutina para dormir y despertar.

La idea era aprender estrategias de recuperación para ayudar a mejorar su calidad de vida y estabilizar su salud.

Pero a Jade le costó entender cómo aplicarlo a su vida. Mantener una rutina le resultaba casi imposible, ya que a menudo se despertaba agotada y se volvía a dormir.

“Cuando hablé con el médico sobre mis mareos, el hecho de que me hubiera desmayado y también sobre mi fatiga, me dijo abiertamente que no sabía cómo ayudarme y que el virus todavía es muy nuevo. Esto, por supuesto, me hizo sentirme aún peor “, comenta.

“Si los médicos no podían ayudarme, ¿entonces quién?”, se preguntó.

Jade Gray-Christie usando su laptop

Zoë Savitz/BBC News
Jade se sintió desesperada; no sabía a quién pedir ayuda.

Covid “de largo plazo”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que no comprende por completo la covid-19.

Dice que los plazos de recuperación típicos son de dos semanas para pacientes leves, y hasta ocho para los que están graves, pero reconoce que hay personas como Jade que continúan teniendo síntomas durante más tiempo.

En tales casos, dice la OMS, los síntomas pueden incluir fatiga extrema, tos persistente o intolerancia al ejercicio. El virus puede causar inflamación en los pulmones, los sistemas cardiovascular y neurológico, y el cuerpo puede tardar mucho en recuperarse.

La experiencia de Jade le ha ocurrido a otras decenas de miles de personas,y se conoce como “covid de largo plazo”.

Barbara Melville, administradora de un grupo de apoyo en Facebook para este tipo de pacientes, explica que muchos de ellos dicen que no tienen acceso al cuidado y apoyo que necesitan, que no les toman en serio o que les dicen que sus síntomas son causados por ansiedad.

Short presentational grey line

BBC

Cómo conservar la energía si tienes fatiga

  • Para lidiar con la fatiga, los terapeutas ocupacionales usan “las tres pes”: planificación, pacing (ritmo) y priorización
  • Esto implica identificar estrategias para facilitar las cosas y gestionar la energía de forma más eficaz
  • Por ejemplo, si la ducha es agotadora, inténtalo en otro momento del día o siéntate en lugar de quedarte de pie
  • Divide las actividades en tareas más pequeñas y distribúyelas a lo largo del día
  • Planifica de 30 a 40 minutos de descansos entre actividades

Lauren Walker, Royal College of Occupational Therapists, Reino Unido

Short presentational grey line

BBC

¿Dónde deja esto a los pacientes? Para muchos es una cuestión de paciencia.

En el caso de Jade, su salud sigue con altibajos, pero ahora recibe sesiones de fisioterapia y de terapia ocupacional en la clínica covid del centro hospitalario University College Hospital de Londres.

Sus jefes han sido un gran apoyo, lo cual ha marcado la diferencia. Le dijeron que habían visto muchos casos similares.

“Fue un gran alivio,”, dice ella, tras haber pasado muchos meses sintiendo que tenía que demostrar que lo que le estaba ocurriendo no estaba “todo en su cabeza”.

Al final, recibió una carta confirmando su diagnóstico de covid-19 esta semana.

Jade planea ahora trabajar desde casa por el resto del año, con horas y responsabilidades reducidas, y le han aconsejado que divida su día, trabajando en períodos de dos horas con pequeños descansos en el medio.

Está contenta de poder volver al trabajo y de tener su mente activa.

jade en la puerta de su casa

Zoë Savitz/BBC News
A la joven inglesa le gusta haber vuelto a trabajar.

Barbara Melville advierte que no todos los empleadores son tan comprensivos y afirma que ha leído muchas historias en su grupo de apoyo de personas obligadas a regresar al trabajo demasiado pronto.

“Tienen miedo de no poder alimentar a sus familias. El descanso y la regulación del ritmo de vida son un privilegio“, comenta a la BBC.

Otros le han dicho que sufren discriminación en el trabajo porque no pueden proporcionar pruebas de que tenían la enfermedad, a pesar de que no hubo tests disponibles durante meses, y no se les dieron los ajustes que necesitaban para trabajar de manera segura.

Sin embargo, tiene la esperanza de que esta crisis lleve a un cambio cultural en cómo se trata a las personas que viven con problemas de salud a largo plazo.

“La covid ha puesto de relieve las desigualdades y esta es una oportunidad para empezar a hacer algo“, señala.

Jade dice que tras haberse enfermado sintió realmente que su vida se acababa. Solo cuando comenzó a recibir apoyo, atención y comprensión las cosas comenzaron a cambiar para ella.

Ahora siente que puede encontrar una manera de hacer frente a su nueva normalidad.

Fotografía de Zoë Savitz

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

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