¿Cuántos mexicanos esperan a los Reyes Magos?
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¿Cuántos mexicanos esperan a los Reyes Magos?

Por Abenamar Sánchez
6 de enero, 2012
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Los Reyes Magos en la capital mexicana. FOTO: Cuartoscuro

Llevaba la mujer largo rato sin quitar la vista del atajo que da a su casa, cuando masculló:

–Dijeron que a las diez…

Miró el reloj; estaba por decir algo más cuando su hija le llegó por atrás y la abrazó de una pierna. Entonces volvió hacia ella y se limitó a decir que esperaban a los Reyes Magos. Ya era mediodía.

–¿Cuánto pagaron?

Se llevó el dedo índice a los labios, en señal de silencio, y se dispuso a ajustarle el abrigo a la niña de entre tres a cuatro años, quien para esta ocasión pidió un juego de columpios.

Hija única de la familia López Montenegro, Jennifer sabe que los Reyes Magos le harán una visita, aunque no sabe cuándo. Sus padres forman parte del 56% de familias mexicanas que, indica un estudio de la consultoría Defoe, espera la visita de los Reyes Magos.

Ella ha visto a los Reyes Magos en la “tele”.

Hace un año le trajeron un caballo blanco del tamaño de un cordero adulto, pero éste ya no está más que arrimado en un rincón de la modesta vivienda a la que se llega por una vereda que bordea un barranco sobre el poniente del Distrito Federal, en una alejada colonia que se llama San Mateo Tlaltenango y que aún conserva el pasado rural de la ciudad.

–Ya marqué al número que aparece en el recibo que me dieron, pero me dice (la operadora) que ese número no existe –dijo la mujer.

Levantó la vista hacia la vereda y anunció que intentaría llamar de nuevo.

Saben que los Reyes pagaron casi seis mil pesos por el juego de columpios; lo adquirieron sobre la carretera rumbo a Toluca. En un país donde seis de cada diez familias esperan a Santa Claus en Navidad y tres a los Reyes, según estudios de Defoe, ellos prefirieron esperar  el regalo fuerte en la víspera del seis de enero, pero ya pasó la hora convenida y los reyes Baltazar, Melchor y Gaspar aún no llegan.

Buscando a los Reyes

–Vete a la Alameda Central, allá los encuentras.

El guarda de una de las entradas del Bosque de Chapultepec, sobre el Paseo de la Reforma del Distrito Federal, dice que a esta hora, empezando la tarde, los Reyes ya han de estar en esa plaza de la ciudad.

–¿Aquí no han venido?

El hombre niega con la cabeza e insiste que lo más seguro para encontrarlos es la Alameda Central. Y tampoco creo los encuentres sobre el Paseo de la Reforma, advierte con la certeza de alguien que sabe.

Los Reyes Magos son los nuevos huéspedes de los palacetes que estuvieron ocupados por los Santa Claus hasta el 25 de diciembre en la Alameda Central. Éstos, salvo dos que aún no se han marchado, partieron con sus renos y dieron paso a los Reyes que llegaron con sus camellos y una corte de muñecos de peluche o de plástico.

Se podría decir que hay poco más de 150 Reyes Magos en esta plaza.

A media tarde, Melchor,  Gaspar y Baltazar, los tres Reyes Magos de uno de los puestos que ofrecen fotografías por entre 70 y 100 pesos a aquellos que quieran posar con los personajes, se sacuden y bailan cual chippendale sobre una tarima. Son tres reyes de cuerpos delgados bajo brillosos y coloridos trajes.

La Alameda Central, en el Centro del Distrito Federal, es esta tarde una plaza donde una multitud de hombres y mujeres y niños se cruza y entrecruza entre los pasillos, entre puestos de antojitos, entre los palacios de Reyes Magos robustos, delgados, altos, bajos como pigmeos, activos y lentos, y entre unos mecánicos “toros locos” que, aguardando a quien los monte, se mueven como si el griterío y la música los pusiera nerviosos­.

Los nervios

Cuando la mujer volvió a llamar, una operadora le notificó:

–El número telefónico al que usted llamó, no existe.

Apenas oyó unas pisadas afuera, salió de nuevo al patio; era un par de niñas vecinas quienes se encontraban jugando a las escondidas. Ellas, como ocurre con otros niños de una de cada tres familias en México, jamás han recibido un regalo de Reyes.

–Nunca –dijo la mayor que apenas rebasa los diez años.

–Esta es la segunda vez que mi hija (Jennifer) recibirá el regalo de los Reyes –comentó la mujer para darse ánimos.

Ellos forman parte del 8% de familias mexicanas que, como indican los resultados de una encuesta de Defoe, recibieron regalos en Nochebuena, Navidad y Día de Reyes y del 64% que también parte Rosca de Reyes.

–Yo también así crecí –dijo luego la mujer, dando a entender que lo de los regalos es ya una larga tradición en su familia.

–Mmm, cuando yo digo que a mí los Reyes Magos nunca me dejaron sin juguetes, mis padres se esponjan de orgullo –dijo más tarde otra mujer en la Alameda Central. –Yo crecí tomándome fotos con los Reyes Magos desde que estaba como ella –presumió una chica de veinte años, mientras señalaba a su hermana bebé que estaba posando en brazos de uno de los Reyes Magos.

–Pero nos dieron una nota del pago que hicieron los Reyes –insistió la mujer cuando hubo transcurrido una hora más–. Son dos columpios y una resbaladilla, de plástico todos, pintados de distintos colores.

Jennifer, la hija, levantó la vista y sonrió contenta.

Horas después, su padre, por teléfono, dijo:

–Ya estuvo.

Llegaron los Reyes.

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'El día que le dije a mi novio que era una persona no binaria'

Katje van Loon tuvo la idea de celebrar un Día Internacional de las Personas No Binarias, a mitad de camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre.
14 de julio, 2022
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Hace 10 años, Katje van Loon escribió una publicación en su blog en la que pedía la creación del Día Internacional de las Personas No Binarias el 14 de julio, exactamente a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre. Katje le ha contado a la corresponsal de género e identidad de la BBC, Megha Mohan, por qué es importante que el día se haya convertido en una realidad.

Hay un meme que aparece de vez en cuando sobre un pájaro al que han llamado pingüino toda su vida. Un día, el pájaro se encuentra con un médico que le dice: “No eres un pingüino, eres lo que se llama un cisne“. El cisne se siente aliviado. De repente, toda su vida cobra sentido.

Yo tuve mi momento cisne en 2011, cuando tenía unos 20 años.

Mi abuela acababa de morir y yo estaba en su apartamento organizando sus cosas. Tratando de distraerme, entré en internet y, pasando de un página a otra, me encontré con la entrada en Wikipedia sobre identidades de género.

Fue aquí donde leí por primera vez la definición de “no binario”. En esos párrafos, aprendí sobre personas que no siguen las normas binarias de género, personas que sienten que existen en un espacio intermedio fuera de las definiciones de hombre y mujer.

“Esto soy yo”, pensé. “Soy una persona no binaria. Esto es lo que he sido toda mi vida. Y nunca he tenido las palabras para describirlo”. Empecé a llorar. Sabía que tenía que contárselo a mi novio.

La chica más fuerte

El teatro era mi asignatura favorita en la escuela secundaria. Me gustaba todo, incluso acarrear las cosas pesadas que habíamos utilizado al final de la clase. Me señalaban como la “chica más fuerte de la clase de teatro” cuando me tocaba guardar las piezas pesadas del set junto con los chicos.

Así que allí estaba yo, moviendo atrezzo con los chicos, identificada como diferente a las otras chicas. Pero, extrañamente, esta era de las pocas veces en las que ser diferente era un motivo de orgullo para mí en lugar de una vergüenza.

De alguna manera, yo era como mi madre. La gente decía que mi madre era una mujer “guapa”, y mucho más tarde me di cuenta de que en realidad lo decían como un insulto para referirse a su aparente falta de feminidad.

Era una mujer soltera, abogada y educadora. Ella no era como las otras madres de la escuela. Se sentía tan cómoda arreglando cosas por la casa como cuando enseñaba a sus alumnos o me cuidaba a mí.

Yo era como ella al adoptar roles de género no tradicionales. Pero a diferencia de ella, yo existía en otro lugar. No era solo que no me sintiera “femenina”, o que fuera más alta y más grande y menos femenina. Era algo más que eso: la etiqueta de “mujer” simplemente no me encajaba.

Al crecer en los barrios periféricos de Vancouver, en Canadá, y luego en Hawái, me perdí en libros de fantasía, en mundos ficticios creados por escritores como Ursula K. Le Guin, habitados por personajes sin identidad de género fija.

A los 12 años comencé a escribir, creando mis propios planetas ficticios. Más de una década después pude publicar una versión muy revisada y pulida de estos mundos, la primera de una serie de novelas de ciencia ficción.

En estos imperios creativos, jugué con los roles de género; los personajes oscilaban entre tener características sexuales masculinas o femeninas. Escribir me dio la libertad para imaginar una realidad menos rígida.

Como milenial, crecí en internet. En los chats encontré comunidades de personas que hablaban sobre sexualidad y me declaré bisexual a los 14 años. Primero en internet y luego en el mundo real, las comunidades LGBT me dieron la bienvenida cuando me abrí sobre mi sexualidad, y entonces experimenté un sentimiento de pertenencia.

Expulsada de la comunidad LGTB

Más tarde, cuando tenía 20 años, me enamoré de mi novio, Nathan. Pero esto tuvo un precio. Creo que no hay forma más rápida de ser expulsada de una comunidad LGBT que la de ser una mujer bisexual que sale con un hombre.

La gente te ve como “heterosexual”, alguien que no entiende la lucha, y de repente las conversaciones y los eventos ya no te incluyen. Lo llaman el “bi-borrado”, y es un fenómeno muy real. Dejan de invitarte a cosas. Se crean grupos privados sin ti.

En mi experiencia, las personas todavía entienden la sexualidad de la forma en la que no entienden la identidad de género.

Cuando encontré la página de Wikipedia que explicaba mi identidad no binaria, Nathan fue la primera persona a la que quise contárselo, pero me daba mucho miedo.

Cuando lo vi más tarde ese día, lo dije rápidamente: “Soy una persona no binaria”.

Pausa.

“Entonces, ¿qué es lo que cambia?”, preguntó.

Otra pausa.

Puede que use pronombres diferentes“, respondí. “O que me llame de otra forma a veces”.

Me preguntó si yo era transgénero. ¿Estaba pensando en cambiar físicamente de alguna forma?

Dije que no, que no lo era.

“Está bien, intentaré recordar tus pronombres”, dijo, “pero no soy muy bueno recordando cosas”.

Ambos nos reímos, relajados, y la tensión se disipó. Le expliqué cómo, al crecer, me había sentido mal representada como esta “otra” persona, y que ahora tenía un nombre para describir lo que era, por lo que inmediatamente encajé un poco mejor en mi propia piel.

Nos comprometimos poco después y nos casamos en 2015.

La boda de Katje y Nathan.

Zemekiss Photography

Durante varios años, usé diferentes pronombres en lugar de “ella”. Me gustó especialmente “zie”, que sonaba suave y divertido. Eran términos neutros en cuanto al género que la gente usaba en internet y que no determinaban el sexo de la persona.

Durante un tiempo estuve a favor del pronombre “they” utilizado en singular (en inglés significa tanto “ellos” como “ellas”). Pero a medida que vi su uso florecer y despegar, comenzó a desagradarme, y ahora no lo soporto.

Como escritora, me tomo el lenguaje muy en serio, y he leído varios textos en los que las personas usan el pronombre “they” que me confundieron realmente sobre si se referían a un individuo o a un grupo. Algunos escritores argumentan que Shakespeare solía usar “they”, a lo que respondo: “Muy pocas personas escriben tan bien como Shakespeare”.

Con el tiempo, mi amor de la infancia por la escritura de fantasía se convirtió en una carrera, así como en una salida para mi mundo imaginario fuera de las normas de género.

En mi libro “Stranger Skies” (Cielos más extraños), escribo sobre una diosa que cae de los cielos a un planeta que no obedece las leyes de la física o la biología. Descubre que en ese mundo, el género está programado, se es hombre o mujer, pero el sexo es mutable. Las personas pueden cambiar su cuerpo físico a través de una pequeña ceremonia semirreligiosa. Esto permite que las parejas homosexuales puedan tener hijos biológicos sin intervención médica. Me divierto mucho explorando estos conceptos en mi escritura.

Un año después de identificarme como persona no binaria, escribí una publicación de 153 palabras en mi blog sobre por qué debería haber un Día Internacional de las Personas No Binarias. Dije que debería ser en julio, a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer en marzo y el Día Internacional del Hombre en noviembre. Hubo algunos comentarios en el blog entonces, pero apenas se extendió por internet.

Katje haciendo pompas de jabón

Kam Abbott
Katje pasa ahora menos tiempo en internet.

Lo olvidé hasta varios años después, cuando vi que el Día Internacional de las Personas No Binarias se celebraría oficialmente el 14 de julio, el mismo día que sugerí en mi publicación. Lo iban a celebrar la organización Campaña por los Derechos Humanos, Stonewall, el sitio web del Parlamento de Reino Unido e incluso la web dictionary.com.

La gente citaba las razones que yo había dado para elegir la fecha, pero solo la página de Wikipedia sobre el género no binario mencionó mi blog como inspiración. Esto me molestó. Un pequeño reconocimiento hubiera estado bien.

Cambios

Ahora, las cosas han cambiado en mi vida. Estoy más cómoda conmigo misma. Me importa menos cuando la gente se refiere a mí como mujer o usa el pronombre “ella”.

Solía ​​​​estar muy a favor de tener un tercer marcador de género en las identificaciones, como pasaportes o permisos de conducir, como tienen en Argentina, Australia e India y han propuesto en Sudáfrica. Pero ahora no estoy tan segura. ¿Quiero que los datos de las minorías de género se recopilen en algún lugar al que los gobiernos puedan acceder fácilmente? Definitivamente no. No tengo fe en las burocracias. Puedo entender por qué puede ser importante para algunas personas en ciertos países, pero no lo es para mí.

También paso mucho menos tiempo en internet. No me siento cómoda ni en las páginas conservadoras ni en las liberales. Se fagocitan a sí mismas, a la espera de que la gente diga lo que ellos consideran que no está bien.

Solíamos llamarlo “la cultura de la denuncia“, pero ahora le han crecido más cabezas, es una bestia. Y no ayuda a nadie, y mucho menos a las personas vulnerables que quieren pertenecer a algo pero que saben que pueden ser apartadas en cualquier momento por decir algo incorrecto.

Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Katje van Loon
Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Puedo imaginar lo que puedes estar pensando ahora. Si no quiero ningún nuevo tipo de documento de identidad, y no necesito que respetes mis pronombres preferidos (todavía zie), ¿qué sentido tiene ser no binario? ¿Es importante tener un Día Internacional de las Personas No Binarias?

Sí, lo es.

Podemos sentirnos invisibles en un mundo que aún no ha entendido del todo lo que somos. Así que es bonito tener un día que reconozca nuestra existencia. ¿Tiene que ser un día en el que estemos en las calles marchando? No. Pero sería lindo recibir algunas flores.

Creo que ser llamada persona no binaria es importante a nivel interno. Para mí es importante tener esas palabras para describirme, y saber quién soy me permite estar más cómoda conmigo misma. Quiero que la gente sea feliz como es.

Y si tener un día te ayuda a ser feliz contigo mismo, genial. Ese es el mejor resultado que podría haber esperado de esa publicación de blog que escribí hace 10 años.


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