Gane quien gane en 2012, México necesita reformas: OCDE
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Gane quien gane en 2012, México necesita reformas: OCDE

Ante las próximas elecciones presidenciales en México,el secretario de la OCDE consideró: “Lo que es fundamental, gane quien gane, es que haya una agenda común mínima de algunos temas, una agenda nacional de estas reformas”
8 de enero, 2012
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José Ángel Gurría, director de la OCDE. // Cuartoscuro

Gane quien gane las próximas elecciones presidenciales, México debe tener una agenda nacional mínima de reformas para crecer a mayores tasas y crear los empleos que se necesitan, estimó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El secretario general del organismo internacional, José Ángel Gurría Treviño, dijo que el crecimiento económico en México es mejor que en la mayoría de los países, pero insuficiente y sin la “velocidad de crucero” que le permita crear el millón de empleos que se requieren cada año.

Destacó que la economía mexicana está en mejores condiciones para enfrentar la actual crisis mundial, la cual calificó como la peor de la historia económica moderna, pero no se debe caer en complacencia porque el país tiene enormes retos.

De visita al país, donde esta semana presentará una serie de estudios de la OCDE, señaló que para crecer a tasas mayores y crear empleos suficientes, es crucial que México mantenga la estabilidad económica, pero también hacer reformas estructurales y sociales.

Subrayó en entrevista con Notimex que “las reformas tienen que ser la señal fundamental que dé México”, entre ellas la laboral, la educativa o la energética, pero sobre todo la fiscal, pues le permitiría al Estado tener recursos suficientes para promover el crecimiento y, al mismo tiempo, atender a los más vulnerables.

También, dijo, hay que impulsar reformas sociales en sectores como el de salud, educación, innovación o infraestructura, porque esta crisis global, como en el resto del mundo, ha aumentado el número de pobres y de personas vulnerables en el país.

Además, porque México es un país con desigualdad, la cual subió mucho hasta el año 2000, y aunque ha bajado desde ese año, aún es tres veces mayor que el promedio de la OCDE, casi el doble que en Estados Unidos o cuatro veces más que en Alemania.

Ante las próximas elecciones presidenciales en México, el próximo 1 de julio, el funcionario de la OCDE consideró: “Lo que es fundamental, gane quien gane, es que haya una agenda común mínima de algunos temas, una agenda nacional de estas reformas”.

Gurría Treviño estimó que de aquí a septiembre próximo, cuando cambia la actual legislatura, es posible avanzar en estos cambios estructurales, aunque “el proceso tiene que seguir”, incluso con el cambio de gobierno.

Ello, porque aunque la economía mexicana no tiene los problemas de deuda de los países europeos, tiene que crecer más, generar más empleo y ser más productivo en un mundo competitivo, planteó.

“Siempre he expresado que México no merece la mediocridad de la media tabla, usando un ejemplo futbolístico; que hay que aspirar a estar en el liderato, ir a la liguilla”, argumentó en las oficinas del Centro de la OCDE en México para América Latina.

En su opinión, la crisis que vive el mundo es la peor “en la historia económica moderna”, y no puede decirse que ésta ha terminado mientras se tenga un desempleo de más de 10 por ciento, por lo que previó que habrá “incertidumbre para rato”.

“Mientras tengamos ese nivel desempleo, no podemos decir que se ha superado la crisis, pero también no hay que ignorar, en el caso americano particularmente, que empiezan a darse algunas señales de mejoría”, precisó.

Insistió en que México se encuentra en una mejor posición para enfrentar este entorno internacional adverso, pues con base en experiencias difíciles, como las crisis del pasado, ahora tiene prácticas macroeconómicas sanas.

Ello le ha permitido contar con un sistema financiero estable y bien capitalizado, una inflación que aunque está por arriba del promedio de la OCDE tiende a la baja, o un alto nivel de reservas internacionales, expuso el ex secretario de Hacienda mexicano.

Así, ante la incertidumbre mundial, México tiene mejores condiciones, pero “que ni haya complacencia, ni echen a sonar las campanas, porque tenemos enormes retos”, pues la mitad de la población aún tiene grandes necesidades, con condiciones de desigualdad muy grandes, y hay retos de infraestructura, de competitividad y de productividad.

La economía mexicana crece a tasas por arriba de la mayoría de los países, estimadas por la OCDE en 3.3 y 3.6 por ciento para 2012 y 2013, en ese orden, cuando para el promedio del organismo se prevé en 1.6 y 2.3 por ciento.

Sin embargo, acotó Gurría, México no está creciendo todavía “a la velocidad de crucero”, que es la que permite crear un millón de empleos al año para salir a mano con la demanda.

“Quisiera citar al gobernador del Banco de México que hizo un comentario muy prudente, muy sensato en el sentido de que el crecimiento de México es mejor que la mayor parte de los países, pero al mismo tiempo no es suficiente, porque apenas se está generando la mitad de los empleos que el país necesita, ahí está el reto”, expresó.

Aclaró que si México está en mejores condiciones, también “es porque los demás (países) están muy mal”, por lo que insistió en mantener la estabilidad macroeconómica e impulsar las transformaciones estructurales.

Como parte de las actividades que tendrá en la capital mexicana durante esta semana, el secretario general de la OCDE se reunirá con el presidente Felipe Calderón, así como con autoridades económico-financieras del país.

Dentro de su agenda pública, encabezará este lunes 9 de enero la presentación del “Estudio territorial de Chihuahua”, acompañado por el gobernador de esa entidad, César Duarte.

El martes participará en la Tercera Conferencia Anual sobre Mejora Regulatoria de la OCDE y la Secretaría de Economía, y luego estará en la presentación del estudio “Políticas de protección civil en México”.

El 11 de enero acudirá a la presentación del estudio sobre la contratación pública “Aumentar la eficiencia e integridad para una mejor asistencia médica: Instituto Mexicano del Seguro Social”, un trabajo conjunto entre la OCDE y el IMSS.

Ese mismo día intervendrá en el evento “Diálogo internacional sobre estrategias para el crecimiento verde”, organizado por la OCDE, el Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el Global Green Growth Institute y el Instituto Nacional de Ecología.

Gurría Treviño finalizará su visita a México el próximo jueves con su participación en el Seminario de Perspectivas Económicas 2012 “Reto económico en el entorno de crisis internacional”, organizado por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Aunque estaba previsto que esta semana también presentara el estudio de la OCDE sobre el sector de las telecomunicaciones en México, el evento se pospuso para el próximo 25 de enero.

Notimex

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Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

La sintomatología de este síndrome que padecen muchos migrantes puede confundirse con depresión o estrés postraumático y no tratarse bien.
6 de agosto, 2022
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“No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza”, decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3.6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79.5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una “planta monstruosa”. Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno

El psiquiatara español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. “Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia”, cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: “Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante”.

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban “un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple”.

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que “el estrés y el duelo son cosas normales en la vida”, pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises

Normalmente asociamos la palabra “duelo” al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

“Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo”, explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo “parcial, recurrente y múltiple”.

Paisaje de Caracas

Getty Images
Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres… O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, “el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad”.

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién “echar un pie” y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Ilustración persona migrante con preocupaciones a su alrededor.

BBC MUNDO
Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes

“Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome”, explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos”, dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. “Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados”, remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, “que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida”.

Dos hombres en una fiesta.

Getty Images
Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que “lo peor” ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta

Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

“Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo”, sostiene Achotegui.

Grupo de mujeres jugando al fútbol.

Getty Images
Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o “se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo”.

Qué hacer y qué no hacer

“Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias”, señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya “menos riesgo de trastorno mental”, pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. “Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio”.

Al final se trata de mantener “la raíz” con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que “los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas” ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás

La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

“Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas” ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo “ya se te pasará”, “no es para tanto”, “eso son miedos tuyos” o “todo saldrá bien”.

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: “Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante”.

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.


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