El orden mágico de Yvonne Domenge
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El orden mágico de Yvonne Domenge

Por Moisés Castillo
25 de febrero, 2012
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I.

Tantos momentos se filtraron por los dibujos de Yvonne Domenge que prefiere mirar el reloj de arena sin fondo. Pero el olor a aguarrás y yute la traslada a las escenas más felices de su vida: cuando pintaba al óleo a los siete años de edad en el taller de su tía Kitzia Hofmann, quien hizo los famosos vitrales del templo “El Altillo” en Coyoacán.

Desde muy pequeña se desesperaba porque le faltaba algo en sus imágenes: la “tercera dimensión”, por lo que comenzó a pintar la parte trasera de sus cuadros. El deseo de expresarse para entender el mundo fue siempre a través del dibujo y después llegó la escultura: imagen muda.

El taller estaba en el jardín y la felicidad era casi infinita entre hojas de los árboles y el azul del cielo. Mientras sus amiguitas jugaban a las muñecas, Ivonne fue una niña retraída que se perdía leyendo o dibujando en la gran biblioteca de su padre Enrique Domenge, quien era abogado y filósofo. Sus abuelos llegaron al país a principios del siglo XX de Barcelonette, Francia. Sin nada en los bolsillos pudieron hacer una pequeña fortuna, eran inmigrantes trabajadores.

Sus libros preferidos tenían que ver con la anatomía y el ballet clásico, le encantaba conocer el cuerpo humano. Cada fin de semana veía ballet en el Palacio de Bellas Artes, le impresionaba cómo se doblaban esos cuerpos enjutos, las medias de colores en los trajes perfectamente transparentes, la música clásica como viento. En marzo de 1954, cuando se presentó la bailarina rusa Tamara Toumanova le invadió un éxtasis incurable por los elegantes movimientos, tan exactos, casi irreales de la también actriz de Hollywood.

En su casa de Paseo de la Reforma había conciertos de música clásica y reuniones de amigos de sus padres: don Enrique tocaba todos los instrumentos de aliento, también le fascinaba el órgano y era un estudioso del piano. En vez de preguntarles a sus siete hijos cómo les fue en la escuela les cuestionaba sobre la vida y la muerte, la relación entre el mal mayor y el menor, así como la importancia de la música en la vida cotidiana.

“Mi mamá era una persona muy amante de tener reuniones sociales, platicaba, se reía, era divertida, preciosa, elegante. Hizo independientes a sus hijos, nos hizo fuertes, luchones. Mi papá nos dio el pensamiento abstracto y la búsqueda de una perfección ideal. Él me enseñó que era posible ver lo invisible”.

 

II.

Yvonne Domenge es alta y delgada, podría ser una escultura andante porque no deja de crear, estudiar, ser madre, tomar cursos de arte y trabajar diariamente en su taller de Tizapán, así como en las fundiciones y en las plantas donde se realizan las piezas de gran formato. Su voz sale cansada de sus labios delgados, le gusta pensar bien lo que dice. Tiene 42 años de ser escultora y nunca ha dejado de dibujar. Siempre piensa un nuevo diseño y estudia el tema, la estructura, su forma y traslada esos conceptos a la talla de una pieza de madera, yeso, poliuretano o poliestireno, sus materiales favoritos.

“Los temas pueden ser variadísimos: filosóficos, técnicos, sociales, algo de mi mundo interno, una forma que encontré en la naturaleza, una situación que me haya llegado al corazón. Todo lo que veo me alimenta, una frase puede ser también una influencia. Siempre tratando de hacer una unidad con opuestos”.

Su obsesión por la “tercera dimensión” la impulsó a aprender a manipular resinas y conocer diversos materiales para sus esculturas. Luego de dejar a sus chiquillos en la pista de patinaje de la Unidad Cuauhtémoc, absorbía como obrera todo el conocimiento y las técnicas de su maestro Alberto Pérez Soria en la fundición artística. Ahí aprendió a levantar esculturas de gran formato. La necesidad de aprender más y más la llevó al Corcoran School of Art in Washington para especializarse en soldadura, talla de madera y dibujo.

Multiplicó sus piezas urbanas de gran formato con la valentía de coordinar grupos numerosos de obreros, como herreros, esmeriladores, pintores y transportistas.

Al principio sus creaciones eran muy figurativas. Le gustaban las formas del cuerpo humano, las proporciones, la sección áurea, por lo que saltó a estudiar geometría sagrada, la radiestesia –que es la energía de la forma- y se volvió loca con el orden. Se puede quedar horas observando una flor, comprenderla, conocerla y hacer bosquejos para llevarla a una escultura y que los demás vean la felicidad creciendo.

Posteriormente le interesaron las estructuras moleculares y se acercó a la del polen, el plomo, las esponjas y los virus. Por eso, al virus de la influenza AH1N1 que alertó a México y al mundo en 2009, lo transformó en una enorme escultura de bronce de 3 metros de altura y se encuentra en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Ciudad Universitaria.

Virus AH1N1 2010 (Bronce a la cera perdida) Fotógrafo: Guylaine Couttolenc

 

Yvonne aprovechó el encierro casi impuesto por las autoridades para conocer el virus mutante a través de microscopios electrónicos bajo la supervisión de los biólogos Carlos Arias Ortiz y Manuel Ruiz de Chávez. Hizo visible al temible fantasma, le puso cara al enemigo.

A pesar de que lleva 26 años de su vida construyendo esferas no sabe con exactitud de dónde viene esa fascinación. Tal vez su influencia mayor es el filósofo y matemático alemán Leibnitz que hablaba de las mónadas –los elementos últimos del universo-y que, con su imaginación de niña, las veía como esferas mágicas. Buscaba que las esferas se vieran ligeras aunque pesaran toneladas con un orden geométrico lo más exacto posible.

La esfera es su primer sólido geométrico que le enseñó a experimentar la forma, adentro y afuera, conteniéndola y arrancándola. Le encantó su forma casi perfecta. Manos que quiebran un sol multiplicado. La esfera se abre sin ruido, la tierra se queda inmóvil y la noche forma el fondo. Un silencio musical. Creó una escultura de 40 metros con una esfera en la autopista México-Acapulco para Plaza Galerías.

Sus esculturas son tan brillantes por su técnica perfecta: talla, lija y pule. Invita no sólo a ver sino a tocar y acariciar sus piezas para demostrar que tienen vida: luz filtrándose en el acero. Sus maquetas son realizadas quitando materia hasta llegar a un momento mágico que es cuando la obra va tomando una presencia, hasta lograr su construcción en formatos enormes e interactivos para transeúntes y automovilistas.

“Tallo también el jabón cuando viajo, cuando tengo que esperar en un lugar mucho tiempo saco mi jabón zote y un cuchillo. Luego los guardo y los retomo para ver cual tiene una posibilidad de tener una presencia. No es mi problema pero mi dicotimía vital es que sino es a través de la escultura o el dibujo no entiendo lo que pasa en el mundo”.

Yvonne Domenge ha participado en más de 40 exposiciones individuales y en más de 165 colectivas en México y en el extranjero, incluyendo el Museo de Arte Moderno, DF; el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey; así como el Museo de Louvre, París. Es la primera mexicana en exhibir su obra en el Millennium Park, en Chicago, compartiendo el espacio público a lado de figuras como Anish Kapoor y el arquitecto Frank Gehry. Este espacio monumental ha recibido desde su apertura, en julio de 2004, a más de 24 millones de personas.

Árbol y semillas 2011-2012 (Bronce y acero al carbón pintado) Galería Sur Millennium Park Chicago Fotógrafo: Guylaine Couttolenc

 

Fue condecorada en 2007 con la Medalla Dorada, Sociedad Académica de las Artes, Ciencias y Letras París, Francia; es miembro honorario de la Sección de Escultura de la Real Academia de Ciencias, Letras y Bellas Artes de Bélgica; recibió el Premio de Adquisición Camille Claudel, La Bresse, Francia; el segundo lugar Internacional de Arte en Hielo, Fairbanks, Alaska; y la Medalla de oro con la pieza Lily en el “2008 Olympic Landscape Sculpture Design Contests Beijing”, China. En octubre pasado, su trayectoria fue premiada con el Sorel Etrog Award de Escultura y Arte Público, en Vancouver Canadá, donde actualmente representa a México en la Bienal Internacional de Escultura de ese país.

Lily 2008 (Acero al carbón pintado) Pieza adquirida por el Parque Escultórico Olímpico de Beijing, China.

 

Dice que no tiene una escultura favorita porque la última es la que siempre le gusta más, la que abre nuevos caminos. Sin embargo, “Esfera musical” es un homenaje nostálgico al músico y escritor de ópera Daniel Catán, quien fue su consuegro. Le costó mucho trabajo crearla por la carga emotiva contenida.

Esfera musical 2011 (Polímero con sal) Pieza en resina realizada en homenaje a Daniel Catán// Fotógrafo: Gilberto Chen

 

“Amo esa pieza porque es diferente a las demás. Está llena de su música: es una esfera que al juntar las piezas generan una esfera hasta la punta, fíjate que chistoso, las dos puntas. Es la música que quedó, lo demás ya se fue a otra dimensión, junto con él. Es una pieza que me acompaña en su ausencia”.

Muchas de sus esculturas están basadas en valores absolutos: árbol de vida, agua en movimiento, ala de protección, caja de sueños, torbellino, semilla de misterio, energía interior y así hasta el sol marino.

III.

Todas las mañanas Yvonne se levanta al cuarto para las siete y contesta los mails que aun están pendientes. Dibuja algo que le quedó en la lapicera y después desayuna con tranquilidad frente al jardín del parque Batán, que está lleno de luz y de árboles frescos. Llega puntualmente a las 9:30 al estudio -que es una “romería”- para comenzar sus labores de asesoría a estudiantes, afina proyectos, coordina a su personal y se encierra a dibujar. Uno de sus ex alumnos le da clases de arte contemporáneo y todos los jueves imparte un taller de dibujo con modelos.

En silencio trabaja por las tardes con dos ayudantes. No contesta teléfonos, no recibe a nadie, concentración total. Sólo se escuchan los rasguños de las lijas, los golpes con gurbias sobre las maderas, se percibe el olor a aceites y a plastilina caliente. Y todo tiene música de fondo.

A pesar de que concluyó en 2002 la beca del FONCA para la coordinación del proyecto “Esculturas Realizadas por la Comunidad de la Colonia Buenos Aires”, sigue con ese proyecto social en una de las colonias más inseguras de la ciudad de México. Su programa favoreció a la gente de ese barrio para crear sus propias esculturas urbanas con fierros, autopartes, piezas industriales y autopartes de desecho.

“Fue muy interesante trabajar con ellos porque empezaron a hacer sus piezas, formas que nacen de deseos o de sueños desde niños: crearon lagartijas, hormigas, caballos, globos, todo de gran formato para la calle. Muchísimas piezas que serían dignas de la voz de infancia”.

Las piezas se anclaron sobre el camellón de la avenida Dr. Vértiz, lindero de su colonia.

Posteriormente, organizó el Simposio de Artesanos y Escultores en Mérida Yucatán, donde se elaboraron esculturas con los troncos de los árboles derribados por el devastador huracán “Isidoro” en septiembre de 2002, que dejó daños estimados por 310 millones de dólares.

Los vientos máximos de 205 km/h arrancaron cientos de árboles de la península, por lo que solicitó al gobierno del estado recuperar los troncos y convocar a un concurso de escultura y artesanía con participantes locales. Así se evitó que fueran quemados o desechados. Las piezas premiadas se encuentran en recintos culturales de la ciudad de Mérida.

“Invité a que tallaran esos árboles y que les dieran unos premios simbólicos como motosierras y herramienta para talla de madera. Trabajamos al aire libre en un llano precioso y varios artesanos descubrieron que eran escultores. Me enriqueció la experiencia de trabajar con ellos y me dio placer también de tallar una pieza. He tenido la necesidad de compartir cosas con la gente”.

A sus 65 años de edad, esta artista chilanga ve en la juventud alternativas novedosas para la escultura como el uso de tecnología, iluminación, espacios virtuales, nuevas herramientas que fomentan nuevas visiones sobre el mundo y las artes, creando voces innovadoras.

-Con una carrera tan exitosa en el mundo del arte, ¿hay algo a lo que le tenga miedo?  

Siempre me ha dado temor dar el primer corte de moto sierra sobre un gran tronco de madera o unos bloques de hielo. Siempre he tenido miedo al desamor hacia mí misma y hacia los demás.

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Cuartoscuro

El video de la BBC que muestra cómo los carteles en México se aprovechan de la crisis del coronavirus

Grupos criminales en México están aprovechando la crisis del coronavirus para impulsar una polémica práctica conocida como “narco-filantropía”. Un equipo de la BBC obtuvo acceso exclusivo a las bodegas desde las cuales organiza sus donaciones el cartel de Sinaloa.
Cuartoscuro
11 de julio, 2020
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Si no puedes ver el video haz clic aquí.

Grupos criminales en México están aprovechando la crisis del coronavirus para impulsar una polémica práctica conocida como “narco-filantropía”.

Al repartir ayuda en las zonas más golpeadas por la paralización de la economía en medio de la pandemia, buscan ampliar el apoyo de su base social y aumentar el control sobre la población a la que benefician, con el fin último de facilitar la continuación de su millonario negocio.

Un equipo de la BBC obtuvo acceso exclusivo a las bodegas desde las cuales organiza sus donaciones el cartel de Sinaloa, la organización liderada por Joaquín “El Chapo” Guzmán, preso en Estados Unidos desde enero de 2016.

Según expertos en seguridad, esta estrategia de los carteles no es exclusiva del cartel de Sinaloa ni de México. En Medellín, Colombia, todavía existe un barrio construido por Pablo Escobar en la época en que intentaba convertirse en una figura política. Casos similares han ocurrido en Italia y otros países.

Se calcula que la guerra contra el narcotráfico le ha costado a México alrededor de 250.000 vidas desde 2006, cuando el gobierno de entonces declaró una guerra abierta contra el narco.


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