Estados Unidos busca frenar el narcotráfico aéreo
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Estados Unidos busca frenar el narcotráfico aéreo

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, podría firmar esta semana una nueva ley que incrementa el castigo a quienes sean detenidos por contrabandear drogas a través de la frontera sur mediante el uso de aviones ultraligeros.
6 de febrero, 2012
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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, podría firmar esta semana una nueva ley que incrementa el castigo a quienes sean detenidos por contrabandear drogas a través de la frontera sur mediante el uso de aviones ultraligeros.

La legislación está orientada a frenar el cada vez mayor uso por parte de narcotraficantes de aviones ligeros para eludir los radares de detención aérea y cruzar sus cargamentos de droga a territorio estadounidense.

La iniciativa, que fue presentada por la ex congresista demócrata de Arizona, Gabrielle Giffords, y aprobada la semana pasada en su último día como legisladora, cierra un hueco legal que aún impide acusar de contrabando a quienes usan este tipo de aeronaves, que son fabricadas con tubos de aluminio y telas.

Bajo las leyes actuales, los ultraligeros no están catalogados como aeronaves por parte de la Administración Federal de Aviación, lo que significa que no caen bajo las previsiones de contrabando aéreo establecidas por una ley federal de 1930.

Cualquier persona que sea detenida en la actualidad usando un avión ultraligero para contrabandear droga sólo puede ser acusada de posesión de droga, no de contrabando, lo que cambiará con la nueva ley.

En el año fiscal 2011, que concluyó el pasado 30 de septiembre, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza registró 233 incursiones de aviones ultraligeros a lo largo de toda la frontera entre Estados Unidos y México, el doble que en 2009.

Las autoridades estadounidenses temen que bajo esta modalidad se pudiera estar reactivando el tráfico aéreo de drogas a través de la frontera con México, clausurado prácticamente desde principios de la década de los años 80, ante la imposibilidad de hacerlo por la red de radares de vigilancia aérea.

Los ultraligeros suelen volar muy bajo a altas horas de la noche para dificultar su visibilidad.

Las aeronaves, que apenas alcanzan velocidades de 100 a 110 kilómetros por hora, están fabricadas con unos cuantos tubos de carbón o metal y sus alas están hechos de nylon. Su composición deja una nula o muy pequeña impresión en los radares.

Sin embargo, a pesar de su “fragilidad”, este tipo de aeronaves son capaces de transportar hasta 200 kilogramos de cocaína o marihuana.

Los ultraligeros pueden aterrizar en pequeños espacios para descargar las drogas o simplemente pueden arrojarlas desde el aire en algún punto acordado con anterioridad.

“Son mucho más difíciles de detectar, aún con los modernos equipos de radar”, dijo un vocero de Operaciones Aéreas y Marítimas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.

La dependencia está a cargo de la vigilancia aérea de la frontera con México, con el uso de una red de radares montados en globos aerostáticos diseñados para detectar aeronaves por debajo de los cinco mil pies de altura.

Los ultraligeros ofrecen a los traficantes de droga una alternativa barata para el cruce de drogas. Estas aeronaves utilizadas por entusiastas de la aviación pueden ser adquiridas por unos 20 mil dólares en múltiples lugares alrededor de Estados Unidos.

Los narcotraficantes se valen de este tipo de naves y de sistemas de posicionamiento global para cruzar la droga y arrojarla en un punto determinado del lado estadounidense, donde es recogida.

A las nuevas tácticas utilizadas por los traficantes, debe sumársele también el deterioro de la red de radares, que desde que se erigió se mantiene sin ser modernizada.

A principios de la década de 1980, Estados Unidos frenó drásticamente el tráfico aéreo de drogas, al construir una red de radares montados en globos aerostáticos para proteger todas sus fronteras contra el contrabando por esta vía aérea.

Los radares fueron diseñados para detectar aeronaves por debajo de los cinco mil pies de altura, dado que las naves que vuelen a una altura mayor son detectadas por los radares militares y los de la Administración Federal de Aviación (FAA).

De los 35 radares montados en globos aerostáticos, seis fueron ubicados en la frontera con México, en las comunidades de Yuma y Fort Huachuca, Arizona; Deming, Nuevo México, y en Marfa, Eagle Pass y Río Grande City, Texas.

Cuando están en operación, cada uno de estos radares cubre un área de unos 450 kilómetros de diámetro.

Los globos aerostáticos que sostienen a los radares en el aire requieren de constante mantenimiento, por lo que una tercera parte del tiempo permanecen en tierra sin cumplir la misión para la que han sido diseñados, y creando continuos “huecos” en la vigilancia aérea.

Estados Unidos planea subsanar esa deficiencia en su escudo de vigilancia aérea con el despliegue a mediano plazo de una serie de nuevos y gigantescos globos aerostáticos ubicados a unos 20 kilómetros de altura, dotados de radares capaces de monitorear un diámetro de más de mil kilómetros.

Los nuevos zeppelines tendrían la posibilidad de múltiples usos, principalmente de vigilancia para detectar el ingreso de aviones con cargamentos de droga o de misiles que pudieran representar una amenaza para la seguridad.

Ntx

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Por qué los casos de reinfección de COVID-19 no deberían ser motivo de alarma

Los expertos dicen que las reinfecciones no son sorprendentes, pero es probable que sean poco comunes y que, en cualquier caso, no resulten necesariamente graves, ya que los infectados desarrollan una respuesta inmunitaria.
30 de agosto, 2020
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Meses después del inicio de la pandemia de covid-19, esta semana se documentaron casos de reinfección por el nuevo coronavirus.

El primero fue reportado en Hong Kong el lunes. Un día más tarde, científicos de Holanda y Bélgica también confirmaron sus primeros casos de reinfección.

Aunque se sospechaba que había casos de reinfección, estos son los primeros científicamente probados, ya que confirmar una reinfección requiere pruebas genéticas tanto en la primera como en la segunda infección para ver si existen diferencias en el virus.

Los expertos dicen que la reinfección no es sorprendente, pero es probable que sea poco común y se necesitan estudios más amplios para comprender por qué puede suceder esto.

No obstante, la confirmación de que puede haber reinfección del nuevo coronavirus aporta nuevos datos sobre la duración de la inmunidad, y entender esto tiene implicaciones en el desarrollo de una vacuna.

Qué se sabe de los casos de reinfección

Científicos hongkoneses reportaron el lunes el caso de un hombre de 33 años que padeció el nuevo coronavirus en marzo y se volvió a infectar cuatro meses y medio después, en un viaje a España en agosto.

Coronavirus

Getty Images

Explicaron que la secuenciación del genoma muestra que las dos cepas del virus son “claramente diferentes”, lo que lo convierte en el primer caso probado de reinfección en el mundo.

En el informe de la Universidad de Hong Kong, publicado en la revista médica Clinical Infectious Diseases, se indica que el hombre pasó 14 días en el hospital antes de recuperarse del virus, pero luego, a pesar de no tener síntomas, dio nuevamente positivo por segunda vez después de una prueba de saliva durante la inspección en el aeropuerto.

Posteriormente, el martes, la viróloga Marion Koopmans, directora del departamento de Virología de Erasmus MC, confirmó el primer caso de reinfección en Holanda.

Se trata de una persona de edad avanzada con un sistema inmunológico “deteriorado”. Koopmans no detalló los síntomas del paciente por la necesidad de “ver si ocurre con más frecuencia”, dijo a la televisión holandesa NOS.

Ese mismo día, el virólogo Marc Van Ranst confirmó que una ciudadana belga que ya había superado el coronavirus también se había reinfectado tres meses después del primer contagio. La mujer presentó síntomas leves y no requirió hospitalización, según Ranst.

La duración de la inmunidad

Los expertos consideran que las reinfecciones no son necesariamente graves, ya que los infectados desarrollan una respuesta inmunitaria a medida que sus cuerpos luchan contra el virus, lo que ayuda a protegerlos contra su regreso.

Pero todavía no está claro qué tan fuerte es esta protección o inmunidad, o cuánto tiempo dura.

La inmunidad es el conjunto de mecanismos que nos protegen de las infecciones. Hay dos tipos: la innata y la adaptativa.

La primera entra en acción tan pronto como se detecta un invasor extraño en el cuerpo e incluye la liberación de químicos que causan inflamación y glóbulos blancos para destruir las células infectadas.

Mientras, la inmunidad adaptativa establece una respuesta específica frente al agente infeccioso en concreto. Incluye las células que producen anticuerpos dirigidos que pueden adherirse al virus para detenerlo y las células T, que pueden atacar solo a las células infectadas con el virus, lo que se denomina respuesta celular.

Esta respuesta adaptativa se demora varios días en llegar y uno de sus rasgos es que deja memoria. Es decir, recuerda los patógenos con los que tu cuerpo ha entrado en contacto en el pasado, y por ello sabrá cómo combatirlos en el futuro.

Lo que los virólogos de todo el mundo tratan de determinar ahora es cuánto puede durar esa inmunidad para el covid-19.

“Nuestros cuerpos no se vuelven impermeables a los virus cuando nos recuperamos de una infección, sino que, en muchos casos, se convierten en huéspedes inhóspitos“, escribió Zania Stamataki, viróloga de la Universidad de Birmingham, en un artículo en The Conversation.

“Sin embargo, si los anticuerpos y las células de memoria (células B y T) se quedan de una infección reciente, la nueva expansión del virus es de corta duración y la infección se reprime antes de que el huésped sufra demasiado, o incluso se dé cuenta”.

Para Stamataki este parece ser el caso del paciente de Hong Kong, que no presentó ningún síntoma de la segunda infección, que se descubrió tras las pruebas de rutina en el aeropuerto.

Por qué puede ser una buena noticia

La especialista de la Universidad de Birmingham explica que hay tres posibles resultados cuando hay una reinfección: peores síntomas que conducen a una enfermedad más grave, los mismos síntomas que la primera infección y una mejoría de los síntomas que conducen a una enfermedad más leve o asintomática.

“El primer resultado se conoce como mejora de la enfermedad y se observa en pacientes infectados con cepas similares de virus como el dengue”, escribió Stamataki, agregando que “no hay evidencia de esto para el nuevo coronavirus, a pesar de que hay más de 23 millones de casos confirmados de covid-19 en todo el mundo”.

Un investigador con una réplica del virus en un laboratorio.

Getty Images
Saber más sobre la inmunidad del coronavirus tiene implicaciones en búsqueda de la vacuna.

“El segundo resultado, donde el paciente sufre la misma enfermedad dos veces, indica que no queda suficiente memoria inmunológica para protegerse de la reinfección”, indicó la viróloga en su artículo en The Conversation.

Stamataki explicó que esto puede suceder cuando la respuesta innata, que no requiere células T, es suficiente para controlar la infección.

En cambio, escribe la experta, cuando hay una reinfección pero esta presenta síntomas más leves o no presenta síntomas, eso indica que los anticuerpos y la respuesta de las células B y T persistieron lo suficiente como para proteger de la infección.

Por eso, según la experta, “la ausencia de síntomas experimentados por el paciente de Hong Kong es una muy buena noticia“.

Stamataki indica que “esto tiene implicaciones para la potencia y duración de la inmunidad colectiva, la idea de que cuando lleguemos a un gran número de pacientes recuperados inmunes a la reinfección, esto protegerá a los más vulnerables”.

Y también para el desarrollo de la vacuna contra la covid-19.

“La vacunación puede provocar respuestas inmunitarias más potentes y duraderas en comparación con la infección natural, y estas pueden mantenerse con vacunaciones de refuerzo cuando sea necesario”, agrega la experta.

“Por eso los científicos no se sorprendieron al escuchar evidencia de reinfección“.

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