El yerno del rey Juan Carlos de España y otros familiares incómodos de políticos
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El yerno del rey Juan Carlos de España y otros familiares incómodos de políticos

El caso de Iñaki Urdangarin, yerno del rey de España, dio vigencia a la frase “pasa hasta en las mejores familias”.
Por Daniel Casillas
28 de febrero, 2012
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Iñaki Urdangarin.//FOTO: AP

El rey Juan Carlos de España está con el alma en un hilo a decir de la prensa, con la que, según The Associated Press, “es una de las peores pesadillas de relaciones públicas experimentada por la casa real en 36 años”: Su yerno, Iñaki Urdangarin, está acusado de formar parte de una red de tráfico de influencias.

Sí. Al esposo de la infanta Cristina, duquesa de Palma, se le imputa la creación de dos asociaciones sin fines de lucro, Instituto Nóos y Azoan, con el primer objetivo de asesorar a una empresa constructora con contratos amañados e inflados. Con esto, Urdangarin habría obtenido más de 500 mil dólares.

Hoy, ese hombre de 43 años que alguna vez jugó balonmano en las ligas profesionales y hasta fue doble medallista en los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996) y Sydney (2000), está en la lupa de los medios internacionales por la investigación que se le sigue por su presunta implicación en una red de corrupción.

El parentesco político con el rey Juan Carlos de España no impidió que Urdangarin fuera llevado a juicio. En su primera comparecencia, el duque de Palma fue abucheado al llegar al tribunal y su automóvil recibió dos huevazos por parte de los que se manifestaban.

Ahí, frente a todos, Urdangarin se defendió: “Comparezco para demostrar mi inocencia, mi honor y mi actividad profesional”. En esa audiencia, lo que el yerno del rey Juan Carlos hizo fue echarle la culpa a uno de sus socios, Diego Torres, quien está acusado de falsificar documentos, abuso de autoridad, fraude al gobierno y malversación de fondos públicos.

¿Qué pasará si a Urdangarin se le encuentra culpable? Lo primero seguro es que será el apestado de la Casa Real y ¡adiós título nobiliario!, le quitarían el “privilegio” de ser duque de Palma.

Por lo pronto, Urdangarin ya tiene prohibido participar en actos oficiales relacionados con la realeza en tanto sigan las investigaciones en su contra.

El presunto fraude

Según el informe del fiscal Horrach, entre 2004 y 2007, Urdangarin consiguió mucho dinero del gobierno para su Instituto Noós. Del gobierno de Baleares de Jaume Matas consiguió 2.6 millones de euros y de la Generalitat Valenciana de Francisco Camps, 3.2 millones.

Eso no es todo. Las autoridades españolas también acusan que el Instituto Noós envió fondos al extranjero con nuevas sociedades opacas.

Y, según La Jornada, estos negocios llegaron hasta México. El 30 de noviembre pasado, el diario publicó que Iñaki Urdangarin negoció con el gobierno de Vicente Fox a través del Instituto Noós.

“Según los informes de la fiscalía anticorrupción, Urdangarin viajó a México en varias ocasiones entre 2005 y 2006, en representación del Instituto Noós, para ofrecer al gobierno de México productos que le sirvieron para enriquecerse usando las administraciones públicas españolas, que eran básicamente asesoramiento para los proyectos en políticas deportivas y alimentarias, además de la promoción turística con planes deportivos”, publicó La Jornada.

El caso de Iñaki Urdangarin demuestra que hasta en las mejores familias se encuentra “un negrito en el arroz”.

Los casos mexicanos

Pero ¿qué hubiera pasado si el caso se diera en México?

Quizá las consecuencias no irían más allá de la imagen, de un escándalo público por unos días, quizá semanas y después, al olvido. En el caso de muchos familiares incómodos en la política mexicana ha sido de esta manera.

El caso de Iñaki Urdangarin, yerno del rey de España, que se convirtió en el primer miembro de la realeza española que declara ante un juzgado como un ciudadano común, dio vigencia a la frase “hasta en las mejores familias”.

Dicha sentencia también puede aplicarse a la clase política mexicana, donde en los últimos años se han presentado algunos casos de familiares incómodos, que, aunque en la mayoría de las veces no han tenido consecuencias legales, sí han logrado hacer mella en la imagen de ciertos políticos.

Aquí te presentamos algunos casos de “familiares incómodos” en México:

Hija de Peña Nieto (Paulina Peña)

Enrique Peña Nieto y su hija Paulina.

El caso más reciente de familiares incómodos en la política mexicana. La hija del precandidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, puso en apuros a su padre al retuitear un insulto que su supuesto novio profirió contra quienes criticaban en Twitter al ex mandatario del Estado de México luego que no pudo recordar cuáles fueron los tres libros que marcaron su vida en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Tras dar el retuit en el que se tachaba de “prole” a quienes criticaban a su padre, Paulina Peña se convirtió en trending topic (tema del momento) y recibió infinidad de críticas, que la obligaron a ella y al propio Peña Nieto a ofrecer una disculpa a través de la red social, no sin antes cerrar y volver a abrir su cuenta de Twitter.

Hermano de Fernando Larrazabal (Jonás Larrazabal)

En agosto pasado, días después de la tragedia del Casino Royale que dejó 52 muertos, Jonás Larrazabal, el hermano del alcalde de Monterrey, Fernando Larrazabal, fue captado en video mientras recibía una fuerte cantidad de dinero en un casino de Monterrey.

El escándalo creció a tal grado que el mismo PAN, partido al que pertenece, pidió a Fernando Larrazabal que se separara del cargo para no entorpecer las investigaciones contra su hermano Jonás, quien pisó la cárcel pese a que, en todo momento, argumentó que recibió el dinero en el casino como pago por la venta de quesos y productos oaxaqueños.

La historia de estos dos hermanos tuvo un final feliz, al menos para ellos, pues Jonás salió de la cárcel luego que el apoderado legal del Casino Red acudiera al Juzgado Segundo de Monterrey para otorgarle el perdón y su hermano Fernando se mantuvo al frente de la alcaldía y luego fue designado por el PAN como primero en la lista de candidatos a una diputación federal por Nuevo León por la vía plurinominal.

Humberto y Rubén Moreira.//FOTO: Cuartoscuro

Hermano de Rubén Moreira (Humberto Moreira)

Aunque Humberto Moreira pertenece a la clase política y ha ocupado puestos de primer nivel, se ha convertido en un lastre para la imagen de su hermano (y de su partido) y actual gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, gracias a la deuda millonaria que dejó en esa entidad.

Durante la  gestión de Humberto, Coahuila contrató deuda por más de 34 mil millones de pesos y se convirtió en uno de los más violentos del país. El ahora ex presidente nacional del PRI le heredó dichos problemas a su hermano Rubén, junto con la gubernatura. El actual mandatario coahuilense se vio en la necesidad de promover una serie de nuevos impuestos y aumentos a los ya existentes para pagar la deuda.

A diferencia de la anterior, ésta no tuvo un final feliz, debido a que Humberto se vio obligado a renunciar a la dirigencia nacional del PRI por el escándalo generado por el endeudamiento millonario del estado norteño. Además, el ex gobernador de Coahuila tampoco aparece en las listas plurinominales del PRI al Senado y a la Cámara de Diputados.

Hermano de Leonel Godoy (Julio César Godoy)

Tras ganar una diputación federal, Julio César Godoy Toscano se convirtió en un dolor de cabeza para su medio hermano Leonel, ex gobernador de Michoacán, al ser acusado de nexos con el narcotráfico, específicamente con el cártel de La Familia Michoacana.

El problema para la imagen del ex mandatario michoacano pareció haber terminado cuando en octubre de 2010 su medio hermano tomó posesión como legislador federal; sin embargo, el gusto le duró muy poco, debido a que en diciembre del mismo año Julio César Godoy fue desaforado para enfrentar las investigaciones que la Procuraduría General de la República seguía en su contra.

Actualmente Godoy Toscano continúa prófugo de la justicia y no se ha sabido nada de él desde hace más de un año. Su medio hermano Leonel regresó al Senado tras dejar la gubernatura de Michoacán.

Familiar de Margarita Zavala (Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella)

Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella puso en el ojo del huracán a la Primera Dama, Margarita Zavala, al ser señalada como una de las dueñas de la Guardería ABC, donde murieron 49 niños tras incendiarse el 5 de junio de 2009.

Aunque no es considerada como una familiar cercana, Altagracia Gómez del Campo Tonella logró que se generaran comentario y críticas contra la esposa del presidente Felipe Calderón y de alguna forma puso en duda la legitimidad del proceso.

En noviembre de 2010, la familiar de la Primera Dama obtuvo  el auto de formal libertad de parte de un tribunal federal, quien consideró que el hecho de que Gómez del Campo Tonella estuviera asociada con otras personas para poner en funcionamiento la guardería, no la hizo responsable penalmente de causar un peligro, y consecuentemente “tampoco le impuso la obligación de impedirlo”.

Cuñado de Felipe Calderón (Diego Hildebrando Zavala Gómez del Campo)

En plena fase final de la campaña presidencial de 2006, el entonces candidato del PAN, Felipe Calderón, debió enfrentar una acusación por tráfico de influencias, al supuestamente  haber concedido contratos en Pemex durante su paso por la Secretaría de Energía a la compañía de software Hildebrando,  administrada por Diego Hildebrando Zavala, quien es su cuñado.

Durante varias semanas antes de la elección, las acusaciones contra su cuñado lograron afectar la imagen del entonces candidato presidencial y mantener la mirada de los medios de comunicación sobre el tema.

Al final no se presentaron las pruebas contra el cuñado de Calderón, sin embargo, hace unas semanas se dio a conocer en el nuevo libro de Julio Scherer, Calderón de cuerpo entero, la presencia de dos facturas que supuestamente demuestran que la compañía de Hildebrando Zavala recibó un importe de 11 millones 999 mil pesos, para la “captura de datos de simpatizantes de candidatos de Acción Nacional” en 2006.

Hijos de Martha Sahagún (Manuel y Jorge Bribiesca Sahagún)

Al final de su sexenio, el ex presidente Vicente Fox debió enfrentar las acusaciones que pesaron contra los hijos de su esposa Martha Sahagún por  supuesto tráfico de influencias y peculado a través de su empresa Construcciones Prácticas.

Los hermanos  Manuel y Jorge Bribiesca Sahagún fueron investigados por una comisión especial de la Cámara de Diputados, que determinó que “sí hubo tráfico de influencias de los Bribiesca”, pero que no habría denuncias penales.

En 2007, el diputado federal Elías Cárdenas, encargado de las investigaciones sobre las actividades de los hermanos Bribiesca, declaró que se beneficiaron con un monto de 6 mil millones de pesos, derivado de los fraudes detectados en los contratos obtenidos por sus empresas.

Los hijos de AMLO (José Ramón López Beltrán y Andrés Manuel López Beltrán)

A Andrés Manuel López Obrador, precandidato presidencial de la izquierda, sus hijos José Ramón López Beltrán y Andrés Manuel López Beltrán le han logrado sacar canas verdes cuando se han visto envueltos en algunos escándalos mediáticos.

A principios de la administración de López Obrador como jefe de Gobierno del Distrito Federal, su hijo José Ramón fue acusado de chocar una camioneta que era propiedad del gobierno del Distrito Federal en supuesto estado de ebriedad.

Andrés Manuel López Beltrán logró meter a su padre en un brete mediático cuando fue fotografiado usando unos tenis de la marca Louis Vuitton, diseñados por Kanye West, cuyo valor supera los 10 mil pesos, y aunque por ningún lado hay alguna violación a la ley o esté prohibido gastar en algo si se tienen los recursos, para muchos el hecho no era congruente con el discurso de austeridad de López Obrador.

Hermano de Carlos Salinas de Gortari (Raúl Salinas de Gortari)

El de Raúl Salinas de Gortari es quizá el caso más emblemático de la familia incómoda, pues logró afectar la de por sí cuestionada imagen de su hermano el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, al ser detenido en 1995 por los cargos de asesinato y enriquecimiento ilícito.

El 21 de enero de 1999, Salinas de Gortari fue declarado culpable y sentenciado a 50 años de prisión por ser supuestamente el autor intelectual del homicidio del ex gobernador de Guerrero y líder priista José Francisco Ruiz Massieu.

La historia del hermano incomodó sí tuvo un final feliz, debido a que el 14 de junio de 2005 Raúl Salinas salió libre después de 10  años en la cárcel al ser absuelto de los crímenes por los que fue condenado.

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¿Es posible saber cuál país está haciendo lo correcto ante la COVID-19?

Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, nos ayuda a entender el complejo proceso de tomar decisiones en un contexto como el actual, en el que “la ciencia no nos puede decir qué hacer”.
Getty Images
6 de septiembre, 2020
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“La ciencia no nos puede decir qué hacer”, reflexiona Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones, pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética“, le dice el doctor a BBC Mundo.

Wilkinson fue consultado en el artículo: “The philosophy of COVID-19: is it even possible to do the ‘right thing’?” (“La filosofía de COVID-19: ¿es posible hacer lo ‘correcto’?)”, publicado en el sitio de la universidad británica.

En el texto se reflexiona sobre el hecho de que en los últimos seis meses, en todos los continentes, autoridades y científicos han estado tratando de determinar qué se debe hacer frente a la pandemia.

“Por primera vez, en mucho tiempo, las consideraciones filosóficas se han convertido en materia de debate político y de conversaciones cotidianas“, indica el blog del que está a cargo Sarah Whitebloom.

“¿Es correcto privar a la gente de su libertad o no; dictar el comportamiento personal o no; cerrar las fronteras o no; para proteger la vida o el servicio sanitario o la economía o no?”, pregunta.

Entre opciones

En ese artículo, el investigador resalta que nuestro conocimiento sobre la COVID-19 ha ido cambiando con el paso de los meses y eso es clave a la hora de tomar decisiones y de juzgarlas.

Profesor Dominic Wilkinson

Cortesía: Dominic Wilkinson
Como profesor, Wilkinson se especializa en ética médica y como médico, en neonatología.

“Entonces” -se plantea en el texto- “¿cómo interpretamos los intentos de los países para abordar la pandemia? ¿Alguien está haciendo lo correcto?”

Según el profesor Wilkinson, ‘No hay una única respuesta correcta, depende de cómo sopesas tus opciones. Debes distinguir entre varias cosas'”.

¿Serían todas las decisiones igualmente validas? “No” -responde- pues hay que tomar en cuenta el contexto: algo que podría ser correcto de implementar en un país, puede no serlo en otro.

Además, pese a la incertidumbre propia de un virus cuyas características y efectos seguimos descubriendo, hay opciones que son erróneas.

Por ejemplo, “recomendar intervenciones no basadas en evidencia (como la cloroquina) podría verse como opciones ‘moralmente incorrectas‘”.

La pandemia nos ha puesto cara a cara con dilemas éticos muy complejos.

“Hay muchos paralelismos con las profundas y difíciles preguntas que enfrentan los países cuando están en guerra“, señala Wilkinson.

La prioridad tiene que ser “salvar vidas”, destaca el profesor que conversó con BBC Mundo.

La entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión.


En términos de qué es correcto hacer. ¿Qué desafíos nos está presentando esta pandemia?

El desafío fundamental es lo que están enfrentando los gobiernos.

En cierto sentido, son problemas con los que las sociedades tienen que lidiar todo el tiempo: cómo equilibrar las diferentes y, algunas veces, contrapuestas necesidades de su población.

Un placa de los pulmones

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Aunque nuestro conocimiento sobre el virus Cov-2 ha aumentado sustancialmente desde que se desató el brote hace seis meses, aún hay incógnitas que se están tratando de responder.

Lo que hace que la cuestión de la pandemia sea tan grave es la escala del problema y la necesidad de hacer concesiones muy difíciles.

Eso implica hacer sacrificios y buscar soluciones intermedias entre el bienestar de unos y de otros. Por ejemplo: entre las personas en riesgo de contraer COVID-19 versus otros miembros de la sociedad y los efectos en su bienestar desde la perspectiva económica y de empleo.

En adición, hay desafíos muy grandes debido a la incertidumbre que existe. Una de las razones que hace esta pandemia tan compleja es que los problemas que está suscitando no son los problemas estándar con los que los gobiernos están acostumbrados a encarar.

Obviamente, las enfermedades infecciosas y los temas de salud pública son asuntos con los que los gobiernos están relativamente familiarizados, aunque no siempre sean simples de enfrentar.

Pero estamos ante una nueva amenaza que trae muchos desafíos e incertidumbre sobre los beneficios, así como también sobre los costos, de las distintas maneras de responder a ella. Por ejemplo: las diversas formas de confinamiento y de distanciamiento social.

Quizás sin notarlo mucho, cada día, todos hemos estado envueltos en consideraciones filosóficas debido a la pandemia. ¿Por qué ocurre eso?

La pandemia ha resaltado ciertos asuntos éticos que son muy difíciles y que ameritan soluciones de compromiso, concesiones.

Una mujer frente a una pantalla

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Varias economías ya han empezado a sentir los efectos de la crisis que desató la pandemia.

Algunos de ellos se presentan en tiempos de normalidad, pero quizás de una forma no tan visible o dramática.

Por ejemplo, evaluar el costo en la economía, en términos de dinero, y la cuestión de las vidas que son salvadas, es un planteamiento con el que están muy familiarizados los gobiernos. No es una pregunta muy cómoda de responder, pero a la que están acostumbrados todo el tiempo:

‘¿Cuánto dinero invierto en mejorar las carreteras para prevenir accidentes de tránsito? ¿Cuánto invierto en fármacos o en el sistema sanitario en general para mejorar la salud de las personas y evitar muertes?’

Le tienen que poner un precio a la cantidad que están dispuestos a pagar para salvar una vida.

Personas fuera de un hospital

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En muchos países, gran parte de la atención médica se ha concentrado en atender a las personas afectadas por la COVID-19.

La misma pregunta, en esencia, se invoca cuando los gobiernos tienen que tomar decisiones sobre cómo intentar balancear los beneficios potenciales de salvar vidas versus el costo económico.

Obviamente, podrías salvar el máximo número de vidas manteniendo a todos los países en confinamientos totales hasta que haya una vacuna disponible. Pero eso va a provocar un costo económico muy grande y, la medida en sí misma, va a cobrarse vidas en diferentes maneras.

Existe evidencia de que las crisis económicas por sí solas acarrean graves consecuencias sanitarias, incluyendo: efectos en las tasas de pacientes con cáncer, personas con enfermedades mentales, suicidios.

Este tipo de cálculos son los que tienen que hacer los gobiernos todo el tiempo, pero en el contexto de esta pandemia se hacen muy visibles.

¿Cuán difícil es para quienes diseñan las políticas públicas tomar decisiones basados en un virus del cual aún se desconocen muchos aspectos porque es muy nuevo?

Es tremendamente difícil.

Hay dos tipos de incertidumbres: la científica y médica, que tiene que ver con el virus: que pasaría si los gobiernos no hacen nada, cuántas vidas se podrán en riesgo, que sucedería si se toman acciones, cuán efectiva será la vacuna cuando esté disponible.

Y está la incertidumbre ética: cómo actuar frente a esta amenaza.

En ese contexto, los diferentes gobiernos tomarán decisiones distintas y no sabremos hasta dentro de muchos años, cuando veamos hacia atrás, qué país hizo la elección que resultó siendo ventajosa, pero ahora es muy difícil saber cuál es la decisión correcta.

En el artículo de la Universidad de Oxford, usted señala que en el actual contexto, algunas decisiones son tomadas de buena fe. ¿Es eso suficiente?

Desde el punto de vista de la ética, todo lo que podemos hacer es tomar decisiones con la información que tenemos.

Médicos en un hospital

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Dilemas éticos y filosóficos que siempre han enfrentado médicos, legisladores y líderes políticos ahora son parte de las conversaciones de muchos ciudadanos en todo el mundo.

Cuando me refiero a tomar decisiones de buena fe, es hacerlo sobre la base de las motivaciones y las intenciones correctas y con la información con la que se cuenta.

Puede pasar que la información que tienes es incorrecta, que las estimaciones de las diferentes opciones terminen siendo erróneas, pero no puedes tomar decisiones sobre la base de información que desconoces.

Algo que tienes que hacer es tomar en cuenta la posibilidad de que puedes estar equivocado. Por eso, los gobiernos tienen que mirar un abanico de diferentes resultados potenciales y la incertidumbre que rodean las estimaciones.

Esa es una de las razones por las cuales no se trata simplemente de seguir la ciencia porque la ciencia no da una sola respuesta sobre lo que pasará o cuál podría ser el efecto de una particular acción.

Se trata más bien de una gama de diferentes posibilidades y sobre la base de eso, tomar las decisiones.

En el artículo se plantea que los esfuerzos internacionales buscan preservar la vida. “¿Pero la vida de quién? ¿un enfermo que sufre de COVID-19, un paciente con cáncer, una persona que pierde su trabajo?” Es un dilema inmenso para enfrentar en tan corto periodo de tiempo desde que comenzó el brote ¿no?

La dificultad es que no hay manera de evitar tomar decisiones. No hacerlo o no actuar es una resolución en sí misma.

Personas aplaudiendo

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Al inicio de pandemia, muchos ciudadanos en todo el mundo coincidieron con sus gobiernos en la necesidad de quedarse en casa.

Dado el número de decisiones que los gobiernos tienen que tomar y de lo cambiante de la situación que están enfrentando, es inevitable que no opten por algo determinado.

Y podrían llegar a tomar resoluciones que serán criticadas y que podrían terminar siendo, a la luz del conocimiento adquirido con posterioridad, no las mejores opciones.

Por eso, tienen que estar preparados para cambiar de idea, para revisar sus puntos de vista a medida que la ciencia evoluciona y para admitir que tomaron una decisión que no fue la mejor.

Muchas personas podrían pensar que, como se trata de una pandemia, la ciencia debería indicar qué se debe hacer, pero usted señala: “La ciencia no puede decirnos a qué valores debemos darle peso”. ¿A qué se refiere?

Cuando hablamos sobre lo que deberíamos hacer, sólo llegaremos a una respuesta con una serie de hechos y un conjunto de valores éticos.

Un ensayo clínico

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“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética”, indica Wilkinson.

La ciencia no genera valores éticos, la ciencia nos ayuda a entender los hechos.

Cuando queremos actuar en relación a ellos: ¿qué deberíamos hacer?, aparecen los valores éticos.

Por esa razón la ciencia no nos puede decir qué hacer o que deberíamos hacer, la ciencia sólo nos puede decir qué pasaría si actuamos de determinadas maneras.

Nosotros tenemos que decidir cómo balancear diferentes valores éticos que podrían estar en riesgo: cuál es el más importante, a cuál le vamos a dar prioridad, cuál precio estamos dispuestos a pagar y cuál no, y, entonces, tomar una decisión.

Considero que es profundamente engañoso sugerir que la ciencia, en sí misma, es la base de la toma de decisiones.

La ciencia tiene que estar en el corazón de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética.

Usted señaló que “el momento más complicado aún está por venir”, pues nos esperan más decisiones éticas difíciles que van más allá de los confinamientos, por ejemplo: quiénes recibirán las primeras vacunas. “No sabemos todavía qué tolerará la gente, qué harán”. En relación a eso, hay personas que sienten que los confinamientos han afectado sus derechos. ¿En este contexto, es difícil llegar a la decisión con la que todos estemos satisfechos?

La política está familiarizada con la idea de que no puedes complacer a todo el mundo.

Dos mujeres se saludan con una ventana de por medio

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Las medidas para evitar la propagación del coronavirus han tenido impacto en los diferentes grupos de edad.

Uno de los aspectos interesantes es que en las fases iniciales de la pandemia, en muchos países, hubo un amplio apoyo hacia las acciones tomadas por los gobiernos, en algunos casos dramáticas y con un impacto significativo en las vidas de las personas.

Pero algo que se está volviendo evidente es que a medida que pasa el tiempo, parte de ese apoyo se ha disipado y hay más división sobre lo que debe pasar: algunos están a favor de continuar con las restricciones para evitar otras olas (de contagios); otros creen que los gobiernos no pueden seguir imponiendo restricciones y deben relajar las medidas para que la economía se recupere.

Esa es una de las razones por la cual los gobiernos están en una creciente presión para flexibilizar las medidas que tienen que ver con los confinamientos, pero, hasta que no haya una vacuna, la potencial consecuencia de eso es que hayan olas de infecciones, como hemos visto en Europa y en otras partes.

Y existe la posibilidad de que coincida, en el hemisferio norte, con el invierno, que es tradicionalmente una época difícil.

Hay una gama de razones por las cuales algunas de las decisiones más difíciles están por venir.

También ha dicho que no todas las decisiones pueden ser válidas y hace una especial reflexión sobre tratamientos que no han sido probados científicamente.

En la situación actual, los gobiernos tienen más de una opción razonable para escoger.

Personas con mascarillas

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Existe evidencia científica de que el uso de mascarillas ayuda a frenar la propagación del coronavirus.

Para algunas naciones, puede ser razonable continuar con la decisión de mantener el número de casos muy bajo con la implementación de medidas restrictivas.

También pueden haber otros países que se inclinen por medidas más flexibles.

El decir que hay potencialmente más de un enfoque razonable no significa que cualquier enfoque es aceptable.

Claramente hay algunas respuestas que no son razonables y que debemos rechazar, incluyendo las que se apartan significativamente de una comprensión científica de lo que se pone en riesgo o de lo que puede ser útil.

Por ejemplo, quienes rechazan las mascarillas o quienes sugieren medidas que no tienen una base científica o que la ciencia ha demostrado que son perjudiciales.

Considero que es importante criticar cuando gobiernos o personas que hablan en público recomiendan cosas que son irrazonables.

Usted ha dicho que es muy difícil saber qué países están haciendo lo correcto en medio de estas dramáticas circunstancias y que sólo en varios años se podrán saber cuáles fueron las mejores estrategias. ¿Por qué hay que esperar años?

Estando en plena pandemia, es difícil conocer todos los impactos de las decisiones que estamos tomando, algunos no serán visibles por años.

Planeta

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De acuerdo con Wilkinson, el tiempo es clave para poder evaluar el impacto de las medidas que se están tomando en plena pandemia.

Las comparaciones entre países, por ejemplo, sólo se harán patentes con el tiempo.

Cuando veamos todas las diferentes consecuencias en la salud de los pacientes -excluyendo quienes hayan sufrido covid-19- se verá el impacto en quienes sufren de cáncer, quienes no recibieron algún tratamiento, quienes desarrollaron enfermedades mentales o quienes sufren problemas de salud debido a la recesión económica.

Esos efectos no se sabrán hasta después de un tiempo, cuando tengamos suficiente información para juzgar.

Es decir, en su opinión, es casi imposible saber quién está haciendo lo correcto.

Así es. Vale la pena señalar que se puede distinguir entre una decisión correcta y un proceso correcto para tomar esa decisión.

Una trabajadora de la salud

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La pandemia encontró a algunos países mejor preparados que otros para lidiar con sus efectos.

En las decisiones que se han tomado de una manera transparente, el público puede ver por qué los gobiernos están optando por determinadas alternativas, que se trata de decisiones guiadas por la evidencia científica y que son susceptibles a los cambios que se producen en la ciencia y a la incertidumbre que puede conllevar.

Eso es muy importante.

Que son decisiones que están abiertas a las revisiones y al cambio de opinión en el futuro en caso de que varíe la información.

Todas esas características son positivas en el proceso de toma de decisiones y los países en los que se han dado esos elemento, creo que tendrán una mejor probabilidad de justificar sus decisiones, incluso si, en retrospectiva, se les pueda cuestionar por haber tomado las decisiones equivocadas.

Desde la perspectiva de un doctor dedicado a la ética médica, ¿qué lecciones le está dejando esta pandemia?

Uno de los aspectos más sorprendentes es que algunos países se habían preparado extremadamente bien para tomar decisiones difíciles en el contexto de una pandemia, habían hablado con su población con anticipación y les habían dicho:

‘Si alguna vez nos enfrentamos a una pandemia de gripe realmente grave, ¿qué les gustaría que hiciéramos si tuviéramos que tomar decisiones relacionadas, por ejemplo, con los respiradores: ¿quién debería utilizarlos?”

Hace cinco o diez años, comunidades en algunos estados de Estados Unidos participaron en discusiones sobre esas decisiones. Eso las puso en una posición muy fuerte cuando llegó la pandemia para decir: ‘Está bien, ya tuvimos una discusión. Tenemos preparadas algunas pautas, ahora podemos implementarlas’.

Creo que la dificultad cuando estás en el ojo de la tormenta es que no hay una manera significativa de promover conversaciones hipotéticas con la comunidad, porque el desafío es reaccionar y muchas veces se hace de forma instintiva porque ya la tienes al frente.

Y eso podría llevar a que no se tomen las mejores decisiones.

Creo que una de las lecciones importantes es que debemos prepararnos para amenazas muy sustanciales como esta.

A algunos países les ha ido bien en esa preparación y a otros menos bien.

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