Las mujeres de Peña Nieto
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Las mujeres de Peña Nieto

Alberto Tavira hace un retrato del candidato presidencial del PRI, basándose en entrevistas con las mujeres que lo han amado y odiado durante toda su vida.
Por Alberto Tavira
14 de febrero, 2012
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Portada del libro "Las Mujeres de Peña Nieto" (Da click para ampliar la imagen)

No pudo haber mejor coyuntura. El libro Las mujeres de Peña Nieto sale a la venta hoy 14 de febrero y en 150 páginas, el periodista Alberto Tavira (@BetoTavira) hace un retrato del candidato presidencial del PRI basándose en entrevistas con las mujeres que lo han amado y lo han odiado durante toda su vida. A continuación presentamos unos breves fragmentos de las historias que podrán leerse con detalle en el libro editado por Océano.

Mónica Pretelini Sáenz. (Da click para ampliar)

Mónica Pretelini Sáenz.

Esposa y madre de los primeros tres hijos de Enrique Peña Nieto. Conoció al que fuera su marido por casi 13 años, en el restaurante El Mesón del Caballo Bayo y a partir de entonces no se le separó jamás. Se convirtió en su más grande impulsora, en la presidenta de su club de fans y en la esposa que soportó las infidelidades e hijos fuera del matrimonio de su cónyuge con tal de verlo hacer realidad su sueño de convertirse en aspirante a la Presidencia de México. Mónica falleció sorpresivamente en enero de 2007.

Maritza Díaz Hernández.(Da click para ampliar)

Maritza Díaz Hernández.

Guapa, sofisticada y aguerrida. Así es la mujer con la que Peña Nieto sostuvo un romance durante el gobierno de Arturo Montiel Rojas. En esa época, Enrique era parte del gabinete de su tío Montiel y ella era funcionaria en la Secretaría de Finanzas del Estado de México. Maritza sabía que Enrique era un hombre casado y se resistió largo tiempo a ser parte de esa aventura. Sin embargo, cayó en las redes del seductor y procrearon un hijo, el cual actualmente ronda los 9 años.

 

Yessica de Lamadrid Téllez. (Da click para ampliar)

Yessica de Lamadrid Téllez.

Originaria de Chihuahua, trabajó en la campaña de Peña Nieto para gobernador del Estado de México en 2005. Poco tiempo después, inició una relación sentimental con su cliente –quien estaba casado con Mónica Pretelini– y fruto de ese amor nació un niño. El pequeño falleció víctima del cáncer en 2007, tres semanas después de la muerte de la Primera Dama del Edomex.

Rebecca Solano de Hoyos.(Da click para ampliar)

Rebecca Solano de Hoyos.

La primera novia oficial que tuvo Peña Nieto luego del fallecimiento de Mónica, es de Monterrey. Conocida por ser la productora y conductora del programa de televisión TransformaT, Rebecca inició su idilio con Enrique a pocos meses de que él enviudara. Se conocieron en una fiesta y, a partir de entonces, la química los tuvo juntos durante casi un año. Ella lo acompañó a giras oficiales fuera de México y a eventos públicos. Estuvo a punto de convertirse en la señora de Peña.

Nora Sotocampa González. (Da click para ampliar)

Nora Sotocampa González.

Fue de las relaciones más fugaces de Peña Nieto. Se conocieron luego de que él cerrara el ciclo de su noviazgo con Rebecca, pero no prosperó. Nora, heredera de un boyante negocio maderero, nunca se sintió a gusto en constante competencia con la política, con quien sabía que tenía todas las de perder. A pesar del poco tiempo en que salieron, llegaron juntos a la boda de la hija del senador Manlio Fabio Beltrones, en junio de 2008.

Angélica Rivera Hurtado. (Da click para ampliar)

Angélica Rivera Hurtado.

Afamada por su carrera como actriz, “La Gaviota” –como se le conoce por su papel en la telenovela Destilando Amor– conoció a Peña Nieto en el primer semestre del 2008. Lo que comenzó como una relación laboral, pues ella era la imagen de una campaña que publicitaba los programas del gobierno mexiquense, en poco tiempo cruzó la frontera al ámbito de lo privado. Su noviazgo se hizo público en la prensa del corazón y, luego de anunciarle al papa Benedicto XVI que se iban a casar, Enrique y Angélica llegaron al altar en noviembre de 2010. Desde entonces ella, con toda la popularidad que la rodea, se ha convertido en la sombra de Peña Nieto en sus actos de campaña rumbo a la Presidencia de México.

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¿Qué tan buenas son las caretas para protegernos del coronavirus?

En apariencia, los protectores plásticos se ven más cómodos y fáciles de usar. BBC Mundo recogió la opinión de diversos expertos para entender si nos brindan o no el mismo nivel de protección.
Getty Images
13 de julio, 2020
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Con la flexibilización de las normas de confinamiento y la reapertura de tiendas, bares y restaurantes en numerosas ciudades del mundo, los cubrebocas se han convertido en una prenda de uso cotidiano.

En Reino Unido y otros países de Europa, por ejemplo, muchas marcas de ropa ofrecen mascarillas de tela reutilizables en distintos modelos, patrones y colores.

Sin embargo, en las últimas semanas, un nuevo elemento de protección ha empezado a verse en las calles: se trata de un protector o careta de plástico transparente, que hasta poco solo era utilizado por personal sanitario o en ambientes médicos u hospitalarios.

A simple vista, estos escudos protectores se ven más cómodos que las mascarillas: al no estar en contacto directo con la nariz y la boca se hace más fácil respirar, hablar, dan menos calor y, definitivamente, son menos claustrofóbicos.

¿Pero nos protegen en la misma medida que una mascarilla facial? ¿Podemos remplazar a una por otra?

Ventajas

Según un artículo de opinión publicado recientemente en JAMA, la revista de la Asociación Médica Estadounidense, estas caretas tienen una serie de ventajas.

“Son cómodas de usar, protegen los portales de entrada del virus y reducen la potencial autoinoculación, ya que evitan que el usuario se toque la cara”, dice el texto elaborado por el doctor Eli Perencevich, especialista en enfermedades infecciosas de la Universida de Iowa, y otros dos investigadores.

A diferencia de los tapabocas no hace falta quitárselas para facilitar la comunicación, pueden reutilizase indefinidamente si no están averiadas, y limpiase fácilmente con agua y jabón o desinfectantes comunes, señala el artículo.

Mesero con protector facial

Getty Images
Para las personas que están en contacto constante con miembros del público y necesitan comunicarse verbalmente, las caretas resultan mucho más cómodas.

Los autores no abogan por el uso de esta careta como única medida pero sí consideran que puede ser un elemento más en una estrategia de contención del coronavirus que incluya el lavado de manos, la distancia social y el rastreo de contactos.

Por otro lado, añaden, las caretas cubren un área mucho más amplia del rostro, incluyendo los ojos, que son otra vía de entrada para el SARS-CoV-2.

Protección más amplia

Según un estudio de simulación de tos de 2014, una buena careta plástica puede reducir la exposición total a las gotas expulsadas por la tos y los aerosoles (las gotas diminutas) en un 96% a una distancia de 46 cm.

Pero, con los aerosoles más pequeños, el protector fue menos efectivo, bloqueando al 68% inmediatamente después de la exposición a la tos, y solo al 23% en los 30 minutos siguientes, ya que estos aerosoles más pequeños pueden quedar flotando bajo el visor, en el espacio donde se produce la inhalación.

En opinión de Julian Tang, profesor del departamento de Ciencias Respiratorias de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, las caretas son por lo general bastante efectivas, pero reconoce que compararlas directamente con las mascarillas quirúrgicas es difícil, y que los estudios que se han hecho hasta el momento solo lo han logrado de forma limitada.

Si las vamos a usar, lo más importante a tener en cuenta es “cuán lejos el protector se curva para cubrir las orejas (si queda un espacio los aerosoles podrían entrar por esa vía y provocar una infección) y qué tanto se extiende por debajo (para protegernos de los aerosoles flotantes que podemos inhalar bajo el protector)”, le dice Tang a BBC Mundo.

Otro factor a tener en cuenta es que no quede un hueco en la parte superior, donde el visor se apoya sobre la frente, para reducir el riesgo de exposición a las gotas o aerosoles que pueden caer desde arriba.

Ni solas ni en el contexto comunitario

Sin embargo, no todos los expertos coinciden en que las caretas sean una buena opción, aunque aceptan que cuando el uso de mascarilla no es viable —ya sea porque afecta demasiado la comunicación o por la razón que fuere— siempre es mejor utilizarla que ir con el rostro descubierto.

Trabajadores sanitarios con equipo protector

Getty Images
Hasta hace relativamente poco, los escudos faciales solo se utilizaban dentro del ámbito hospitalario.

Aaron Glatt, director del departamento de medicina del hospital Mount Sinai South Nassau, en Estados Unidos, cree que el beneficio de las caretas varían según quién las use.

“Recomendamos su uso en el caso de un trabajador sanitario, por ejemplo, que debe entrar en la habitación de un paciente que tiene o se sospecha que tiene COVID-19 y no lleva mascarilla”, le dice a BBC Mundo.

“En ese caso, el potencial de que el paciente expulse partículas de virus es grande y es importante proteger los ojos del trabajador sanitario con gafas o con una careta, por encima de la mascarilla”.

“Pero en un contexto comunitario, recomendamos la mascarilla (y no la careta), porque es más efectiva evitando que el virus se extienda a las zonas circundantes. Si la persona que usa el tapabocas está expulsando virus, las gotas quedarán atrapadas por la mascarilla”.

En definitiva, “se trata de un mecanismo más efectivo“, añade Glatt.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), tampoco recomiendan su uso en el contexto de la vida cotidiana o como sustituto para los cubrebocas de tela.

Pero en caso de que alguien decida usarlo sin una mascarilla debajo, debe asegurarse de que cubra los costados de la cara y se extienda por debajo de la barbilla.

Protección contra los aerosoles

Si bien las caretas faciales impiden el paso de las gotas, como su contorno no está sellado a la cara, permite el paso de cierto número de aerosoles.

Mesera con pantalla facial

Getty Images
Con la relajación de las medidas de confinamiento, aumenta el riesgo de transmisión de la COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció recientemente, en respuesta a una carta abierta publicada por más de 200 científicos, que hay cada vez más evidencia de que el coronavirus puede propagarse por estas pequeñas partículas suspendidas en el aire.

“La transmisión aérea no puede descartarse en escenarios con multitudes o en lugares cerrados y poco ventilados”, declaró el miércoles un representante del organismo.

Sin embargo, esta vía de transmisión, le explica a BBC Mundo Luis Ostrosky, profesor de enfermedades infecciosas de la Escuela de Medicina McGovern de UTHealth de Houston, EU, no es la principal.

“Creemos que la ruta de transmisión primaria de la COVID-19 es a través de las gotas, con lo cual hay dos formas de protegerse de ellas: una es cubriendo tu boca y tu nariz con una mascarilla, pero eso deja el resto de tu cara al descubierto”.

“La otra es con una careta facial, que te cubre toda la cara”, dice Ostrosky.

“Puede que los aerosoles contribuyan a la transmisión en ambientes cerrados, particularmente en situaciones como procedimientos médicos, pero ese es un un tema controvertido”.

Distancia social

PA Media
Mantener la distancia social y lavarse las manos siguen siendo dos medidas cruciales para frenar la pandemia.

“Por eso hay un consenso creciente entre epidemiólogos de que la careta puede ser una muy buena alternativa para protegerse dentro un contexto comunitario”.

En opinión de Ostrosky, son particularmente beneficiosas para los niños pequeños, por que dejan ver las expresiones faciales.

“Creo que serán un elemento clave para la reapertura de las escuelas“.

La OMS, por su parte, señala que, para el público en general, las caretas pueden considerarse como una alternativa en el caso de que haya una escasez de mascarillas no médicas, pero dice que son “inferiores a las mascarillas respecto a la prevención de la transmisión por gotas”.

En el documento que sirve de guía para el uso de las mascarillas en el contexto de la COVID-19, con fecha del 5 de junio, señala que las caretas faciales pueden ser más fáciles de usar para personas con desórdenes de salud mental, problemas de desarrollo, sordera o dificultades auditivas y niños.


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