Si la DEA me estuviera buscando, ya me hubieran agarrado: Yarrington
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Si la DEA me estuviera buscando, ya me hubieran agarrado: Yarrington

El ex gobernador de Tamaulipas asegura a Animal Político que no existe orden de captura en su contra o presentación en México ni en Estados Unidos.
Por Daniel Lizárraga
17 de febrero, 2012
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Tomás Yarrington no está escondido o, por lo menos, eso dice. “No estoy desaparecido ni tampoco detenido y mucho menos prófugo de la justicia”.

No hay, ni siquiera, una sola orden de captura  o de presentación ya sea en México o en Estados Unidos, según ha podido investigar el equipo de abogados que representa al ex gobernador de Tamaulipas.

Estoy en Estados Unidos y si en verdad la DEA tuviera algo en mi contra, ya me hubiesen agarrado. Si el gobierno norteamericano localizó a Bin Laden, imaginen lo que me sucedería a mí”, dice en entrevista exclusiva con Animal Político.

Aun así, sabe que estas últimas semanas se ha publicado en diversos medios que se le señala como cómplice de narcotraficantes, concretamente del Cártel del Golfo y de los Zetas. Y que la acusación presuntamente viene de la DEA. Por ello, reconoce, ha tenido que tomar “medidas de protección”, como el aguardar en Estados Unidos con su familia hasta que pueden conocer con mayor claridad cuáles serían los cargos en su contra.

“Yo no he sido notificado de que me estén buscando. Oficialmente, no hay nada en mi contra”, afirma.

"Esta es la única foto que me voy a dejar tomar", dijo Yarrington

"Esta es la única foto que me voy a dejar tomar", dijo Yarrington

En la entrevista, realizada en EU, Yarrington asegura que sólo se ha tratado de filtraciones a medios de comunicación con fines electorales contra el PRI, toda vez que no existe una orden de captura  o de presentación.

Tomás Yarrington agrega que está dispuesto a ir ante un juez o al Ministerio Público en el momento que sea requerido para comprobar que “nunca recibió” sobornos del narco a cambio de protección política. No obstante –destaca- tampoco será parte de “una telenovela mediática”, en la que primero sea capturado y luego el gobierno pretenda disculparse ante el desvanecimiento de pruebas, como sucedió con los alcaldes de Michoacán.

Voy a ir con todo contra quienes han filtrado información dolosamente para perjudicarme, sea quien sea”, sentencia.

Yarrington no tiene el semblante de un hombre que se sabe perseguido. Por el contrario, golpea en la mesa, señala con el índice derecho, sostiene la mirada y aprieta las mandíbulas cuando se le pregunta sobre su responsabilidad política en el fortalecimiento del narcotráfico en su estado.

Como gobernador, dice, compartió con el ex presidente Vicente Fox, así como con el entonces secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Clemente Vega García,  con el procurador Eduardo Medina Mora y hasta con el secretario de Gobernación la información que tuvo sobre los cárteles que dominaron la región.

No obstante, señala  al gobierno del presidente Felipe Calderón de ponerlo en la picota, como una agenda paralela durante la veda de los partidos y los candidatos para la elección presidencial del año 2012.

El ex gobernador tamaulipeco supo de las acusaciones mientras aterrizaba en San Antonio, Texas.  Un reportero le dejó un mensaje en su teléfono móvil para pedirle una opinión sobre la presunta alerta migratoria contra tres ex mandatarios que se estaba difundiendo en la Ciudad de México.

Pácatelas, pensé. Pero acostumbrado a la política, no me lo tomé muy en serio; me pareció descabellado. Al rato pasaría”, recordó Yarrington. Desde entonces no ha salido de Estados Unidos.

– ¿Conoce a Peña Argüelles  a quien investigan aquí en Estados Unidos por lavado de dinero? ¿Es su amigo?

“Lo conozco como a miles de tamaulipecos. Pero niego, categóricamente, que haya tenido con él algún trato de negocios y, menos aún, para algo relacionado con el narcotráfico. Eso es absolutamente falso”.

-Un  testigo protegido dijo a la DEA que hubo un trato para  proteger políticamente a Los Zetas y al Cártel de Golfo desde su gobierno y, directamente, apareció su nombre….

“Un periódico publicó que obtuvieron un documento confidencial  sobre esas acusaciones, cuando se  trata de un documento público. Si lo leemos bien, quien está a disposición de las autoridades es sólo el señor Peña Argüelles. Los supuestos testigos protegidos generan opiniones respecto de ese caso.

-¿Y su  nombre?

“Tomás Yarrington no tiene un proceso formal en ninguno de los dos países. Si lo tuviera, sin haber sido citado a declarar, se violarían sus garantías constitucionales. Lo que hemos visto es un manejo mediático. “Se trata de judicializar la política. Yo no estoy en contra de que me investiguen,  pero hace siete años que dejé de ser gobernador. Siete años.  El Gobierno Federal está haciendo un uso indebido de las investigaciones judiciales.

“Pero está bien; no voy a dirimir esto en los medios porque no quiero seguirles el juego. En esto hay dos partes, si es que las hay: el ministerio público y el juez.  Cualquier cosa que deba esclarecer ante ellos lo haré en cuanto me citen. Todo lo demás, obedece a una lógica  distinta a la procuración de justicia”.

Sea más directo, ¿en qué observa un uso político-electoral?

“En la prensa dicen que el señor Peña Argüelles estuvo 53 días sin orden de aprehensión, sin proceso abierto y lo liberaron sin cargos. Lo liberaron las autoridades mexicanas. Ahora me entero, de nuevo por los medios de comunicación,  que la PGR reconoció que es testigo protegido. Qué casualidad que un testigo protegido de la PGR apareció en San Antonio (Texas)  justo en la época en que se inicia el ayuno de las campañas por la Presidencia.

“Esto lo hizo el gobierno para tener un tema de golpeteo. Yo no tengo conocimiento de citatorios por parte de las autoridades”.

-Pero son los testigos protegidos quienes dicen que recibió dinero del narcotráfico, no los medios…

“Es falso. Absolutamente falso. Nunca he tenido nada que ver son eso”.

-Dicen que para protección política

“Muchos de esos hechos se refieren a cuando yo ya no era gobernador.  En el sistema político mexicano un presidente o un gobernador difícilmente tienen influencia total sobre su sucesor.  Entonces pregunto: ¿Podría brindar protección política? Y, si leemos con cuidado la investigación de un agente de la DEA, el manejo del dinero presuntamente sucio es entre las cuentas de dos hermanos que nada tienen que ver conmigo.

“Lo importante de esto, es que hay una manta en la cual los delincuentes recriminan al señor Peña Argüelles que los engañara y no les cumpliera con la protección política por parte del gobernador. ¿Entonces de qué hablamos? “.

-A un testigo protegido le consta una reunión en la cual usted discutió con Peña Argüelles por dinero, evidentemente relacionado con el narcotráfico…..

“Nunca. No he tenido con el señor Peña Argüelles ningún trato que tenga que ver con un interés económico y mucho menos que tenga relación con el narcotráfico. Lo desmiento categóricamente”.

-¿Nunca sospechó o supo algo de él? ¿Cómo es entonces que lo conoce?

“Yo tengo la costumbre de ir de cacería. Nuevo Laredo es un área que se presta para la cacería del venado de cola blanca.  Él era el alcalde. Yo tengo amigos que van conmigo. Un día, ellos me llevaron a comer con el señor Peña quien había pasado por la pérdida de un hijo adolescente, en la época navideña.  Él estaba en un momento difícil, con La Biblia entre las manos. Eso es lo que recuerdo de él”.

-En la investigación hay un supuesto registro contable con los nombres de quienes recibieron soborno y ahí está el suyo.  Esto sería  una prueba y no un dicho….

“Es falso, en caso de que existiera ese documento. Lo puedo aclarar en cuanto me pidan. Es absolutamente falso”.

Tamaulipas es un estado azotado por el narcotráfico, ¿de verdad como gobernador nunca se enteró de esto?

“Si vemos la cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública  y revisamos el periodo 1998-2004,  se darán cuenta que el índice de delitos prácticamente se abatió en todos los rubros.

“Cuando platicas con los tamaulipecos te enteras que en mi sexenio hubo festivales culturales,  empleos, no había secuestros. Hubo violencia pero no a los niveles que vemos ahora. Hace siete años que yo terminé mi gobierno. Era otro país. Cualquiera puede ver esos datos en internet”.

-¿Tuvo información sobre el empoderamiento del Cártel del Golfo y Los Zetas?

“Los estados fronterizos tienen en su fortaleza su debilidad. Por Tamaulipas pasa más del 50% del comercio terrestre con Estados Unidos. Nada más por Nuevo Laredo pasan 6 mil o 7  mil tráileres diarios. Los delincuentes van a preferir siempre ocultar su mercancía en esa zona, que en una donde hay un tráfico de 200 ó 300 vehículos”.

¿Y la información sobre eso?

“Yo siempre estuve en coordinación con el Gobierno Federal y con mi contraparte en Estados Unidos. Y ahí están los resultados. La mayor parte de mi administración fue con un Presidente del PAN (Vicente Fox). Y trabajamos coordinados. No se pude juzgar lo que pasa ahora con lo que se hizo antes”.

-El ex gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas, pidió apoyo  a Felipe Calderón para combatir al narcotráfico. Ahí empezó la guerra. La situación era grave.  ¿Usted no palpó algo así en su estado?

“Nosotros no sólo lo palpamos, estuvimos permanentemente coordinados con el Gobierno Federal”.

-¿Está diciendo que el Gobierno Federal sabía lo que estaba pasando en Tamaulipas?

“Antes del 2005, los gobiernos estatales no tenían competencia en materia de narcotráfico. Aun así peleamos por más recursos y dimos resultados. A partir del 2005 yo ya no era gobernador. Yo hice mi mejor esfuerzo por mantener en paz a Tamaulipas.  Todos mis esfuerzos estuvieron coordinados con el Gobierno Federal”.

-¿Entonces informó al Gobierno Federal encabezado por Vicente Fox lo que pasaba en Tamaulipas?

“Claro”.

-¿Usted  sí pasó información sobre los cárteles del Golfo y los Zetas al Gobierno Federal?

“Nosotros teníamos una coordinación permanente con el Gobierno Federal. Nos reuníamos  por separado”.

-¿Con quién trató este asunto?

“Con todos”.

-¿Con quiénes?

“Del Presidente de la República para abajo”.

-¿El Presidente Fox y quién más?

“Con el secretario de Gobernación (Santiago Creel),  con el secretario de la Defensa Nacional (general Ricardo Clemente Vega), con el Procurador (Eduardo Medina).  Participé y di resultados.

“Aquí está Tomás Yarrington. Pero tampoco voy  a ser rehén de la PGR. Estoy dispuesto a aclarar este tema ante las autoridades. Lo que no se vale es que, en el momento en que los partidos y los candidatos a la Presidencia tienen que entrar en silencio, abramos una agenda paralela mantener el interés de la opinión pública.

“Y no me opongo a que me investiguen, sólo quiero respeto. No quiero ser atropellado, ahora ni nunca. No se vale que por medio de filtraciones se destroce el nombre, la reputación de un hombre y  su familia sin que haya sustancia. Estamos en el peor de los mundos: hoy en la mañana dijeron que estaba arrestado o que me había entregado. Ayer  fui condenado y no hay averiguación. Ya llevan tres años con el asunto del señor Peña Argüelles”.

-Niega el soborno pero ¿considera que tiene una responsabilidad política por no haber hecho algo o no reportar a tiempo la fortaleza del Cártel del Golfo y Los Zetas?

“No, me remito de nuevo a los números la delincuencia bajo en mi sexenio. Y en todo me coordiné con el Gobierno Federal. Hace siete años que dejé de ser gobernador.  Cada quien en su tiempo cumplió con una responsabilidad.

“El tema de la delincuencia organizada ha estado en la agenda nacional durante mucho tiempo. En mi caso, hicimos el mejor esfuerzo por acotarla”.

-¿No le resulta extraña lo que pasa? ¿Hay una responsabilidad al menos compartida en esto?

“En las reuniones de coordinación se hablaba de éste y todos los temas. Cada quien hizo su esfuerzo. Sí,  las autoridades federales estaban  enteradas de lo que pasaba. A nivel local se contribuía con la lucha contra el crimen”.

-¿Y la gente no le decía algo al gobernador?

“En Tamaulipas hicimos el festival “Letras en el Golfo” al que asistieron  durante seis años, escritores que ahora han ganado el Premio Nobel de Literatura. Un movimiento cultural sin precedente. En materia educativa subimos a Tamaulipas a los tres primeros lugares. La gente vivía en paz”.

-¿Quiere decir que el Gobierno lo utiliza como punta de lanza contra el PRI?

“Va a ser una estrategia fallida. La gente ya no se come estas cosas. Otra vez, Tomás Yarrington no va a ser rehén de la procuraduría. No me voy a conformar con el usted dispense luego de que pase la elección. Vamos a tener que cumplir todos, si ellos tienen una averiguación previa que hagan su trabajo y yo me defiendo conforme a derecho. Pero hay que dejar de manosear mediáticamente estas cosas”.

-¿Cuál es entonces su situación legal?

“Oficialmente no he sido notificado de nada. En ninguno de los dos países”.

-¿Sin embargo está tomando precauciones aquí en Estados Unidos?

“Ahí está el caso de Michoacán.  Acusaron sin fundamento. La gente podría decir `¡pero qué precavido eres!´  No, la verdad es que soy sensato. Mis hijos tenían 10 y 11 años cuando yo era gobernador y ahora tienen alerta migratoria.  ¿De qué estamos hablando?”

-¿De qué vive ahora?

Tengo una consultoría política. A eso dedico la mayor parte del tiempo. La vocación por la política no se acaba. El gobierno cuando quiera puede revisar mis cuentas. Pero otra cosa es que te sometan al escarnio público con una telenovela antes de que llegue un citatorio. Es algo deleznable”.

¿Qué sigue?

“Voy a defenderme contra todo aquel que me haya calumniado, que me haya difamado y contra todo aquel que haya manipulado los documentos públicos de la DEA con tal de incriminarme.

“No se vale que una pluma fácil atribuya las declaraciones de un testigo protegido a las de un acusado de la justicia norteamericana. No es lo mismo decir que hay una declaración de un testigo protegido que una investigación de la DEA contra mí.”

-¿Para usted  el presunto responsable no lo ha incriminado?

“Yo no voy a hacerla de presunto culpable, como en el documental. Soy un político profesional. Estoy dando la cara. Voy a esclarecer lo que sea ante un juez. Pero no voy a ser protagonista de esta telenovela para distraer a la gente de los verdaderos problemas nacionales y menos un época electoral”.

-Cualquiera puede decir: el señor se lava las manos.  Después de mí, la catástrofe…

“Yo nunca dije eso. Jamás. Que no se entienda así. Las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública indican que se abatieron prácticamente todos los delitos.  A cada uno nos juzgará la gente. Pero es absurdo: ¿Por qué ahora me hacen eso ante una elección federal? ¿Por qué ahora cuando el partido en el que milito va al frente de las encuestas?

“Los gobernadores del norte, en mi época, hacíamos cabalgatas con el presidente Fox al frente. Las condiciones eran otras. No había elección presidencial de por medio”.

Aquí la entrevista completa:

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

Cuarta parte

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¿Por qué muchas mujeres aún se cambian el nombre para usar el apellido de sus maridos?

Tomar el apellido del esposo tiene un origen patriarcal histórico, ¿por qué entonces tantas mujeres mantienen esta tradición?
27 de septiembre, 2020
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Novia con brazo apoyado en el de su novio.

Getty Images
En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan.

Planear una boda en tiempos de pandemia es algo lleno de incertidumbres, pero Lindsey Evans, de 30 años, tiene clara una certeza: “cuanto más se acerca la fecha, más segura estoy de que quiero adoptar su apellido”.

La boda entre esta californiana y su pareja está prevista para julio de 2021.

En Estados Unidos, la mayoría de mujeres adoptan el apellido de sus maridos cuando se casan. En concreto un 70%, según uno de los análisis de datos más exhaustivos en los últimos años.

En Reino Unido, esa cifra asciende a casi un 90%, según datos de 2016. Y el 85% de esas mujeres tiene entre 18 y 30 años.

Aunque la tendencia es menor que hace una generación, queda claro que esta norma cultural aún persiste con fuerza en varios países del mundo occidental. Incluso a pesar de que hoy vivimos en una era más individualista y con mayor conciencia de género.

Aunque las definiciones de feminismo pueden variar, un 68% de mujeres menores de 30 años se definen como feministas en EE.UU. y alrededor del 60% en Reino Unido.

“Es bastante sorprendente, ya que esta tradición viene de la historia patriarcal, de la idea de que una mujer casada se convertía en una de las posesiones del hombre”, dice Simon Duncan, profesor de la Universidad de Bradford, en Reino Unido, quien ha estado investigando esta práctica.

Lindsay Evans

Lindsay Evans
Lindsey Evans, de 30 años, quiere adoptar el apellido de su futuro marido.

Es una tradición arraigada en la mayoría de países de habla inglesa, aunque el concepto de “adueñar” esposas hace más de un siglo que no se usa en Reino Unido y actualmente no hay ningún requerimiento legal para adoptar el nombre del marido.

Gran parte de Europa occidental sigue el mismo patrón, con las excepciones de España e Islandia, donde las mujeres mantienen sus apellidos y Grecia, que estableció un requerimiento legal en 1983 para que las mujeres retuvieran su apellido de por vida.

Incluso en Noruega, categorizado como uno de los países líderes en igualdad de género y con una historia patriarcal menor, la mayoría de mujeres siguen tomando el apellido de sus maridos. Allí, sin embargo, alrededor de la mitad de las mujeres que adoptan otros nombres mantienen su apellido de solteras como segundo nombre, que funciona como apellido secundario.

“¿Es esto solo una tradición inofensiva o hay algún tipo de significado que se filtra desde esos tiempos hasta ahora?”, se pregunta Duncan, quien recientemente se asoció con académicos de la Universidad de Oslo y la Universidad del Oeste de Inglaterra para ahondar en por qué persiste esta tradición.

Tradiciones patriarcales

Por supuesto, hay numerosas razones por las que una mujer puede querer cambiar su apellido de soltera, ya sea porque le disgusta o por desasociarse de padres ausentes o abusivos miembros de la familia.

Pero a través de un intenso análisis de investigaciones y entrevistas con parejas recién casadas o comprometidas en Reino Unido y Noruega, el equipo de Duncan identificó dos motivos especiales.

El primero fue la persistencia del poder patriarcal. El segundo, el ideal de “buena familia”; la creencia de que compartir el nombre de tu pareja simboliza el compromiso y te une a ti y a tus posibles hijos dentro de una unidad.

Algunas parejas aceptan el cambio de nombre simplemente por ser una tradición, mientras que otras adoptan con entusiasmo la idea de transmitir los apellidos del hombre.

“Algunos hombres todavía insisten en mantener ese tipo de suposición patriarcal que viene del pasado. Algunas mujeres están de acuerdo con eso y lo tienen internalizado. Hay mujeres realmente ansiosas en asumir el apellido de su esposo”, explica Duncan.

Hombre proponiendo matrimonio.

Getty Images
Cambiar al nombre del esposo está asociado con otras tradiciones como que sea el hombre el que pide matrimonio.

La investigación de su equipo expone que el hecho de que las mujeres cambien su nombre está vinculado a otras tradiciones patriarcales como que los padres entreguen a sus hijas antes de la boda o que los hombres sean los que proponen matrimonio.

Estos elementos, dice Duncan, forman parte del “paquete de matrimonio” para muchas parejas.

“Es parte del romance”, coincide Corinna Hirsh, alemana de 32 años residente en Estocolmo, Suecia, quien tomó el apellido de su marido al casarse el año pasado.

“Dormimos en habitaciones separadas la noche anterior. Mi padre y mi marido dieron un discurso, pero yo no”, agrega.

Hirsh cree que estas tradiciones le ayudan a ella y su pareja a desarrollar un vínculo más profundo, a pesar de ya llevar más de ocho años juntos. “No esperábamos sentirnos más cerca tras la boda, pero el hecho de haberla organizado a lo grande y tener un solo apellido hicieron el truco”.

La “buena familia”

El segundo motivo que Duncan y su equipo indagaron se basa más en percepciones públicas. Concluyeron que tomar el apellido de tu pareja se percibe como una forma de mostrar compromiso y unión hacia el exterior.

“Siento que nos da una identidad como familia y no como individuos”, concuerda Lindsey Evans en California.

Familia.

Getty Images
Muchas mujeres eligen tener el mismo apellido que sus parejas para dar más sentido de unidad familiar.

La investigación de Duncan concluyó que esta narrativa de “buena familia” era especialmente fuerte entre las mujeres que ya habían tenido hijos. Incluso algunas de las que no adoptaron el nombre de sus parejas lo hicieron después de dar a luz.

“Quise hacerlo para tener una mejor conexión con mi hijo, no solo en nuestra relación, sino también sobre el papel”, dice Jamie Berg, bailarina y gimnasta estadounidense de 36 años residente en Oslo, Noruega.

Tras mantener su nombre de nacimiento durante varios años, sobre todo porque era importante para su identidad profesional, añadió el nombre de su marido a su pasaporte y otros documentos cuando su hijo nació para “así tener los tres el mismo apellido”. Esto, esperaba, evitaría líos administrativos, por ejemplo, al viajar fuera del país.

El estudio de Duncan destacó otro sentimiento común entre muchos padres, y es que los niños pueden terminar confundidos o infelices como resultado de que los padres tengan nombres diferentes.

Pero argumenta que si bien esto puede crear incomodidad en los adultos, la investigación sociológica sugiere un impacto limitado en los niños, y la mayoría no se confunde en absoluto sobre quién conforma su familia, independientemente de su apellido.

¿Tradición contra el feminismo?

Los académicos están divididos sobre cómo esta norma juega en contra de los esfuerzos para conseguir la igualdad de género.

Duncan describe como “bastante peligroso” si las parejas lo hacen porque adoptan la tradición o simplemente la asumen por defecto.

“Perpetúa la idea de que el marido es la autoridad… reproduciendo la tradición de que el marido es el líder de la casa”, explica el investigador.

Ese argumento es fuertemente apoyado por mujeres como Nikki Hesford, de 34 años y propietaria de un negocio en el norte de Inglaterra. Ahora está divorciada, pero se negó a tomar el nombre de su exmarido cuando se casaron, y dice que le sorprende ver que pocas esposas hacen lo mismo.

Mujer con mano extendida.

Getty Images
Algunas mujeres piensan que asumir el apellido de la pareja masculina no ayuda al movimiento feminista.

“Las mujeres se quejan de que siempre terminan siendo las cuidadoras, las que dejan de lado el trabajo cuando se enferma el niño, lo llevan al hospital o la que sufren con sus carreras profesionales. Pero es que desde el principio sientan el precedente (con el cambio de nombre) al decir ‘tú eres más importante que yo, tú el principal y yo la secundaria'”, argumenta Hesford.

“Algunas personas me dicen que lo estoy pensando demasiado y que no significa nada, pero yo no estoy de acuerdo”, amplía.

Sin embargo, Hilda Burke, una terapeuta de parejas irlandesa, cree que las mujeres que eligen conservar sus apellidos no deberían juzgar tan rápido a las otras. La especialista apunta que estos conceptos de “romance retro”, reforzados por el cine y la literatura, se han amplificado con las redes sociales.

Esto significa que las mujeres seguirán influenciadas por este tipo de mensajes, a pesar de que el feminismo cuenta con una mayor plataforma hoy en día.

“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso aunque esas mujeres se identifiquen como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”, dice Burke.

La especialista opina que, para muchas, cambiar al apellido de sus maridos es una opción pragmática y no necesariamente tiene que ver con ser más o menos feminista.

Pareja de casados en la playa.

Getty Images
“Mucha parte del contenido de las influencers gira en torno a tener un novio, una gran fiesta de matrimonio y luna de miel. Incluso si esas mujeres se identifican como feministas, el estilo de vida que representan es el del ideal romántico”.

Otro argumento es que, a fin de cuentas, el feminismo también se trata de dar a las mujeres libertad de decisión. Esto significa que siempre y cuando sean ellas las que decidan qué nombre tomar, no debería importar si va a favor o no de las normas patriarcales.

“Mi novio jamás me ha dicho que debo adoptar su apellido. Como feminista, soy capaz de tomar la decisión que es mejor para mí sin preocuparme por los roles de género“, dice Evans.

¿Seguirá así en el futuro?

Los investigadores debaten acaloradamente cuán prevalente será la tradición de tomar el apellido de los maridos en el futuro. Hay poca investigación académica predictiva, aunque hay indicios de que, a pesar del lento progreso hasta la fecha, tanto mujeres como hombres están cada vez más abiertos a alternativas.

En Reino Unido, una encuesta de 2016 a más de 1.500 personas mostró que al 59% de las mujeres todavía les gustaría tomar el apellido de su cónyuge al contraer matrimonio, y el 61% de los hombres todavía quiere que lo hagan así.

Aunque estas cifras son altas, son alrededor de un 30% más bajas que la proporción de británicos que actualmente siguen la tradición.

Otra encuesta mostró que el 11% de los jóvenes de 18 a 34 años en Reino Unido ahora están usando apellidos compuestos cuando se casan. Se trata de un práctica que tradicionalmente hacían las familias más adineradas.

“Lo hablamos antes y decidimos que como íbamos a compartir todo en nuestras vidas, también tenía sentido compartir los nombres”, explica Nick Nillsson-Bean, un británico de 36 años residente en Suecia, quien tiene el mismo apellido compuesto de su esposa.

Hombre poniendo anillo a su mujer.

Getty Images
Muchas parejas, por otra parte, optan por llevar apellidos compuestos.

“Se sentía un poco arcaico que tomara mi apellido”, explica.

En Estados Unidos, un número cada vez mayor de mujeres también está optando por apellidos compuestos sin guiones para ser más visibles online por motivos profesionales.

Mientras tanto, algunas parejas mezclan sus nombres o inventan otros nuevos para compartir y los hombres adoptan los apellidos de sus esposas, aunque ambos fenómenos siguen siendo inusuales.

“No estaba obsesionado con toda la masculinidad y la patriarcal y sabía lo importante que era conservar la identidad para mi esposa“, dice Ciaran McQuaid, un ingeniero británico de 39 años que cambió su nombre y se puso el apellido de su esposa.

Dado que las mujeres tienden a casarse más tarde (la edad promedio es ahora de 35 años o más en países europeos, incluidos Reino Unido, Italia y España, y alrededor de 28 en EE.UU.) esto también puede tener un impacto en la elección de nombres futuros.

Una investigación conjunta de Noruega y EE.UU. expone que las mujeres mayores, más educadas y económicamente independientes tienen más probabilidades de mantener sus nombres de nacimiento, mientras que la práctica es menos popular entre las más jóvenes, con salarios más bajos y dentro de la comunidad afroestadounidense.

Pareja casada.

Getty Images
Las mujeres de la comunidad afroestadounidense son menos propensas a conservar sus apellidos tras casarse.

“Ya tenía casa, título, automóvil…si cambiaba de nombre tendría que cambiar todos esos documentos y licencias”, explica America Nazar, una dentista de 50 años residente en Noruega que no cambió su nombre tras casarse el año pasado.

Otros investigadores destacan la influencia de la comunidad LGBTIQ, donde ya hay tendencia a ser más flexibles a la hora de cambiar de nombres.

La doctora Heath Schechinger, psicóloga y terapeuta de la Universidad de Berkeley en California, predice que se puede alentar a las parejas heterosexuales a mantener sus propios nombres a medida que “el concepto de ‘familia’ se expande”.

Es hora de que esto se convierta en una discusión abierta dentro de las asociaciones y no en algo que se asuma o esté predeterminado”, coincide la gerente de marketing Verity Sessions, de 35 años, de Inglaterra, que mantuvo su propio nombre cuando se casó con su esposa.

“Algunos de mis amigos han decidido tomar el apellido de su esposa”, dice.

Sin embargo, dice que entiende que otras parejas “simplemente aman una tradición” o podrían optar por nombres que simplemente “hacen que un árbol genealógico sea un poco más fácil de elaborar”.

En Londres, la psicoterapeuta Burke también cree que las nomenclaturas convencionales van a cambiar, aunque ahora con la batalla contra la covid-19 están teniendo lugar otras prioridades,

Los fanáticos de la tradición de los nombres masculinos como Corinna Hirsch, sin embargo, esperan que no se extinga. “Sería bueno si continúa, pero solo si no es forzado”, opina.


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