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Reporte semanal: México en el exterior

Por Omar Granados
10 de febrero, 2012
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Reporte semanal

Como cada semana, el Reporte semanal trae las noticias más comentadas sobre el país en la prensa internacional, entre ellas están: la fallida alianza entre Televisa y Azteca a través de Iusacell; la victoria de Josefina Vázquez Mota en el PAN; la tregua ofrecida por un cártel ante la visita del Papa; los cientos de acarreados intoxicados por el PRI; la iniciativa para renombrar el Golfo de México; y la nominación de Demián Bichir al Oscar.

El Mundo – México niega la alianza entre Televisa y Iusacell por competencia en televisión

El regulador antimonopolios de México rechazó una alianza entre el gigante de medios Televisa y la compañía de telefonía móvil Iusacell por preocupaciones sobre la competencia en televisión, pero que podría reconsiderar su decisión si las empresas presentan compromisos sobre ese mercado. Televisa, líder del mercado de televisión abierta de México, ofreció en abril del año pasado comprar por mil 600 millones de dólares la mitad de Iusacell, propiedad del magnate Ricardo Salinas Pliego, quien también es propietario de TV Azteca, rival de Televisa en TV abierta.

La Comisión Federal de Competencia (CFC) rechazó autorizar la operación al considerar que “la concentración puede dañar la competencia en televisión abierta y restringida”, según explicó el ente estatal en un comunicado. Sin embargo, la CFC aseguró que las empresas pueden pedir que se reconsidere la decisión y presentar compromisos sobre los problemas de competencia. “La CFC analizará estos compromisos y, en caso de que resuelvan eficaz y sostenidamente los problemas de competencia, podría aprobar la concentración a condición de que se cumplan”, aseguró el organismo.

Los Angeles Times – The Contenders: Demian Bichir

Este diario angelino afirmó que tal vez la mayor sorpresa en las nominaciones a los premios Oscar, fue la inclusión de un nombre muy poco conocido para los gringos. Aquellos que escucharon las nominaciones de  DiCaprio, Pitt, Clooney, Dujardin y Oldman, escucharon un nombre muy peculiar: Demián Bichir. Pero, a decir de Bichir fue extraña sólo para quienes no vieron A Better Life, la cual trata sobre el decepcionante panorama del sueño americano para un hispano en EU. L. A. Times reproduce la entrevista completa.

The New York Times Post3 Mexican presidential hopefuls vie to lead a nation weary of politics

La campaña del presidente Barack Obama regresó 200 mil dólares en contribuciones recolectadas por familiares del dueño de un casino mexicano que dejó Estados Unidos luego de ser acusado de narcotráfico y fraude. El equipo de campaña de Obama dijo que decidió devolver las donaciones hechas por los hermanos de Chicago, Carlos Cardona y Alberto Rojas Cardona, que habían empezado a recaudar fondos para la campaña y el Comité Demócrata Nacional el año pasado. El periódico The New York Times reportó el lunes por la noche que los recaudadores son los hermanos del dueño de casinos, Juan José Rojas Cardona, quien rompió su libertad bajo fianza en Iowa en 1994 y desde entonces ha estado ligado a violencia y corrupción en México. Un cable del Departamento de Estado -filtrado por Wikileaks en 2009- lo acusaba de orquestar el asesinato de un rival y hacer donaciones ilegales de campaña a políticos mexicanos.

El equipo de campaña dijo que devolvió el dinero recaudado por los familiares luego que el periódico preguntara sobre el papel de los hermanos en la recaudación. Cuando The New York Times inicialmente preguntó a la campaña de Obama, el lunes pasado, sobre los Cardona, los funcionarios afirmaron que no sabían nada del hermano en México. Ese mismo día, la campaña afirmó que devolvería el dinero donado por esta familia, el cual llega a 200 mil dólares. En enero del año pasado, Carlos Rojas Cardona consiguió que el ex líder del Partido Demócrata en Iowa pidiera un indulto del gobernador para su hermano Pepe Cardona, de acuerdo con el fiscal del estado. A fines del año pasado, Carlos Cardona y Alberto Rojas Cardona empezaron a juntar dinero para la campaña de Obama y para el  Comité Democráta Nacional. Los hermanos Cardona, quienes no tienen historial como donantes de campaña políticas, aparecieron aparentemente de la nada, de acuerdo con activistas demócratas.

El País – El narco pide una tregua durante la visita del Papa a México

Uno de los cárteles de narcotraficantes más poderosos de México quiere paz durante la visita del Papa a finales de marzo. Los Caballeros Templarios han sembrado de pancartas varios lugares públicos de diversos municipios de Guanajuato en una de cuyas ciudades, León, dormirá Benedicto XVI, en las que piden a sus rivales que abandonen este Estado y eviten “generar violencia”. En uno de sus mensajes, Los Caballeros Templarios advierten al cártel Jalisco Nueva Generación, aliado del cártel de Sinaloa que dirige Joaquín El Chapo Guzmán que “quieren a Guanajuato en paz” y que las “confrontaciones serán inevitables”. “Así que no piensen en acercarse y menos generar violencia justo en estas fechas que viene Su Santidad Benedicto XVI. Quedan advertidos, entrometidos”, se lee en una pancarta localizada en León, según confirmó a la agencia Efe una fuente oficial.

La advertencia de Los Caballeros Templarios llega poco después del que el arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, llamara el pasado 22 de enero al crimen organizado a una tregua durante la visita del Papa. “A los que hacen el mal, si de alguna manera llega mi palabra hasta ellos, decirles que tomen en cuenta que el tiempo que vamos a vivir, que es tiempo de paz y gracia”, dijo el prelado. Benedicto XVI estará en México entre el 23 y 26 de marzo.

El Mundo – 660 indígenas intoxicados tras acudir a un mitin del PRI en México

A las seis de la tarde, Eugenio Vargas entró en el Hospital de Chilapa (Guerrero) arrastrando los pies, con fiebre y vomitando. Había pasado la tarde en un mitin del PRI y únicamente había comido el taco de arroz y huevo que le habían regalado. Media hora más tarde llegó otro enfermo, aún vestido con la camiseta roja del PRI. Y luego otro, y otro, y otro más… así hasta llenar los pasillos. Desmayados, en sillas de ruedas o ayudados por sus familiares. A las siete de la tarde del martes el flujo de enfermos era imparable en la pequeña clínica de Chilapa. En ambulancias, camionetas, coches particulares… cada pocos minutos llegaban más y más vehículos con enfermos, la mayoría niños y ancianos, explica la prensa local. La Secretaría de Salud confirmó que 660 personas resultaron intoxicadas y tuvieron que ser atendidas de urgencia. Y todos con el mismo cuadro médico: eran del mismo pueblo, habían ido al mitin del alcalde a Chilpancingo y habían comido tacos de arroz con huevo.

Sucedió el martes en el sur de Guerrero, uno de los estados más pobres del país, donde cientos de personas resultaron intoxicadas por la comida repartida durante el mitin del PRI al que asistieron. Otras fuentes sanitarias elevan el número de enfermos a 700. Dentro de la clínica la escena era patética. Decenas de niños vomitando en bolsas de plástico, bebes llorando y pacientes descompuestos sentados en el suelo. Doctores corriendo de un lado a otro y la administradora del hospital solicitando ayuda urgente a la Secretaria de Salud de Guerrero ante la avalancha de enfermos. La contingencia requirió de 10 ambulancias, 127 médicos, decenas de enfermeras y paramédicos. De los 660 enfermos, sólo 10 fueron reportados de gravedad y ya fueron dados de alta.

The Brownsville Herald – Bill renames Gulf of Mexico as Gulf of America

El legislador estatal en Mississippi, Daniel Steve Holland, presentó una iniciativa de ley para cambiar el nombre del Golfo de México por el del Golfo de América. El representante estatal demócrata introdujo esta semana ante la legislatura de Mississippi la propuesta de ley HB 150. La iniciativa señala que “para todos los efectos oficiales en el estado de Mississippi, el cuerpo de agua que se encuentra directamente al sur de los condados de Hancock, Harrison y Jackson se le conozca como el Golfo de América, y para todos los demás propósitos relacionados”.

En su iniciativa, presentada ante el Comité de Recursos Marinos de la Cámara de Representantes, Holland nunca menciona al Golfo de México por su nombre y siempre se refiere al mismo sólo como “el cuerpo de agua”La propuesta de ley esta contenida en sólo 12 líneas de texto y no incluye ninguna explicación o argumentación que justifique o sustente razón para cambiar de nombre al Golfo de México. De ser aprobada la iniciativa, esta debería entrar en vigor a partir del 12 de julio próximo.

BBC – Massive methamphetamine seizure in Mexico

Un contingente de soldados en México decomisó 15 toneladas de metanfetaminas puras en el estado occidental de Jalisco, dijo el miércoles ejército. La sustancia fue descubierta en la localidad de Tlajomulco de Zúñiga, parte de la zona metropolitana de Guadalajara, la segunda ciudad más grande de México, agregó.

La producción de metanfetaminas se ha incrementado en México y gran parte del aumento es atribuido al poderoso cártel  de Sinaloa. El cártel es sospechoso de contrabandear grandes cantidades de precursores químicos utilizados en la producción de metanfetaminas a escala industrial. México es la principal fuente de las metanfetaminas vendidas en Estados Unidos.

Notas Recomendadas:

The Huffington PostCelebridades ayudan para salvar a Wirikuta.

BBC¿Cómo vivir de la basura en la Ciudad de México?.

The GuardianJosefina revive un pasado religioso: Hernández Navarrro.

El País – Vida y muerte de un superhéroe del arte mexicano.

Los Angeles TimesEl sonido ecléctico de los mexicanos Rodrigo y Gabriela.

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'El narcotraficante no era yo': la historia del fotógrafo personal de Pablo Escobar

Edgar Jiménez fue compañero de secundaria de Pablo Escobar y años más tarde tuvo acceso al círculo íntimo del capo como su fotógrafo durante uno de los periodos más convulsionados de la historia de Colombia.
22 de julio, 2022
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El 22 de julio se cumplen 30 años de la fuga del narcotraficante Pablo Escobar de la Catedral, la cárcel donde estaba recluido con sus secuaces, tras entregarse voluntariamente al gobierno de Colombia. Poco más de un año después, terminaría muerto a tiros por las autoridades en un tejado de Medellín, su ciudad natal.

Este julio también sale publicado el libro “El Chino: La vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar”, un recuento y álbum fotográfico de la vida de Edgar Jiménez -escrito por Alfonso Buitrago- quien conoció al futuro capo desde temprana edad y años después captó con su cámara los momentos más íntimos del poderoso jefe del Cartel de Medellín.

Edgar Jiménez, apodado “El Chino”, habló recientemente con el programa Outlook del Servicio Mundial de la BBC sobre esos primeros años de amistad en la adolescencia y cómo de adulto reconectó con Escobar quien lo contrató para fotografiar su espectacular hacienda y zoológico y sus eventos personales y familiares.

Esa relación abarcó desde la “época dorada” del narcotraficante (como la llama el fotógrafo) cuando era considerado un benefactor de los pobres, hasta la campaña que lanzó para ser elegido al Congreso y finalmente la sangrienta ola de violencia que desató contra el estado colombiano.

A pesar de haber acompañado durante varios años a uno de los hombres más buscados por la justicia, de haber penetrado su círculo interno, de compartir tragos con sus despiadados sicarios y de conocer las atrocidades que habían cometido, Jiménez no tiene reparos por su cercanía con Escobar. “El narcotraficante no era yo”, dijo a la BBC. “Yo estaba haciendo una actividad legal que era la fotografía”.

Esta es la historia de ese fotógrafo que tuvo acceso a uno de los personajes más famosos e infames de finales del siglo XX, durante un dramático período en la historia de Colombia y el mundo.

Uno del montón

Edgar Jiménez y Pablo Escobar se conocieron en 1963, cursando el primer año de secundaria en el Liceo Antioqueño, una institución pública para clases populares y sectores medios, pero considerada de muy buena calidad.

Tenían 13 años y forjaron una amistad típica de compañeros de un mismo salón; había camaradería, practicaban deportes juntos y en los descansos charlaban. “Fuimos muy amigos”, dice Jiménez.

Al principio, Escobar no era una persona que se destacara mucho. “Pablo era un estudiante del montón. Ni bueno ni pésimo”, recuerda Jiménez. “No significa que no fuera inteligente, que sí lo era, peros sus preocupaciones eran de otra naturaleza”.

Más o menos desde los 16 años se notaba que tanto él como su primo Gustavo Gaviria -que también estudiaba en el liceo- “eran muy inquietos por conseguir dinero” y empezaron a negociar con cigarrillos de contrabando.

“Los estudiantes éramos de bajos a medianos recursos económicos, Escobar y Gaviria también, pero ellos eran los que más solvencia tenían por cuenta de sus actividades de esa índole”.

Por falta de disciplina académica, Pablo Escobar reprobó el cuarto año de secundaria y tuvo que repetirlo en una institución paralela. Al no estar ya más en el mismo salón, ni el mismo año, los amigos empezaron a distanciarse y perdieron contacto.

Edgar Jiménez se había interesado en la fotografía gracias a un laboratorio muy bien montado y un club de fotógrafos en el liceo. Cuando se graduó e ingresó en la universidad para estudiar ingeniería se dedicó a fotografiar eventos sociales para solventar sus estudios.

Por su parte, Escobar se graduó de bachiller un año después, pero supuestamente frustrado por no poder conseguir un empleo le dijo a su madre que ya no lo intentaría más, pero le juraba que antes de cumplir los 30 conseguiría su primer millón.

“Ahí fue donde tomó la decisión de volverse bandido y delincuente… como a los 19, 20 años”, explicó Jiménez.

No fue sino hasta 1980 que los dos excompañeros volvieron a toparse. Jiménez, ya un fotógrafo profesional, estaba cubriendo un evento en el municipio de Puerto Triunfo, a unas tres horas de Medellín, cuando un amigo de él que era un funcionario público lo invitó a conocer una esplendida finca que había en esa región.

Era la Hacienda Nápoles, famosa ahora internacionalmente como el extravagante complejo campestre de Pablo Escobar, con una avioneta en la puerta de entrada con la que supuestamente “coronó” su primer cargamento de cocaína en Estados Unidos.

La entrada de la Hacienda Nápoles con una avioneta

Getty Images
Esta foto de archivo muestra la icónica entrada de la Hacienda Nápoles con la avioneta en la que Escobar “coronó” su primer cargamento de cocaína a Estados Unidos.

“Como un safari del África”

Jiménez cuenta que quedó asombrado por la magnitud de la hacienda -de unas tres mil hectáreas- con una zona selvática por la que pasaba un importante afluente del río Magdalena, el mayor de Colombia. Además tenía unos 30 lagos, plaza de toros, una gran pista de aterrizaje, helipuerto y hangar.

Pero lo más memorable era el espectacular zoológico con “la fauna más representativa de todos los continentes”. De Australia, por ejemplo, tenía casuarios, emúes y canguros; de África, cebras, rinocerontes, antílopes, hipopótamos, elefantes y jirafas.

Tenía un aviario con gran cantidad de aves estupendas. Además de pericos, pavorreales y faisanes había “guacamayas de todos los colores, unas loras negras que habían costado un infierno de plata, una guacamaya azul de ojos amarillos por la que había pagado US$100.000”.

Los lagos estaban llenos de todo tipo de cisnes, gansos, patos, pelícanos, incluso delfines rosados del Amazonas.

“Para uno que no estaba acostumbrado era como estar en un safari del África, porque los animales andaban en libertad y estaban muy bien cuidados”, recuerda.

Pablo Escobar reconoció inmediatamente a su antiguo compañero de escuela y lo saludó efusivamente de abrazo. Cuando supo que se dedicaba a la fotografía lo contrató para que le tomara fotos a todos sus animales pues quería tener un inventario con las imágenes de todos, que eran unos 1.500.

“Ahí empezó mi nueva relación con Pablo. Desde el año 80 hasta su muerte”, dijo Jiménez.

Fue una tarea larga, que implicó numerosas visitas a la hacienda, pues tomaba fotos de unos 50 a cien animales y luego regresaba a los 15 o 20 días a seguir fotografiando.

Se siente muy orgulloso de las fotos que tomó, particularmente de los primeros hipopótamos que llegaron a la hacienda y que ahora son “los papás, abuelos y tatarabuelos de esos hipopótamos que ahora están diseminados por una gran zona de Colombia” y que son considerados una especie invasora.

Hipopótamos en el parque temático de la Hacienda Nápoles

Getty Images
Estos hipopótamos son descendientes de los originales que importó Escobar a su hacienda. La especie se ha diseminado por la región y es considerada invasiva.

Recuerda momentos graciosos, como la vez que una avestruz le arrebató de un picotazo un cigarrillo a su asistente y la retrató como si el ave estuviera fumando.

Pero también hubo momentos de riesgo. Jiménez le tomó fotos a un casuario, una de las aves más peligrosas del mundo que tiene pezuñas tan afiladas como cuchillos, capaces de partir un ser humano. “Yo no sabía, y le tomé fotos a una distancia de un metro. Me miraba fijamente. Si me ataca, me mata”.

Igualmente le sucedió con unas avestruces -también de potente patada- que lo persiguieron y tuvo que escapar moviéndose en zig zag, hasta que un trabajador las interceptó y pudo escapar ileso.

Portada del libro "El Chino. La vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar"

Universo Centro
El libro “El Chino. La vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar”, incluye todos los pormenores de la tarea de fotografiar los animales del zoológico en la Hacienda Nápoles.

Entre 1980 y 1984, además de recopilar el catálogo fotográfico de los animales, Jiménez registró los eventos sociales y familiares de Pablo Escobar y sus allegados. Penetró su círculo más íntimo y se codeó con sus lugartenientes y sicarios.

También lo acompañó en las actividades cívicas, la repartición de dinero entre los pobres y la construcción de viviendas, acciones por las que integrantes de las clases populares adoraron al capo, haciendo caso omiso de sus actividades ilegales.

Al fotógrafo le “pagaban muy bien” por su trabajo y aunque era consciente de la procedencia del dinero, Jiménez asegura que no tiene nada de qué arrepentirse de la relación durante esos años que llama “la faceta buena, el lado noble y amable de Pablo Escobar”.

Indica que a finales de los 70 y comienzos de los 80 se sabía de los “mafiosos” que tenían mucho dinero, pero eran bien vistos en la sociedad colombiana, no solamente en los estratos bajos de la sociedad, sino en las altas esferas empresariales y políticas.

“Había una connivencia con los narcos. Ellos generaban empleo, negocios, ayudaban a mucha gente”, señaló. “Y los políticos a quienes Pablo les financió la campaña tampoco jamás se preguntaron de dónde venían esos dineros”.

Fuera de eso, afirma: “El narcotraficante no era yo, Yo estaba haciendo una actividad legal que era la fotografía”.

Lealtades opuestas

En 1982 Escobar se lanzó a la política, buscando un escaño en la Cámara de Representantes. En ese momento, aunque se hablaba de que era un mafioso, “no estaba cuestionado ni se le había comprobado absolutamente nada”, explica Jiménez, así que aceptó acompañarlo y ser coordinador de su campaña.

“Consideré que si la política colombiana ha estado llena de bandidos desde hace 200 años, por qué entonces un bandido más no puede llegar a la Cámara, además un bandido que hacía obras sociales”.

La experiencia en política de Sergio Jiménez venía de su trayectoria con la ANAPO (Alianza Nacional Popular) un partido de izquierda que se fracturó después de perder las cuestionadas elecciones presidenciales de 1970 y algunos de sus integrantes terminaron formando parte del movimiento guerrillero M-19, responsable de algunos de los golpes más espectaculares contra el gobierno de Colombia.

Sergio Jiménez fue militante del M-19 desde su inicio. Una situación delicada para el fotógrafo pues simultáneamente el M-19 estaba en un conflicto violento con el Cartel de Medellín.

Unos meses antes, una célula del grupo guerrillero había secuestrado a Martha Nieves Ochoa -del Clan Ochoa, socios de Pablo Escobar en el negocio del narcotráfico. A raíz de ese secuestro el Cartel de Medellín auspició el grupo armado MAS (Muerte a Secuestradores) -que fue parte del origen al paramilitarismo en Colombia- y desataron una cruenta guerra.

“Yo estaba entre dos bandos enfrentados y opuestos. Dos bandos bien duros”, reconoce Jiménez.

Carlos Pizarro Leongómez (izq.) líder del M-19 y el representante legal de la organización Ramiro Lucio, en 1990

Reuters
El M-19 fue una poderosa guerrilla urbana que entró en conflicto con el Cartel de Medellín en la década de los 80. En esta foto, su líder Carlos Pizarro Leongómez (izq.) discute con la prensa el posible desarme del grupo en 1990.

Pudo salir de esa encrucijada por que, según explica, Escobar conocía de su militancia en el grupo guerrillero, pero le “tenía mucho aprecio” y sabía que el M-19 era una guerrilla compartimentada y que una célula independiente había realizado el secuestro de Martha Nieves Ochoa sin autorización.

Por otra parte, Edgar Jiménez le contó a la cúpula guerrillera de su trabajo en la campaña de Escobar, lo cual les pareció apropiado y favorable a sus intereses.

“Ambos bandos sabían dónde estaba, qué estaba haciendo y cuáles eran mis lealtades. Por eso no me pasó absolutamente nada”, asegura y añadió que en parte, fue determinante en los acercamientos del M-19 y el Cartel de Medellín para frenar esa guerra que había costado tantas vidas.

El antes y el después

Pero eso no significó el fin del derramamiento de sangre pues, a partir de 1984, se desató una guerra entre el Cartel de Medellín y el estado colombiano y el país entró en uno de los períodos más convulsionados de su historia.

El detonante fue el asesinato ordenado por Pablo Escobar del entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, que adelantaba una cruzada contra los carteles del narcotráfico.

Edgar Jiménez dice que ese evento fue el “corte en la vida de Escobar, el antes y el después”. El antes siendo lo que llama la “época dorada” del narcotraficante, en torno a sus actividades que no estaban asociadas con violencia sino con “beneficio social”.

Lo que vino después fueron años de atentados con bomba, asesinato de periodistas, magistrados, militares y policías. “Con esa violencia desmedida, con esos asesinatos y crímenes no podía estar de acuerdo. Jamás”, expresó. “Pero tampoco podía hacer nada, porque yo no era parte del Cartel de Medellín, yo no pertenecía a esa estructura”.

Asegura que tampoco podía ponerse a denunciarlo por que era seguro que lo mataban.

Después del asesinato de Lara Bonilla, Jiménez fue un par de veces más a la Hacienda Nápoles. La visita que más recuerda fue en 1989 -el año más violento en la historia reciente de Colombia– cuando fue a fotografiar el cumpleaños número 13 del hijo de Escobar, Juan Pablo. Ahí tomó una foto del capo que dice ser la más significativa porque revela tanto sobre el momento que atravesaba.

Escobar se había separado de la fiesta y estaba completamente absorto en sus pensamientos, mirando al piso y fue ahí que Jiménez apretó el obturador. “Yo creo que en ese momento él estaba lucubrando sobre todos esos acontecimientos violentos que se venían encima. Esa foto la relaciono con lo que se vino después”.

Lo que se vino después fue el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán, la voladura de un avión de pasajeros y los atentados con bomba contra las instalaciones del Departamento Administrativo de Seguridad y del diario El Espectador.

Perseguido por el ejército y policía de Colombia y el llamado Bloque de Búsqueda, exigido en extradición por las agencias DEA y CIA de Estados Unidos, Pablo Escobar decidió entregarse a las autoridades colombianas tras lograr un acuerdo mediante el cual pagaría unos años de cárcel mientras el Estado le garantizaría su seguridad y no lo extraditaría.

Fue un golpe de astucia del capo. La cárcel fue construida sobre una montaña, según sus especificaciones, llena de lujos, incluyendo jacuzzi, sala de billar, bar, televisores, muebles importados y cancha de fútbol. Desde allí continuó delinquiendo, convocando a sus secuaces e, incluso, asesinando a algunos de ellos.

Bajo presión de la Fiscalía, el gobierno ordenó trasladar a Escobar y sus compañeros reclusos a una “cárcel verdadera”, pero estos lograron escapar fácilmente por un muro de yeso construido para ese propósito, el 22 de julio de 1992.

A partir de ahí, empieza nuevamente la cacería implacable del jefe del Cartel de Medellín, que termina con su muerte a tiros en un tejado de la ciudad de Medellín, el 2 de diciembre de 1993.

Tristeza y alivio

En ese momento, Edgar Jiménez se encontraba en su laboratorio de fotografía en el centro de Medellín, cuando se enteró por la radio de la noticia que le estaba dando la vuelta al mundo.

Confiesa que tuvo sentimientos encontrados. Por un lado sintió tristeza por alguien que, a pesar de ser un criminal que hizo tanto daño -como él bien lo sabía- no dejaba de conservar el afecto que en su niñez tuvo por Escobar y Escobar por él.

“Pablo conmigo siempre se portó muy bien, en lo personal y como amigo”, aseguró. “Me dolió que alguien con su capacidad e inteligencia, que hubiera sido muy útil para la sociedad, hubiera tomado un rumbo diferente”.

Pero por otro lado, reconoce que sintió alivio “por la sociedad colombiana, porque el país se encontraba en una zozobra” por los constantes atentados con bomba en los que murieron policías y mucha gente inocentes, incluyendo mujeres y niños. “Por lo menos toda esa violencia se acababa. Eso lo vi como positivo”.

Jiménez continuó en contacto hasta comienzos de los 2000 con la familia de Escobar; la mamá y los hermanos, y la familia Henao de su esposa, cubriendo eventos de tipo social. Pero su vida siempre estará ligada al desaparecido jefe del Cartel de Medellín.

“Es el bandido más famoso de la historia, su vida lo convirtió en leyenda y su muerte en un mito. Yo, de alguna manera, hago parte de ese mito”.

“El Chino: La vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar”, de la editorial Universo Centro, saldrá al mercado este julio.Todas las fotos tienen derechos reservados.


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