Crecen ataques a la prensa en 2011; Veracruz, el estado más violento para periodistas
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Crecen ataques a la prensa en 2011; Veracruz, el estado más violento para periodistas

El 2011 cerró con 172 ataques a periodistas y medios de comunicación; 17 más que en 2010.
Por Dulce Ramos .
20 de marzo, 2012
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La tendencia a la baja en los delitos contra la libertad de expresión, observada en 2010, ha terminado. El 2011 cerró con 172 ataques a periodistas y medios de comunicación; 17 más que en 2010, según el informe anual de la organización Artículo 19 que se presenta hoy.

El documento “Silencio forzado. El Estado, cómplice de la violencia contra la prensa en México” contabiliza nueve periodistas y dos trabajadores de medios asesinados, dos comunicadores desaparecidos y ocho agresiones con explosivos o armas de fuego contra instalaciones de medios, sólo por mencionar las agresiones más graves.

Veracruz con 29 agresiones se convirtió el año pasado en la entidad más violenta para ejercer el periodismo. Las 29 agresiones ocurridas en 2011 representan un incremento de 200% respecto del año anterior, y además, las agresiones en ese estado fueron de todos los carices. Asesinatos, desapariciones, ataques contra sedes de medios, abusos de autoridades contra reporteros, y acciones penales del propio gobierno estatal contra la libertad de expresión.

La gravedad de los delitos contra la prensa en el estado es tal, que Artículo 19 debió incorporar a su análisis de agresiones una categoría que si bien no es nueva, se presentó de manera masiva en la entidad: el desplazamiento forzado y la reubicación de informadores pese el riesgo que implica para su seguridad.

Frente a esa situación, Artículo 19 considera que los gobiernos estatales y el federal no han actuado como se espera en una crisis. “Abundan los ejemplos sobre la creación de instancias inútiles que carecen de capacidades reales para atender el problema y proteger a quienes ejercen la libertad de expresión desde los medios de comunicación, pero que se presentan como acciones relevantes, para esconder la inoperancia del estado”, reza el documento.

“En el mejor de los casos, se ha protegido inadecuadamente a los periodistas en riesgo. En el peor de ellos, son los propios funcionarios encargados de las investigaciones y la procuración de justicia quienes encabezan acciones contra el libre ejercicio periodístico”, agrega.

La agresión física y material, el delito más recurrente

Lesiones de diversos tipos, daño al equipo de trabajo y ataques a las instalaciones de los medios ocurrieron en 73 ocasiones durante 2011. Es decir, representan 42.2% de todas las ocurridas en el año.

A las lesiones le siguen las amenazas, la intimidación y las presiones que intentan impedir la búsqueda o difusión de información, u ocurren tras la publicación de materiales periodísticos.

¿Quiénes perpetran esas agresiones? En la respuesta no hay sorpresas. Al igual que en años anteriores, los funcionarios públicos fueron los responsables de 41.8% de los delitos contra la libertad de expresión. En seis de cada 10 de ellos, las fuerzas de seguridad como el Ejército, la Marina, y las policías municipales, estatales y federales, fueron señaladas como responsables.

El crimen organizado perpetró 13.3% de las agresiones contra la prensa, no obstante, a ellos se atribuyen los nueve asesinatos ocurridos en 2011, 13 ataques directos y otros actos intimidatorios.

Un dato peculiar en el análisis del año pasado es que Artículo 19 ha introducido la categoría “se desconoce”, en los responsables de una agresión, por la imposibilidad de conocer qué actor en específico perpetró una agresión.

“Estamos hablando de acciones de la delincuencia organizada en complicidad con las autoridades, tanto como de ataques a cuenta de políticos y funcionarios coreografiados para endosar la responsabilidad a la delincuencia”, dice el informe.

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Recrudece violencia contra reporteras

De las 144 agresiones contra reporteros en 2011, 34 fueron contra mujeres y cuatro de ellas fueron asesinadas. Los delitos contra las periodistas sumaron cinco más que los 29 ocurridos en 2010.

En tres de los 34 casos de violencia contra reporteras, Artículo 19 notó violencia y “métodos diferenciados de presión e intimidación. Uno de ellos ocurrió en Hidalgo, donde las autoridades fueron señaladas por acosar a una reportera local. Las agresiones incluyeron el robo de fotografías de su hija y la difusión de imágenes denigrantes de ella para desacreditar su labor periodística.

Otro caso ocurrió en Durango. En esa entidad, un grupo de desconocidos allanó el domicilio de una periodista y se llevó su computadora personal y ropa interior, lo cual, señala el estudio, “tiene una fuerte carga de violencia sexual”.

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Veracruz, el nuevo Tamaulipas

Los periodistas veracruzanos tuvieron un 2011 particularmente violento. En el segundo semestre de 2011, cuatro periodistas fueron asesinados en pocas semanas. 13 escaparon del estado por amenazas, y otro más desapareció, sin que hasta ahora se conozca su paradero. Poco antes de acabar el año, un diario en Córdoba fue atacado por un grupo armado que incendió las áreas de diseño, publicidad y editorial.

El 25 de agosto, el incendio de un vehículo frente a un centro de enseñanza, junto con los rumores de amenazas hechas por grupos criminales, encendieron un clima de incertidumbre en el estado.

Por Twitter, distintos usuarios difundieron versiones sobre un atentado, lo que causó que padres de familia recogieran a sus hijos de los planteles y se suspendieran actividades.

La respuesta del gobierno estatal no fue oportuna. Las redes oficiales tampoco respondieron a los rumores con información que desmintiera los hechos.

Posteriormente, tanto el gobernador Javier Duarte, como el entonces procurador, Reynaldo Escobar, buscaron castigos para los supuestos autores de los rumores. Basados en un artículo del Código Penal local, imputaron a dos ciudadanos los cargos de “terrorismo equiparado” y “sabotaje”. Poco menos de un mes después, desistieron ante una ola de críticas que señalaban la intención de intimidad a los ciudadanos que circulasen información no mediada por el estado.

Duarte presentó también ante el Congreso local una iniciativa para crear el delito de “perturbación del orden público”, con el que se podría perseguir a cualquier persona por hacer afirmaciones que el gobierno considerase inconvenientes. Ese mismo día, un grupo delictivo dejó en la vía pública de Boca del Río 35 cadáveres. Los corresponsales nacionales que investigaban el caso fueron agredidos.

A esto se suman las agresiones cibernéticas por parte de presuntos delincuentes. El 23 de octubre, un ‘bloguero’ dio de baja su cuenta por un incidente de seguridad. Horas después, los contenidos de su bitácora fueron sustituidos por una leyenda intimidatoria.

Pero los ataques a los medios no se circunscriben a violencia física o intimidaciones. La asignación de publicidad oficial es un medio para castigar a la prensa crítica y para ‘premiar’ a la que es afín, y se maneja en un contexto de opacidad.

El gasto en comunicación social del gobierno veracruzano entre 2005 y 2010 fue clasificado como información reservada ante una solicitud de información. Hoy, el caso se encuentra ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

A todo el contexto de agresiones contra la libertad de expresión, Veracruz ha respondido de  manera errática. Entre 2006 y 2011, existió la Comisión Estatal para la Defensa de Periodistas, pero sólo intervino en quejas menores que terminaban en conciliación.

Durante su existencia, la comisión recibió 13.7 millones de pesos y atendió 194 casos. Es decir, en cada uno gastó 70 mil 618 pesos, y nunca se acercó ni resolvió los casos de mayor trascendencia.

Nueve recomendaciones

Tras el análisis de lo que Artículo 19 denomina ‘silencio forzado’, la organización hace una serie de nueve recomendaciones entre las que se encuentran redactar y aprobar las reformas a las leyes secundarias toda vez que hace unas semas se aprobó una reforma constitucional para facultar a las autoridades federales a investigar los delitos contra la libertad de expresión.

Otra de las recomendaciones que hace la organización es fortalecer la Fiscalía Especial con un marco jurídico adecuado, autonomía, recursos materiales y humanos. Asimismo, solicita la creación de un verdadero mecanismo de protección para periodistas que no signifique una mera formalidad como el que actualmente está vigente.

La derogación de los llamados “delitos contra el honor” en 14 entidades también es otra de las recomendaciones. Ésta se suma al llamado a que la Comisión Nacional de Derechos Humanos tenga una mayor congruencia en la integración de sus expedientes y en el seguimiento y cumplimiento de medidas cautelares.

La capacitación de las fuerzas de seguridad locales y federal, para garantizar un trato respetuoso y facilitar la labor de los periodistas se suma a la lista de recomendaciones. A ella hay que agregar la solicitud a los legislativos estatales y federal a abstenerse de criminalizar o limitar la libertad de expresión.

Las dos últimas recomendaciones involucran a los funcionarios públicos y a los medios de información. A los primeros sugieren adoptar los principios expresados por los relatores para la libertad de expresión de la ONU y la OEA, y a los segundos, establecer protocolos de seguridad, capacitar al personal, y establecer criterios editoriales claros en la cobertura de información delicada sobre violencia y seguridad pública.

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Cubrebocas: desde la peste negra hasta la pandemia, su evolución en 500 años de historia

Usar mascarilla se ha convertido en la “nueva normalidad”. Pero aunque el uso del cubrebocas ahora puede ser normal, no es nuevo.
Getty Images
17 de mayo, 2021
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Una vez estuvieron limitadas a ladrones de bancos, excéntricas estrellas del pop y turistas japoneses conscientes de la salud. Pero ahora el uso de mascarillas faciales en público es tan común que se le ha apodado “la nueva normalidad”.

Puede que sea normal, pero no es nuevo.

Desde la peste negra hasta el esmog sofocante, la contaminación del tráfico y la amenaza de ataques con gas, los londinenses han usado tapabocas durante los últimos 500 años.

Aunque las mascarillas más antiguas se utilizaron para disfrazarse, ponerse una mascarilla protectora se remonta al menos al siglo VI a.C.

En las puertas de las tumbas persas se encontraron imágenes de personas con telas sobre la boca.

Según Marco Polo, los sirvientes de la China del siglo XIII se cubrían la cara con bufandas tejidas. La idea era que el emperador no quería que su aliento afectara el olor y sabor de su comida.

Esmog

esmog en Londres en 1952

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Parece un crucero en el océano pero estas son chimeneas de fábricas lanzando una densa niebla de esmog en Londres en 1952.

La Revolución Industrial del siglo XVIII ayudó a crear el famoso esmog de Londres, que se intensificó a medida que más y más fábricas arrojaban humo y los hogares mantenían encendidos sus fuegos de carbón.

Muchos inviernos vieron gruesos mantos de esmog amarillo grisáceo cubriendo la capital.

El peor episodio fue en 1952, cuando entre el 5 y el 9 de diciembre al menos 4.000 personas murieron inmediatamente después, y se estima que otras 8.000 murieron en las siguientes semanas y meses.

Otras 1.000 personas murieron a causa del esmog en diciembre de 1957, y otro episodio en 1962 provocó 750 muertes.

El esmog era tan denso que los trenes no podían circular,e incluso hubo informes de ganado que murió asfixiado mientras permanecían en los campos.

mujer en 1953

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Una mujer con tapabocas y perlas en los 1950.

En la década de 1930, las mascarillas “anti-esmog” se volvieron tan de rigor en la cara como los sombreros de fieltro en la cabeza.

Las Leyes de Aire Limpio de 1956 y 1968 prohibieron la emisión de humo oscuro de una chimenea, establecieron límites para las emisiones de grava y polvo de los hornos y proporcionaron un marco para el control de la altura y la posición de las chimeneas.

La contaminación del aire, aunque ya no forma una niebla densa y peligrosa, sigue siendo un problema.

La plaga

peste negra

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Médicos durante la peste negra antes de que fueran introducidas las máscaras de “picos de aves”.

Fue la Peste Negra, la plaga que azotó Europa por primera vez en el siglo XIV, matando al menos a 25 millones de personas entre 1347 y 1351, lo que presagió el advenimiento de la mascarilla médica.

Algunos creían que la enfermedad se propagaba a través del aire envenenado o “miasma”, creando un desequilibrio en los fluidos corporales de una persona.

Intentaban evitar que el aire fétido les llegara cubriéndose la cara o llevando ramilletes de olor dulce.

El símbolo de la plaga, esa siniestra imagen de individuo con máscara de pájaro que parecía la Sombra de la Muerte surgió en los últimos estertores del brote final, a mediados del siglo XVII.

médico con máscara en la peste negra

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La máscara que se usó durante la peste negra se llenaba con hierbas aromáticas para contrarrestar los miasmas.

Los perfumes y las especias todavía se usaban: el “pico” se originó como un lugar para colocar hierbas y aromáticos con el fin de contrarrestar el llamado miasma.

La ropa protectora que usaban los médicos que trataban a los pacientes durante la Gran Plaga de 1665, incluía una pesada túnica de cuero, espesos protectores de vidrio para los ojos, guantes y sombreros.

Los horribles trajes que usaban los médicos durante la plaga.

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Los horribles trajes que usaban los médicos durante la plaga.

Tráfico

Cuando llegó el Londres victoriano, las damas bien educadas, expertas en cubrirse la piel y siempre dispuestas a abrazar cualquier cosa que pudiera ser un adorno intrincado que venía en negro, comenzaron a colocar velos en sus sombreros.

Aunque se usaba durante el duelo, el papel del velo no era exclusivamente fúnebre.

También ayudaba a proteger el rostro de una mujer del sol, la lluvia y los contaminantes, así como la suciedad y el polvo en el aire.

Según el organismo de Transporte de Londres y el King´s College de Londres, la principal causa de contaminación hoy en día es el tráfico.

Las emisiones de escapes, que incluyen óxidos de nitrógeno y pequeñas partículas de caucho y metal, se bombean al aire.

contaminación

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Un conductor lleva una máscara de gas anticontaminación en 1971.

Los delgados velos, como los usaban las conductoras a principios del siglo XX, ya no protegen de estos contaminantes.

Ver a ciclistas con mascarillas anticontaminantes era común mucho antes de que el coronavirus nos llevara a todos a cubrirnos la cara.

Gas

bailarinas

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Hasta las bailarinas de cabaret en Londres llevaban máscaras de gas.

La amenaza de una segunda guerra mundial, 20 años después de que en la Gran Guerra se había visto el uso de gas cloro y gas mostaza, provocó que el gobierno emitiera máscaras de gas tanto para la gente común como para los militares.

Para 1938 se habían distribuido 35 millones de respiradores para todos los civiles y eran una vista familiar en la vida diaria, incluidos los adornos de las bailarinas en el Cabaret de Murray en Beak Street, Londres; y policías ciclistas que los usaban como parte de su equipo de protección personal.

camello

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Se midió a los camellos en el zoológico de Chessington para hacerles máscaras a la medida.

Incluso los animales tenían sus propias mascarillas: se midió a los camellos en el zoológico de Chessington para hacerles estos accesorios a la medida, mientras que a los caballos se les colocó un tipo de cubierta facial que parecía una bolsa en la nariz.

Gripe española

Un brote de influenza al final de la Primera Guerra Mundial se convirtió en una pandemia mundial devastadora.

Fue apodada la gripe española, porque España fue el primer país en informar sobre el brote, y en ella murieron alrededor de 50 millones de personas.

Se cree que la propagación del virus fue intensificada por los soldados que regresaban de las trincheras en el norte de Francia.

espray antigripal en un autobús

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Muchas empresas intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal sobre trenes y autobuses

Las tropas apiñadas en vagones de tren y camiones se aseguraron de que la infección, altamente contagiosa, pasara de un hombre a otro.

Luego se extendió desde las estaciones de tren hasta el centro de las ciudades, y de allí a los suburbios y al campo.

Las empresas, incluida la London General Omnibus Co, intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal sobre trenes y autobuses y haciendo que sus empleados usaran tapabocas.

Un hombre rocía espray antigripal en las calles de Londres.

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Un hombre rocía espray antigripal en las calles de Londres.

La revista Nursing Times en 1918 incluyó consejos para contener la enfermedad, con una descripción de cómo las hermanas del hospital St Marylebone Infirmary en North Kensington erigieron particiones desinfectadas entre cada cama y “cada enfermera, médico, ayudante de sala” que entraba en el ala epidémica tenía que usar una máscara y un traje de cuerpo completo.

Se instó a la gente común a “usar una máscara y salvar su vida“; muchos se hicieron la suya con gasa o añadían gotas de desinfectante a artilugios que se ponían debajo de la nariz.

Fama

Boy George

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Boy George llega al aeropuerto de Heathrow en 1985 cubriéndose la cara con una bufanda.

Otro tipo de mascarilla ha surgido en los últimos tiempos, una que satisface la necesidad de proteger la cara de la mirada fulminante de los fanáticos ávidos (y presumiblemente, los enemigos).

Estas son perfectas para las celebridades que quieren llamar la atención sobre sí mismos mientras conservan la negación plausible de “no quiero ser reconocido, por eso estoy usando una mascarilla notable”.

Aún no se sabe que opinan de las personas normales y no famosas que cubren sus caras normales y no famosas, ahora que ocultar la cara no logra atraer ni la más breve de las miradas curiosas.


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