Damián Alcázar, de multichambas en Guadalajara

Damián Alcázar, de multichambas en Guadalajara
Damián Alcázar, actor. Cuartoscuro

Damián Alcázar está sentado junto a un mujer. –“¿Son pareja?”, les pregunta un desconocido. Alcázar y la mujer se miran: no se conocen. Después de una breve conversación descubren que él es mayor que ella 25 años, pero no lo parece: dentro y fuera de la pantalla Alcázar es un hombre que puede aparentar muchos años menos de los que tiene. O muchos más, si así se lo pide el guión. Puede interpretar un migrante que se convierte en narcotraficante (El Infierno), un asesino serial en Ecuador (Crónicas), un sacerdote en un pueblo en las montañas (El crimen del Padre Amaro) o un alcalde abusivo y abusado por el poder (La Ley de Herodes). El actor michoacano está en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) para hablar de Genaro, un multichambas que colecciona la nota roja, el personaje que interpretó para la película Fecha de caducidad, ópera prima de Kenya Márquez.

Damián Alcázar, actor.

 

Una hora antes de la presentación de la película en el Teatro Diana, Alcázar se toma el tiempo para conversar con Animal Político.

 

Animal Político: ¿Quién es Genaro, el hombre que interpreta para Fecha de caducidad?

Damián Alcázar: Genaro parte de una anécdota que le pasó a la directora Kenya Márquez: caminando por la catedral de Guadalajara un señor le entregó un volante con las chambas que hacía, desde huesero, masajista, mandadero, plomero, albañil, hasta curandero. Es un galán maravilloso de Atlacomulco que se enamora de una muchacha ­– lo que me hizo dudar si daba la talla– en un cuento que empezó con el cortometraje Cruz y que se cierra con Fecha de caducidad. Es un cuarentón que nadie querría que fuera novio de su hija o que no tendrías por amigo, un personaje oscuro que Kenya convierte en entrañable.

 

AP: ¿Cómo prepara un guión?

DA: Todo el tiempo leo periódicos y noticias, para que entender la realidad de mis personajes, además de libros que me ayuden a entender su psicología. Observo mucho, antes del rodaje camino por los lugares donde ocurren las historias  para ver cómo se mueven los personajes en su ambiente cotidiano. También hago recreaciones de las acciones de mis personajes para meterme y escrutar en sus motivaciones.

 

AP: ¿Se deja dirigir?

DA: La actuación es un juego recíproco: Permito que el director me pida lo que quiera, e intento dárselo, pero también hago lo que yo quiero. Siempre estoy en una retroalimentación constante con el fin de conjugar las diferentes visiones y versiones de la realidad y el guión. A la mera hora, nadie sabe cómo va a reaccionar el personaje, ni yo: Es como la vida real, no sabes qué va a pasar ni cómo vas a actuar, hasta que sucede.

 

AP: ¿Se sigue poniendo nervioso cuando comienza un rodaje?

DA: Desde que era estudiante descubrí que si te dejas atrapar por los nervios te paralizas, pero si los conviertes en emoción te empujan. Sigo sintiendo nervios cuando voy a salir a escena o cuando me toca estar frente a la cámara, pero lo convierto en emoción. Y sonrío mucho, cuando estoy nervioso no puedo dejar de hacerlo.

Damián Alcazar y Kenya Márquez.//FOTO: Cuartoscuro

 

AP: ¿Cuál fue la primera película que vio?

DA: Fue en Guadalajara y tenía dos años. No recuerdo cuál, pero sí que había polvo,  caballos y pistolas, era un western.

 

AP: ¿Cómo le quedó El infierno al director Luis Estrada?

DA: La primera vez que la vi, lloré. Al final de la función estaba angustiado e impotente por su brutalidad, me pareció increíble que yo hubiera participado en esa película porque, además, me divertí mucho haciéndola. Me dolió recordar que durante el rodaje vi a esos jóvenes que se reflejan en la película: sin un peso en la bolsa, deambulando por calles y carreteras para ser presa fácil de los grupos delincuenciales y hasta del Ejército. El infierno es importante porque hay que hablar de lo que está pasando en México, pero nos quedamos chiquitos porque se trata sólo de una ficción.

 

AP: ¿Cuál es el peor defecto del cine mexicano?

DA: El más oscuro y el más frío es el de la exhibición, y es el que domina: no hay espacios para ver cine mexicano. Hay propuestas para cambiar esto, como lo fue el peso en taquilla y ahora el tener 30 por ciento de pantallas para el cine nacional, o tener más espacios de calidad para exhibición, pero se detienen en las Cámaras y en la Suprema Corte de Justicia. Los exhibidores y distribuidores cabildean muy bien con los legisladores para que se frenen estas posibilidades, y lo logran porque les pasan su numerito debajo de la mesa. El mayor problema es que son ellos quienes deciden y no hay un órgano regulador que vele por la normatividad.

 

AP: ¿Qué sería si no fuera actor?

DA: Veterinario o biólogo. Si tuviera un rancho criaría animales endémicos en peligro de extinción.

 

AP: ¿Cuáles son los próximos proyectos?

DA: A partir de mis interpretaciones en películas colombianas me han llegado invitaciones para Venezuela, Puerto Rico y Chile, y estoy levantando una serie de televisión para Televisa, con una propuesta de contenidos distinta.

 

AP: ¿El cine es mejor que la vida, como diría Emilio García Riera?

DA: No. La realidad es más brutal y mucho más bella.

 

Damián Alcázar es actor en más de 90 películas y series de televisión. Fecha de caducidad, ópera prima de Kenya Márquez, es su última película y se presentó ayer en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

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