El protocolo para estar frente al Papa
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El protocolo para estar frente al Papa

Con motivo de la próxima visita del Sumo Pontífice a México, hacemos un recuento de los puntos clave para guardar la etiqueta frente al papa Benedicto XVI
Por Alberto Tavira Álvarez
22 de marzo, 2012
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Pocos. Son muy pocos los hombres y mujeres que saben perfectamente cómo deben vestirse, dirigirse y hablar en su primer encuentro con el máximo representante de la Iglesia Católica. Así que con motivo de la próxima visita del Sumo Pontífice a México, hacemos un recuento de los puntos clave para guardar la etiqueta frente al papa Benedicto XVI quien, por si fuera poco, también es jefe del estado Vaticano.

 

 Cómo se le debe hablar

De entrada, lo primero que se debe realizar al estar frente al Santo Padre, es hacer una reverencia en la que al inclinar el cuerpo, el rostro quede cerca de la mano del Papa, quien la extenderá con el fin de que el interlocutor bese el anillo, símbolo de su autoridad que sólo comparten los obispos y otros príncipes de la iglesia. En eso consiste el saludo.

El saludo al sumo pontífice

El saludo al sumo pontífice

 

Es importante aclarar que no se debe besar la mano del llamado Obispo de Roma, sino la sortija de oro que ocupa uno de sus dedos, la cual tiene en su superficie el sello del Vaticano: dos llaves que representan la manera en que San Pedro puede abrir las puertas del cielo. La llave de plata las cierra mientras que la de oro las abre. Ese es el ritual que en estricto sentido deben seguir todos los católicos; de no ser creyentes de esta religión, entonces a Joseph A. Ratzinger se le debe dar un trato de Jefe de Estado y saludarlo estrechando sus manos. Jamás se le deben dar besos en la mejilla.

El anillo del Papa.

Al Vicario de Cristo se le puede dirigir la palabra siempre y cuando sea en vocativo y con el apelativo “Su Santidad” (“Si Su Santidad lo desea”, “lo que ordene Su Santidad”, etc.). Afortunadamente S.S. Benedicto XVI es de los pocos líderes del mundo que habla varios idiomas, entre los que se encuentra el inglés, francés, italiano, alemán y español, así que será fácil mantener comunicación con él.

 

En el caso que se requiera escribirle una carta, debe nombrársele así:

a) En la dirección: A la Santidad de Nuestro Señor el Papa Benedicto XVI.

b) Encabezado: Beatísimo Padre; Santidad o Santo Padre.

c) Cuerpo de la carta: Vuestra Beatitud o Vuestra Santidad.

d) Final de la carta: De Vuestra Santidad humildísimo siervo e hijo o Humildemente se arrodilla a sus pies y suplica a Su Santidad se digne a concederle su bendición apostólica.

 

Por qué se le debe distinguir

 

La iglesia Católica, como muchas otras en el mundo, tiene sus jerarquías. Ante la falta de cultura sobre los usos y costumbres en la Santa Sede es muy común caer en el error de llamar “padre” a cualquier persona que vemos con sotana. Sin embargo, según el color del atuendo de su ropa, los representantes de Dios ostentan un cargo y, por lo tanto, se les debe llamar de forma diferente.

El papa Benedicto XVI y los cardenales.//FOTO: AP

 

El papa es la mayor autoridad de la Iglesia. Después de él siguen los cardenales, a quienes se les llama “los príncipes” de la institución. Visten con sotana y solideo rojo (pequeño sombrero redondo que se coloca en la cabeza), en algunas ocasiones  utilizan el capelo cardenalicio (sombrero con alas). La forma correcta para dirigirse a ellos es con el apelativo “Su Eminencia”. Durante los oficios, según el protocolo, los cardenales aparecen junto al Santo Padre y se colocan por orden de la fecha de su nombramiento, quedando más cerca de Su Santidad los más antiguos.

El cardenal Norberto Rivera.

El tercer puesto en el organigrama lo ocupan los arzobispos, seguidos por los obispos. Ambos utilizan sotana negra con botones, fajilla y solideo púrpura. En ocasiones muy formales utilizan la sotana completamente púrpura. De acuerdo a las reglas es necesario referirse a ellos como “Su Excelencia”.

A los cardenales se les debe llamar "Su Excelencia"

En el escalafón más bajo se encuentran los sacerdotes, que pueden ser curas o párrocos y visten de sotana negra. En algunos casos reciben el nombre de Monseñor, pero en su mayoría los feligreses simplemente se refieren a ellos como “Padre”.

 

 

Algunos sacerdotes del Vaticano.

De qué manera hay que vestirse para encontrarse con el Papa

Los tiempos han cambiado. En un inicio el protocolo vaticano para las audiencias papales obligaban a los hombres, independientemente de su cargo, a utilizar frac para estar frente al sucesor de Pedro. Sin embargo, a partir de la década de los 80 del siglo pasado se volvieron menos estrictas las normas que rigen la indumentaria y permitieron a los caballeros acudir ante la presencia del Sumo Pontífice vestidos de traje oscuro –negro, azul marino o gris oxford– y corbata en tonos sobrios.

En el caso de las mujeres, para las audiencias privadas con el máximo jerarca las reglas siguen siendo las mismas: vestidos formales en color negro, sin escotes, de manga larga, los cuales deberán llevar la falda por debajo de las rodillas y cubrir la cabeza con una mantilla negra. Se considera de muy mal gusto que el tacón de los zapatos sea demasiado alto, que usen joyas vistosas y que acudan con exceso de maquillaje.

La familia presidencial en el Vaticano con Benedicto XVI.

Bajo ninguna circunstancia una mujer debe presentarse vestida de blanco en las audiencias de San Pedro. Esa es una concesión exclusiva de las reinas católicas y de las consortes de los monarcas católicos a manera de agradecimiento a las casas reales que fueron fieles a la iglesia católica cuando todos los reinos se convirtieron al protestantismo. Así que, actualmente, las únicas mujeres que tienen el “Privilegio de Blanco” o Privilege du blanc son: la reina Sofía de España (quien además lo puede combinar con una peineta), la reina Fabiola de Bélgica, la reina Paola de Bélgica,  y la gran duquesa María Teresa de Luxemburgo.

A pesar de que el protocolo de vestimenta para audiencias con el Papa es estricto, ha habido mujeres protagonistas de la historia que han pasado por alto este decálogo. Por ejemplo, las dos presidentas de Irlanda: Mary Robinson y Mary McAleese no utilizaron el negro riguroso en su visita al papa Juan Pablo II. En tiempos más recientes, Cherie Blair, la esposa del ex Primer Ministro del Reino Unido, Anthony Blair, en 2006 causó controversia cuando usó un vestido blanco en su visita al papa Benedicto XVI.

Durante la visita de Joseph A. Ratzinger a México los funcionarios públicos que lo reciban a su llegada en el aeropuerto, como el Presidente de México, Felipe Calderón, y su esposa Margarita Zavala, deberán portar atuendos formales sin llegar al código de vestimenta de las audiencias privadas. Es decir, el primer mandatario tendrá que usar traje oscuro con corbata y, la primera dama de México, deberá utilizar un traje sastre en colores preferentemente oscuros, aunque por la época del año y la región geográfica puede ser en tonos pastel. No está bien visto que las esposas de los mandatarios utilicen colores estridentes ni telas estampadas.

Para los eventos públicos encabezados por el papa no existe un código de vestimenta para los asistentes pero, en el caso de las mujeres, siempre será bien visto no utilizar prendas escotadas y faldas cortas. Aunque, en definitiva, cada quién su gusto.

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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