Violencia censura información ciudadana que se difunde en internet: Artículo 19
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Violencia censura información ciudadana que se difunde en internet: Artículo 19

El uso de redes para transmitir información ciudadana no sólo ha contrarrestado la falta de información periodística, también la ausencia de comunicación efectiva en los gobiernos municipales y estatales.
Por Dulce Ramos
23 de marzo, 2012
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Los ciudadanos han llenado el vacío dejado por la prensa cuando ésta es silenciada por el crimen organizado.

Manifestación para pedir alto a la violencia contra periodistas.

Con 172 agresiones a periodistas y medios en 2011, los usuarios de las redes sociales contrarrestan la imposibilidad de que la prensa dé cuenta de cada enfrentamiento y, por tanto, la organización Artículo 19 considera urgente garantizar la seguridad de quienes usan estas herramientas y contribuyen con la información en sus comunidades.

Ésta es la primera vez, en sus tres informes sobre el estado de la libertad de expresión en México, que Artículo 19 aborda las intimidaciones que sufren los ciudadanos.  En el documento “Silencio Forzado. El Estado, cómplice de la violencia contra la prensa en México”, presentado el martes, la organización hace un recuento de distintos actos intimidatorios que buscan frenar el flujo de información ciudadana e, igualmente, menciona que en 2011, la Comisión Interamericana advirtió sobre la existencia de “comunidades totalmente silenciadas” por la violencia.

Reynosa, Tamaulipas, fue una de las primeras ciudades donde los ciudadanos comenzaron a reportar los primeros enfrentamientos en febrero de 2010. Con el hashtag #ReynosaFollow compartieron dónde había situaciones de riesgo; la experiencia fue tan exitosa que pronto fue copiada por usuarios de Monterrey y Veracruz.

Aunque Artículo 19 reconoce que gran parte de esa información no es confirmada por fuentes oficiales y se publica sin tratamiento periodístico, los usuarios habituales afirman que se comportan como comunidad pues verifican, enriquecen o depuran la información de manera colectiva.

El uso de las redes para transmitir información ciudadana no sólo ha contrarrestado la falta de información periodística, también la ausencia de comunicación efectiva en los gobiernos municipales y estatales, que en su mayoría no ofrecen información oportuna a través de las redes que ponga alto a los datos inexactos que se difunden en medio de una crisis

Una comunidad bajo intimidación

La madrugada del 13 de septiembre del año pasado, dos cuerpos aparecieron colgados en un puente peatonal de nuevo Laredo, Tamaulipas. Junto a ellos colocaron dos advertencias a usuarios de los sitios de internet Frontera al Rojo Vivo y el Blog del Narco.

“Aunque no existe evidencia de que fuesen usuarios de ninguna red social ni contribuyentes de los sitios referidos —aún no hay datos sobre su identidad—, notas de prensa que circularon durante aquel día los identificaban como presuntos “tuiteros” que alertaban sobre violencia”, relata el informe de Artículo 19.

Once días después, en la misma ciudad, la jefa de redacción del diario Primera Hora, María Elizabeth Macías Castro, fue encontrada muerta en la colonia Madero, con un mensaje atribuido a un grupo criminal. En él, acusaban a la periodista de dar información al Ejército y la Marina a través de un sitio web.

Macías Castro era usuaria del sitio Nuevo Laredo en Vivo, donde los ciudadanos ‘chatean’ y comparten mensajes sobre la violencia en la entidad. En él, se hacía llamar NenaDLaredo.

“Según la Procuraduría General de Justicia del Estado de Tamaulipas –reza el informe– junto al cadáver de la periodista se encontraron dos teclados y varios cables de computadora, dejados como un mensaje de sus asesinos, quienes buscaban dejar claro que sabían de su actividad en la red”.

Seis semanas después, otro cuerpo fue dejado en el mismo sitio donde se encontró el de Elizabeth. Esta vez, el de un hombre decapitado. Junto a él se encontró un mensaje en el que se leía. “Me pasó por no entender que no debo­ reportar en las redes sociales, soy un como la Nena de Laredo y con este reporte me despido de Nuevo Laredo en Vivo”.

Días después del último asesinato, uno de los moderadores del foro negó que el cuerpo fuese de algún colaborador del sitio.
Según Artículo 19, uno de los tuiteros y blogueros más activos en Tamaulipas, quien se hace llamar @MrCruzStar, afirmó que los asesinatos recientes de supuestos denunciantes en la red podrían ser más un montaje que realidad. Además, declaró que los asesinatos fueron primícia en un sitio de noticias que normalmente se abstiene de publicar hechos violentos.

Como una muestra de la preocupación por su seguridad, un grupo de usuarios de las redes lanzaron un comunicado  en el que se reconocen como ciudadanos de buena fe, afirman que el crimen organizado pretende coartar la única libertad que les queda y subrayan que el gobierno local y el federal los ha dejado abandonados.

“No permitamos esa pretendida censura (…) son nuestros espacios, nuestra sociedad, somos mucho más que ellos, necesitamos unión y organización en estos momentos”, dice el comunicado.

Al panorama de Tamaulipas se suma el de Veracruz. En ese estado, el más violento para ejercer el periodismo según Artículo 19, dos usuarios de Twitter fueron encarcelados, acusados de perturbar el orden público al difundir información sobre un incidente ocurrido en la capital del estado.

No sólo los criminales atacan

“Hay una clara evidencia de que los intentos por controlar la información que circula por la red no sólo provienen de delincuentes”, señala Artículo 19 en su informe. Además, da cuenta de ataques a medios en línea críticos con la actuación de las autoridades locales.

Uno de esos ataques ocurrió en noviembre de 2011 contra el sitio web del semanario sinaloense RíoDoce. El portal estuvo fuera de línea por una semana debido a una serie de ataques de denegación de servicio, que consiste en saturar un sitio con millones de peticiones de accesos de usuarios ficticios.

Las publicaciones web Expediente Quintana Roo y Noticaribe sufrieron en julio de 2011 ataques cibernéticos que impidieron el acceso de los usuarios; además, fue borrado el historial de los contenidos de uno de los sitios. Ambos tienen una línea editorial crítica hacia la administrador de Roberto Borge Angulo, gobernador de la entidad.

“Los medios llevan a cabo una labor de escrutinio de la función pública, hacen públicos actos de corrupción y no rara vez exhiben las complicidades y las cercanías del poder con quienes violan la ley. Internet potenció esas voces que antes eran regionales. Ahí también busca silenciarlas”.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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