Lo que AMLO habló en su reunión
con militares

Durante una comida, el candidato de la izquierda propuso crear un mecanismo de control para las fuerzas armadas, regresar a su venia nacionalista y crear un mando único para el Ejército, Fuerza Aérea y Marina

Lo que AMLO habló en su reunión <br> con militares
Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda a la presidencia de México.//FOTO: Cuartoscuro
Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda a la presidencia de México.//FOTO: Cuartoscuro

La tarde del jueves 15 de marzo, el candidato presidencial del Movimiento Progresista propuso crear un mecanismo de control para las fuerzas armadas, regresar a su venia nacionalista y crear un mando único para el Ejército,Fuerza Aérea y Marina. Durante una comida con un grupo de militares retirados, destacó que la experiencia de este sector será de mucha utilidad si resultara electo, dado que con la retirada paulatina de las fuerzas armadas de las calles, y la creación de una Policía Federal mejor diseñada y “moralizada”, se fortalecería a la institución.

Por Juan Velediaz     (@velediaz424)

La cita fue el pasado jueves en el salón de fiestas de un conjunto habitacional en la zona de las Águilas, por el rumbo poniente de la Ciudad de México. Desde las 15 horas, alrededor de 25 generales retirados del Ejército, algunos de la Fuerza Aérea, comenzaron a llegar al sitio donde habían sido invitados por uno de sus colegas, el tabasqueño Audomaro Martínez Zapata. Se trataba, les dijo, de una comida para intercambiar impresiones, despejar dudas y conocer la posición del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador respecto al presente y futuro inmediato de las fuerzas armadas.

Uno de los primeros militares en llegar fue el divisionario Esteban Enríquez García, ex comandante de la segunda brigada de arma blindada, y quien tuvo de segundo de a bordo a mediados de los años 90 al entonces coronel Martínez Zapata.  Después comenzaron a hacer acto de presencia generales que hasta hace unos años tuvieron puestos en corporaciones policiacas, por ahí apareció Enrique Pérez Casas, ex titular de la Policía Auxiliar capitalina, y Francisco Arellano Noblecía, comandante de la Policía Federal Preventiva durante la toma de Ciudad Universitaria que acabó con la huelga estudiantil en febrero del año 2000. Después aparecieron militares que tuvieron mando de tropas en estados donde la violencia de las organizaciones del crimen organizado ha colocado en jaque a las fuerzas de seguridad.

Llegó el divisionario Luis Montiel López, antiguo director de ingenieros militares, y ex comandante de la sexta región militar que comprende Veracruz y Puebla. Después entró al salón Francisco Fernández Solís, ex comandante de la cuarta región que abarca Nuevo León y Tamaulipas, y quien encabezó durante unas semanas del 2007 la secretaría de seguridad pública en Tabasco, a la cual renunció después de un atentado que casi le cuesta la vida.

También llegaron los generales Juan Hernández Ávalos, ex comandante de la quinta región militar que cubre  Jalisco, Nayarit, Colima, Aguascalientes y Zacatecas; por ahí se vio a Mario Pedro Juárez Navarrete, quien estuvo en la doceava región con responsabilidad en las hoy explosivas Coahuila y Chihuahua. Después apareció el divisionario Carmelo Terán Montero, ex comandante en Chiapas durante el levantamiento zapatista y antiguo jefe militar de las guarniciones de Ciudad Juárez y Matamoros. Mario López Gutiérrez, antiguo secretario particular del ex titular de la Defensa Juan Arévalo Gardoqui (1982-1988), entró y saludó a contemporáneos suyos que sirvieron en el Estado Mayor Presidencial (EMP) como el divisionario Eliud Casiano Bello, y otros como Julio Olaya Valadés y Miguel Estrada Martínez, quienes comandaron tropas en diversos puntos del país.  Entre los comensales predominaron quienes hicieron carrera en el EMP y en el Cuerpo de Guardias Presidenciales. No pasó mucho tiempo para que al filo de las 16 horas llegara López Obrador.

Entró y comenzó a saludar de mano mientras era presentado por el general Audomaro con cada uno de los asistentes. Cuando el abanderado presidencial del llamado Movimiento Progresista tomó su lugar en la mesa, sentó a su izquierda al general Samuel Lara Villa, ex diputado del PRD y quien encabeza una asociación de militares retirados, y a su derecha pidió lo acompañara su antiguo colaborador en el gobierno de la ciudad de México, el general Pérez Casas.

Martínez Zapata, jefe de seguridad del candidato, anfitrión y vecino del conjunto habitacional, tomó la palabra para dar la bienvenida y tras una breve introducción del invitado y el motivo de la comida, cedió la palabra a su paisano.

A manera de introducción López Obrador se refirió al origen de la inseguridad en el país, era como un repaso de sus alocuciones previas ante otros auditorios, donde señaló como factores la falta de trabajo en amplias regiones del país que ha orillado a un sinnúmero de jóvenes a involucrarse con el crimen. Dijo que ha habido una ausencia de crecimiento, donde la tasa promedio en una década ha rondado el 3%.

Sumó a estos elementos, la corrupción y la impunidad que campea en la vida nacional. –Hemos llegado—dijo—a una situación tal que la clase media, motor principal de los principales cambios del país, está muy preocupada por la situación a nivel nacional, en 30 años ha faltado desarrollo, crecimiento y domina la corrupción. La atención de los militares aumentó cuando se refirió a los problemas de soberanía que existen.

De acuerdo a varios asistentes, habló de la venia nacionalista que ha distinguido al Ejército en su naturaleza fundacional, abordó el tema de las concesiones a empresas extranjeras para la explotación de la riqueza y subrayó que de ser electo Presidente de la República, tomará medidas al respecto pero respetaría los compromisos internacionales.

Entonces abordó el tema de las fuerzas armadas. Dijo respetar mucho a la institución militar pero se refirió a  la falta de medidas de control. Sin referirse a un Estado Mayor Conjunto, propuso la creación de un mando único para las tres ramas –Ejército, Marina y Fuerza Aérea—para fortalecer a la institución desde el aspecto legal hasta el de los recursos.

Dijo que buscaría auspiciar la vuelta a las raíces del Ejército, en su vertiente nacionalista, además que se plantearía un regreso paulatino a los cuarteles para retirar a la institución del combate a la delincuencia. Subrayó que sería poco a poco, para no crear temor o miedo en la población, ya que paralelamente se formaría una Policía Federal profesional, responsable, con un marco moral bien definido frente a la corrupción, y mecanismos de operación mejor diseñados.

La alocución del candidato fue breve y concisa, comentaron varios de los asistentes, pues no rebasó los 15 minutos. Hubo intervenciones de algunos generales, como Fernández Solís quien le pidió su opinión sobre la visita de Joe Biden, el vicepresidente de los Estados Unidos con el que se reunió hace un par de semanas.

López Obrador fue escueto, dijo que había sido muy productiva e interesante, y dejó en claro su intención ante el norteamericano por el respeto a la soberanía. El general Eliud se mostró preocupado por la seguridad de los candidatos y la de él en particular. Habló de su experiencia en la seguridad de varios mandatarios en su paso por el Estado Mayor Presidencial y en lo que su equipo deberá considerar al momento de iniciar la campaña. El general Estrada Martínez se mostró preocupado por la impunidad que impera en el país como uno de los factores que permiten la realización de tantos delitos.

Mientras, el general Montiel López hizo referencia a la guerra contra el narcotráfico donde la factura a integrantes del Ejército se vislumbra como demasiado alta. Esta intervención generó suspicacias entre varios de los asistentes puesto que en el año 2004, versiones periodísticas que citaban declaraciones del capo Albino Quintero Meraz, vincularon a Montiel con una red de protección al narcotráfico en Veracruz. De la estrategia oficial contra el narcotráfico, nadie formuló críticas ni abundó sobre el papel que ha tenido la Marina y el Ejército en este gobierno.

La intervención del divisionario Terán Montero fue sobre la situación que impera en Oaxaca, entidad de la que es oriundo. Habló de la corrupción en la gestión del priista Ulises Ruiz y cómo dejó maniatado al gobierno de su sucesor Gabino Cué.

Cuando abordó el punto de la falta de transparencia en la producción de energía eólica, hizo referencia al enorme descontento que existe en habitantes de los pueblos del Istmo quienes pensaron que con la llegada de este tipo de inversiones, se detonaría la industria en la región, lo cual no ha sido así. En Oaxaca se ha demostrado que las coaliciones electorales únicamente han servido para el momento electoral, nunca se materializan en hechos de gobierno, concluyó. El tema de la generación de energía llamó la atención de López Obrador. Explicó que buscaría que la explotación de recursos se tradujera en beneficios a las poblaciones donde éstos se encuentran. Después le dio la razón al militar cuando calificó a Cué como un hombre bueno, bien intencionado, pero que ‘lo dejaron amarrado’, sin poder ejercer su gobierno con libertad.

Más adelante el candidato presidencial subrayó su interés por los temas que preocupan a los integrantes de las fuerzas armadas. Se refirió que por diversos acercamientos con oficiales del Ejército, está consciente de la magnitud del problema que atraviesa el país en su seguridad interior y pública, dos de las columnas de la seguridad nacional. Dijo que como militares retirados estaba convencido de su experiencia que “es de mucha utilidad”, y por ello les solicitará su ayuda. Al filo de las 17 horas, el menú de crema de espinaca, pescado empapelado, postre y café se había terminado. López Obrador comenzó a despedirse y poco después de que se retiró, algunos de los asistentes comentaron, entre otras cosas, lo importante que era que un político apreciara lo que implicaba una formación castrense y se alejara del tópico común que los ve y utiliza sólo como policías.

Un reducido grupo de reporteros que se apostó a las afueras esperaba que los invitados salieran para ir en pos de una declaración. Cuando los ayudantes del general Martínez Zapata se percataron, sugirieron que esperaran a que se retiraran, pues no veían conveniente que se ventilara en los medios lo que se trató en la reunión. Algunos hicieron caso, a otros no les importó y sortearon las preguntas de los periodistas.

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