Nadie puede ser tan feliz por tanto tiempo
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Nadie puede ser tan feliz por tanto tiempo

Por Moisés Castillo
31 de marzo, 2012
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El escritor Javier Cercas dice que sólo se puede ser feliz viviendo sin temor, pero nadie en su sano juicio pierde el miedo sabiéndose una mosca rodeada de mierda y condenada a muerte. Y en su debut “La sonrisa de la desilusión” (Tumbona Ediciones 2011), Guillermo Espinosa Estrada admite que no es un hombre valiente pero no duda que un día alcanzará la felicidad. Dice que en algún momento del tiempo vivirá en un cuadro del pintor Norman Rockweel; sin embargo, se resigna porque sabe que la felicidad y la literatura no se llevan.

Guillermo Espinosa

En las páginas de “La sonrisa de la desilusión”, el autor poblano aborda diversos temas como la risa: una máscara que oculta la angustia; la comedia musical y el mundo perfecto de “Cantando bajo la lluvia”; la idealización de la infancia para sobrellevar el presente infernal; las obsesiones con el Juicio Final; reflexiones sobre músicos como Johann Sebastian Mastropiero y Edvard Grieg; la comedia romántica y la certeza de que el sufrimiento conduce a un final feliz.

En The Short Happy Life of William Thornway –último de los 12 ensayos que conforman el libro-, Guillermo explica que se le revuelve el estómago cada vez que se topa con personas optimistas y su necedad casi enferma de ver el lado positivo de las cosas. Frases como “no hay mal que por bien no venga” le resultan indignantes. ¿Quién no busca la felicidad? ¿Está en nuestras narices pero no la podemos ver? ¿Para qué ser feliz cuando alguien festejará mi muerte? Nada es cierto ni falso, sólo los pensamientos llevan al precipicio.

La pluma de Guillermo está cargada de humor negro y guiños autobiográficos: de inmediato se pone el traje de William Thornway, una especie de monigote que recibe todos los abucheos y jitomatazos del público. Piensa que su libro está ligado a la tradición ensayística de “El suicida”, de Alfonso Reyes; “En defensa de lo usado”, de Salvador Novo; “Disertación sobre las telarañas”, de Hugo Hiriart. Son ensayos breves con un tono irónico, donde la tesis se puede desechar en algún momento de la escritura.

La idea central del libro era escribir sobre algo que hiciera reír a través de la parodia, pero en el proceso de la escritura Jorge F. Hernández, quien fungió como su tutor en la beca Fundación para las Letras Mexicanas, le sugirió incorporar narrativa a sus ensayos porque, de lo contrario, quedarían áridos y aburridos. Y el resultado fue perfecto: textos hilarantes que nos recuerdan que el cerebro está en el corazón. Muchas de las anécdotas tienen un origen de la realidad pero plasmadas en el papel están exageradas y son llevadas a un nivel de ficción.

La sonrisa de la desilusión

Advierte a las “buenas conciencias” que su forma de comicidad será tipificada como maltrato psicológico: puede destruir al otro con una broma. Pero no es de preocuparse porque al final nada de lo que dice puede tomarse en serio. O tal vez sí. Es uno de esos locos que sigue contando verdades: la felicidad puede radicar en un par de pollos fritos.

-En las últimas semanas se desató un debate entre los escritores Heriberto Yépez y Luigi Amara sobre el ensayo, ¿qué ingredientes debe tener este género literario?


Me siento mucho más afín con la visión de libertad de Luigi Amara. Un ensayo no necesariamente tiene que tener una tesis y demostrarla. Tiene que ser una tentativa, una divagación, un paseo irreverente. Partí de una anécdota para hablar de cosas chistosas y empecé a darme cuenta que también el libro en su conjunto era un libro de ensayos de amor y desamor. El ensayo principalmente es sobre libros y autores, y creo que puede haber ensayo de aventuras, ensayo de amor, ensayo de ciencia ficción. Así lo terminé por entender: un libro de ensayos es como una comedia romántica ensayada, o sea cosas humorísticas y románticas.


-¿Cuáles son los riesgos de que tú humor ácido no lo pueda entender los lectores?


Todo libro es un fracaso en esencia. Uno quiere escribir un libro que jamás le va salir. Este libro tenía que ser chistoso en su origen, pero al final terminó siendo un libro triste y más patético que cómico. Ya no me salió lo chistoso y me conformé en crear un contrapunto entre temas que en esencia son divertidos como las películas musicales de las que hablo con una perspectiva más melancólica. Es difícil comunicar tu sentido del humor, pero lo que sí es un hecho es que aunque el chiste sea malo o no lo entienda todo mundo si va crear un impacto en el lector, puede ser de risa o de franco desagrado-rechazo, pero me gusta que provoque esas alternativas, porque eso es algo que el ensayo tradicional no consigue. El ensayo tradicional no logra crear en su lector una experiencia emotiva, puede crear una experiencia intelectual pero nadie llora con una tesis de doctorado.


-Los temas que abordas son diversos y a veces se contraponen: la tragedia y la felicidad, el amor y desamor, ¿has sonreído ante la desgracia?


La máscara que me pongo con el personaje de William Thornway es para tener un temperamento humorista, ¿a qué me refiero con eso? La palabra humor se ha generalizado mucho: todo lo que es chistoso y nos provoca risa lo relacionamos con el humor. Pero el humor creo, en su esencia, es ese acto de sonreír ante la fatalidad o ese gesto de sonreír ante algo que solamente puedes sonreír ante eso y aceptarlo de alguna forma resignada o suicidarte como que son las vertientes de la tragedia. Mi personalidad como autor no es tan humorista. A mí me gustaría tener esa resignación feliz de mi personaje, yo no soy tan así pero sí sé que ese es el temperamento de un humorista. Me gusta que mi personaje reaccione así ante la fatalidad. Hablando de los temperamentos humorales de la medicina antigua, yo siempre me he diagnosticado como una persona flemática. El flemático no se hace grandes problemas de nada, es como bastante estoico.


-Hay tres ensayos sobre la comedia musical y la comicidad, ¿cuál es tu relación con esas películas?


Las veo con una profunda admiración y sí me encanta el género. Es un género muy ninguneado y eso de ser “patito feo” siempre me atrae, es el producto para las masas o para nacos. Un director tan admirado como Woody Allen, su comedia musical es ninguneada y se me hace que él entiende muy bien el género. Creo que tiene un rollo detrás bastante menos ingenuo de lo que parece a simple vista. Ahora, el problema es que la mayoría de las comedias musicales como son hechas en serie, no tienen ni pies ni cabeza, pero hay como tres o cuatro que para mí son como lo mejor del cine: particularmente “Cantando bajo la lluvia”.


-¿En qué lugar te consideras más feliz: como escritor o como académico?


Soy más escritor que académico porque cuando estudiaba el posgrado en Letras mi sueño era publicar como libro mi tesis de doctorado, es una de esas motivaciones que te hacen caminar y nunca lo hice. Ahora estoy en la cancha de los escritores pero igual me gusta mucho la labor docente, a lo mejor ya no haría investigación, ya no iría a congresos a presentar ponencias o escribir artículos especializados. Sin embargo, la labor de docente me encanta y ahí siempre me voy a sentir muy a gusto. Esa interacción con los estudiantes y debatir ideas me hace entender mejor la literatura y a los otros.


Cholula y Tumbona

Su relación con los libros fue tardía, a los 18 años comenzó a leer de forma sistemática. En su entorno familiar no había obras literarias ni nada relacionado con el mundo editorial. No tiene recuerdos particulares de su infancia, no sabe si fue feliz pero la puede calificar de gris. Lo que tiene muy presente son los valores que le inculcaron sus padres, una ética de trabajo.

Él quería ser director de cine, por lo que vino al DF para hacer el examen en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) pero no lo aceptaron. Fue un duro golpe, estaba enterrado vivo. Poco tiempo después, decidió ingresar a la Carrera de Humanidades de la Universidad de las Américas en Cholula, Puebla, para no quedarse en casa sin hacer nada.

Fue una apuesta sorprendente y milagrosa porque alguien que estaba enterrado resucitó gracias a las letras y a la seducción profunda de su profesor Pedro Ángel Palou. El autor de “Con la muerte en los puños” lo jaló definitivamente a la literatura y hasta ahora se siente feliz. A sus 33 años está contento por publicar su primer libro en una editorial como Tumbona Ediciones, que cumplió siete años de existencia.

 

Jorge F. Hernández, como tutor de la beca, invitó a escritores y ensayistas como Mauricio Montiel Figueiras, Antonio Saborit y a los fundadores de Tumbona Luigi Amara y Vivian Abenshushan. Guillermo platicó unos minutos con Vivian y ella le recomendó que le enviara su paquete de ensayos cuando estuvieran listos. Antes participó en el concurso de ensayo “José Vasconcelos” y obtuvo el segundo lugar. Le prometieron que el libro se publicaría en Tierra Adentro, de Conaculta, pero no le convencía ese sello editorial por lo que mando un correo electrónico a Vivian para checar si le interesaban esos ensayos sobre el humor.


En una semana Tumbona aceptó publicar “La sonrisa de la desilusión”, fue una carambola muy afortunada.


“Las grandes editoriales no tienen una colección para este tipo de ensayos. En sellos independientes como Sexto Piso, El Equilibrista, Almadía y Tumbona puedes publicar ensayos más libres. Este género solamente puede sobrevivir en las pequeñas editoriales que arriesgan su dinero por lo que tú haces y a mí me parece que le dan nueva vida y le dan un aliento fresco a una industria editorial poco ágil”.


-Este libro se hizo a partir de la beca Fundación para las Letras Mexicanas, ¿cómo ves esta relación de los escritores y las becas? Algunos escritores las repudian, otros las convirtieron en una forma de vida…


Es muy complicada. Creo que la literatura mexicana sería igualmente mala de lo que es hoy sin el CONACULTA o el FONCA, sin las becas de creadores. Esos apoyos no le han dado nada extra a la literatura, por eso seguimos en nuestra medianía que tenemos desde hace años. Si uno estudia el origen de las becas estatales es súper turbio, tiene que ver con el fraude de Carlos Salinas, tiene ver con una cooptación sistemática de intelectuales y que a mi generación no le queda otro remedio. Por otro lado, he pedido esas becas estatales y nunca las he ganado. La beca de la Fundación la solicité porque vivía en Estados Unidos, estaba a punto de terminar mi tesis, quería volver a México, pero no conseguía trabajo. Empecé a tirar dardos y dije bueno al menos que me den una beca de escritor y ya veré cómo me las arreglo. Y fue lo único que pegó, una beca de escritor y empecé a escribir un libro. Es un acto que me da mucho menos culpa que si fuera la del FONCA, porque a final de cuentas el dinero es de Slim y otros millonarios como él, no del erario.


-¿Cómo fue tu relación con el escritor Jorge F. Hernández en el proceso de escribir los ensayos?


Nos reuníamos cada martes y jueves para comentar los ensayos. No había fechas de entregas, iba entregando como iban saliendo y fue muy buena relación. Somos muy buenos amigos, nos vemos no para trabajar, sino para platicar y comer. Es una persona que realmente te da confianza en lo que estás haciendo y sus comentarios fueron valiosos. Fue parte fundamental para que el libro se terminara.


¿Es fácil ser feliz en la Ciudad de México?


Es el lugar donde me he sentido mucho más feliz en el mundo. En el DF tiene sus defectos, pero uno puede ganarse la vida, a lo mejor delinquiendo, tal vez voy a terminar en Eje Central vendiendo piratería o algo así. Pero existen avenidas para hacerte de un oficio y creo que se puede ejercer. En esta ciudad puedes ser lo que tú quieras y a mí me encanta, es algo que nunca experimenté en Estados Unidos, por mi condición de extranjero. En Puebla es una ciudad mucho menos abierta en todos los sentidos.


Guillermo tiene cinco años viviendo en el escandaloso Centro Histórico. Sus lugares favoritos son el café Jekemir que está en Isabel la Católica y Regina, la Plaza de las Vizcaínas, los cafés de chinos de 5 de mayo, el Popular y la Pagoda. Él está feliz porque su risa impetuosa y molesta se confunde entre el alboroto de la gente. Recuerda que una vez su psicoanalista le dijo: “Creo que tú te ríes para no gritar”.

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BBC Mundo

Rusia aprueba la Sputnik Light, una versión de su vacuna contra COVID de una sola dosis

Rusia registró una vacuna monodosis contra la covid-19 denominada Sputnik Light, con una eficacia declarada del 79,4%.
BBC Mundo
6 de mayo, 2021
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Rusia registró una nueva vacuna contra la covid-19: la Sputnik Light.

Se trata de una nueva versión de su vacuna Sputnik V, pero en esta ocasión es de una sola dosis.

El anuncio fue realizado por el Fondo de Inversiones Directas de Rusia (FIDR), administrado por el gobierno ruso y que financió la creación del fármaco; el Instituto Gamaleya, otro ente público y responsable de la investigación; y el Ministerio de Salud.

Se trata de la cuarta vacuna contra el coronavirus que aprueba el país, en un intento por acelerar su campaña de vacunación.

Eficacia

Según el FIDR, las pruebas realizadas muestran que la Sputnik Light tiene “un 79,4% de eficacia”, comparado con el 91,6% de las dos dosis de Sputnik V.

Esta conclusión fue resultado de “los datos de 28 días después de que la inyección fuera administrada como parte del programa de vacunación masiva de Rusia durante el 5 de diciembre de 2020 y el 15 de abril de 2021”.

Por tanto, no se trata completamente de una nueva vacuna, sino del uso de la primera dosis de la Sputnik V como única dosis.

Frascos de Sputnik V

Getty Images
Sputnik Light es una versión de la vacuna Sputnik pero de una sola dosis.

“El régimen de una sola dosis permite la inmunización de un mayor número de personas en un periodo más corto de tiempo, favoreciendo la lucha contra la pandemia en esta fase aguda”, señaló el organismo en un comunicado.

Según el FIDR, no se registraron efectos adversos graves en los estudios.

Sputnik V alrededor del mundo

Moscú ha impulsado el uso de la Sputnik V -nombrada así por el histórico satélite soviético- alrededor del mundo, y más de 60 países han aprobado su uso, entre ellos, diversos de América Latina.

El Instituto Gamaleya señaló este jueves que más de 20 millones de personas alrededor del mundo habían recibido la primera dosis de esta vacuna.

Algunos países occidentales se mostraron reticentes a la vacuna Sputnik V, después de que fuera lanzada antes de que se publicaran los datos finales de los ensayos y entre preocupaciones de que Rusia la usara como herramienta de política exterior.

No obstante, el pasado febrero la revista médica The Lancet publicó que la Sputnik V ofrece alrededor de 92% de protección contra covid-19, según los resultados de la última fase de los ensayos.

La vacuna Sputnik funciona de manera similar a la vacuna de Oxford/AstraZeneca, desarrollada en el Reino Unido, y la vacuna Janssen, desarrollada en Bélgica.

vacuna

Getty
Las vacunas contra la covid-19 se fabricaron en tiempo récord.

Utiliza un virus similar al del resfriado, modificado para ser inofensivo, como portador para llevar al organismo un pequeño fragmento del coronavirus.

Al exponerse con seguridad el organismo a parte del código genético del virus, puede reconocer la amenaza y aprender a combatirla, sin correr el riesgo de enfermarse.

Después de ser vacunado, el cuerpo comienza a producir anticuerpos especialmente diseñados para el coronavirus.

Ello significa que el sistema inmune está preparado para combatir el coronavirus si se diera el caso.

La vacuna se puede almacenar a temperaturas de entre dos y ocho grados centígrados, lo que facilita su transporte y almacenamiento.


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