Nadie puede ser tan feliz por tanto tiempo
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Nadie puede ser tan feliz por tanto tiempo

Por Moisés Castillo
31 de marzo, 2012
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El escritor Javier Cercas dice que sólo se puede ser feliz viviendo sin temor, pero nadie en su sano juicio pierde el miedo sabiéndose una mosca rodeada de mierda y condenada a muerte. Y en su debut “La sonrisa de la desilusión” (Tumbona Ediciones 2011), Guillermo Espinosa Estrada admite que no es un hombre valiente pero no duda que un día alcanzará la felicidad. Dice que en algún momento del tiempo vivirá en un cuadro del pintor Norman Rockweel; sin embargo, se resigna porque sabe que la felicidad y la literatura no se llevan.

Guillermo Espinosa

En las páginas de “La sonrisa de la desilusión”, el autor poblano aborda diversos temas como la risa: una máscara que oculta la angustia; la comedia musical y el mundo perfecto de “Cantando bajo la lluvia”; la idealización de la infancia para sobrellevar el presente infernal; las obsesiones con el Juicio Final; reflexiones sobre músicos como Johann Sebastian Mastropiero y Edvard Grieg; la comedia romántica y la certeza de que el sufrimiento conduce a un final feliz.

En The Short Happy Life of William Thornway –último de los 12 ensayos que conforman el libro-, Guillermo explica que se le revuelve el estómago cada vez que se topa con personas optimistas y su necedad casi enferma de ver el lado positivo de las cosas. Frases como “no hay mal que por bien no venga” le resultan indignantes. ¿Quién no busca la felicidad? ¿Está en nuestras narices pero no la podemos ver? ¿Para qué ser feliz cuando alguien festejará mi muerte? Nada es cierto ni falso, sólo los pensamientos llevan al precipicio.

La pluma de Guillermo está cargada de humor negro y guiños autobiográficos: de inmediato se pone el traje de William Thornway, una especie de monigote que recibe todos los abucheos y jitomatazos del público. Piensa que su libro está ligado a la tradición ensayística de “El suicida”, de Alfonso Reyes; “En defensa de lo usado”, de Salvador Novo; “Disertación sobre las telarañas”, de Hugo Hiriart. Son ensayos breves con un tono irónico, donde la tesis se puede desechar en algún momento de la escritura.

La idea central del libro era escribir sobre algo que hiciera reír a través de la parodia, pero en el proceso de la escritura Jorge F. Hernández, quien fungió como su tutor en la beca Fundación para las Letras Mexicanas, le sugirió incorporar narrativa a sus ensayos porque, de lo contrario, quedarían áridos y aburridos. Y el resultado fue perfecto: textos hilarantes que nos recuerdan que el cerebro está en el corazón. Muchas de las anécdotas tienen un origen de la realidad pero plasmadas en el papel están exageradas y son llevadas a un nivel de ficción.

La sonrisa de la desilusión

Advierte a las “buenas conciencias” que su forma de comicidad será tipificada como maltrato psicológico: puede destruir al otro con una broma. Pero no es de preocuparse porque al final nada de lo que dice puede tomarse en serio. O tal vez sí. Es uno de esos locos que sigue contando verdades: la felicidad puede radicar en un par de pollos fritos.

-En las últimas semanas se desató un debate entre los escritores Heriberto Yépez y Luigi Amara sobre el ensayo, ¿qué ingredientes debe tener este género literario?


Me siento mucho más afín con la visión de libertad de Luigi Amara. Un ensayo no necesariamente tiene que tener una tesis y demostrarla. Tiene que ser una tentativa, una divagación, un paseo irreverente. Partí de una anécdota para hablar de cosas chistosas y empecé a darme cuenta que también el libro en su conjunto era un libro de ensayos de amor y desamor. El ensayo principalmente es sobre libros y autores, y creo que puede haber ensayo de aventuras, ensayo de amor, ensayo de ciencia ficción. Así lo terminé por entender: un libro de ensayos es como una comedia romántica ensayada, o sea cosas humorísticas y románticas.


-¿Cuáles son los riesgos de que tú humor ácido no lo pueda entender los lectores?


Todo libro es un fracaso en esencia. Uno quiere escribir un libro que jamás le va salir. Este libro tenía que ser chistoso en su origen, pero al final terminó siendo un libro triste y más patético que cómico. Ya no me salió lo chistoso y me conformé en crear un contrapunto entre temas que en esencia son divertidos como las películas musicales de las que hablo con una perspectiva más melancólica. Es difícil comunicar tu sentido del humor, pero lo que sí es un hecho es que aunque el chiste sea malo o no lo entienda todo mundo si va crear un impacto en el lector, puede ser de risa o de franco desagrado-rechazo, pero me gusta que provoque esas alternativas, porque eso es algo que el ensayo tradicional no consigue. El ensayo tradicional no logra crear en su lector una experiencia emotiva, puede crear una experiencia intelectual pero nadie llora con una tesis de doctorado.


-Los temas que abordas son diversos y a veces se contraponen: la tragedia y la felicidad, el amor y desamor, ¿has sonreído ante la desgracia?


La máscara que me pongo con el personaje de William Thornway es para tener un temperamento humorista, ¿a qué me refiero con eso? La palabra humor se ha generalizado mucho: todo lo que es chistoso y nos provoca risa lo relacionamos con el humor. Pero el humor creo, en su esencia, es ese acto de sonreír ante la fatalidad o ese gesto de sonreír ante algo que solamente puedes sonreír ante eso y aceptarlo de alguna forma resignada o suicidarte como que son las vertientes de la tragedia. Mi personalidad como autor no es tan humorista. A mí me gustaría tener esa resignación feliz de mi personaje, yo no soy tan así pero sí sé que ese es el temperamento de un humorista. Me gusta que mi personaje reaccione así ante la fatalidad. Hablando de los temperamentos humorales de la medicina antigua, yo siempre me he diagnosticado como una persona flemática. El flemático no se hace grandes problemas de nada, es como bastante estoico.


-Hay tres ensayos sobre la comedia musical y la comicidad, ¿cuál es tu relación con esas películas?


Las veo con una profunda admiración y sí me encanta el género. Es un género muy ninguneado y eso de ser “patito feo” siempre me atrae, es el producto para las masas o para nacos. Un director tan admirado como Woody Allen, su comedia musical es ninguneada y se me hace que él entiende muy bien el género. Creo que tiene un rollo detrás bastante menos ingenuo de lo que parece a simple vista. Ahora, el problema es que la mayoría de las comedias musicales como son hechas en serie, no tienen ni pies ni cabeza, pero hay como tres o cuatro que para mí son como lo mejor del cine: particularmente “Cantando bajo la lluvia”.


-¿En qué lugar te consideras más feliz: como escritor o como académico?


Soy más escritor que académico porque cuando estudiaba el posgrado en Letras mi sueño era publicar como libro mi tesis de doctorado, es una de esas motivaciones que te hacen caminar y nunca lo hice. Ahora estoy en la cancha de los escritores pero igual me gusta mucho la labor docente, a lo mejor ya no haría investigación, ya no iría a congresos a presentar ponencias o escribir artículos especializados. Sin embargo, la labor de docente me encanta y ahí siempre me voy a sentir muy a gusto. Esa interacción con los estudiantes y debatir ideas me hace entender mejor la literatura y a los otros.


Cholula y Tumbona

Su relación con los libros fue tardía, a los 18 años comenzó a leer de forma sistemática. En su entorno familiar no había obras literarias ni nada relacionado con el mundo editorial. No tiene recuerdos particulares de su infancia, no sabe si fue feliz pero la puede calificar de gris. Lo que tiene muy presente son los valores que le inculcaron sus padres, una ética de trabajo.

Él quería ser director de cine, por lo que vino al DF para hacer el examen en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) pero no lo aceptaron. Fue un duro golpe, estaba enterrado vivo. Poco tiempo después, decidió ingresar a la Carrera de Humanidades de la Universidad de las Américas en Cholula, Puebla, para no quedarse en casa sin hacer nada.

Fue una apuesta sorprendente y milagrosa porque alguien que estaba enterrado resucitó gracias a las letras y a la seducción profunda de su profesor Pedro Ángel Palou. El autor de “Con la muerte en los puños” lo jaló definitivamente a la literatura y hasta ahora se siente feliz. A sus 33 años está contento por publicar su primer libro en una editorial como Tumbona Ediciones, que cumplió siete años de existencia.

 

Jorge F. Hernández, como tutor de la beca, invitó a escritores y ensayistas como Mauricio Montiel Figueiras, Antonio Saborit y a los fundadores de Tumbona Luigi Amara y Vivian Abenshushan. Guillermo platicó unos minutos con Vivian y ella le recomendó que le enviara su paquete de ensayos cuando estuvieran listos. Antes participó en el concurso de ensayo “José Vasconcelos” y obtuvo el segundo lugar. Le prometieron que el libro se publicaría en Tierra Adentro, de Conaculta, pero no le convencía ese sello editorial por lo que mando un correo electrónico a Vivian para checar si le interesaban esos ensayos sobre el humor.


En una semana Tumbona aceptó publicar “La sonrisa de la desilusión”, fue una carambola muy afortunada.


“Las grandes editoriales no tienen una colección para este tipo de ensayos. En sellos independientes como Sexto Piso, El Equilibrista, Almadía y Tumbona puedes publicar ensayos más libres. Este género solamente puede sobrevivir en las pequeñas editoriales que arriesgan su dinero por lo que tú haces y a mí me parece que le dan nueva vida y le dan un aliento fresco a una industria editorial poco ágil”.


-Este libro se hizo a partir de la beca Fundación para las Letras Mexicanas, ¿cómo ves esta relación de los escritores y las becas? Algunos escritores las repudian, otros las convirtieron en una forma de vida…


Es muy complicada. Creo que la literatura mexicana sería igualmente mala de lo que es hoy sin el CONACULTA o el FONCA, sin las becas de creadores. Esos apoyos no le han dado nada extra a la literatura, por eso seguimos en nuestra medianía que tenemos desde hace años. Si uno estudia el origen de las becas estatales es súper turbio, tiene que ver con el fraude de Carlos Salinas, tiene ver con una cooptación sistemática de intelectuales y que a mi generación no le queda otro remedio. Por otro lado, he pedido esas becas estatales y nunca las he ganado. La beca de la Fundación la solicité porque vivía en Estados Unidos, estaba a punto de terminar mi tesis, quería volver a México, pero no conseguía trabajo. Empecé a tirar dardos y dije bueno al menos que me den una beca de escritor y ya veré cómo me las arreglo. Y fue lo único que pegó, una beca de escritor y empecé a escribir un libro. Es un acto que me da mucho menos culpa que si fuera la del FONCA, porque a final de cuentas el dinero es de Slim y otros millonarios como él, no del erario.


-¿Cómo fue tu relación con el escritor Jorge F. Hernández en el proceso de escribir los ensayos?


Nos reuníamos cada martes y jueves para comentar los ensayos. No había fechas de entregas, iba entregando como iban saliendo y fue muy buena relación. Somos muy buenos amigos, nos vemos no para trabajar, sino para platicar y comer. Es una persona que realmente te da confianza en lo que estás haciendo y sus comentarios fueron valiosos. Fue parte fundamental para que el libro se terminara.


¿Es fácil ser feliz en la Ciudad de México?


Es el lugar donde me he sentido mucho más feliz en el mundo. En el DF tiene sus defectos, pero uno puede ganarse la vida, a lo mejor delinquiendo, tal vez voy a terminar en Eje Central vendiendo piratería o algo así. Pero existen avenidas para hacerte de un oficio y creo que se puede ejercer. En esta ciudad puedes ser lo que tú quieras y a mí me encanta, es algo que nunca experimenté en Estados Unidos, por mi condición de extranjero. En Puebla es una ciudad mucho menos abierta en todos los sentidos.


Guillermo tiene cinco años viviendo en el escandaloso Centro Histórico. Sus lugares favoritos son el café Jekemir que está en Isabel la Católica y Regina, la Plaza de las Vizcaínas, los cafés de chinos de 5 de mayo, el Popular y la Pagoda. Él está feliz porque su risa impetuosa y molesta se confunde entre el alboroto de la gente. Recuerda que una vez su psicoanalista le dijo: “Creo que tú te ríes para no gritar”.

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¿Puede el resultado de la elección de EU decidirse en los tribunales?

Aún no se sabe quién será el próximo presidente de EU. ¿Cómo se decidirá quién es el ganador de la contienda electoral?
6 de noviembre, 2020
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Las elecciones en Estados Unidos las gana el candidato que obtiene al menos 270 delegados en el Colegio Electoral… a no ser que todo acabe en los tribunales.

Con el conteo de votos demorado y los resultados de algunos estados extraordinariamente ajustados, el equipo del presidente Donald Trump ya comenzó su ofensiva judicial.

La campaña de Trump denunció, sin ninguna evidencia, que hay fraude en la votación y presentó este jueves ya había presentado demandas ante los tribunales de Georgia, Michigan, Nevada y Pensilvania. También quiere un recuento en Wisconsin.

La BBC conversó con expertos legales sobre lo que puede significar esto y qué puede ocurrir si la resolución de la disputa se demora. ¿Es posible que las elecciones de EU se decidan en los tribunales?

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BBC

¿No deberíamos conocer los resultados a estas alturas?

Sí y no. Por lo general, cuando los datos muestran que un candidato tiene una ventaja imbatible, los principales medios de EU declaran ganador a un candidato.

Esto tiende a suceder en las primeras horas de la mañana después del día de la votación.

Estos no son resultados oficiales o finales, son proyecciones, y el conteo oficial final siempre demora días en terminarse.

Pero este año, debido al volumen masivo del voto postal, el recuento está tomando más tiempo, sobre todo porque algunos estados clave no han permitido que se inicie el conteo de estos votos por correo antes del día de las elecciones.

Conteo de votos

EPA
Muchos votos han sido contados, pero aún falta para acabar con la totalidad de los sufragios.

Así que tuvieron que contar todo el día de las elecciones, y contar los votos por correo puede demorar más que contar los votos en persona, por los requisitos de verificación.

Si la contienda es muy reñida y ningún candidato concede la victoria, es normal que continúe el recuento de votos, dice Matthew Weil, director del proyecto elecciones del Centro de Investigación de Políticas Bipartidista.

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BBC

Había obstáculos antes de la votación

La elección era de por sí muy contenciosa.

Antes de la votación del martes, había más de 300 demandas en 44 estados por el voto anticipado y postal en las elecciones de este año.

Se centraban en una serie de temas como la fecha final para recibir las boletas y enviar el voto, las firmas de testigos que se requerían y los sobres en los que se enviaba el voto.

Los estados gobernados por republicanos dijeron que las restricciones eran necesarias para evitar el fraude electoral.

Pero los demócratas sostuvieron que esto era un intento para evitar que la gente ejerciera su derecho cívico.

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BBC

¿Dónde tienen lugar las batallas de Trump?

Wisconsin

La campaña del presidente dijo que había pedido un recuento en Wisconsin “basándose en las irregularidades observadas” el martes.

No está claro cuándo se hará el recuento. Pero no suelen hacerse hasta que las autoridades del condado finalicen el conteo de los votos. La fecha límite fijada por este estado para esta parte del proceso es el 17 de noviembre.

Richard Briffault, profesor de la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia, dice que en 2016 hubo un recuento de votos en Wisconsin, y eso “cambió cerca de 100 votos”.

“Un recuento no es un método para desafiar la legalidad de un voto”, explica. “Es literalmente una forma de asegurarse que los cálculos son correctos”.

Michigan

Trump ganó en este estado en 2016 por el margen más pequeño (por un poco más de 10,700 votos).

El 4 de noviembre, su campaña anunció una demanda para frenar el conteo, a pesar de que las autoridades electorales locales ya habían contado extraoficialmente el 96% de los votos.

El 5 de noviembre, un juez desestimó la demanda, diciendo que se presentó demasiado tarde y que la campaña no logró defender su caso.

Conteo de votos

Getty Images
Trump está intentando frenar el conteo en Michigan.

Miles de votos aún no han sido contados y muchos provienen de regiones que históricamente son demócratas, pero medios estadounidenses y la BBC proyectan una victoria de Biden.

Sobre Michigan, el gerente de campaña de Trump, Bill Stepien, dijo que a su equipo no se le había permitido el acceso al conteo de votos en “numerosos” lugares donde su rival Joe Biden registra una ligera ventaja.

Pensilvania

Los republicanos objetan una decisión de la Corte Suprema de ese estado que, debido a la situación por el coronavirus, permite que se cuenten los votos llegados por correo hasta tres días después del 3 de noviembre, siempre y cuando hubieran sido enviados ese día o en fechas previas.

Los republicanos buscan una apelación.

Un juez federal en Pensilvania también rechazó la solicitud de la campaña de Trump de frenar el escrutinio y ordenó que las autoridades permitieran la presencia de 60 observadores de cada partido.

Weil dice que esta disputa es la que más le preocupa, ya que la Corte Suprema del país se encontraba en un punto muerto sobre este tema antes de la elección, y antes de que se sumara a la corte la jueza Amy Coney Barrett

“Creo que existe el riesgo de que algunas de esas papeletas (postales) que se emitieron el día de las elecciones y no se recibieron hasta el viernes puedan ser descartadas. Creo que ese sería un resultado incorrecto, pero creo que es legalmente posible “.

Pero Weil añade que la elección debería estar “muy, muy reñida para que eso importe”.

Y señala que las autoridades estatales enviaron mensajes antes de la elección urgiendo a los votantes a depositar ellos mismos su boleta en los centros de votación en vez de enviarlos por correo.

“Por eso creo que no será un gran número de votos que se vaya a descartar, si ese es el caso”.

Briffault añade que los votos que llegan tarde están siendo contados de forma separada, y dice que si Biden puede tomar la delantera sin el recuento de esos votos, no ve que haya bases para una demanda.

Sin embargo, la campaña de Trump declaró la victoria en el estado, a pesar de que hay más de un millón de votos todavía sin contar.

Ningún medio importante de EU ha proyectado un ganador.

Georgia

Los republicanos del estado y la campaña de Trump han presentado una demanda en el condado de Chatham en Georgia para frenar el recuento, alegando problemas con el procesamiento de los votos a distancia.

El presidente del Partido Republicano en Georgia, David Shafer, tuiteó que observadores de su partido vieron a una mujer “mezclar más de 50 votos en la bolsa de votos a distancia no contabilizados”.

Le han pedido a un juez que dé cuenta de las boletas del condado que se recibieron después de que se cerraron las urnas el día de las elecciones.

El 5 de noviembre, un juez desestimó esta demanda, diciendo que no había “evidencia” de mezcla incorrecta de votos.

Manifestantes demócratas

Getty Images
Manifestantes demócratas exigen que se cuenten todos los votos.

¿Puede alguna de estas disputas llegar a la Corte Suprema?

El miércoles, Trump también declaró que había habido fraude electoral sin evidencia, y añadió: “Vamos a acudir a la Corte Suprema de EU Queremos que se detenga la votación”.

https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1324353932022480896

Hay que aclarar que la votación ya ha terminado: los centros electorales cerraron el día de la elección, aunque queda pendiente la pregunta de los votos tardíos, como ocurre en Pensilvania.

“La Corte Suprema no tiene ningún tipo de poder especial para detener el proceso de conteo legal”, explica Weil.

Gráfico de quién podría involucrarse si se impugnan los resultados

BBC

Briffault dice además que las campañas puede disputar elecciones reñidas en estados clave, pero “aún así tienen que tener un caso que genere una preocupación constitucional” para que llegue a la Corte Suprema.

“No existe un proceso estándar para llevar las disputas electorales a la Corte Suprema. Es muy inusual y tendría que involucrar un problema muy importante”.

Si se impugnan los resultados de la elección, se necesitarían equipos legales para impugnar los resultados en los tribunales de los estados.

Luego los jueces estatales necesitarían aceptar la impugnación y ordenar un recuento, y luego se les puede pedir a los jueces de la Corte Suprema que cambien el veredicto.

Los jueces estatales tendrían que defender la impugnación y ordenar un recuento, y entonces se podría pedir a los jueces de la Corte Suprema que revoquen un fallo.

En algunos lugares, los recuentos se hacen automáticamente si la diferencia es muy justa (como el caso de Florida en la elección presidencial del año 2000 entre George W. Bush y Al Gore).

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BBC

¿Cuánto tiempo puede durar esto?

Como esto es una elección presidencial, hay plazos federales y constitucionales clave para hacer avanzar el proceso:

  • Los estados tienen cinco semanas desde el 3 de noviembre para decidir qué candidato ganó la batalla presidencial. Se conoce como la fecha de “puerto seguro” y este año es el 8 de diciembre.
  • Si el estado no ha decidido a qué candidato asignarle sus electores del Colegio Electoral para esta fecha (recuerda que el presidente es elegido por un colegio electoral y no por voto popular) el Congreso puede decidir que sus electores no sumarán al conteo final.
  • El 14 de diciembre los electores se reúnen en sus respectivos estados para votar.
  • Si todavía no hay un ganador por mayoría para el 6 de enero, el nuevo Congreso decide el resultado en lo que se conoce como elección de contingencia.
  • La Cámara de Representantes seleccionará al presidente mientras que el Senado elegirá al vicepresidente. Sí, esto significa que podríamos tener a un presidente y a un vicepresidente de diferentes partidos, pero todavía no es hora de pensar en la fórmula Biden-Pence o Trump- Harris.
  • Cada delegación de la Cámara de Representantes tiene un voto.. Quien sea que gane 26 delegaciones será el nuevo presidente de EU.

Pero Weil dice que “muchas cosas tienen que salir mal para llegar a esta situación en la que la Cámara de Representantes y el Senado deciden la presidencia”, como por ejemplo, que la elección sea increíblemente reñida.

“No es sólo que algunos estados tengan que estar en juego”, dice. “Podríamos tener algunos desacuerdos en los estados y aún tener un candidato que obtenga 270 votos en el colegio electoral

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BBC

¿Por qué podría haber estados que no declaren un ganador?

¿Qué pasa si los estados mismos no pueden acordar quién se lleva sus electores? Puedes imaginarte este escenario si un partido argumenta que el recuento final es inexacto o ha sido manipulado.

Los estados clave de Carolina del Norte, Pensilvania, Michigan y Wisconsin tienen todos actualmente gobiernos divididos: gobernadores demócratas, pero legislaturas con mayoría republicana.

En una elección impugnada, los legisladores pueden teóricamente separarse de sus gobernadores y presentar sus propios electores certificados al Congreso. Esto por ejemplo sucedió en 1876.

El Congreso deberá determinar los votos de quién van a contar, si los presentados por la legislatura o por el gobernador.

Si la Cámara de Representantes y el Senado se ponen de acuerdo, no hay problema. Si están divididos, entramos en un terreno desconocido, aunque algunos expertos dicen que la ley federal favorece a los electores del gobernador.

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BBC

El verdadero plazo final

Pase lo que pase, la Constitución establece que el 20 de enero debe comenzar un nuevo período presidencial.

“Al mediodía, tenemos que juramentar a alguien como presidente. Si no hay un resultado, entonces tenemos que acudir al plan de sucesión“, señala Weil.

Y nota que podemos también llegar a ver un escenario en el que la Cámara de Representantes no se pone de acuerdo sobre el presidente, pero el Senado confirma al vicepresidente.

Si la Cámara de Representantes no puede resolverlo para el día de la inauguración, el vicepresidente elegido por el Senado se convierte enpresidente.

Quien sigue en la línea sucesoria si no hay vicepresidente es el presidente de la Cámara de Representantes, actualmente la demócrata Nancy Pelosi.

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BBC

¿Se ha visto antes esta clase de drama?

Hasta la fecha, la elección del año 2000 es la única que se decidió en la Corte Suprema, cuando George Bush superó a Al Gore.

Fue una carrera muy ajustada entre el demócrata Gore y el republicano Bush. El día de la elección, Gore ganó el voto popular, pero la situación estuvo más reñida en el colegio electoral.

Todo dependía de los 25 votos electorales de Florida.

La contienda fue lo suficientemente apretada como para dar lugar a un recuento de votos.

El equipo de Gore pidió el recuento a mano en cuatro condados, a lo cual la campaña de Bush respondió con una apelación.

Semanas más tarde, la Corte Suprema falló en favor de Bush 5-4.

Gore concedió y Bush asumió el liderazgo de la Casa Blanca.

Existen otras dos instancias con resultados inusuales:

Disputa de 1876

Los legisladores tuvieron otro lío electoral entre sus manos en 1876, entre el demócrata Samuel Tilden y el republicano Rutherford Hayes.

Tilden estaba con un voto en desventaja para ganar en el colegio electoral. Cuatro estados tenían disputas electorales, y si Hayes ganaba en ellos, ganaba todo.

Los legisladores nombraron a una comisión bipartidista para elegir un ganador. Y así surgió el Compromiso de 1877: Hayes ganó -por el margen de un voto electoral- negociando con los demócratas del sur.

La elección se resolvió solo dos días antes del día de la inauguración

1824: lograr la mayoría de votos del colegio electoral no es suficiente.

En 1824, el hombre que ganó el voto popular y la mayoría de votos del colegio electoral no ganó las elecciones.

Andrew Jackson pareció ganarle por un pequeño margen a John Quincy Adams por un sexto período presidencial, pero como ningún candidato se aseguró una mayoría, la decisión la tomó, como indica la Constitución, la Cámara de Representantes.

El presidente de la cámara en ese entonces, Henry Clay, no era fan de Jackson. En lo que se conoce como “negociación corrupta”, Clay negoció con los legisladores de la Cámara baja para asegurar un triunfo de Adams, y el rol de Secretario de Estado para sí mismo.

Investigación Ritu Prasad


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