Ivonne Ramírez, una de las mil desaparecidas en el Edomex desde 2007
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Ivonne Ramírez, una de las mil desaparecidas en el Edomex desde 2007

Por Moisés Castillo
17 de marzo, 2012
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G. Ivonne Ramirez Mora.

I.

Roberto abrió la puerta de la casa y notó tanta tranquilidad que le resultó desesperante. Aventó las llaves en el sillón y comenzó a recorrer el pasillo que lo llevaría a las dos habitaciones. Una estaba vacía, en la otra se encontraban sus dos pequeñas durmiendo profundamente como si el mundo no existiera.

Regresó a la estancia y alzó la voz: “Ivonne, ya llegué”, “Ivonne dónde andas”. Al entrar a la cocina vio una charola de jugosos bisteces, la licuadora con un par de jitomates cocidos, cebolla y un poco de agua. También una tablita de madera y un pequeño cuchillo perfectamente desordenados en la mesa de vidrio. Tomó su celular y llamó a su esposa mientras se servía un poco de agua.

-¿Qué pasó? ¿Dónde estás? Acabo de llegar…

-Hola chiquito, ya casi ando por allá. Estaba preparando la cena que te gusta y se me olvidó comprar unos chiles y otras cositas.

Ivonne fue al Mini Super de Lomas de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, y abordó la combi que tardaba cinco minutos en dejarla en la esquina de su hogar. Roberto se impacientó porque había transcurrido media hora y no llegaba. Le marcó a Leticia, su suegra, para saber si estaba en su departamento porque vivían a escasas dos cuadras de distancia.

-No, para nada. Estoy aquí en el hospital con mi mamá pero déjame entregar unos papeles y voy para allá…

-Es que ya tiene rato de que hablé con ella y me dijo que ya venía en camino.

-No te preocupes ahorita salgo-, insistió Leticia.

Eran las ocho de la noche de un lunes 30 de mayo de 2011. El silencio dejó inmóvil por un rato a Roberto tras intentar comunicarse una y otra vez con Ivonne. Por la mañana, Leticia habló por teléfono con su hija, le dijo que ya no era necesario que fuera al hospital de Balbuena a hacer guardia con su abuelita porque iría una de sus hermanas. Transcurrió el día como una pastilla efervescente, Leticia salió de trabajar y fue a la clínica a relevar a su familiar. Pero la llamada de su yerno alteró los latidos de su corazón.

Encontró a Roberto sentado en la banqueta con la mirada hacia el pavimento. Eran las 10 de la noche y no había noticias de su hija Ivonne. Las niñas de uno y dos años de edad todavía seguían dormidas en su cuarto. Llamó nuevamente y el celular decía que estaba fuera del área de servicio. Una vez más y la mandaba directamente a buzón. Leticia sintió que su saliva se volvía amarga.

-Vamos a esperar hasta las 12 de la noche y si no llega pues entonces la empezamos a buscar. Voy a mi casa por si llama o algo-, comentó a Roberto quien desesperado se tronaba los dedos.

Cinco minutos antes de la media noche, Leticia se comunicó con Roberto para checar si había alguna novedad, nada. Los teléfonos estaban muertos.

El domingo, un día antes, se habían reunido para comer, jugar con las bebés, incluso fueron a misa por la noche. Un domingo familiar cualquiera. 24 horas después Leticia ya rezaba silenciosa en su mente. Le dijo a Verónica, su hija mayor, que la acompañara al Casino Carnevale, donde Ivonne había ingresado a trabajar escasas tres semanas.

Preguntaron a un joven de seguridad y no supo responder. Minutos más tarde salió el gerente, un tipo alto y güero con acento argentino: “No sé nada, Ivonne descansó, pero le doy el número de una de sus amigas”. Su compañera de trabajo desconocía su paradero, por lo que regresaron a casa y comenzaron a marcar a hospitales, Cruz Roja, Ministerios Públicos, familiares, amigos. Nada, sólo esperaban el milagro porque la tempestad nocturna golpeaba sus cabezas.

II.

El martes 31 de mayo comenzó la búsqueda burocrática. A las 3:30 de la tarde Leticia interpuso la denuncia en la Agencia Express Las Alamedas, donde se abrió la carpeta de investigación 483930360013911. El Ministerio Público ordenó regresar a las 7 de las noche. En ese lapso, la familia y el esposo de Ivonne empezaron a sacar copias y distribuirlas entre los negocios y la gente de la colonia.

Al día siguiente, acudieron al Programa para la Búsqueda y Localización de Personas Abandonadas, Extraviadas o Ausentes (Odisea). Tendrían que esperar 72 horas porque a lo mejor “ella podría regresar”, en tanto no se podía hacer nada.

La casa de Leticia era un cementerio. Nadie hablaba, había una impotencia total. ¿Qué más se podía hacer? Roberto tenía que trabajar y en las tardes cuidar a sus hijas. Leticia tuvo que renunciar a su empleo porque no podía concentrarse, todo le salía mal, se la pasaba llorando todo el tiempo. Sus ojos hinchados ya eran parte de su rostro. Un paisaje desolado era su realidad.

Acudió a la presidencia municipal de Atizapán de Zaragoza, donde casualmente vio al regidor Jesús David Castañeda Delgado y le entregó la hoja donde venía impresa la foto de Ivonne y lo único que dijo fue: “Si, voy a ver qué puedo hacer. Vayan con mi secretaria”.

Así inició el viacrucis de la familia Ramírez Mora. Leticia se entrevistó con un comandante municipal que pedía dinero para realizar patrullajes: “Bueno, qué prefiere, que encontremos a su hija rápido o en el tiempo normal. Usted sabe que no contamos con crédito para nuestros celulares y nos falta para la gasolina ”. Perdió 15 días con las promesas del uniformado. El personal del Ministerio Público de Atizapán no se cansaba de decir con indiferencia que el expediente aún no les llegaba. Otros 15 días se esfumaron.

Se percató que otras madres sufrían la misma situación. A todas les repetían la misma frase: “No ha llegado la averiguación”. Una señora humilde, con las fuerzas que le quedaban, le dijo a la titular del MP: “oiga señorita, pero yo vivo en el municipio de Nicolás Romero y estoy gastando mucho dinero en pasajes, no tengo ni para comer y ustedes no dan ninguna respuesta”. “Señora, pues qué quiere que hagamos, consiga”, respondió atrás de su escritorio.

“¿Cómo es posible que no les llegue el expediente?”, se preguntó Leticia y decidió ir a Toluca para hablar con el procurador Alfredo Castillo. La angustia se incrementaba mientras pasaban los días. Una funcionaria de alto rango hizo un par de llamadas y habló al MP de Atizapán para checar qué sabían del expediente. “¿Cómo que lo tienen perdido?”. La averiguación se encontraba arrumbada entre 300 casos más de personas desaparecidas. “Búsquenlo de inmediato”, dio la orden la funcionaria y en 10 minutos ubicaron la carpeta.

Sin embargo, la investigación no avanzaba. Vueltas y más vueltas al MP se tornaron en un fastidio doloroso. Una tarde, Leticia escuchó en un noticiero de radio a la diputada del PAN Rosi Orozco hablar sobre la trata de personas y cómo secuestraban a las jovencitas para explotarlas sexualmente. Una sobreviviente dio su testimonio y de inmediato pensó que su hija estaría en una situación similar. Contactó a la legisladora en un evento de Los Pinos y la panista la apoyó sin titubear: se entrevistaron con el procurador mexiquense, quien se comprometió a atender personalmente la desaparición de Ivonne.

“Traiga el caso de Atizapán para acá”. Italy Dessire Ciani Sotomayor, subprocuradora para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género, llevaría la averiguación. Leticia pensó que su suerte iba a cambiar, que sus rezos por fin habían sido escuchados. Una semana después, el MP de Toluca no mostraba avances y sólo la citaban a declarar y a firmar. Todo estaba igual, todo estaba vacío. Hablaba el llanto.

En el Estado de México, la desaparición de mujeres es algo normal, por lo menos desde hace cinco años. Tan sólo en 2011 cada día en promedio más de una de ellas no regresó a su casa. Es decir, se denunciaron 570 desapariciones, de acuerdo con datos de la procuraduría de justicia estatal.

Los reportes oficiales indican que las desapariciones de mujeres han crecido mil 225 por ciento entre 2007 -desde que se tiene estadística- y 2011, al pasar de 43 a 570 casos, respectivamente.

En total, desde 2007 y hasta febrero de este año han sido registradas 981 desapariciones; de éstas se reporta el hallazgo de 290 mujeres, ya sean vivas o muertas, dato que no precisa la estadística de la procuraduría mexiquense, lo que significa que hasta la fecha se sigue sin rastro de 691.

En México operan al menos 47 redes que se dedican a este ilícito, de acuerdo con la Red Nacional de Refugios. Al año hay 800 mil adultos y 20 mil menores víctimas de este delito cuyas ganancias oscilan entre los 372 mil millones de pesos.
Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas informa que el delito de trata de personas es el negocio más rentable después del trafico de drogas y las armas para la delincuencia organizada. Se estima que cada año tres millones de personas son víctimas del tráfico a nivel mundial, de ellas 80 por ciento son mujeres.

III.

A los 12 días de haber desaparecido Ivonne, su padre recibió un mensaje de texto a su celular de un número desconocido: “No me busquen más. No intenten buscarme, adiós para siempre”. A Leticia se le hizo extraña esa redacción porque su hija no escribe frases completas, ya que siempre escribe con “k”, signos o caritas. Mandaba mensajes abreviados. Fue a la compañía telefónica y detectaron que ese recado había sido enviado desde Matamoros, Tamaulipas.

Reportó esta nueva pista al MP de Toluca pero sólo anotaron el número. “No podemos investigar allá porque no es de nuestra competencia”. La cuenta bancaria de la joven estaba intacta, sin ningún movimiento. Leticia sin planearlo y por la negligencia de las autoridades tuvo que convertirse en una investigadora.

A pesar del respaldo de los visitadores de la CNDH, se sintió indignada por el trato insensible en tierra mexiquense, nada más están para “recibir un sueldo”. También acudió a la recién creada Procuraduría Social de Atención a Víctimas de Delitos, donde repiten los mismos lastres burocráticos.

“Nunca me imaginé que las autoridades estuvieran tan mal. Siento que se burlan de nosotros. En ese tiempo todavía estaba Enrique Peña Nieto como gobernador y ahorita quiere ser presidente, ¡es terrible! Al Estado de México lo dejó muy mal, hay 500 mujeres desaparecidas. En Tlalnepantla, Atizapán, Cuautitlán han encontrado mujeres muertas. Todo ha sido una farsa”.

Han pasado casi 10 meses y Leticia piensa en Ivonne con una tristeza desabrida. Sus piernas las siente pesadas de tanto caminar. Se encuentra frustrada por no saber nada de ella, si está bien o mal, pero ni el tiempo podrá destruir la esperanza de volverla abrazar. La joven, que ahora tiene 23 años era atractiva, llamaba mucho la atención, todo mundo la volteaba ver.

-Oye, hasta para ir a la tienda te planchas el cabello…
-Pues sí, que tal si me encuentro a alguien-, respondía Ivonne a su madre y se reían como verdaderas amigas.

Ella no tenía problemas con Roberto. Había clásicas discusiones de recién casados pero nada grave. Con su familia era muy cariñosa, sobre todo con su mamá, a la que le hablaba por lo menos cinco veces al día para platicar o invitarla a comer. Leticia pensaba: “Ay, ya se debería buscar una amiga de su edad”.

Terminó la preparatoria en el Instituto Alexander de Las Alamedas. Quería ser modelo. Trabajó como edecán en varios eventos. Le encantaba comprarse ropa de marca y visitar lugares de moda. El único inconveniente que tenía Leticia cuando su hija vivía en su hogar eran los “viernes de antro”. A veces la dejaba ir pero no siempre. No era muy noviera ni amiguera.

En una ocasión le confesó que iba a renunciar a su empleo en el Casino Carnevale porque no ganaba bien y prefería cuidar a sus niñas. Tenía menos de un mes de haber entrado y le dio la noticia a una de sus compañeras, quien un poco extrañada le dijo “no, no renuncies, porque tienen algo bueno para ti”. Ivonne le comentaba a su madre que varias traían autos del año, se habían operado los senos y cosas extrañas para unas jovencitas que no ganaban suficiente para darse esos lujos.

El casino ya no funciona. Cuando fue la inauguración nadie se enteró de su apertura y un mes después ya habían colocado candados en las puertas del inmueble. Estuvieron sacando mobiliario, máquinas de juegos y otros artefactos. Los empleados de alto nivel eran extranjeros, sudamericanos. Este hecho coincidió con la desaparición de Ivonne. El comandante municipal de Atizapán le dijo una vez sin importarle el dolor ajeno: “Oiga señora, talvez a su hija le gusta ese tipo de vida de los tables dance”.

Cuando nacieron sus nietas fueron momentos especiales: ver a su hija, la “chiquita” que ya era mamá, fue conmovedor. Pero a Ivonne la recuerda con ternura cuando fue por ella a la parada de los micros en su motocicleta que le regalaron cuando cumplió 15 años. “Súbete mamá, Veritos no pudo venir por ti”, Leticia le dio un ataque de risa, tenía pena de que la vieran trepada en una moto.

Actualmente, la maestra Teresa Ulloa, directora regional para América Latina y el Caribe de la Coalición contra el tráfico de Mujeres y Niñas, le asignó una abogada para que la asesore en una nueva etapa de las pesquisas.

Para Leticia hay muchas cosas que aun no tienen explicación como dejar a sus dos niñitas o no llevarse ni una sola prenda de vestir, papeles, cosas personales. Tiene la hipótesis de que la interceptaron al bajar de la combi luego de haber ido al Mini Super. Simplemente desapareció. Dicen que la resignación se encarga de arreglar casi todo: poco a poco se forma una suave costumbre del dolor. Pero este tormento hace a Leticia más fuerte para caminar sin olvido: resucitar el tiempo perdido.

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Ayotzinapa: dónde están las figuras clave en el caso de la desaparición de los 43 estudiantes

Ocho años después de la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero, los mexicanos siguen exigiendo respuestas.
26 de septiembre, 2022
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La desaparición de 43 estudiantes en México el 26 de septiembre de 2014 sacudió a la sociedad mexicana, expuso la gravedad de la corrupción gubernamental y mostró la espiral de violencia que ya había dejado miles de muertos.

Ocho años después, aún se desconoce qué sucedió realmente ese día.

Aproximadamente a media hora en automóvil desde la pequeña ciudad de Cocula, se dijo que un basurero fétido en las colinas era el lugar donde habían sido enterrados los 43 estudiantes que desaparecieron mientras viajaban juntos a una protesta.

Fue allí, en medio de montones de desechos cotidianos donde, según las autoridades mexicanas, miembros del grupo criminal Guerreros Unidos mataron y quemaron a los estudiantes, todos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, después de haber sido secuestrados por agentes de policía corruptos, en la ciudad cercana de Iguala, y entregados al grupo criminal.

Pero en 2016 investigadores independientes refutaron la teoría del gobierno de que los estudiantes fueron asesinados y quemados en el basurero, una de las falsedades más relevantes en un caso que ha puesto al descubierto la doble batalla de México contra la corrupción profundamente arraigada y la violencia desenfrenada.

Ocho años después, solo se han identificado los restos de tres estudiantes.

Ahora, después de años de intenso escrutinio público y críticas, una Comisión de la Verdad creada por el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha reformulado el hecho como un “crimen de Estado” y un encubrimiento que involucra a decenas de miembros de grupos criminales, militares, policías locales, estatales y federales, en un hecho que tocó hasta los niveles más altos del gobierno de México.

El público continúa protestando por los fracasos de dos gobiernos sucesivos para descubrir la verdad de lo que sucedió.

En el octavo aniversario del caso, algunos de los actores clave han sido detenidos, otros han desaparecido y aún se sigue buscando respuesta sobre lo que ocurrió con otros.

Jesús Murillo Karam, exprocurador general

El viernes 19 de agosto, el exprocurador general de México, Jesús Murillo Karam, fue arrestado en relación con el caso.

Como procurador general del gobierno de Enrique Peña Nieto, abrió la investigación original sobre la desaparición de los estudiantes.

Jesús Murillo Karam

Getty Images
Jesús Murillo Karam era el procurador general de México cuando desaparecieron los estudiantes.

Fue acusado de desaparición forzada, tortura y obstrucción a la justicia en relación con los estudiantes desaparecidos.

El sucesor de Peña Nieto, López Obrador, dijo que el papel de Murillo Karam en los arrestos falsos después de las desapariciones fue una “prueba” de que supervisó un gran encubrimiento destinado a proteger al gobierno federal de la responsabilidad.

En declaraciones ante un juez el 24 de agosto, Murillo Karam señaló que, si bien estaba dispuesto a aceptar algunos errores de investigación, nadie había podido ofrecer de manera convincente otra versión de lo que les sucedió a los estudiantes.

Ahora está procesado. Si bien no se ha anunciado una fecha para un posible juicio, un juez dictaminó que permanecerá en prisión preventiva hasta entonces.

Tomás Zerón, exjefe de la Agencia de Investigación Criminal

El exdirector de la ahora desaparecida Agencia de Investigación Criminal de México, Tomás Zerón, fue acusado por el gobierno de López Obrador de torturar a testigos en el caso, incluido un miembro de Guerreros Unidos, para ayudar a respaldar la versión del caso del gobierno.

También es buscado por presunta manipulación de pruebas. Zerón negó los cargos, que ha descrito como motivados políticamente.

Tomas Zeron

Getty Images
Se cree que Tomás Zerón está en Israel.

Según los informes, en 2019 Zerón huyó a Canadá y en julio de 2021 funcionarios israelíes y mexicanos dijeron que Zerón huyó a Israel y solicitó asilo.

Desde entonces, México solicitó su extradición que, según el canciller Marcelo Ebrard, era de “máxima prioridad” para el gobierno de López Obrador. Las autoridades israelíes hasta ahora no han concedido la solicitud.

Según el último informe del gobierno mexicano, funcionarios se reunieron con Zerón en Tel Aviv en febrero para discutir la posibilidad de que regrese a México para responder a los cargos en su contra. Él permanece en Israel.

José Luis Abarca, exalcalde de Iguala

El alcalde de Iguala en 2014, José Luis Abarca, huyó del pueblo junto con su esposa, María de los Ángeles Pineda, a los pocos días del crimen. Fueron arrestados en la Ciudad de México más de un mes después.

Ambos siguen en prisión acusados de lavado de dinero y vínculos con el crimen organizado.

Sin embargo, a pesar de las acusaciones de que estuvo involucrado en las desapariciones de estudiantes, algunos familiares de los 43 lo han defendido públicamente, e incluso realizaron una marcha en Iguala el mes pasado para pedir su liberación.

José Luis Abarca

Getty Images
Las autoridades anunciaron el arresto de José Luis Abarca en una conferencia de prensa en 2014.

El pasado 14 de septiembre, un juez lo absolvió de cualquier responsabilidad por el secuestro de Iguala, alegando falta de pruebas. Por separado, enfrenta cargos relacionados con el asesinato de dos activistas locales en 2013, además de los cargos de lavado de dinero y crimen organizado.

Ricardo Mejía, subsecretario de Seguridad Pública, prometió que el gobierno impugnaría el fallo. También descartó cualquier sugerencia de que el exalcalde sería liberado de prisión.

Guerreros Unidos

El grupo criminal acusado de matar a los estudiantes sigue activo. Según las autoridades mexicanas, está fuertemente involucrado en extorsiones y secuestros en Guerrero y otros dos estados mexicanos.

También se cree que produce y trafica heroína de México a Estados Unidos. Ahora se cree que está aliado con el Cártel Jalisco Nueva Generación, uno de los más poderosos de México.

A principios de agosto, las autoridades mexicanas anunciaron que 14 miembros de Guerreros Unidos se encontraban entre un grupo más grande de 83 personas buscadas para arresto en relación con la desaparición de los 43 estudiantes.

Otros 14 miembros del grupo, así como tres de sus familiares todos vinculados al caso han muerto desde entonces, algunos de ellos a manos de otros delincuentes o de las fuerzas de seguridad mexicanas. Otros murieron por causas naturales.

Las autoridades mexicanas también han sido acusadas repetidamente de torturar a presuntos miembros del grupo para obtener confesiones.

La tortura y confesión de seis miembros de Guerreros Unidos está en el centro de los cargos del gobierno contra Murillo Karam.

Otro miembro del grupo que se cree jugó un papel clave en el incidente de Iguala, Juan Salgado Guzmán, fue asesinado a tiros por la policía en septiembre de 2021.

El informe reciente del gobierno encontró una serie de “irregularidades” relacionadas con su muerte, lo que llevó a las autoridades a concluir que había sido “ejecutado” sin provocación después de haber sido herido y cuando ya no representaba una amenaza para los oficiales.

Soldados mexicanos

Getty Images
Soldados mexicanos buscando a los estudiantes desaparecidos en 2014.

El Ejército

Gran parte del misterio que rodea el secuestro de Iguala gira en torno a la participación de los militares.

Las autoridades confirmaron que el Ejército tenía un informante que viajaba con los estudiantes de Ayotzinapa el día de la desaparición y estaba al tanto de los movimientos antes de que ocurriera el ataque.

Las autoridades mexicanas han dicho que los militares no hicieron nada para encontrar al informante, que se encuentra entre los que siguen desaparecidos.

Además, los militares han sido acusados por expertos de ocultar información que podría haber ayudado a localizar a los estudiantes. Imágenes de drones parecían mostrar a marinos mexicanos manipulando evidencia en el vertedero de Cocula.

El 15 de septiembre, las autoridades mexicanas anunciaron el arresto de un general retirado del Ejército, José Rodríguez Pérez, en relación con el secuestro de Iguala. Rodríguez tenía el grado de coronel al momento del hecho y estaba a cargo de una unidad estacionada en Iguala.

Otros dos oficiales militares también fueron arrestados.

No está claro qué evidencia tiene el gobierno contra Rodríguez. Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, dijo a los periodistas que miembros del grupo criminal retuvieron a seis de los estudiantes en un antiguo almacén antes de entregárselos al entonces coronel, quien presuntamente ordenó que los mataran y se deshicieran de sus cuerpos.

En total se emitieron recientemente órdenes de arresto contra 20 miembros de las Fuerzas Armadas, incluidos comandantes y soldados de los dos batallones diferentes que estaban en Iguala en ese momento.

A pesar de la promesa del gobierno mexicano de responsabilizar a los militares por las violaciones de los derechos humanos, muchos de los problemas planteados por la investigación inicial de Iguala parecen no haber sido abordados.

Lee: Ayotzinapa: a ocho años, cinco nuevos arrestos, 21 órdenes de arresto canceladas, 121 absoluciones y ninguna sentencia


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