Queremos justicia: Ellas hablan de su dolor
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Queremos justicia:
Ellas hablan de su dolor

Algunas de ellas han perdido hasta 8 familiares. Todas tienen una historia y la cuentan en el marco del aniversario del Movimiento por la Paz, mientras reclaman lo mismo de hace un año: Justicia.
Por Abenámar Sánchez
29 de marzo, 2012
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María Herrera, madre de los desaparecidos Raúl, José de Jesús, Gustavo y Luis Armando Trujillo Herrera.//FOTO: Cuartoscuro

De perfil, en cuanto toma asiento en el camión que parte de la glorieta de la Paloma de la Paz, en Cuernavaca, rumbo al fraccionamiento Las Brisas, Temixco, en Morelos, a la regiomontana Amada Fuentes se le alcanza a leer, por un instante, sin la “n” la pregunta que lleva escrita en la pechera de la camiseta negra que trae puesta, porque al doblarse, mujer menuda, la letra queda escondida entre la rugosidad de la holgada prenda. Es como si durante un instante pasara del reclamo general, sobre la desaparición de cerca de “20 mil personas” en lo que lleva la llamada guerra del Gobierno federal contra el narcotráfico en el país, a otro específico: la desaparición de su hijo Gustavo Castañeda Fuentes, en Nuevo León, el miércoles 25 de febrero de 2009 a la una de la tarde con diecinueve minutos, con quien en ese momento se encontraba hablando a través de un teléfono móvil, pero se interrumpió la llamada.

El camión, que transporta a un grupo de activistas y familiares de las personas desaparecidas de 2006 a la fecha, a la vez integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que surgió hace un año tras el asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia y seis jóvenes más, deja atrás a la fuente de la Paloma de la Paz, al que los manifestantes esta mañana le han colgado un distintivo de luto en el pico de la figura y vertido colorante tono sangre en las aguas, y Amada Fuentes, con ojeras que denotan que recién ha llorado mucho, dice que Gustavo “se fue” de 27 años, “lo levantaron los policías municipales de Nuevo León”, horas después de que él conviviera con mamá y su hijo de siete meses, en la casa de ella. “Era bonito”, “era guapo”. “¿Verdad, compañeras, verdad? Apóyenme!”, pide a Olga Reyes Salazar y a Soledad Carrión, quienes desde los asientos de atrás la vienen escuchando y la miran con dolor.

Olga Reyes Salazar, de Guadalupe, Distrito Bravos, Chihuahua, ha perdido a seis familiares de 2008 a la fecha: cuatro  hermanos (los activistas Josefina, Rubén, Elías y Malena), un sobrino y una cuñada (Julio César, hijo de Josefina, y Luisa Ornelas, esposa de Elías). Sentada en la última fila de asientos, detrás de Amada Fuentes, dice que admira a sus compañeros y compañeras del Movimiento porque son personas que tienen tanta fuerza en su lucha. Olga y su familia padecieron, a principios de 2011, la desaparición de tres de sus familiares, pero tras una presión lograron que en dos semanas los asesinos abandonaran los cuerpos de las víctimas a orillas de una carretera. Se trataban de los cuerpos de Elías, Malena y Luisa, quienes habían sido secuestrados cerca de un retén militar. Los recuperaron, aunque muertos, pero la esperanza de Olga Reyes estriba en llevar ante la justicia a los asesinos de sus familiares, eso mismo que busca Soledad Carrión, la madre de Paris de Jesús Huge (su nombre artístico), asesinado a sus 28 años, el viernes 7 de agosto de 2010, en la carretera México-Puebla, a la altura de la llamada Caseta Vieja, cuando regresaba del trabajo.

Soledad, mujer alta, robusta, de semblante adolorida, saca de su bolso una foto de su hijo: una imagen tamaño carta, metida en una transparente bolsa de plástico. En ella se observa a Paris, moreno, de nariz alta, posando junto a la cortina de su negocio de diseño gráfico. Él mismo, como grafittero y pintor con más de 100 cuadros en su galería privada, había trazado multifiguras en la lámina de la puerta. “Me lo mataron cuando volvía de su trabajo, en su bicicleta…Ya sabemos quién anda ahora en esa bicicleta”, dice Soledad, originaria de Ixtapalucan, en los límites de la Ciudad de México y el estado de Puebla, en un tono oprimido por la impotencia y por las ganas de llorar. Insiste en que busca justicia, mientras saca otra foto que corresponde a otro joven grafittero asesinado en Cancún, Quintana Roo.

Luis Ángel León Rodríguez, otra víctima, también desapareció camino al trabajo. Hijo de Araceli Rodríguez, otra de las mujeres con amplia participación en el Movimiento como Olga Reyes Salazar, recuerda que ese día, el 16 de noviembre de 2009, recibió a las once horas una llamada de su hijo, un muchacho blanco que coronaba sus respuestas o comentarios a su madre con la frase “Te amo”. Luis Ángel comentó que ya estaba por irse de comisión, como trabajador de la Policía Federal. Fue la última comunicación que sostuvieron él y su madre, quien ahora está junto al grupo que recuerda la muerte del joven Sicilia y compañeros a un año de que fueran abandonados sus cuerpos en un automóvil en este arbolado callejón periférico delineado por ocres bardas y muros de piedras cerca del fraccionamiento Las Brisas, en Temixco. Originaria de Hidalgo, Michoacán, mientras se oyen los llantos de otras madres que claman por el regreso de sus hijos, suple el asomo de llanto con una breve sonrisa al tiempo que recuerda a su hijo como “el más hermoso de los hermosos”.

Ya no llora, pero por ratos se la observa con ligeros estremecimientos de cuerpo. Se llama María González y es madre de Andrés Ascencio, quien desapareció el 27 de noviembre de 2011, a las nueve de la noche, camino a Texas, en territorio de Nuevo León, cuando iba en compañía de su amigo Braulio Hernández. Sentada bajo un árbol, en la otra acera del callejón donde el escritor Rocato Bablot y Javier Sicilia hablan ante la prensa de las miles de víctimas, a María González se la observa triste, desesperada. Hace rato lloró a gritos en cuanto le tocó el turno de participar ante la prensa. ¡Que ya paren esta guerra!, dijo. ¡Que ya paren!, también gritó Javier Sicilia, el dirigente del movimiento. Bablot habló acerca de unas 60 mil víctimas: cerca de 40 mil muertos y un promedio de 20 mil desaparecidos. María sí supo el momento en que algo le sucedió a su hijo Andrés: a las nueve de la noche de ese domingo él la llamó para comentarle que estaba a dos horas de Nuevo Laredo, pero que en ese momento se encontraba resolviendo unos breves trámites de tránsito con personas de un retén. De repente Andrés interrumpió la plática con su madre y se puso a gritar.

–Dale, Braulio, dale.

Se cortó la llamada. Fue la última plática de María con su hijo, porque no volvió a entrar la llamada a ese número de celular.

Sí, jamás volvió a entrar la llamada a su celular, y tampoco ha sido usado el celular en otra zona del país. Quien ahora relata se llama Lucía Baca y es la madre de Alejandro Moreno, quien desapareció cuando iba de paseo a Laredo, Texas. Alejandro se “llama” Alejandro, no se “llamaba”, porque mientras no aparezca mi familia y yo tenemos la esperanza de que Alejandro vive.  Muchacho inteligente, cariñoso, ayer hizo catorce meses de su desaparición, y tenemos la esperanza de que se lo hayan llevado para que les trabaje en asuntos de sistemas, porque él es ingeniero en electrónica.

Lucía Baca, jovial, tiene un tono triste cuando habla de su hijo. Dice que el dolor cansa, y que ya no viven, sino están sobreviviendo, esperando. Recuerda el día en que desapareció su hijo, cuando viajaba solo en su coche: el jueves 27 de enero.

–Esa es una fecha que llevo tatuada en la vida.

Es la huella. Pintadas con tizas, hay tantas frases en el callejón donde hace un año fueron encontrados los cuerpos del hijo del poeta Javier Sicilia y de otros seis jóvenes. Piden por la paz. Hay gritos de ya basta, de no más sangre. Cuando los hombres y las mujeres del Movimiento por la Paz, Justicia y Dignidad levantan sus pancartas, las fotos de las víctimas, las cruces pintadas de blanco, esas palabras se quedan allí, cerca de un pequeño altar adornado de flores blancas y rojas, allí en el piso. Las cruces levantadas y las pancartas serán colocadas en la plaza pública, frente al palacio municipal de Cuernavaca, un pueblo de edificios coloniales en su centro, que esta tarde ha pasado de un fuerte sol a un clima fresco y oloroso a incienso que están sahumando los danzantes que participarán de las dos de la tarde en adelante, como parte de una serie de actividades que cerrarán la jornada del primer aniversario del Movimiento.

En un restaurante cercano a la plaza, una mujer toma asiento mientras ata en el respaldo de otra silla un globo con la forma de un dibujo animado.

–Lo pondré en el altar de mi hijo –se dirige a Olga Reyes. Es la madre de Jaime Gabriel Alejo Cadena, uno de los jóvenes asesinados junto con Juan Francisco Sicilia.

Ella le devuelve una muestra de alegría.

Y en la plaza, sentada recargada sobre uno de los pilares del vestíbulo del palacio municipal, María Herrera da a entender que está dispuesta a hablar una y otra vez de su dolor si eso la ayudará, y ayudará al  país, a que se sepa sobre las personas desaparecidas, entre ellas cuatro de sus hijos: Jesús, Raúl, Gustavo y Luis Armando, todos casados, excepto Raúl que tenía diecinueve años cuando su desaparición.

Los cuatro se dedicaban a la compra de pedacería de oro. Jesús y Raúl desaparecieron el 28 de agosto de 2008 en Guerrero, luego de que comunicaran a su familia que ya estaban por regresar a casa, en Michoacán. Ni volvieron a casa y tampoco volvieron a contestar las llamadas al celular. Y Gustavo y Luis Armando desaparecieron el 22 de septiembre de 2010 en Veracruz. Los primeros desaparecieron junto con otras cinco personas, y los segundos junto con otras dos.

Sí, así es, dice la señora María Herrera, recargada con su dolor junto al muro, vivo destrozada con la desaparición de mis cuatro hijos. Me duele, dice y sus palabras salen acompañadas de lágrimas. La plaza ha adquirido el toque de un camposanto, hay cruces por todas partes y fotografías de muchas personas que un día salieron de casa y jamás volvieron o fueron asesinadas.

Integrante de una familia de luchadores sociales, en el Valle de Juárez, Olga Reyes Salazar, estatura regular, camina entre cruces, aquí mismo, frente al palacio municipal, cerca de donde está sentada María Herrera. Será una de las oradoras principales antes del cierre de las actividades. Primero mataron a su sobrino Julio César en 2008; en 2010, mataron a su hermana, la luchadora social Josefina; meses después, a su hermano Rubén; posteriormente a sus hermanos Elías y Malena y a su cuñada Luisa. El resto de la familia se ha ido al exilio. Ella, mientras pasa entre cruces, llega a un altar y vuelve a mirar las fotos de las otras personas, incluidos luchadores sociales, que han muerto o han desaparecido en lo que lleva la guerra del Felipe Calderón contra el narcotráfico, dice, serena:

–Quiero justicia.

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Yuri Gagarin: los peligros ocultos en el primer vuelo tripulado al espacio hace 60 años

Hace seis décadas, Yuri Gagarin se convirtió en la primera persona en llegar al espacio, pero es probable que ni siquiera él supiera cuánto se arriesgó durante la misión.
12 de abril, 2021
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Yuri Gagarin con un casco espacial

Getty Images
Yuri Gagarin fue el primer ser humano en llegar al espacio.

“Porque aquí estoy sentado en una lata. Muy por encima del mundo. El planeta Tierra es azul, y no hay nada que pueda hacer”.

Estas líneas de la canción Space Oddity, de David Bowie, resumen cómo debe haberse sentido Yuri Gagarin cuando realizó el primer viaje de un humano al espacio exterior.

En su diminuta nave espacial, de poco más de dos metros de diámetro, Gagarin partió hacia el espacio más como pasajero que como un cosmonauta.

En ese momento, el “piloto” ni siquiera podía tocar los controles de la nave.

Según una transcripción de la comunicación con el control de tierra, Gagarin quedó impresionado por la vista a través de la ventana de la cápsula, mencionando la “hermosa aura” de nuestro planeta y las sorprendentes sombras proyectadas por las nubes en la superficie de la Tierra.

El viaje de Gagarin al espacio el 12 de abril de 1961, hace exactamente 60 años, fue una victoria de la Unión Soviética sobre Estados Unidos en la carrera espacial. Y su regreso a la Tierra fue un triunfo innegable.

Pero para hacer historia, Gagarin asumió un peligroso desafío que requería una inmensa valentía.

Partió hacia el espacio, un lugar misterioso que era prácticamente desconocido en ese momento, en una nave que no tenía controles de rescate.

El cohete que lo lanzaría había tenido tantos vuelos fallidos como exitosos.

Gagarin estaba asumiendo el papel de un conejillo de indias y su misión estaba diseñada a responder varias preguntas.

¿Puede un humano sobrevivir en el espacio? ¿Puede la nave espacial sobrevivir al viaje? ¿Puede esa nave espacial comunicarse de manera efectiva con la Tierra, a fin de garantizar un aterrizaje seguro?

Yuri Gagarin

Getty Images
Con 27 años, Gagarin asumió el reto de viajar al espacio.

En ese momento, nadie confiaba en la seguridad de los cohetes, las naves espaciales, los controles y los sistemas de comunicación, ni siquiera en que los humanos pudieran sobrevivir en el espacio.

“Si la nave espacial Vostok se presentara a los científicos de hoy, nadie votaría a favor de lanzar una cosa tan improvisada como esa al espacio“, dijo el ingeniero Boris Chertok casi medio siglo después de la misión, en su libro Rockets and People.

“ firmé documentos declarando que todo me parecía bien y que garantizaba la seguridad de la misión. Nunca lo habría firmado hoy. He ganado mucha experiencia y me he dado cuenta de cuánto nos arriesgamos”.

Fallos del Vostok

El vehículo de lanzamiento Vostok, en el que se instaló la nave espacial del mismo nombre, se basó en el cohete R-7, un misil balístico intercontinental de dos fases que fue lanzado por primera vez en agosto de 1957.

Ese mismo año, el Sputnik 1, el primer satélite terrestre artificial, fue transportado en el R-7.

El diseño del cohete resultó ser muy exitoso: los misiles de esta familia siguen siendo los únicos en Rusia para vuelos espaciales tripulados. Aunque está desactualizado, ha demostrado ser confiable para poner naves espaciales en órbita.

Sin embargo, en 1961, las cosas eran bastante diferentes.

Primer plano de las llamas de escape del cohete que puso en órbita a Yuri Gagarin

Science Photo Library
El cohete R-7 fue creado con fines balísticos, pero adaptado para la exploración espacial.

“De acuerdo a los estándares modernos para la seguridad de los cohetes, no teníamos ninguna razón para ser optimistas antes de 1961. Ese año tuvimos al menos ocho lanzamientos exitosos seguidos”, dijo Chertok en su libro.

“ de los cinco lanzamientos de satélites en 1960, cuatro lograron despegar. De estos, solo tres lograron salir de la órbita de la Tierra, y solo dos aterrizaron. Y de los dos que regresaron a la Tierra, solo uno aterrizó con normalidad”.

El primer lanzamiento del programa Vostok fue el 15 de mayo de 1960, menos de un año antes de la misión de Gagarin. A bordo de la nave satélite había un maniquí apodado Ivan Ivanovich.

La nave salió de la órbita de la Tierra pero no regresó. Sus sistemas de orientación fallaron.

El 19 de agosto, los perros Belka y Strelka volaron al espacio y regresaron, en lo que fue el único lanzamiento completamente exitoso en 1960.

Los intentos posteriores tuvieron menos éxito.

La cápsula espacial en la que viajó Gagarin

Getty Images
La diminuta nave espacial en la que viajó Gagarin tenía unos dos metros de diámetro.

El 1 de diciembre, otro lanzamiento, que también transportaba perros, Mushka y Pchelka, no pudo regresar sobre su trayectoria calculada y comenzó a descender fuera de las fronteras de la URSS.

Toda la nave fue destruida, con los animales a bordo, para evitar que otros países obtuvieran la tecnología soviética.

Casi perfecto

Durante el vuelo de Gagarin, el 12 de abril de 1961, el cohete funcionó casi a la perfección. Pero no hay nimiedades en la tecnología espacial y este “casi” podría haberle costado la vida al cosmonauta ruso.

Entre muchos fallos técnicos, su nave entró en órbita a una altitud superior a la prevista.

Tenía frenos, pero si no hubieran funcionado, Gagarin habría tenido que esperar a que la nave espacial descendiera por sí sola para regresar a la Tierra.

Aunque el Vostok tenía oxígeno, comida y agua para más de una semana, la altitud a la que llegó habría hecho que la nave tardara más en comenzar a descender.

Es probable que Gagarin se hubiera quedado sin suministros y hubiera muerto. Afortunadamente, los frenos funcionaron.

Un monumento a Yuri Gagarin en Moscú

Reuters
Los monumentos a Gagarin se mantienen hasta hoy en Rusia.

Luego, los cables que conectan la cápsula espacial con el módulo de servicio no se separaron antes del regreso de Gagarin a la Tierra. Así que la cápsula de Gagarin arrastró inesperadamente un módulo adicional cuando aterrizó.

Las temperaturas en la cápsula se volvieron peligrosamente altas y Gagarin dio vueltas frenéticamente, casi perdiendo el conocimiento.

“Estaba en una nube de fuego cayendo hacia la Tierra”, recordó más tarde el cosmonauta. Pasaron 10 minutos antes de que los cables finalmente se quemaran y el módulo de descenso, que contenía a su pasajero humano, se soltara.

Gagarin saltó antes de que su cápsula cayera al suelo, con un paracaídas en un aterrizaje seguro cerca del río Volga.

Esto violó el requisito de la Federación Aeronáutica Internacional (FAI) que contempla que astronautas y cosmonautas deben aterrizar en la nave espacial; de lo contrario, el vuelo al espacio no cuenta.

Los funcionarios se negaron a admitir que Gagarin no viajó los últimos kilómetros hasta el suelo en su nave.

Sus registros de vuelos espaciales fueron certificados por la FAI, que también cambió sus reglas para reconocer que los pasos importantes eran un lanzamiento seguro, su paso por la órbita y el regreso del piloto.

¿Lo haría un cosmonauta moderno?

El servicio ruso de la BBC preguntó a tres cosmonautas rusos si volarían al espacio en la nave espacial Vostok en el estado en el que se encontraba en 1961.

Pavel Vinogradov, quien viajó al espacio tres veces en 1997, 2006 y 2016, dijo que volaría a pesar de todo el peligro, pero solo por su carácter aventurero.

Yuri Gagarin en un desfile

Getty Images
Gagarin se convirtió en un héroe nacional soviético después de su exitoso viaje.

Sin embargo, Gagarin estaba en una posición diferente, dice, y es poco probable que estuviera al tanto de todos los riesgos involucrados.

“Tienes que comprender cuáles eran mis conocimientos cuando volé por primera vez”, dice Vinogradov. “Soy ingeniero, sé demasiado. Probablemente Gagarin no sabía todo eso”.

Mijail Kornienko, quien voló al espacio dos veces en 2010 y 2015, dice que definitivamente habría volado en 1961 en el lugar de Gagarin, pero no iría ahora que se sabe que el riesgo fue extremadamente alto.

“Estoy seguro de que cualquiera habría entrado en esta nave en su lugar”, señala el cosmonauta.

Sergei Ryazansky ha volado al espacio dos veces y señala que el primer cuerpo de cosmonautas reclutó pilotos de combate militares, personas disciplinadas dispuestas a sacrificar sus vidas por su tierra natal.

Los primeros cosmonautas eran jóvenes, dice.

“Probablemente, si tuviera esa edad, debido a mis ansias de aventura estaría de acuerdo . Ahora, por supuesto, no lo haría. Tengo cuatro hijos y una responsabilidad con mi familia”, reflexiona Ryazansky.

Insignias de Yuri Gagarin

BBC
La figura de Gagarin ha sido usada en diversos objetos, como insignias.

Volar al espacio da miedo, incluso ahora, señala.

“Una persona normal tiene miedos. Y esto es bueno. Una persona se vuelve más serena, más atenta y más responsable”.

“Nuestras vidas cambiaron para siempre”

Hijo de campesinos, Gagarin había subido al espacio desconocido y regresó como el hombre más famoso del planeta.

Su vuelo lo convirtió en un héroe nacional y una celebridad mundial, y luego viajó mucho para promover los logros de la Unión Soviética, a la entonces Checoslovaquia, Bulgaria, Finlandia, Reino Unido, Islandia, Cuba, Brasil, Canadá, Hungría e India.

“Significó, por supuesto, que nuestras vidas cambiaron para siempre”, explicó Elena Gagarina, la hija mayor de Gagarin, cuando habló con la BBC en 2011.

“Fue extremadamente difícil para mis padres tener una vida privada. Tuvieron muy pocas oportunidades de estar juntos en una vida privada después del vuelo”, comentó.

Yuri Gagarin y Fidel Castro en La Habana

Getty Images
En su gira por América, Gagarin estuvo en Cuba.

“Incluso si él planeaba algo para sí mismo, estaba rodeado de gente que quería verlo, hablar con él y tocarlo. Se dio cuenta de que era parte de su trabajo y no podía negarse”, continúa.

Aunque Gagarin deseaba volar de nuevo, se le prohibió volverlo a hacer debido a su condición de héroe nacional.

Pasó a entrenar a varios otros cosmonautas y se matriculó en el prestigioso Instituto Zhukovsky de Ingeniería Aeronáutica.

Gagarin se graduó con honores en febrero de 1968.

En marzo de ese mismo año, en un vuelo de prueba de rutina en un MIG-15, su avión se estrelló y lo mató a él y a su copiloto.

Tenía 34 años.


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