¿Réplica o sismo? ¿Es correcto decir grados Richter?
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¿Réplica o sismo?
¿Es correcto decir grados Richter?

Ante tanto movimiento, uno se pregunta, ¿sigue siendo un temblor? ¿es una réplica? ¿es correcto decir grados Richter? ¿me salgo o me quedo? y, lo más importante, ¿va a seguir temblando?
Por Emily Gómez Ramsey
23 de marzo, 2012
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Imagen tras el sismo del martes.

Como es del dominio público, desde el martes, la tierra no ha parado de temblar. Ante tanto movimiento, uno se pregunta, ¿sigue siendo un temblor? ¿es una réplica? ¿es correcto decir grados Richter? ¿me salgo o me quedo? y, lo más importante, ¿va a seguir temblando?

Ante la duda, Animal Político acudió a Arturo Iglesias Mendoza (@guidibuchi), jede del Departamento de Sismología y doctor en Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM y con personal de Protección Civil para despejar dudas y entender mejor por qué ocurren los terremotos y cómo reaccionar ante ellos.

¿Por qué ocurrió?

El sismo del martes y las consiguientes réplicas que hemos sentido a lo largo de esta semana tuvieron su origen en el hundimiento de la placa de Cocos (que abarca desde Colima hasta Chiapas por la costa pacífica) debajo de la placa continental o placa de Norteamérica, (que abarca casi todo el territorio del centro y norte de México, además de todo Estados Unidos y Canadá).

Cuando una placa oceánica, como la placa de Cocos, se va metiendo debajo de otra, en este caso la placa de Norteamérica, se atoran, se comienza a acumular energía y se generan temblores.

Que ya no se dice grados Richter…

La magnitud de un sismo es lo que mide la energía o fuerza con la que ocurre. En el caso del temblor del martes, la magnitud fue de 7.4. Pese a que, casi de manera universal, se dice que un sismo fue de “x grados Richter”,  no es correcto. Lo que se debe decir es: “El sismo tuvo una magnitud de 7.8”, por ejemplo.

Que quede claro: Richter es una magnitud que sólo se utilizaba en California, en la falla de San Andrés, pero que hoy está en desuso y se ha globalizado de manera errónea. Aunque no hay un consenso total, se usan escalas como la escala de Magnitud de Momento.

¿Intensidad o magnitud?

Contrario a lo que se piensa, el concepto de intensidad no tiene nada que ver con la fuerza de un terremoto, sino con los daños que provoca. Por ejemplo: En magnitud, el temblor del martes fue más grande que el de Haití (magnitud 7). Sin embargo, la profundidad de éste fue de alrededor de 20 kms y el de Haití fue prácticamente superficial, a sólo 10 kms. Esto provocó que hubiesen mucho más daños.

No es sismo, es réplica

Las réplicas suceden después de un sismo de mayor magnitud; son sismos con magnitudes más pequeñas que ocurren geográficamente cercanos al epicentro del sismo principal y, por ello, se les identifica como réplicas y no como temblores. En ocasiones, el sismo principal no libera toda la energía acumulada en la zona.

Los sismos posteriores al del martes pueden ser considerados réplicas, ya que están asociados a la misma zona epicentral (costa pacífico- Guerrero y Oaxaca).

¿Me bajo, me salgo o me quedo?

Según personal de Protección Civil, una vez que se sienta el movimiento sísmico, uno debe replegarse a las zonas seguras entre trabes y columnas. Posteriormente debe evaluar el área de las rutas de evacuación y salidas y, en caso de que todo esté en orden, proceder a evacuar el inmueble.

Estoy en el piso 18, ¿me bajo o me quedo?

Dado que el tiempo entre la Alerta Sísmica y el sismo es de 60 segundos, cada inmueble debe medir cuánto tiempo tiene para evacuar. Si desde algún nivel no se alcanza a evacuar durante esos 60 segundos, se debe proceder a las zonas de menor riesgo o zonas seguras, hasta poder evaluar la ruta de evacuación.

¿Es seguro bajar por las escaleras?

Depende del análisis de riesgo interno, un dictamen estructural hecho por brigadistas de Protección Civil que evalúa qué tan seguras y resistentes son las escaleras. En caso de no contar con una evaluación de las condiciones del inmueble, lo más seguro es permanecer cerca de las zonas seguras.

Les dejamos una infografía con las previsiones y acciones más importantes a considerar:

 

Da click para agrandar. Gráfico: Mariana Hernández (@mariana1hdzc)

¿Cuáles son los principales sismos que han sucedido en México en el último siglo?

7 de junio de 1911 – El día que Madero  entró a la ciudad de México, el temblor causó 40 muertos y 16 heridos tras el derrumbe de los dormitorios de la artillería en las instalaciones militares que había en San Cosme.

3 de enero de 1920 – El llamado terremoto de Quimixtlán, Puebla, es el tercer terremoto más letal registrado en México con una magnitud de 6.4 y dejó 650 muertos.

15 de enero de 1931 – Alcanzó una magnitud de 7.8 y causó la muerte de 114 personas.

28 de julio de 1957 – Un sismo que provocó 700 muertos y la caída del Ángel de la Independencia, es conocido como “El sismo del ángel”.

28 de agosto de 1973 – Este sismo dejó entre mil 500 y 3 mil muertos en las regiones de Veracruz y Puebla. Es catalogado como uno de los más fuertes que se han sentido en nuestro país.

19 septiembre 1985 – Un terremoto de magnitud 8.1 con epicentro en Michoacán, causó 10 mil muertos -según fuentes oficiales- y 45 mil -según la Coordinadora Única de Damnificados. El temblor provocó la destrucción de un tercio de los edificios de la ciudad de México.

20 de septiembre 1985 – Réplica más significativa del sismo del 19 de septiembre de 1985. Terminó por colapsar edificaciones dañadas por el sismo del día anterior, asimismo causó alarma y pánico en la Ciudad de México.

9 octubre 1995 – A 61 muertos se elevó el número de víctimas fatales por causa del terremoto de magnitud 7.5 que afectó principalmente a los estados Colima y Jalisco.

15 junio 1999 – Un terremoto de magnitud 6.7 en las regiones sur y central de México provoca 18 muertos, más de 200 heridos y al menos 16.000 damnificados. El Estado de Puebla fue el más afectado.

30 septiembre 1999 – Un sismo de magnitud 7.4 con epicentro en el estado de Oaxaca ocasiona 39 muertos, medio centenar de heridos y 250 mil damnificados.

21 enero 2003 – Al menos 29 muertos, 290 heridos y 30 mil damnificados por causa del terremoto de 7.6 que sacudió el oeste y centro del país, con epicentro en el estado de Colima, en la costa del Pacífico.

20 mar 2012 – Aunque sólo dejó dos muertos, es el segundo sismo más intenso desde el Terremoto de 1985, con daños menores en diversas ciudades y poblados. Un puente peatonal cayó en la Ciudad de México sobre un microbús, dejando levemente herido al conductor del vehículo. También hubo afectaciones en la línea “A” del metro por el movimiento de las vías y un puente agrietado que pasa sobre la via del tren.

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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