Seis rasgos de la desaparición forzada en México según la ONU
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Seis rasgos de la desaparición forzada
en México según la ONU

Animal Político te presenta los puntos más destacados del documento de la ONU sobre desapariciones forzadas en México
Por Paris Martínez
14 de marzo, 2012
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Madres de jóvenes desaparecidas en la década de los 70.//FOTO: Cuartoscuro

Este miércoles, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias hace público el informe de su más reciente visita a México, realizada en marzo de 2011, cuyo objetivo fue examinar los esfuerzos oficiales en el tratamiento de este delito, examinar los avances en las investigaciones y las medidas adoptadas para prevenirlas y durante el cual “recibió información concreta, detallada y verosímil sobre casos de desapariciones forzadas llevadas a cabo por autoridades públicas o por grupos de criminales o de particulares, actuando con el apoyo directo o indirecto de algunos funcionarios públicos”.

A continuación, Animal Político te presenta los puntos más destacados del documento que hoy da a conocer la ONU, elaborado con base en los recorridos que Jasminka Dzumhur (Bosnia y Herzegovina), Osman El Hajjé (Líbano) y ARiel Dulitzky (Argentina) realizaron por el DF, Chihuahua, Guerrero y Saltillo, donde pudieron entrevistarse con autoridades federales y estatales, así como con representantes de distintas agrupaciones defensoras de derechos humanos, además de víctimas y familiares.

 

Incremento reciente

Una de las primeras conclusiones del Grupo de Trabajo de la ONU es que “el incremento del número de nuevos casos durante 2010, el gran número de nuevas alegaciones durante la visita (del año pasado), así como el descubrimiento de varias fosas comunes en los últimos meses podría indicar un deterioro en relación con las desapariciones forzadas en México“.

Y es que este organismo de la ONU tomó registro de 412 presuntos casos de desaparición forzada en México entre 1980 y 2010 (de los cuales 218 no han sido resueltos).

De hecho, destaca el informe, sólo en 2010 el Programa de Personas Desaparecidas de la Comisión Nacional de Derechos Humanos tomó registro de 346 presuntos casos.

En contraste, la Procuraduría General de la República ha reconocido únicamente 63 desapariciones forzadas: 49 durante el periodo de represión oficial conocido como Guerra Sucia, en las décadas de los 60 y 70, más otros 14 casos ocurridos de entonces a la fecha y sólo en dos de ellos ha habido sentencias condenatorias, “mismas que se encuentran en apelación”.

Otro dato que ilustra la poca atención prestada al tema es que, de los 64 mil casos que ha atendido la Suprema Corte desde 1995, sólo uno se relacionaba con desaparición forzada, aunque no sobre la responsabilidad penal de algún acusado, “sino que se trató de una controversia constitucional sobre la aplicación de un tratado internacional”.

 

Las leyes

La ONU puso de manifiesto su “preocupación” ante las dificultades que la “estructura federal” crea para implementar acciones efectivas contra la desaparición forzada en todo el territorio nacional, en buena medida por la falta de una ley general “que regule todos los aspectos de la desaparición forzada”.

Así, por ejemplo, mientras ocho estados (Aguascalientes, Chiapas, Chihuahua, Durango, DF, Guerrero, Nayarit y Oaxaca) han incluido este delito en sus respectivos códigos penales, en los restantes 24 la desaparición forzada no es vista como un delito “autónomo”, y por lo tanto es enfrentado como abuso de autoridad, detención arbitraria, delitos contra la administración de la justicia o secuestro, en las que la “severidad de la pena” no resulta apropiada. Incluso, subraya, algunas víctimas “son simplemente consideradas como extraviadas o perdidas, particularmente en grupos como mujeres, menores y migrantes”.

Además, resalta el grupo de expertos de la ONU, aún en aquellas entidades donde este delito ha sido tipificado, se emplean definiciones incompletas, en las que no se contempla la posibilidad de que las desapariciones forzadas sean cometidas por grupos criminales, bajo auspicio de autoridades.

Otro fallo legal que impide prevenir las desapariciones forzadas, subraya el documento, es la falta de normas, estatales y federales, que regulen el uso de la fuerza pública, de lo cual es ejemplo que la ley en la materia avalada en 2009 por la Cámara de Diputados “está pendiente de aprobación en el Senado”, mientras que otras reformas legales, como la de 2008 en materia penal, destinada a combatir el crimen organizado, “socavan la protección en contra de las desapariciones forzadas”.

El Grupo de Trabajo de la ONU hace referencia en particular a la consagración del arraigo, ya que el paradero las personas que son sometidas a éste “es frecuentemente desconocido”, lo que los expertos calificaron como “desaparición transitoria”.

 

Los militares

Dado que en diciembre de 2006 el presidente Felipe Calderón decidió involucrar a las Fuerzas Armadas en la guerra contra el crimen organizado, “no es de extrañar –señala el informe de la ONU– que el número de quejas recibidas por la CNDH relacionadas con la Secretaría de la Defensa Nacional haya aumentado de 182 en 2006, a mil 230 en 2008; a mil 791 en 2009; y a mil 415 en 2010”.

Durante su vista a México, el Grupo de Trabajo asegura haber recibido “información creíble” sobre desapariciones fozadas cometidas por militares en Coahuila, Guerrero, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas.

Además, otros abusos cometidos en los últimos años por militares pueden encajar con la definición internacional de desaparición forzada “por cortos periodos de tiempo, particularmente detención de civiles que no son presentados inmediatamente al Ministerio Público, sino trasladados a instalaciones castrenses, donde, según la información proporcionada a la ONU, han sido interrogados por soldados, torturados o sometidos a tratos inhumanos.

En estos casos, subraya, “supuestamente no se habría reconocido la detención y sólo después de varios días se habría presentado a la persona detenida ante las autoridades civiles”.

En torno a la actuación militar, remata el informe, aunque la Secretaría de la Defensa Nacional ha aceptado todas las recomendaciones en su contra emitidas por la CNDH, en el caso de las desapariciones forzadas no hay ningún sancionado.

 

La justicia

El Grupo de Trabajo de la ONU pone de manifiesto que, “de acuerdo con varias fuentes”, las autoridades que atienden las denuncias de desaparición forzada, “especialmente los agentes del Ministerio Público”, intentan desacreditar a las víctimas, presumiendo su implicación con grupos delictivos sin ninguna evidencia.

Además, hace patente la existencia de “severos problemas” en relación con las investigaciones, incluyendo omisiones, retrasos y falta de debida diligencia.

“Muchos Ministerios Públicos –señala el documento– se niegan a recibir denuncias de desapariciones forzadas, aceptando sólo iniciar actas circunstanciadas, por lo cual no emprenden una adecuada investigación (…) o consignan (los expedientes) por delitos menores y los jueces no utilizan sus atribuciones para reclasificar los delitos.”

También se subraya que en la mayoría de las investigaciones la autoridad no aporta pruebas, y si éstas existen “son aquellas ofrecidas por los familiares”, además de que “un gran número de autoridades” se niegan a iniciar investigaciones antes de que se cumplan 72 horas desde la desaparición, periodo “fundamental para obtener información sobre la suerte o el paradero” de la víctima.

Ya en el campo de los jueces que valoran las desapariciones forzadas, la ONU destaca las deficiencias en la atención de recursos de amparo presentados por familiares de víctimas, ya que “muchos jueces de amparo solicitan al quejoso que identifique a la autoridad responsable, cuando en casos de desaparición forzada la identidad del perpetrador es muchas veces desconocida”.

En tanto que, en otras ocasiones, los jueces “requieren a los familiares identificar el lugar donde se encuentra la persona detenida y la ratificación de la demanda de amparo por la víctima directa”, requisitos ambos imposibles de cumplir dada la naturaleza misma de una desaparición.

 

La guerra sucia

En 2001, la CNDH documentó 532 casos de presuntas desapariciones forzadas como producto de la represión política de las décadas de los 60 y 70 del siglo XX, en 275 de los cuales se contó con pruebas de que la víctima sufrió “detención, interrogatorio y una posible desaparición forzada perpetrada por funcionarios públicos”, y a partir de estas conclusiones el gobierno del entonces presidente Vicente Fox creó la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado.

Esta fiscalía, dependiente de la PGR, investigó 797 casos de desaparición forzada, sin embargo, para marzo de 2011, cuando el grupo de expertos de la ONU visitó México, la Procuraduría General de la República informó que sólo se emprendieron 298 averiguaciones previas, de las que 149 ya fueron cerradas: en 69 casos el organismo federal determinó no emprender acciones penales contra nadie, en otros 29 casos se declaró incompetente, 27 los sumó a otros procesos penales y una más se encuentra “en reserva”, a la espera de nuevos elementos.

Además, algunos de los casos investigados por la PGR fueron luego turnados a la Procuraduría Militar, pero “el procurador de Justicia Militar no informó al Grupo de Trabajo sobre ningún caso que haya resultado en la condena de algún elemento”.

Cinco años después de su creación, en 2006 la FEMOSPP fue formalmente cerrada y, aunque “fue la única vía abierta por el Estado (…) no garantizó el derecho a la verdad y la justicia”, afirma el informe de la ONU.

 

Recomendaciones de la ONU

Tras la visita realizada en marzo de 2011, el Grupo de Trabajo de la ONU concluyó que “pareciera que México no tiene la voluntad o es incapaz de realizar investigaciones efectivas en casos de desaparición forzada”, por lo que formuló en su informe una serie de recomendaciones, que a continuación se resumen:

– Como primer paso, el Estado mexicano debe reconocer la dimensión del problema para, en segunda instancia, generar bases de datos desagregados por sexo, edad, lugar y autoridad presuntamente involucrada, “para desarrollar políticas de prevención, erradicación, investigación, sanción y reparación del daño”.

– También pide que el gobierno mexicano reconozca la competencia del Comité sobre las Desapariciónes Forzadas, creado a partir de la Convención Internacional en la materia, así como garantizar que todos los instrumentos internacionales relacionadas “se cumplan y apliquen en forma efectiva en todo el país”.

– En el ámbito legislativo, sugiere tipificar el delito de desaparición forzada en los 24 códigos penales estatales en los que aún está ausente y aprobar una ley general en la materia. Además, recomienda eliminar la figura del “arraigo”, tanto a nivel federal como estatal.

– Uno de los puntos más destacados es la recomendación de “considerar en el corto plazo el retiro de las fuerzas militares de las operaciones de seguridad pública” y garantizar la “completa identificación” de todas las autoridades implicadas en la detención de personas.

– Asimismo, plantea la necesidad de “garantizar la jurisdicción de los tribunales civiles en todos los asuntos relacionadas con las desapariciones forzadas (…) independientemente de que el perpetrador sea personal militar”.

– En relación con la Guerra Sucia, los expertos de la ONU sugieren establecer mecanismos para que la investigación de los casos pendientes pueda retomarse, así como que los archivos militares relativos a este periodo de la historia moderna mexicana pasen al Archivo General de la Nación, “garantizando el libre acceso del público”, así como sistematizar el acceso a los expedientes de la extinta Dirección Federal de Seguridad y de la propia FEMOSPP.

– Además, pide al gobierno mexicano “desvelar los nombres de las personas que participaron en actos de desaparición forzada, de acuerdo a la información que obra en la CNDH” desde 2001.

– Por último, se pide al Estado aceptar todas las recomendaciones de la CNDH relacionadas con el secuestro de migrantes (más de 20 mil entre 2009 y septiembre de 2010), así como generar condiciones de seguridad para mujeres, menores de edad y periodistas, los tres grupos que considera en mayor vulnerabilidad ante la desaparición forzada.

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La joven chef que no podrá volver a comer

Loretta Harmes no ha probado un solo bocado en los últimos seis años, pero no ha perdido su pasión por la cocina.
19 de abril, 2021
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Loretta Harmes lleva seis años sin comer, pero no pierde su pasión por cocinar.

No puede ni probar sus recetas, pero aun así no para de ganar seguidores en Instagram, donde se presenta como nil-by-mouth foodie (algo así como la especialista gourmet que no come por la boca).

Loretta mastica una papa asada y saborea su interior esponjoso. Ella y su madre Julie se han encargado de prepararla a la perfección porque saben que será su última comida.

En cuestión de minutos, un dolor que ya conoce le exprimirá el estómago como se retuerce un paño de cocina, de la misma forma que le sucedía cada vez que bebía o comía algo.

Entonces se sentirá dolorosamente llena y enferma, como si su estómago estuviese a punto de estallar.

Sin embargo, Loretta elige ignorar el dolor y disfrutar el momento en la cocina de su familia, el lugar donde sus habilidades culinarias florecieron de pequeña.

“Sentarme a comer con mi mamá y mi hermana fue surrealista e increíble. Por una vez intentamos actuar como una familia normal”, dice Loretta.

Era el año 2015 y Loretta, con 23 años, ya había sobrevivido a base de alimentos líquidos durante años.

Casi nunca se sentó junto a su familia en la mesa. Incluso agarrar el tenedor y el cuchillo se sentía inusual, por no hablar de masticar la papa y el pollo sazonado con ajo y limón.

Loretta antes de ingerir su última comida.

Loretta Harmes
Loretta, antes de ingerir la última comida.

Pero en esta ocasión, un especialista del intestino le había pedido a Loretta que ingiriera comida sólida. Quería entender por qué cuando Loretta come sufre tal agonía y a veces pasa semanas o meses sin poder ir al baño.

Loretta se había desplazado ese mismo día al hospital St Mark’s en Londres para que le introdujeran un tubo naranja en la nariz hasta el intestino delgado y así revisar la función nerviosa de su sistema digestivo.

Finalmente, tras años de diagnósticos erráticos y mucha desconfianza, alguien investigaba sus problemas debidamente.

Pasión desde la infancia

Cuando era niña, Loretta y su nana Mavis replicaban las recetas de un concurso de comida de la televisión.

“Era la reina del horneo y sus tartas de cumpleaños eran legendarias“, dice Loretta.

“Mi hermana Abbie y yo nos peleábamos para ver quién lamía el recipiente de la tarta hasta dejarlo limpio”.

Una tarta de cumpleaños para Loretta.

Loretta Harmes
Loretta aprendió a cocinar gracias a su nana Mavis, de la que cuenta que hacía sabrosas tartas de cumpleaños.

Muchas de sus historias con la comida se mezclan con recuerdos cálidos y felices de su vida familiar.

Cada jueves, su familia entera acudía a casa de Mavis para comer.

Loretta recuerda con cariño sentarse a la mesa y cenar asados y mousse de frambuesa.

“Todos nos asegurábamos de que mi abuelo Eric no agarraba primero el recipiente con la salsa de la carne, porque entonces no quedaba nada para el resto de la familia”, evoca.

A los 11 años, Loretta cocinaba la cena para su familia cada martes, porque su mamá trabajaba hasta tarde.

Tenía un negocio de peluquería en el garaje y sus clientes se acostumbraron a que Loretta viniera de vez en cuando con una cuchara de madera con salsa para que la probara su madre.

Tenía rienda suelta en la cocina y me encantaba la idea de crear algo desde cero para que mi familia lo disfrutara”, relata.

Loretta desayunando en el jardín de Mavis.

Loretta Harmes
Desde pequeña Loretta gozó de libertad para ser creativa en la cocina.

Empezó replicando la pasta con tomate al horno de su madre, pero pronto se graduó haciendo pasteles y guisos. Las albóndigas y la ensalada de pollo eran los platillos favoritos de la familia.

En la secundaria ganó concursos de cocina, incluso ante estudiantes de más edad, y participó en competiciones regionales.

Mientras otros niños cocinaban pasta, Loretta preparaba lomo de cerdo marinado y estofado de ternera al estilo de Borgoña (boeuf bourguignon).

Su madre, Julie, dice que Loretta era y sigue siendo una cocinera desordenada. De esas que usa cada recipiente, sartén y utensilio en la cocina. Pero no le importaba porque veía cuánto lo disfrutaba su hija.

“Lo que más le gustaba era preparar algo con lo que sea que tuviera en los armarios de la cocina. Era muy creativa“, cuenta Julie.

A los 15 años Loretta sufrió anorexia, aunque dice que le duró menos de un año. En su adolescencia también aquejó problemas digestivos. Pero la mayor parte del tiempo seguía cocinando y comiendo felizmente.

Julie junto a sus hijas Abbie, a la izquierda, y Loretta, a la derecha.

Loretta Harmes
Julie junto a sus hijas Abbie, a la izquierda, y Loretta, a la derecha.

Problemas de salud

Al terminar la escuela, Loretta fue premiada con una plaza en una escuela culinaria de prestigio en Londres. Esperaba seguir los pasos de otros chefs famosos. Sin embargo, solo pudo completar uno de los tres años debido a su salud.

A los 19 años, los dolores la dejaban tumbada en cama.

“Las cosas empezaron a empeorar dramáticamente. No podía comer o ir al baño en absoluto y durante los cinco años siguientes se convirtió en una pesadilla de la que no podía despertarme”, dice.

La pesadilla comenzó con un doctor que estaba convencido de que la rápida pérdida de peso de Loretta solo podía deberse a un regreso de su anorexia.

Los servicios de salud mental pronto se involucraron y Loretta pasó más de dos años en unidades de trastornos alimenticios. Llegó a pesar 25 kilogramos.

Forzarse a sí misma a comer para ganar peso le pareció la única forma de abandonar ese círculo vicioso, incluso a expensas del dolor severo que se infligía.

Su desesperación a veces se transformaba en rabia y fue sancionada hasta tres veces bajo la ley de Salud Mental, por un total de 18 meses, para evitar que se fuera de los centros de salud.

“Les decía continuamente que la única razón por la que estaba deprimida era por mis dificultades en el intestino y estómago, pero no me creían”, explica. A su historial médico también se le añadió psicosis delirante.

Intentó suicidarse tres veces. Estaba desesperada por no encontrar tratamiento a su dolor.

La vida en las unidades era un ciclo sombrío e implacable de pesajes, análisis de sangre y alimentación.

Los pacientes visitaban la cocina para seis comidas al día: tres comidas principales y tres refrigerios.

Loretta trabajando en la cocina.

Amy Maidment
Loretta trabaja en varias recetas que comparte en su cuenta de Instagram.

Todas las comidas debían terminarse en un tiempo determinado. Les apagaban la radio cuando el tiempo se terminaba, y Loretta se quedaba mirando los restos de comida en el plato: fruta enlatada y yogur o vegetales hervidos con carne procesada.

Nadie más estaba autorizado a abandonar la mesa hasta que ella terminara, y cuenta que el personal y los pacientes la molestaban y acosaban para que se apresurara.

Después de cada comida, los pacientes debían pasar una hora en una sala común donde se les vigilaba de cerca para asegurarse de que no se deshacían de los alimentos que acababan de consumir.

La mayoría de días Loretta se hacía un ovillo en la silla, tratando de aliviar su dolor. Otros leían, coloreaban o veían televisión.

Loretta cuenta que una mujer que llevaba 13 años entrando y saliendo de aquella unidad gritaba y gritaba, pero nadie podía escaparse de la sala.

Con frecuencia Loretta quería gritar también, especialmente cuando algún miembro del personal se sentaba muy cerca de ella día y noche durante semanas.

“Necesitaba paz y tranquilidad de todo aquello”, señala.

“Me había recuperado completamente de la anorexia. Fue una lección de vida que se convirtió en una sentencia de por vida”.

Años después, la reacción de Loretta tras comer las papas asadas condujo al diagnóstico del síndrome de Ehlers-Danlos hiperlaxo (hEDS), una enfermedad genética que puede manifestarse en distintas formas.

Los análisis mostraron que el estómago de Loretta estaba parcialmente paralizado y no podía vaciarse debidamente. Confinarla a una unidad de seguridad y forzarla a comer no había tenido ningún sentido.

Sus otros síntomas incluían migrañas, fatiga, palpitaciones cuando se paraba o sentaba y un dolor en el cuello para el que más tarde necesitó una cirugía.

Hasta recientemente se había estudiado relativamente poco sobre su enfermedad y los otros 12 tipos de síndromes Ehlers-Danlos.

Todavía no se conoce completamente esta afección.


¿Qué es el síndrome de Ehlers-Danlos?

  • Los síndromes Ehlers-Danlos son un grupo de 13 trastornos que afectan el tejido conjuntivo. Este tejido apoya, protege y estructura otros tejidos y órganos en el cuerpo. Se encuentra en la piel, los huesos y ligamentos, por ejemplo.
  • En el caso de Loretta, está dañado el tejido conjuntivo de la pared de sus intestinos. Como resultado, la comida se desplaza con menos fluidez por su sistema digestivo. (La parálisis de su estómago es algo adicional, pero también está conectada a la dolencia).
  • Los síndromes están generalmente caracterizados por articulaciones que se estiran más de lo normal, pieles que se estiran más de lo normal y fragilidad de tejidos.
  • Un efecto secundario de una piel hiperextensible es su apariencia joven y suave. “Mi piel es como una masa de pizza y muy suave”, dice Loretta.

Fuente: Ehlers-Danlos Society


Alimentación alternativa

De promedio toma entre 10 y 14 años diagnosticar a las personas, dice el doctor Alan Hakim de la Sociedad Ehlers-Danlos, porque los síntomas de la dolencia son variados y puede parecer que no están asociados.

“Una persona puede visitar médicos y terapeutas para cada una de sus preocupaciones individuales, sin que exista una visión general de todos ellos”, comenta el especialista.

“Solo cuando alguien ata los flecos se concluye que se trata del síndrome”.

El doctor dice que esto está mejorando y que se está comprendiendo mejor el síndrome.

Seis años después de su última comida, Loretta sabe que nunca más volverá a comer o tomar un vaso de agua.

Se alimenta de nutrición parenteral total (TPN, por sus siglas en inglés), lo cual significa que está conectada 18 horas al día a una bolsa pesada de líquidos que pasa por alto el sistema digestivo y se infunde directamente en el torrente sanguíneo.

Un tubo conocido como línea Hickman atraviesa el pecho y llega a una vena grande que desemboca en el corazón.

Loretta con su bolsa de nutrición parenteral total.

Amy Maidment
Loretta ha ideado un sistema para poder salir a pasear con su bolsa y tratar de hacer una vida lo más normal posible.

En su cuenta de Instagram, se le puede ver con la bolsa de alimentación dentro de una mochila que ha personalizado para poder salir y moverse.

Loretta le pide a la gente que le sujete la bolsa cuando sale a bailar. El sistema funciona bien siempre y cuando nadie se aleje y desconecte la línea.

De igual modo, la TPN también tiene sus peligros. Incluso la más minúscula mota de polvo puede contaminar la línea. Varias veces ha sufrido sepsis, una reacción a una infección que puede causar daño orgánico o incluso la muerte.

“Aunque tenga sus limitaciones, la nutrición parenteral me da más de lo que me quita”, expone.

Antes, Loretta se sentía tan débil que pasaba la mayor parte de su vida en cama.

Su cuerpo necesitaba tantos nutrientes que sus huesos se volvieron frágiles y porosos como un panal de abejas, y su ciclo menstrual se interrumpió por completo. Pero lo peor de todo era el dolor constante.

“La TPN recuperó mi peso y energía. Fue agradable volver a vestir ropa normal y no tener que comprar en la sección para niños”, cuenta.

Esta mejoría en su salud le permitió revivir su pasión por cocinar, aunque para conservar energía cocina a ratos y se mueve en silla de ruedas por la cocina.

Ser una chef que no come le ha dado una plataforma única en Instagram.

Loretta con otra de sus recetas.

Amy Maidment
La compañera de piso de Loretta destaca su creatividad a la hora de cocinar.

Su compañera de apartamento, Amy, fotógrafa profesional, le toma fotos y prueba la comida. En los primeros días de confinamiento, comenzaron a construir un negocio, trabajando con marcas para desarrollar recetas y estilizar la comida.

“La razón por la que no me preocupa no poder comer es porque estoy muy aliviada de no tener dolor tras tantos años“, dice Loretta.

“Lo que me da placer es cocinar. Estar en la cocina es un espacio creativo real para mí. Si estoy ansiosa o preocupada, tan pronto cocino todo se va porque me concentro en el plato que estoy haciendo”.

Loretta Harmes y Amy Maidment

Amy Maidment
Amy, su compañera de piso, prueba la comida. Loretta solo la huele.

Amy está feliz de ser la que prueba las creaciones de Loretta.

Lasaña de macarrones con queso, pastel de aguacate, lima y crujiente de pecanas y coco… “Hace cosas que salen de su cabeza y que no había visto antes”, indica Amy.

Para compensar que no puede probar la comida, Loretta pasa mucho tiempo planificando y preparando con mucho método.

Se basa en los años que pasó estudiando libros de recetas y experimentando en la cocina, y su intuición.

“Cocino con mis ojos, nariz e instinto”, dice.

Inhalar el olor de una salsa burbujeante activa su memoria del sabor y sus ojos pueden juzgar la profundidad y la riqueza de la misma.

Algunas personas que dependen de la TPN como Loretta mastican la comida y la escupen, pero eso nunca le llamó la atención.

“En realidad, no anhelo el sabor de la comida en sí, es su consuelo lo que extraño y los recuerdos que implica“, cuenta.

“Helados en la playa, un chocolate caliente en un día frío, un asado con mi familia en Navidad”. El pepino sigue siendo su olor favorito porque le recuerda los picnics de la infancia.

“Gran parte de lo que hacemos socialmente gira en torno a la comida; a veces todavía me siento rara. Todavía voy a cenas de cumpleaños o ‘a tomar un café o una bebida’, simplemente no puedo participar de comer o beber”.

Pastel de aguacate y lima.

Amy Maidment
El pastel de aguacate y lima., creación de Loretta Harmes.

Casi todos sus recuerdos felices de la comida incluyen a su hermana Abbie.

Abbie quedó tan marcada por la experiencia traumática de su hermana mayor en las unidades de trastornos alimenticios que decidió trabajar en un hospital de salud mental para niños.

Durante la última comida de Loretta, Abbie capturó el momento en su teléfono y le ayudó a sentirse especial.

En 2019, junto con su madre, Abbie visitó a Loretta en el hospital, donde se estaba recuperando de otro episodio de sepsis.

Pero, trágicamente, Abbie murió en un accidente automovilístico de camino a casa. Tenía 23 años.

“Ella marcó una gran diferencia en la vida de los demás y su propia vida estaba comenzando a florecer”, lamenta Loretta.

Loretta siente que ahora debe vivir por las dos y esto la impulsa a aprovechar al máximo su vida.

La última vez que hablé con Loretta estaba en el hospital recuperándose de su noveno episodio de sepsis desde que comenzó con la TPN.

Acostada en la unidad de insuficiencia intestinal, sueña con las recetas que preparará cuando se recupere y regrese a su piso en Bournemouth, en el sur de Inglaterra.

“Lo primero que prepararé cuando vuelva a la cocina será un desayuno abundante y saludable”, me dice desde su cama.

Los gofres de boniato de Loretta.

Amy Maidment
Así acabó luciendo el desayuno que Loretta soñó con preparar desde una de sus últimas estancias en el hospital.

Compró un preparador de gofres y no puede esperar para usarlo.

“Haré gofres de boniato con espinacas y champiñones, aguacate, tomatitos y glaseado balsámico”.


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