Ascópolis, un libro para leerse en el baño
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Ascópolis, un libro para leerse en el baño

Por Moisés Castillo
21 de abril, 2012
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Ascópolis.

Dicen que el escritor debe pensar que lo que escribe es lo mejor. Y José Ángel Balmori no tiene vergüenza de su debut “Ascópolis” (Moho 2011). Los 19 cuentos reunidos en este libro se escribieron desde una indiferencia total. Aquí no hay oportunidad de pedir perdón por tus pecados. Ni la mejor armadura podrá evitar ser salpicado de un humor negro audaz y mordaz.

Convierte las historias más trágicas en absurdos y en escenas de carcajadas sin fin. Lo grotesco y lo gore, lo cursi y lo guarro son su especialidad. Prefiere a los bribones que a los héroes. “Ascópolis” no tiene el menor sentido moral, ni escrúpulos. Busca hacer reír que presentar una gran reflexión. Son cuentos viscerales con una honestidad implacable que pueden fastidiar a cualquiera.

El escritor nacido en San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca, posee una pluma altanera. Tal vez muchos dirán que sus relatos son excesivamente vulgares, pero en realidad tiene la sagaz inteligencia de un zorro y la total crueldad de un chacal. Hasta el momento le ha funcionado su lema de cabecera: “mínimo esfuerzo y máximos resultados”.

Uno de sus relatos favoritos se llama “Me enamoré de un maniquí”: quién pensaría en un funeral que en el ataúd no hay un muerto sino un maniquí con una cabeza decapitada. “Éramos tan felices”: el protagonista se encuentra con las cenizas de su padre en la boca tras sufrir un accidente carretero. “Ascópolis”: un niño es descubierto al intentar robarse un cassette de Nirvana en un Aurrerá. “Los desmadroyers”: unos morros quieren hurtar la taza del baño de una casa. “Voy por tabaco”: una reflexión sensata sobre el tipo de mujeres en las que se debe confiar.

“¡X.e.tú estás loca!”: un homenaje a las fiestas de rock que se hacían en La Panadería, espacio noventero de arte alternativo del DF. Precisamente fue el primer cuento que José Ángel escribió y fue publicado en la revista Moho en 2005. En la historia el lugar se llama “La Tortillería” y describe las aventuras del grupo de rock de chicas “Las Cotorronas”.

“Estaba muy chavito en esos años, sólo era un espectador. Intentaba de alguna forma reflejar lo que pasaba y burlarme de ello. Sorprendentemente a Guillermo Fadanelli le gustó muchísimo y en una borrachera le dije que quería hacer el libro”.

Dice que se iba a llamar “Diez años de no hacer nada”, “Baños de venganza”, pero “Ascópolis” le pareció una especie de negación del síndrome del nuevo pobre: cuando una clase social se derrumba reacciona como animal. Es un tributo a la primera generación de escritores de Moho que fueron deslumbrantes para él.

“No había Internet, todo era mucho más underground en el sentido más puro de la palabra. Había que buscar la escena, la escena no llegaba a ti. Si tú querías ser parte de algo tenías que salir de tu casa y saber dónde ocurrían las cosas. Ahora las cosas llegan por Twitter o Facebook”.

-¿Cómo construyes tus historias? ¿Te consideras un escritor satírico y destructivo?

Nunca he tenido esas aspiraciones “chejovianas” de contar una historia perfectamente armada. Mis historias son muy inmediatas. Las veo más como canciones de punk. Nunca me llevó más de una hora en escribir un relato. Sin embargo, “Me enamoré de un maniquí” es el cuento más excesivo del libro porque es el más largo y me siento más cómodo en instancias cortas. El elemento más importante fue la historia de un amigo de la primaria que trabajaba como conductor de ambulancias y de repente desapareció. Su mamá lo buscó un par de semanas y le mandaron la cabeza en una caja de cartón de huevo. Nos sorprendió mucho a todos pero lo más sorprendente fue que usaba la ambulancia para mover droga. Y lo más extraño es que en el funeral para evitar vergüenzas la madre usó un cuerpo falso. Agarró un montón de ropa de él y le metió borra. El asunto me impresionó por querer disfrazar el hecho. Me pareció tan trágico y miserable que quise hacer una especie de broma, es un cuento gracioso-gore.

José Ángel Balmori

-Antes de tus cuentos apareces bebiendo cerveza, ¿qué tan importantes son las drogas y el alcohol en tu escritura?

Son importantes para escribir como para salir a la calle todos los días. No creo que tenga un efecto más fuerte de la comida que como o las cervezas que me tomo en un día. Diría que no tiene ninguna influencia en mi forma de escribir y están como cerca de mí por motivos ordinarios. No hay ningún motor creativo en el consumo de drogas. Nunca me avergüenzo de lo que hago, ni lo que soy.

-Hace unas semanas en la Casa del Refugio Citlaltépetl hubo la charla “La edad de oro de los escritores del desierto”. Participaron Carlos Velázquez, Luis Jorge Boone y Julián Herbert. Ahí se habló de las “búsquedas entre la alta cultura y lo popular”, ¿tú dónde te ubicarías?

A mí me gusta Wenceslao Bruciaga que también es de Torreón y estoy más cerca de Wences porque él no quiere pertenecer a nada. Me formé leyendo a escritores como Horacio Quiroga, Juan de la Cabada, Juan García Ponce o Juan Rulfo. A mí lo que me interesa es contar una historia divertida. Como decía Voltaire “todos los estilos son buenos menos el aburrido”, y para mí eso es muy importante. Ese rollo de las búsquedas se me hace de lo más ordinario porque no pertenezco a la escena underground mexicana, ni voy a las ferias de libros, ni estoy en el Covadonga todos los jueves. Ni tampoco pertenezco a la banda de escritores de Xavier Velasco, que es cuestionable. A él le encanta la atención, los reflectores y hacer pendejadas públicamente. Me gusta que “Ascópolis” lo pueda leer mi tía y cagarse de risa y que también pueda llegar a otro tipo de gente. A diferencia de muchos escritores no tengo ningún interés de ascender de clase social. Lo único que me preocupa es no descender.

Cheyene.

-Una vez leí en Letras Libres que Guillermo Fadanelli en vez de lectores tiene seguidores. Si esta afirmación es cierta –que lo dudo-, ¿cómo puede estar en la mira “Ascópolis” ante miles de obras literarias en el mercado?

Creo que Guillermo tiene ambas cosas. Pero quién no quisiera tener seguidores. En realidad, prefiero tener seguidores que tener lectores. Prefiero tener mujeres que lectores. Los lectores son una abstracción, tú no puedes respetar a esa gente, sabes. Las personas merecen respeto. “Ascópolis” está hecho para leerse cagando, por eso los cuentos son tan breves. No está escrito para leerse cómodamente sentado con un cráneo y una vela encima. Está escrito para cagar porque es cuando realmente la gente lee. Darle valor al escritor y además en México donde el escritor nunca ha sido una prioridad, me parece una estupidez de entrada. Porque los lectores son incapaces de financiar a un escritor, la ganancia por un libro es una limosna en realidad. Un escritor quizá obtenga dinero de favores de las editoriales y de las ferias de libros, pero de los lectores, ¡puta que les den por el culo! Quiero el relato corto y hacerlo más chistoso. Quiero escapar de la novela que es un vicio o un lugar común de los escritores. Uno debe conocer sus limitaciones y prefiero ser como un boxeador: si lo fuera tendría que ganar en dos rounds. Si llego al tercero estaría frito. Me gusta escribir y ya, lo demás no me interesa.

-Aludiendo un poco a tu cuento “Voy por tabaco”, ¿en qué mujeres confías?

Un hombre nunca debe confiar en una mujer, en primer lugar. Si tuviera que confiar en una mujer lo haría como dice el relato: en las mujeres que se tragan tu semen. Las que no se la tragan ocultan algo, sabes. Tuve muchos problemas con ese texto porque parecía muy misógino pero uno no tiene que tener miedo a lo que opina, ni siquiera importa si es misógino o no. Nunca pienso en ello. De la misma forma a mí me llaman gordo y calvo. Evito bajo cualquier circunstancia ceder a algo. Es una opinión humilde.

Selecciones, Nachón y Ween

José Ángel Balmori pide otra cerveza y se siente dueño de la cantina “Salón Madrid”, mejor conocida como “La Policlínica”, ya que era frecuentada por estudiantes de la antigua Escuela Nacional de Medicina. Porta una gorra tipo trailero y unos lentes de pasta. En la rocola se escucha Caifanes y todo parece que funciona. Hasta en la mesa de a lado un gringo viejo logró conquistar a una mexicana madurona.

Dice que la revista Selecciones del Reader’s Digest lo enseñó a escribir. Aunque también su primera aproximación a una publicación impresa fue un ejemplar de regreso a clases de Memín Pinguín. A los seis años comenzó a interesarse por el rock que lo llevó a leer las letras de las canciones y después brincó a un libro que le regaló su padre de mitología griega. Tuxtepec era un pueblo que no ofrecía más que andar en bicicleta y jugar Nintendo.

“Para muchos Selecciones puede ser una mamada, pero tiene montones de trucos que son mucho más útiles que los que da Guillermo Arriaga en su Twitter. Selecciones es como aspiracional, completamente evocativo y fácil de leer. A mí me gustaba eso”.

Ya en la adolescencia puede admitir que gracias a las mujeres desnudas que salían en el suplemento Sábado del Unomasuno, que dirigía Huberto Batis, descubrió la literatura que lo marcó: Guillermo Fadanelli, Neif Yehya y Fernando Nachón, uno de sus escritores favoritos de todos los tiempos. También leyó algunas traducciones de Raymond Carver.

“Mi papá compraba el periódico y yo lo arrancaba porque tenía fotos de mujeres desnudas y era el primer acceso que tenía a la pornografía. Llegó un momento en que era más importante lo que estaba leyendo que las fotos de mujeres desnudas. También me gusta Martin Amis, David Cooper, Yasutaka Tsusui, Philip Roth, tampoco soy muy complicado”.

-¿Cómo conociste personalmente a Fadanelli, quien fundó la editorial Moho hace más de 15 años?

Lo conocí hace mucho tiempo en una presentación en el Museo José Luis Cuevas. Una vez publicó en Sábado un artículo que se llamó “La historia de mis fans”, en donde decía que detestaba que la gente se le acercara para preguntarle algo o para hablarle de su trabajo: le daba pavor. En ese tiempo tenía 17 años, me acerqué a él y le dije que me gustaba lo que hacía. Le comenté que tenía un Fanzine que se llamaba “Mondo Trasho” por el primer corto de John Waters, a quien conocí por Fadanelli y sus artículos en Moho. Pasó el tiempo y le mandé un texto a Yolanda –también fundadora de la editorial-, le gustó mucho y lo publicó en la revista. Me invitaron a su casa y nos tomamos unos vasos de agua, y después me fue procurando Guillermo porque es una persona cariñosa, a quien estimo muchísimo.

-¿Consideras que “Ascópolis” tiene un trasfondo muy rock?

Quizás haya influenciado su ritmo. Tengo un epígrafe de Lawrence Hayward líder de “Felt” -banda británica de rock alternativo-, pero creo que fue fundamental que el libro lo escribí acostado y fumando. Jamás me senté. Realmente creo que eso tiene mucho que ver: lo corregí acostado y por eso fue incómodo porque me dolió la espalda. Pero no me quería sentar, sentía que si me sentaba hubiera sido un libro más serio. Las influencias del libro más que autores fueron películas de comedia, caricaturas, canciones o historias que me contaban.

-¿Cuál es tu banda favorita?

Se llama “Ween”, es un grupo de Pensilvania de dos drogadictos que hacen música extraña todo el tiempo, muy valiente. Creo que es de los grupos que llevan la música a lugares más extraños. Me gusta “The Beach Boys”, se me hace un grupo fantástico. De México me encanta “Fobia”. Me importa demasiado el punk. En el libro hay ilustraciones de varios amigos que tienen grupos de punk. La ilustración más asquerosa es de “Los Inservibles”, el mejor grupo de punk nacional. Las otras son de Mou, de “Bam Bam”, y al final hay una de Edwin Sandoval que tocaba en un grupo de punk de Monterrey que se llamaba “Los Margaritos”.

José Ángel además escribe en revistas como Vice, Marvín y estuvo muchos años escribiendo en Circulo Mix Up. También colabora en una página que se llama Afterpop. A pesar de que tiene una influencia muy directa de la música, quiso evitar las referencias musicales porque ese “truco” no aporta nada.

“Ascópolis” es inmediato, duro y sucio como el punk. Es más una rola de los Ramones que de Pink Floyd.

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5 cifras que muestran cómo el COVID-19 está fuera de control en EU

Con la cercanía del invierno y ante la carencia de un plan gubernamental nacional para hacer frente a los nuevos brotes, los casos, las hospitalizaciones y las muertes se multiplican.
14 de noviembre, 2020
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La incertidumbre política y la emergencia sanitaria se cruzan en EE.UU.: mientras el gobierno de Donald Trump se enfoca en pedir recuentos y disputar el resultado de las elecciones, la pandemia de coronavirus vive su peor momento en el país.

Con la cercanía del invierno y ante la carencia de un plan nacional para hacer frente a los nuevos brotes, los nuevos casos, las hospitalizaciones y las muertes se multiplican.

Desde hace días, medios de EE.UU. críticos con la gestión de Trump habían señalado que el presidente, que pasó más de una semana sin hablar ante la prensa, no parecía mostrar interés en sus obligaciones y en el curso de la pandemia, mientras intenta revertir desde Twitter y los tribunales el resultado de los comicios.

En la tarde de este viernes, sin embargo, Trump apareció otra vez frente a las cámaras para prometer que una potencial vacuna estará lista ante de finales de año y descartó la posibilidad de que su gobierno imponga una nueva cuarentena para hacer frente a la pandemia.

“Este gobierno no se cerrará. Ojalá el… pase lo que pase en el futuro, ¿quién sabe qué gobierno será? Supongo que el tiempo lo dirá. Pero puedo decirles que este gobierno no irá a un cierre“, dijo.

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Getty Images
Trump reapareció esta semana tras más de una semana sin dar una conferencia de prensa.

Un día antes, el doctor Anthony Fauci, la principal autoridad en enfermedades infecciosas del país, había llamado a redoblar los esfuerzos ante el aumento de los casos porque una vacuna efectiva, dijo, no iba a estar disponible de forma inmediata.

“La ayuda está en camino. Pero aún no está aquí”, afirmó.

Fauci no ha sido el único en llamar la atención sobre el creciente número de contagios en EE.UU.

Tom Frieden, exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), consideró que la nación atraviesa una “temporada peligrosa“, mientras el corresponsal médico de CNN, Sanjay Gupta, calificó la situación como un “desastre humanitario“.

En tanto, el epidemiólogo Michael Osterholm, quien recientemente fue nombrado miembro del grupo de trabajo sobre el coronavirus del presidente electo, Joe Biden, describió el panorama actual como un “infierno covid”.

Según Osterholm, aunque EE.UU. no el único lugar del mundo donde los casos repuntan de nuevo, la situación se vuelve más crítica por dos motivos: primero, porque es el país con más contagios y muertes en el mundo y, segundo, porque el gobierno saliente no parece interesado en tomar medidas de mitigación en lo que le queda en el cargo.

Nos podemos hacer una idea de lo sombría de la situación repasando algunas de las cifras que han sonado las alarmas de la comunidad médica y científica.

1. Un récord histórico de casos

Desde hace meses, EE.UU. ocupa la triste posición de ser el país con más casos y muertes por coronavirus del mundo.

De los más de 53 millones de contagios reportados a nivel global, más de 10,3 millones son de habitantes de Estados Unidos, casi un 20% del total global en una nación cuya población representa el 4% del planeta.

Pero si las cifras totales son alarmantes, lo que ha pasado en los últimos días ha sido motivo de preocupación mayor.

Solo el jueves, EE.UU. superó los 160.000 nuevos casos en un día, casi una semana después de cruzar el récord de los 100.000 contagios diarios.

Dos estados, Texas y California, fueron los primeros esta semana en reportar más de un millón de personas infectadas, mientras otros, como Florida, le siguen los pasos.

El aumento ha sido una tendencia en las últimas semanas en más de 40 estados y, según los modelos de varias universidades, la cifra podría ir a peor en los días venideros.

De acuerdo con los CDC, se prevé que antes del 5 de diciembre se reportarán entre 630.000 y 1.700.000 nuevos casos en el país, aunque la agencia señala que la estimación puede quedarse por debajo.

“Durante las últimas semanas, se han reportado más casos de los esperados en la predicción. Esto sugiere que el pronóstico actual puede no reflejar la gama completa de casos que se notificarán en el futuro. Las previsiones para nuevos casos deben interpretarse en consecuencia”, indica en su página web.

2. Creciente número hospitalizaciones

La escena es conocida: como pasó en la primavera y el verano, los hospitales de muchos estados comienzan otra vez a quedarse sin camas, ahora en una proporción mayor.

Actualmente, hay más estadounidenses hospitalizados con covid-19 en EE.UU. que en cualquier otro momento anterior de la pandemia.

Hasta el 12 de noviembre, más de 67.000 personas recibían atención hospitalaria tras dar positivo por coronavirus, según datos del Covid Tracking Project, un sistema de monitoreo de la pandemia.

Hasta este viernes, 17 estados reportaban un incremento general de hospitalizaciones.

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AFP
Actualmente, hay más estadounidenses hospitalizados con covid-19 en EE.UU. que en cualquier otro punto anterior de la pandemia.

El récord anterior se remontaba al 15 de abril, cuando Nueva York era el epicentro del covid-19 en EE.UU., y se reportaron 59.940 hospitalizaciones a nivel nacional.

El nuevo récord de hospitalizaciones muestra que hemos entrado en el peor período de la pandemia desde el brote original en el noreste (en Nueva York y estados cercanos)”, escribieron los creadores del Covid Tracking Project el miércoles.

3. Las muertes vuelven a aumentar

Los CDC registraban hasta este viernes más de 242.200 fallecidos, una tasa de mortalidad de 73 por cada 100.000 habitantes en EE.UU.

Y reportaron el 10 de noviembre 1.859 muertos por covid-19, la cifra más alta desde los más de 2.500 registrados el 25 de junio, un día anómalo pues para entonces la media semanal había estado cayendo hasta unos 600.

De hecho, el 10 de noviembre se superó por primera vez la cifra de 1.000 muertos de media en los siete días anteriores, algo que no pasaba desde agosto.

Trevor Bedford, analista del Instituto de Investigación Fred Hutchinson de Seattle, recordó en Twitter que las muertes durante la pandemia generalmente comienzan a aumentar tres semanas después de que se disparan los casos.

“Estimo que Estados Unidos reportará más de 2.000 muertes por día en tres semanas”, escribió.

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Getty Images
El número de casos positivos se ha multiplicado en las últimas semanas.

El modelo matemático del Institute for Health Metrics and Evaluation proyecta unas 399.162 muertes en EE.UU. para el 1 de febrero si se mantiene las condiciones actuales, pero si se flexibilizan aún más las medidas de protección, estima que la cifra rondaría los 513.657.

4. Situación crítica en numerosos estados

Si al inicio de la pandemia el epicentro estuvo más “concentrado” en algunos estados (como Nueva York y después Florida), ahora los epidemiólogos advierten que la situación es más complicada por el creciente número de casos que se reportan a lo largo y ancho del país.

Según tuiteó Frieden, esto se debe a que Estados Unidos entró en “la fase exponencial” de propagación del virus, por lo que es previsible que la situación empeore significativamente en la mayoría de los estados.

No obstante, aclaró que no todos los lugares están experimentando actualmente la misma tasa de propagación del covid-19.

“Por ejemplo, Dakota del Sur (el estado con la tasa más alta) tiene 100 veces más propagación que Vermont”, dijo.

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Las filas de autos para hacerse pruebas de coronavirus han vuelto a aumentar.

Numerosos estados y ciudades muestran otras cifras preocupantes.

  • El área de Minot, en Dakota del Norte, ha reportado más casos per cápita que cualquier otra parte del país.
  • El brote en Wisconsin ha aumentado más rápido que en cualquier otro estado.
  • El condado que incluye Los Ángeles ha reportado más casos de covid-19 desde el inicio de la pandemia que cualquier otro lugar.
  • Texas tiene más casos que cualquier otro estado y el mayor número de contagios en campus universitarios.
  • En la ciudad de El Paso, las autoridades han pedido el traslado de más morgues móviles ante el creciente aumento de muertes y han necesitado trasladar enfermos por vía aérea a otras localidades porque se han quedado sin capacidad en los hospitales.

“La gente no quiere escuchar que lo que está sucediendo en El Paso no es un evento aislado. Se convertirá en la norma”, le dijo el epidemiólogo Michael Osterholm a Yahoo Finance.

5. La Casa Blanca como epicentro

Para muchos medios de EE.UU., un reflejo de cómo la pandemia está fuera de control en el país es la propia situación en la Casa Blanca, en la que casi 200 personas, desde el presidente hasta miembros de su equipo servicio personal y de seguridad, han dado positivo o han tenido que aislarse por estar en contacto con el virus.

Más de 30 personas, incluido Trump, su esposa y su hijo menor, en fechas cercanas al evento para la nominación de Amy Conney Barret para la Corte Suprema.

El mismo presidente tuvo que ser hospitalizado y unas semanas más tarde varios asistentes del vicepresidente Mike Pence también se enfermaron.

A inicios de noviembre, tras un evento durante la noche de las elecciones en el que Trump se proclamó ganador cuando aún continuaban los conteos, se reportó un nuevo brote: el jefe de gabinete de Trump, Mark Meadows, uno de sus jefes de campaña y otra decena de funcionarios dieron positivo.

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Getty Images
Unos 130 imembros del Servicio Secreto se han contagiado o han tenido que aislarse por estar en contacto con el virus.

Este viernes, medios de EE.UU. reportaron que al menos 130 miembros del Servicio Secreto, que se encargan de la seguridad de Trump y la Casa Blanca, dieron positivo o han tenido que aislarse tras exponerse a personas enfermas con covid-19.

Además, al menos ocho miembros del personal del Comité Nacional Republicano, incluido el Jefe de Gabinete, Richard Walters, tienen el virus, según informó la organización.


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