Autor de masacre en Noruega asegura haber actuado en defensa propia
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Autor de masacre en Noruega asegura haber actuado en defensa propia

Anders Behring Breivik, quien confesó haber matado a 77 personas en Noruega, se declaró inocente de los cargos de terrorismo y homicidio
16 de abril, 2012
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Foto de Anders Behring Breivik tomada de un manifiesto publicado en internet el jueves pasado y que se le atribuye al asesino. Foto: AP.

El fanático antimusulmán que confesó haber matado a 77 personas con una bomba y a balazos en Noruega se declaró inocente de los cargos de terrorismo y homicidio, afirmando que actuó en defensa propia.

Después de rechazar la autoridad del tribunal, Anders Behring Breivik, vestido de traje negro, dijo el lunes que admitía haber provocado la explosión de una bomba en Oslo y de la matanza a balazos en la isla Utoya en las afueras de la capital el 22 de julio.

Breivik dijo al tribunal: “Admito los actos, pero no la culpa penal”.

Al inicio del juicio, el acusado sonrió cuando un guardia le quitó las esposas en la corte atestada. El hombre de 33 años hizo un saludo de puño antes de estrechar la mano de los fiscales y funcionarios de la corte.

“Yo no reconozco las cortes noruegas porque uno recibe su condena por parte de los partidos políticos que apoyan el multiculturalismo”, dijo Breivik en su primer comentario en la corte.

Breivik también dijo que no reconocía la autoridad de la jueza Wenche Elisabeth Arntzen, porque según él es amiga de la hermana del ex primer ministro noruego y líder del Partido Laboral Gro Harlem Brundtland.

El fanático se calificó como un escritor que trabaja actualmente desde prisión cuando la jueza le preguntó cuál era su empleo.

Luego de las declaraciones de apertura, Anders Behring Breivik deberá testificar durante cinco días, explicando por qué puso una bomba en el centro de Oslo, que dejó ocho muertos, y luego mató a tiros a otras 69 personas, en su mayoría adolescentes, en un campamento del Partido Laboral en la isla de Utoya, afuera de la capital noruega.

Desde que Breivik confesó haber cometido los ataques del 22 de julio —argumentando que eran necesario para proteger a Noruega y evitar que fuera tomada por musulmanes— el asunto central que sigue si resolverse es su salud mental.

El noruego de 33 años fue declarado demente en un examen que recomendó comprometerlo a recibir atención psiquiátrica, mientras que otra evaluación lo declaró competente mentalmente para ser enviado a prisión. Es decisión de los jueces en la corte de distrito de Oslo decidir cuál de los diagnósticos les parece más creíble.

De considerarse mentalmente competente, podría enfrentar la pena máxima que es de 21 años o un arreglo de custodia alternativa bajo la cual la sentencia se prolongaría hasta cuando el reo ya no sea considerado un peligro para la sociedad.

Los sobrevivientes de la masacre se preparan para que regrese el horror durante el juicio.

“No sé cómo voy a reaccionar, no creo que uno pueda prepararse para esto”, dijo Stine Renate Haaheim, un legislador de 27 años del Partido Laboral que sobrevivió a la masacre de Utoya al alejarse de la isla a nado.

La policía bloqueará las calles alrededor de los tribunales, donde periodistas, sobrevivientes y familiares de las víctimas pueden observar el juicio en una corte con 200 asientos construida especialmente para este juicio. Un grueso vidrio separará a las víctimas y sus familias del acusado.

La televisora noruega NRK transmitirá partes del juicio pero no tiene permitido transmitir el testimonio de Breivik.

En un manifiesto que publicó en Internet antes de los ataques, Breivik dijo que “los luchadores de la resistencia patriótica” debería utilizar los juicios “como otra plataforma para su causa”.

Su abogado defensor, Geir Lippestad, dijo que Breivik sólo lamenta que el número de muertos no hubiera sido mayor.

“Es difícil entender, pero estoy diciendo esto para preparar a la gente antes de su testimonio”, dijo Lippestad.

AP*

Notas recomendadas:

El Mapa del odio de Anders Behring Breivik

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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