El arranque ‘atropellado’ de la campaña de Josefina Vázquez Mota
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El arranque ‘atropellado’ de la campaña de Josefina Vázquez Mota

Desde el 11 de marzo, la candidata panista y su equipo han tenido algunos eventos que no han terminado con el resultado esperado y que han llegado a lo medios o han sido criticados en redes sociales.
Por Dulce Ramos
3 de abril, 2012
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Desde el 11 de marzo, Josefina Vázquez Mota y su equipo han tenido algunos eventos que no han terminado con el resultado esperado y que han llegado a lo medios o han sido criticados en redes sociales.

A partir de aquel domingo, en que los asistentes a su toma de protesta como candidata presidencial del Partido Acción Nacional abandonaron el Estadio Azul mientras ella todavía daba su discurso, no ha habido semana en que ella o sus cercanos tengan una actuación impecable. En las últimas tres semanas, los eventos han estado en distintos ámbitos. Comunicación, logística y hasta en la salud de la propia candidata, cuando ayer tuvo un  ligero mareo mientras daba un discurso ante organizaciones civiles en un hotel de Polanco.

De ese primer tropiezo en el Estadio Azul, Roberto Gil Zuarth, coordinador de campaña, asumió la responsabilidad.  Junto con él, cercanos a la candidata como el vocero Juan Marcos Gutiérrez o el diputado Carlos Alberto Pérez Cuevas reconocieron que esa falla les obligaba a poner mucho más cuidado y atención.

Tras aquel momento, Vázquez Mota decidió mantener su apoyo a Gil Zuarth de quien, dijo, presentó su renuncia a primera hora del lunes. Ella no la aceptó.

“Si yo no hubiera visto a un colaborador comprometido, no solamente se la hubiera aceptado. Se la hubiera exigido”, dijo el 14 de marzo ante estudiantes del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Y aunque dio por zanjado el tema con esa frase, en ese mismo recinto vino otro tropiezo que le valió críticas.

“Yo estudié en la escuela pública hasta la vocacional del Politécnico. Y bueno, como nadie es perfecto, me fui a estudiar Economía a la Ibero”, dijo la candidata en un guiño fallido a los itamitas. La declaración encendió la molestia de alumnos y ex alumnos de la Universidad Iberoamericana, sobre todo en Twitter.

Los tropiezos vinculados con la vida académica de Josefina volvieron a encenderse escasas horas después de la declaración en el ITAM. El 15 de marzo se dio a conocer en las redes sociales que en su tesina, la candidata calificó a la UNAM como “un monstruo”.

“Su función era educar, pero poco a poco fue convirtiéndose en una institución política, en un monstruo que alberga más de medio millón de estudiantes que lamentablemente no tienen  ningún interés en su preparación profesional”, dice un extracto del documento. El resultado: el hashtag #Josefinadiscrimina se conviritó en tema del momento en Twitter.

Pero las redes sociales no fueron la única arena donde caló la crítica a la UNAM. Una semana después del episodio, el rector de la casa de estudios, José Narro Robles, emplazó a la candidata a que dejara en claro si aún piensa lo mismo de la Universidad, pese a que tuvo contacto cercano con ella cuando fue Secretaria de Educación al inicio de este sexenio.

De la revelación de su tesina, no pasaron dos días sin que la candidata y el equipo estuviesen a punto de caer en otro escollo.

Sábado. Quincena. Puente vacacional. Los ingredientes perfectos para que la salida a Cuernavaca se encontrara prácticamente detenida por el intenso tránsito. Hacia el sur de la ciudad, también se encuentra la sede del Instituto Federal Electoral, donde la panista debía registrar su candidatura al mediodía.

De no ser por la ayuda de un patrullero que subió a la candidata en su motocicleta, y de un ciudadano que iba rumbo a Morelos, que dio ‘aventón’ a un capitán del Estado Mayor Presidencial, el acto hubiera tenido un enorme retraso. Pese a que se llevó a cabo, Josefina Vázquez Mota recorrió varios kilómetros sin casco en moto, hasta que el motociclista voluntario la dotó de uno.

Premios Nobel confundidos y palabras altisonantes

Ya registrada como candidata, Josefina Vázquez Mota viajó a Perú el 19 de marzo para asistir a un seminario internacional sobre los retos de América Latina.

En Lima, la aspirante presidencial se reunió con el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, quien dijo que el triunfo de la panista era necesario para fortalecer la democracia mexicana.

El error, en esa ocasión, fue del área de prensa. Los reporteros recibieron un boletín donde se identificaba al autor de La Ciudad y los Perros como Premio Nobel de la Paz.

La fe de erratas llegó en un par de minutos, pero el gafe ya era popular en las redes sociales.

El siguiente escollo se debió librar sólo cuatro días después, cuando se hizo pública una llamada entre Vázquez Mota y su coordinador de redes, el diputado Agustín Torres Ibarrola. En esa comunicación, la panista acusó al Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna y a la vocera de la Presidencia, Alejandra Sota, de grabar sus conversaciones. A ésta última la llamó “pinche Sota”.

En un intento de salir dignamente del tropiezo, el equipo presentó una denuncia por las escuchas telefónicas, y afirmaron que había una guerra sucia contra la candidata.

Arranque pasado por agua… y por protestas

Los días previos al arranque de las campañas electorales, las noches y las madrugadas habían sido ligeramente lluviosas, pero al parecer nadie previó que si no se colocaba un techo en el patio de la casa de campaña de la panista, su primer acto podía resultar afectado.

Pasados los primeros minutos del viernes 29 de marzo, Vázquez Mota tuvo que tolerar una llovizna fina por unos minutos mientras ofrecía su primer discurso de la campaña. La falla en la planeación no pasó a mayores, pues al poco rato cesó de llover.

El siguiente problema tardó sólo 24 horas en aparecer. Más de una centena de representantes de la sociedad civil esperaban el sábado pasado a la candidata en un salón del World Trade Center de la Ciudad de México para conocer sus propuestas para un gobierno ciudadano. La cita era a las 10:00 horas.

Cerca de la hora, ex trabajadores de Mexicana de Aviación rompieron la tranquilidad de la espera con una manifestación que acabó en empujones. El ex coordinador del Programa Oportunidades durante el sexenio foxista, Rogelio Gómez Hermosillo, anunció en su calidad de organizador que había tomado la decisión de posponer el acto, pues no había condiciones para que Vázquez Mota, que ya estaba en el recinto, entrara al salón.

La salud de Vázquez Mota, otra vez a juicio

El primer lunes de la contienda electoral estuvo marcado por dos problemas. Uno, vinculado a su equipo de prensa. Otro, a la salud de la candidata.

Después de las 13:00 horas, el equipo de comunicación de la panista envió un correo con el material de la gira que por la mañana había encabezado en el municipio hidalguense de Huejutla, pero en el título identificaron el punto como parte del estado de Chiapas, a donde viajó el domingo.

Más tarde, mientras delineaba su propuesta de seguridad para el país en un foro organizado por ‘México SOS’, la candidata tuvo un par de mareos. En el primero, se notó un ligero temblor en las piernas. El segundo, la obligó a leer su propuesta sentada.

Un organizador le ofreció refresco de cola, pero ella sólo dijo: “Estoy bien. Estoy bien”. Se le veía pálida, y la mano izquierda, con la que sostenía las hojas de su discurso, se notaba temblorosa. Minutos después, logró reponerse.

–¿Ya resiente el agotamiento? –le preguntó un reportero al finalizar el acto. Ella, escueta, sólo atinó a contestar con un esbozo de sonrisa.

–Apenas estamos empezando.

Fortalecer el lavado de dinero

Lo dijo el sábado,  apenas unas horas después que comenzaran las campañas. “Fortaleceré el lavado de dinero“, sin duda un lapsus que fue ampliamente criticado por usuarios de Twitter y Facebook. Las reacciones a este tipo de erratas no se hacen esperar y menos si la pifia se guarda en video y se viraliza sin cesar:

Faltan 86 días de campaña, apenas han pasado cuatro desde el arranque y la candidata panista ya anunció que este martes presentará nuevos spots con los que espera mostrarse a la gente como realmente es.

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43 mujeres de Sudamérica denuncian al Opus Dei ante el Vaticano por servidumbre y explotación

43 mujeres de Argentina, Paraguay y Bolivia denunciaron ante el Vaticano al Opus Dei, que ha abierto una "comisión de escucha y estudio" de los casos.
2 de agosto, 2022
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Les decían que tenían “vocación de santas”, que estaban llamadas a “servir a dios” y las sometían a jornadas de hasta 15 horas de trabajo, aisladas en residencias, con una rutina de oración y mortificaciones que incluía bañarse con agua fría y autoflagelarse.

Eso es lo que dicen que sufrieron las 43 mujeres de Argentina, Paraguay y Bolivia que en septiembre de 2021 denunciaron a la organización ultraconservadora católica Opus Dei ante el Vaticano por trata de personas, explotación y reducción a la servidumbre.

Ahora, la orden religiosa en la Región del Plata -que incluye Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay- ha anunciado la creación de una “comisión de escucha y estudio”, aunque dicen hacerlo por “una motivación moral y no jurídica”.

“Creemos que es necesario un ámbito que permita comenzar a sanar lo que haya que sanar”, explica a BBC Mundo la oficina de comunicación del Opus Dei sobre la creación de la comisión. Al ser preguntada por las acusaciones, la orden afirma que no tiene “ninguna notificación de denuncia por parte de las autoridades eclesiásticas”.

“Al finalizar el periodo de escucha y estudio, la comisión presentará sus conclusiones y recomendaciones al vicario regional, para que se tomen las decisiones oportunas”, agregó.

Las mujeres, que no han acudido aún a la justicia ordinaria a la espera de reunir más testimonios, según su abogado, reclaman una reparación económica y un reconocimiento público de la Iglesia.

Sus historias tienen puntos en común: fueron reclutadas entre familias de bajos recursos cuando tenían entre 12 y 16 años y las llevaron a Buenos Aires en las décadas del 70, el 80 y el 90 con la promesa de darles educación.

En cambio, denuncian, recibieron capacitación en tareas domésticas y las hicieron trabajar gratis para miembros de alta jerarquía y sacerdotes de la obra fundada por el cura español y santo Jose María Escrivá de Balaguer.

La denuncia presentada ante el Vaticano asegura que “hubo un plan proselitista” y que “lo hicieron con el conocimiento y consentimiento de las personas que ostentaban las facultades de organización y control”.

“No ha habido ninguna denuncia laboral formal en los últimos 40 años“, replica el Opus Dei al ser preguntado por BBC Mundo. “Y tampoco desde que se han realizado las acusaciones públicas, habiendo transcurrido casi un año (desde las denuncias) y a pesar de que la Prelatura siempre estuvo a total disposición de la Justicia”, agrega.

BBC Mundo no obtuvo respuesta del departamento de prensa del Vaticano ni de otras instituciones de la iglesia católica en Roma.

Alicia Torancio, una de las 43 mujeres denunciantes, se muestra reacia a colaborar con la comisión creada por el Opus.

“¿Cómo esperan que alguien vaya a denunciar el abuso y explotación al que lo abusó y explotó?“, dice a BBC Mundo.

Fernando Ocariz, actual prelado del Opus Dei, en Bolivia junto a numerarias auxiliares en una imagen de archivo.

Alicia Torancio
Fernando Ocariz, actual prelado del Opus Dei, en Bolivia junto a numerarias auxiliares en una imagen de archivo.

Torancio entró a la obra detrás de una hermana mayor que hoy también es una de las denunciantes.

Estuvo 13 años. Entró en 1994 con 16 y salió en 2007, con casi 30. Ahora, a los 44, las marcas de lo que padeció siguen presentes.

“Los últimos seis años estuve sumergida en una depresión terrible, ellos me trataron con psiquiatras de la obra y tuve un intento de suicidio. Me decían que esa era mi cruz, lo que tenía que pagar por los pecadores, y que con mi sufrimiento estaba sosteniendo las labores apostólicas. Sólo me dejaron ir cuando no servía más para trabajar”.

“A partir de ahora tu familia es el Opus Dei”

Torancio nació y creció en Mercedes, a casi 700 kilómetros de Buenos Aires. A los 10 años, mientras los hermanos varones se quedaban a trabajar en el campo con su padre, peón rural, a ella y a sus hermanas las mandaron a casa de unos familiares en la capital argentina para terminar la escuela primaria y después emplearse como servicio doméstico.

Por una de sus hermanas mayores, que ya trabajaba allí, supo de un centro de formación para mujeres. “Te ofrecían algo tentador, porque era una casa donde podías vivir y de paso tener una capacitación”, cuenta a BBC Mundo.

Ahí llegó Élida, la primera Torancio en entrar al Opus Dei como numeraria auxiliar, la categoría más baja de pertenencia a la obra, la de las “mucamas”.

Torancio no quería ser del Opus Dei. Pero a los 15 años y a través de su hermana consiguió trabajo en una residencia de varones perteneciente a la obra. Como estaba sola en Buenos Aires, le ofrecieron alojamiento en la residencia de mujeres donde estaban todas las chicas que estudiaban en el Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos, el ICIED, “la escuela de mucamas”.

“Cuando llegas ahí te empiezan a hacer la cabeza. Te dicen que tenés vocación para ser santa, que podés aportar al mundo a través de tu trabajo y que vas a ayudar a cambiar el mundo. Y yo era muy idealista”, se lamenta.

Clase en el Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos del Opus, el ICIED, "la escuela de mucamas".

Alicia Torancio
Clase en el Instituto de Capacitación en Estudios Domésticos del Opus, el ICIED, “la escuela de mucamas”.

A los tres meses escribió la “carta de admisión” a las autoridades de la obra: un escrito de puño y letra en el que manifestaba su vocación. Una vez que la aceptaron, dejó de cobrar por su trabajo y tuvo que empezar a vivir de un día para el otro con las reglas del “plan de vida” de los miembros: despertarse a las 6 de la mañana, bañarse con agua fría, rezar, estudiar textos de Escrivá de Balaguer y trabajar el resto del día, pero ya sin pago.

“Te dicen que le ofrecés tu trabajo a dios. A mí me preocupaba que ya no iba a poder mandarle dinero a mis padres. Me dijeron: ‘Ya no tenés que preocuparte por tus padres. Ahora tu familia es el Opus Dei'”.

En ese momento le designaron también una directora espiritual con la que debía charlar a diario, y le sumaron la obligación de confesarse una vez a la semana con un sacerdote.

Recibió también una liga de alambre con puntas, el cilicio, y un látigo con un manojo de sogas trenzadas y enceradas, la disciplina, junto con las instrucciones de uso: llevar el alambre ajustado a la pierna dos horas al día y rezar dándose latigazos en la espalda una vez a la semana. Todavía tiene las cicatrices del cilicio en el muslo.

Disciplina (izquierda) y cilicio.

Getty Images
Disciplina (izquierda) y cilicio.

“Te convierten en una máquina”

Con la admisión tuvo que ir a la “escuela de mucamas”. Era como una secundaria, pero de sólo tres años y sin título oficial. Tenían clases de cocina, limpieza, costura, modales. La escuela era de 2 a 7 de la tarde. Los padres de algunas de las chicas pagaban una pensión. Las que no podían, como Alicia, sentían la responsabilidad de trabajar más para compensar que no pagaban.

“Te cortan los vínculos con tu familia y con el (mundo de) afuera, pero además tenés prohibido hacerte amiga de alguna de tus compañeras. Tampoco podía compartir con mi hermana. Te observan todo el tiempo y enseguida te llaman la atención”.

El control, dice, se ejercía a través de la “corrección fraterna”: todas observan a todas e informan de todo lo que ven a las directoras, que las corrigen. “Te convierten en una máquina”.

Alicia, de uniforme, con su hermana Élida, que también es unas de las 43 denunciantes.

Alicia Torancio
Alicia, de uniforme, con su hermana Élida, que también es unas de las 43 denunciantes.

Cada tanto, una vez al año o cada año y medio, la dejaban viajar dos o tres días a visitar a sus padres. Tenía que hacer un pedido especial; a veces le decían que sí y a veces que no. Cuando le daban permiso, tenía que ir acompañada por otra chica.

“Te infantilizaban todo el tiempo. Tenías que pedir permiso para las cosas más tontas y no tenías dinero para manejarte”. El resto del año se podía comunicar por carta o teléfono. Las cartas, tanto las que mandaba como las que recibía, se abrían y leían primero por la directora espiritual, asegura Torancio.

Los traslados entre centros del Opus Dei eran compulsivos, incluso entre provincias y países. A los 20 años mandaron a Torancio a Laya, la residencia de numerarias auxiliares más grande del país, al lado de la sede central de la organización y “centro de estudios” por el que pasan todos los miembros varones y donde también están las máximas autoridades. Queda en la Recoleta, el barrio más caro de Buenos Aires.

La sede central es un gran edificio de nueve pisos de alto. A un costado está el edificio de la servidumbre. Se pueden ver desde la calle las ventanas tapadas que no permiten mirar el exterior ni que el interior se vea desde afuera.

A través de una conexión en el subsuelo, con doble puerta, pasan a trabajar al edificio de la sede central todos los días -en horarios específicos para evitar cruzarse con los varones-. Allí tienen la cocina, el planchero, la tintorería, la sala de lavado y además limpian las habitaciones y espacios comunes, como el oratorio, salas de conferencia, comedor y living. También cosen, bordan y hacen lo que haga falta.

Clases prácticas en la llamada "escuela de mucamas" del Opus en los años 2000.

Alicia Torancio.
Clases prácticas en la llamada “escuela de mucamas” del Opus en los años 2000.

Allí Torancio cumplió la mayoría de edad y dio el paso definitivo como miembro del Opus Dei: la Fidelidad, que es la incorporación de por vida con compromisos de castidad, pobreza y obediencia.

Ese paso es para todos los miembros célibes, que no pueden casarse y son los que ocupan las casas de la obra: los numerarios y numerarias, que son los de alta jerarquía y son profesionales de clases medias y altas; y las numerarias auxiliares, que son las mujeres de origen pobre que sirven y atienden a los demás. Es el caso de Alicia.

Por encima de todos ellos hay una cúpula de religiosos, pero son sólo un 2% de los miembros en el mundo.

La Fidelidad implica el rito de ponerse un anillo como símbolo de unión a la obra y el compromiso de pobreza, que incluye entregar todo lo que se posee y se recibe: sea un regalo o el salario en el caso de quienes trabajan fuera de las casas.

José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, de visita en Argentina en 1974.

Getty Images
José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, de visita en Argentina en 1974.

“Si Jesús y los grandes santos soportaron tanto dolor, cómo no lo vas a soportar vos”

A los 22 años, a Torancio la nombraron jefa de cocina de la sede central: era la responsable del menú, las compras y el servicio para los 100 hombres que vivían allí. Ahí empezó su crisis: “Era demasiada presión y empecé a estar mal”, recuerda.

En el Opus Dei hay un manual para todo. Y cualquier cuestionamiento a lo que se vive se aborda como una duda vocacional que tiene respuesta estandarizada: “Cualquier duda vocacional era abordada por la institución como un problema psicológico/psiquiátrico con el consiguiente suministro de psicofármacos para neutralizar la voluntad”, dicen en la denuncia al Vaticano las 43 mujeres.

Los psiquiatras y psicólogos son siempre miembros del Opus Dei. A Alicia la llevaron primero a una psiquiatra que le dijo que no tenía nada y que fingía su depresión. “Lo que te dicen siempre es que si Jesús y los grandes santos soportaron tanto dolor, cómo no lo vas a soportar vos”.

Consiguió que la llevaran con otra psiquiatra que decidió tratarla. “Enseguida me dieron pastillas, pero siempre era algo que hacía efecto al principio pero después volvía a caer. Llegué a tomar siete u ocho pastillas por día. O más. Era una zombi y pesaba 45 kilos porque no podía comer. Caí en un pozo y empecé a tener ideas suicidas”. Fueron seis años así.

“Yo no lograba levantar. Estuve tan mal que en un momento le pidieron permiso a mi familia para tratarme con electroshock, pero por suerte dijeron que no”.

Después de una sobredosis de pastillas, estuvo internada en un psiquiátrico y recién ahí le dieron permiso para irse a casa con su familia. Ahí empezó a madurar la decisión de irse.

“Fijate el lavado de cabeza que te hacen que yo les decía que me iba porque era mala imagen para ellos. Sentía que no servía, que había fallado a dios. Eso es lo que te dicen”.

Cuando volvió de Corrientes escribió la “carta de dispensa”, porque así como para entrar, también se necesita permiso para dejar el Opus Dei. En los dos casos se hace a través de un escrito de puño y letra que se envía al Prelado, la máxima autoridad de la organización, que reside en la sede central, en Roma.

Es un edificio a pocos kilómetros del Vaticano. Allí se centraliza el control de los 68 países en los que la obra está presente.

Fernando Ocariz, actual prelado del Opus Dei.

Getty Images
Fernando Ocariz, actual prelado del Opus Dei.

Cuando se fue del Opus Dei, con casi 30 años de edad, Torancio sólo tenía una valija y una bolsa con unas pocas cosas personales. Se fue a Corrientes, a casa de sus padres, porque no tenía nada.

De los 13 años que estuvo dentro del Opus Dei, dice que nunca ganó dinero por ni una de las horas trabajadas. No estaba contemplado pagarles. “A nosotras no nos decían que estábamos trabajando. Nos decían que nos estábamos santificando, que lo que Dios nos pedía era servir y que así estábamos ayudando a transformar el mundo”.

“No te podías quedar ni con un centavo”

Recién en 2005, con cambios en la legislación laboral argentina, el Opus Dei empezó a hacer un pago a las numerarias auxiliares: “Nos hacían firmar un recibo, nos mandaban a cobrar por cajero automático y luego teníamos que entregar todo a las directoras. No te podías quedar ni con un centavo”, dice Alicia, que cumplía así el voto de pobreza al que obliga la obra.

Por eso, le quedaron los dos últimos años de aportes jubilatorios. Por los otros 11 años que estuvo no tiene ni registro de su paso por allí.

“Ellas eran miembros del Opus Dei. Los católicos encarnan los valores del Evangelio de diversas maneras. Los miembros del Opus Dei lo hacen desde su trabajo y en la vida diaria. Para las numerarias auxiliares, esa llamada desde el trabajo se concreta en su elección profesional del cuidado de las personas y actividades ligadas a la Prelatura”, explican a BBC Mundo desde la organización.

“Ese trabajo, como cualquier otro, está remunerado”, dice. Respecto del régimen laboral, dicen que “el Opus Dei se adaptó a las leyes vigentes de cada época“.

“El trabajo que desarrollan las numerarias auxiliares en los centros del Opus Dei se ajustó a las leyes vigentes en cada época”.

“Tienen que reconocer públicamente lo que hicieron con nosotras”, reclama Torancio. “Hay mujeres mayores con muchos problemas de salud por tanto trabajo y que ni siquiera pueden jubilarse”.


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