Guadalupe Loaeza rescata a El Caballero del Titanic
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Guadalupe Loaeza rescata a El Caballero del Titanic

La escritora Guadalupe Loaeza, que acaba de publicar la novela El Caballero del Titanic, habla en entrevista con Animal Político acerca de la historia que une los destinos del mexicano Manuel Uruchurtu y Elizabeth Ramell, quien fuera superviviente del naufragio que acaba de cumplir cien años.
Por Manu Ureste
14 de abril, 2012
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Imagen del libro El Caballero del Titanic, de la escritora Guadalupe Loaeza.

Cien años han pasado desde que el insumergible trasatlántico de la compañía White Star Line de Liverpool se fuera a pique una agónica madrugada de un lejano 14 de abril de 1912. Tiempo en el que, desde su tumba natural en el solitario fondo de las gélidas aguas del Atlántico, el RMS Titanic ha ido dando forma a una de las leyendas navales más épicas y trágicas que jamás se hayan contado en la historia del hombre y el Mar. “La historia del Titanic es muy atractiva, muy seductora, que tiene que ver con valores como la galantería, la cortesía, la caballerosidad, la valentía…”, explica al respecto en una entrevista para Animal Político la escritora Guadalupe Loaeza, quien acaba de publicar la novela El Caballero del Titanic (Edit. Aguilar), única obra escrita originalmente en castellano sobre este suceso, la cual surge de “una mezcla de ficción y realidad” basada en un arduo trabajo de documentación, y en la que el lector se transportará en el tiempo a bordo de la cubierta de esta majestuosa embarcación para ser testigo de la historia que une trágicamente para la eternidad los destinos del diputado federal mexicano Manuel Uruchurtu y la británica Elizabeth Ramell.


¿Cómo surge la idea de escribir El Caballero del Titanic?
Leí la historia del diputado mexicano Manuel Uruchurtu que murió en el naufragio del Titanic por primera vez en una revista Selecciones. Me interesó mucho porque me pareció una historia muy bonita y muy entrañable, por lo que decidí localizar y contactar a su sobrino nieto, Alejandro Gárate Uruchurtu, y a la familia de este personaje. Lo entrevisté varias veces, nos hicimos buenos amigos y acordamos publicar un libro para este 2012, año en que se cumple el centenario del hundimiento.

¿Qué fue lo más complicado a la hora de elaborar la novela?
En primer lugar, para documentar precisamente qué sucedió en el Titánic, quiénes viajaban en él, qué fue lo que sucedió durante el naufragio y demás, tuve que documentarme muchísimo. Lo complicado aquí fue canalizar y asimilar tanta información. Y por otro lado, otras de las dificultades que encontré es que no existen libros escritos originalmente en español sobre este tema.

Audio:

 

¿Su libro es el primero escrito en español acerca de este suceso?
Así es, este es el primer libro originalmente escrito en español acerca del Titanic. El resto son ediciones que se han traducido al castellano. Cosa extraña, por cierto, porque hubo ocho pasajeros latinoamericanos que viajaron a bordo del Titanic, por lo que llama la atención que a nadie se le hubiera ocurrido escribir algo después de cien años. Por este motivo se convirtió para mí en un desafío muy estimulante; me gustó mucho lanzarme a escribir esta historia. Lo cierto es que fue un poquito audaz por mi parte.

Fotografía del Titanic. //Foto: AP

En medio de un inmenso océano de documentos y libros que ya se han escrito acerca de uno de los naufragios más ‘célebres’ de la historia de la Humanidad, ¿por dónde decidió empezar la labor de documentación?
Mi primera fuente de información fue la Enciclopedia Británica; sin duda una enciclopedia espléndida que está perfectamente bien formada y estructurada. Ahí encontré toda clase de información sobre el trasatlántico, los pasajeros, todas las historias, las anécdotas… Esa fue mi primera gran fuente de información. Después, leí muchísimos libros sobre el tema en inglés.

Audio:

Una vez que ya está documentada y escrita, ¿qué es lo que va a encontrar el lector en las páginas de El Caballero del Titanic?
El lector se va a encontrar con dos historias. Por un lado, la historia de Elizabeth Ramell; y por otro, la historia de Manuel Uruchurtu. En realidad, se trata de dos libros en uno. Es decir, hay un monólogo con la narradora, porque ella fue la que presenció todo lo que pasaba a bordo del Titanic; y el otro libro es la historia en su contexto histórico del personaje del mexicano Uruchurtu. Se trata de una mezcla de ficción y realidad, donde el lector se va a encontrar con un trabajo de muchísima investigación y también con una novela. Porque sí hay mucha investigación en la obra. Debido a que fue un hecho histórico que sucedió, tuve que atenerme exactamente a todo lo que se ha escrito sobre el Titanic. Pero el personaje de la pasajera Elizabeth Ramell Nye me permitió jugar mucho porque la historia de ella fue muy dramática: había perdido al marido, una hija, viajaba en segunda clase… Lo cierto es que me gustó mucho tenerla como personaje.

Hablando de la historia de Elizabeth Ramell y Manuel Uruchurtu, parece que con el cien aniversario del hundimiento del Titanic se ha reavivado la polémica acerca de si esta historia de caballerosidad y valentía, en la que se dice que el mexicano cedió su lugar de primera clase en el bote salvavidas número once en beneficio de Ramell, sucedió realmente o, por el contrario, fue fruto de la leyenda.
En el libro esto se plantea de una forma sutil porque quise respetar mucho la historia de la familia. Hay que tener en cuenta que han pasado ya cuatro generaciones después de los cien años del hundimiento del Titanic y en la familia aún se sostiene esta historia de valores, de caballerosidad, de valentía, de heroísmo… Creo que es algo muy bonito, por lo que quise respetar mucho esto. Aunque, efectivamente, es cierto que no hay ningún documento que demuestre que la historia de Uruchurtu así habría sucedido.

Pero, personalmente, ¿usted qué cree que pasó?
Creo que su historia pudo haber sucedido, como no… Tan sencillo como eso.

Audio:

A cien años de su trágico hundimiento, ¿por qué el Titanic sigue generando tanta leyenda y tanta fascinación al hombre en tierra firme?
Porque es una historia muy atractiva, muy seductora, que tiene que ver con valores como la galantería, la cortesía, la caballerosidad, la valentía… Y porque la historia del Titanic es, en realidad, una historia muy romántica. Ahí tenemos la película de James Cameron, por ejemplo. En definitiva, es una historia en la que se concentran muchos aspectos de la condición humana en los que se puede reflexionar.

Por cierto, ¿ha visto la película? ¿Le parece una buena recreación de lo que pudo haber sucedido a bordo del trasatlántico durante las trágicas horas que duró el naufragio?
Sí, si la he visto. Me parece que la película de Cameron está muy bien recreada. Es una verdadera película, el objetivo se logra perfectamente. Lo único que reprocharía es que, por momentos, se pierde el Titanic y la historia se concentra demasiado en la pareja. Pero está muy bien hecha.

Audio:

Guadalupe Loaeza es autora de numerosos libros. Entre sus obras están Compro, luego existo; Manual de la gente bien; Confieso que he leído… ¡Hola!; En el closet; o La puerta falsa.

El libro El Caballero del Titanic ya está diponible y también en versión e-book.

Recorrido virtual por el Titanic

Con motivo del 100 aniversario del hundimiento del Titanic, la Enciclopedia Británica ofrece la posibilidad de realizar un recorrido virtual a través de planos, diagramas y fotografías de la época por el interior del trasatlántico de la compañía White Star Line. ¿Quieres subir a bordo? Haz click aquí.

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El épico viaje de un grupo de estudiantes en un autobús viejo más allá de la Cortina de Hierro

En el verano de 1968, un grupo de amigos adaptó un autobús de dos pisos y se fueron de viaje en él por Europa del Este. Se encontraron con tanques soviéticos, una escasez de cerveza rumana y un peligroso paso de montaña yugoslavo.
24 de octubre, 2020
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The gang in front of the bus in Pisa

1968 CRD253 Group
De Escocia a Estambul vía Pisa.

En el verano de 1968, un grupo de amigos adaptó un autobús de dos pisos y se fueron de viaje en él por Europa del Este.

Patrocinado por dos fabricantes de whisky escocés, se encontraron con tanques soviéticos, una escasez de cerveza rumana y un peligroso paso de montaña yugoslavo.

El autobús era un antiguo AEC Regent MkII de Reading Transport Corporation, un modelo que ahora tiene su propia página de Wikipedia y un público fiel.

Luego de servir por mucho tiempo al público, el autobús estaba estacionado con una variedad de reliquias desechadas afuera de un garaje en Spittalfield, una pequeña ciudad al norte de Perth, en Escocia.

Ian Jack y su amigo Dave Stickland tenían vagos planes para algún tipo de viaje de verano.

Pasando por delante del garaje un día de mayo de 1968, los estudiantes vieron los autobuses y, por capricho, se detuvieron para preguntar el precio de los un piso.

Costaban unos US$520, increíblemente caros.

Pero, justo cuando se iban, el dueño del garaje los llamó y les ofreció uno de dos pisos, con menos demanda, por la mitad del precio.

Comprar un vehículo tan grande era “una idea ridícula”, por lo que declinaron y se fueron, dice Ian.

“Pero luego regresamos a la universidad y se corrió la voz y, de repente, la gente quiso darme algo de dinero para comprarlo”.

El viaje

El viaje estaba en marcha. La joya de la ingeniería británica construida en Southall estaba a punto de encontrarse con la Europa continental.

Quitaron los asientos para dar espacio a los colchones donados por su universidad, St Andrews.

Compraron trozos de alfombra, y Wendy Scott, una de las doce compañeras de viaje, hizo cortinas para la cubierta superior, tanto para las ventanas como para colgarlas en los dormitorios, para dar a las cinco estudiantes a bordo algo de privacidad.

Map of the entire route

Google
No había Google Maps en 1968.

Los arreglos para dormir eran algo en lo que la prensa local estaba particularmente interesada.

Instalaron una pequeña cocina y armaron una ducha improvisada con agua calentada por el sistema de enfriamiento del motor del autobús.

No había retrete, solo una pila de papel higiénico y la aceptación de que cualquier llamada de la naturaleza tendría que ser respondida al aire libre.

Intentamos que fuera cómodo“, dice Wendy, que ahora vive en Newcastle.

Bus parked near Hagia Sophia museum and the Blue Mosque in Istanbul

1968 CRD253 Group
Durante la estancia en Estambul, cerca de Santa Sofía.

“Tratamos de hacerlo habitable, porque sabíamos que íbamos a tener que dormir allí. Ya sabes, no hoteles ni nada. Tendríamos que dormir en este autobús durante 10 semanas”, agrega.

A veces dormían afuera si el clima lo permitía.

“Te despertabas por la mañana en la parte superior del bus, mirabas hacia abajo y allí estaba Ian, tocando la flauta, la gaita Absolutamente maravilloso. ¿Qué más quieres en esta vida?”, dice Wendy.

El camino

No es fácil precisar exactamente cuántos eran en total. Wendy recuerda 13, Ian piensa que 15.

Pero poco importa, ya que tenían la costumbre de recoger gente en el camino, por lo que su número fluctuaba constantemente.

Un soldado estadounidense, de vacaciones en Múnich, estaba tan atraído por el autobús que subió con su bicicleta y se quedó.

Un par de austriacos se unieron a ellos en Viena y no se fueron durante un mes. Uno, Klem, resultó ser chef y hábil en la “cocina” en la parte trasera del autobús, con su pequeña cocina de gas.

“Tuvimos mejillones y pollos… Ah, tuvimos comidas maravillosas”, dice Wendy, con melancólica.

Wendy Scott lying on a mattress on the beach by the Black Sea

1968 CRD253 Group
Wendy escribió un diario durante el viaje.

Recogieron los mejillones directamente del mar. Las gallinas, compradas vivas en un mercado, se volvieron locas en el autobús.

Dos días antes de llegar a Roma, Klem compró unos caracoles como regalo para su madre y los guardó en un gran cubo. A la mañana siguiente estaban por todas partes.

En Cluj, en el norte de Rumania, un viajero británico les dio las claves de cómo comprar cerveza durante lo que entonces era una escasez nacional.

Cuando el mismo problema se presentó en Bucarest, habían aprendido la lección.

“En ese momento sabíamos que la única forma de comprar cerveza era esperar en las puertas de la cervecería hasta que saliera un camión, luego seguirlo hasta su destino y pagar”, dice Ian.

Hanging out of the windows (l-r): Sarah Lowe, Wendy Scott, Rosemary Stanning. Just visible in the bus: Carol Cave and Margaret Hardisty (Hills). Outside: Roland Lisker, Klemens Hedenig, Dick Moore, Bryan Powell, Ian Jack, Dave Stickland, Mike Hughes, Nigel Hungerford, Sandy Scott

1968 CRD253 Group
El número de viajeros variaba de un país a otro.

El grupo había persuadido a la empresa de whisky escocés Teachers para que les pagara unos US$100 a cambio de un anuncio en el lateral del autobús y la promesa de repartir folletos promocionales escritos en inglés, francés y alemán.

“Recuerdo que iba por la autopista, cuando estábamos atrapados el tráfico, repartiendo folletos”, dice Wendy.

“La gente pensaba que estábamos locos“.

En Turquía y más allá

Conducir en Estambul era una “pesadilla” de calles estrechas llenas de gente, carretillas, carros tirados por burros y balcones colgantes.

Una calle se hizo más y más estrecha hasta que no pudieron ir más lejos.

“Los balcones daban contra el piso superior del autobús”, recuerda Ian. “Tuvimos que dar marcha atrás, cuesta arriba, provocando enormes perturbaciones en el tráfico”.

Para entonces, el autobús ya estaba bastante estropeado.

Se había quedado atascado debajo de un puente en la carretera a Núremberg y en otra ocasión se le habían desinflado los neumáticos.

The bus in Vienna by the parliament building on the Dr Karl Renner Ring

1968 CRD253 Group
Una productora de whiskey les dio algo de dinero por llevar un anuncio.

Luego, un día de agosto a la mitad del viaje, estuvieron a punto de caerse de la ladera de una montaña.

El camino era demasiado estrecho y la roca que sobresalía de un lado los obligó a alejarse tanto que las ruedas del autobús rozaron el borde del acantilado.

“Los lugareños se pararon frente al autobús tratando de persuadirnos de que no siguiéramos“, recuerda Margaret Hills, amiga de Ian, otra exmiembro del grupo.

“La pista estaba sin asfaltar, escombros de piedra caliza, estrecha, con voladizos en un lado y un precipicio en el otro. Fue tan aterrador”, dice.

Esto no sorprenderá a nadie familiarizado con el Paso de Cakor, una peligrosa carretera de montaña a través de Kosovo, entonces parte de Yugoslavia.

The bus on the very edge of the road on the Cakor Pass, Yugoslavia (Montenegro)

1968 CRD253 Group
El Paso de Cakor fue una de las carretera más peligrosa que tuvieron que atravesar.

Pero Ian tenía en una falsa sensación de seguridad por el nombre de la carretera, E27, que sonaba como una carretera principal.

La ruta, no obstante, pronto se deterioró hasta convertirse en una pista de grava con curvas cerradas alrededor de un desfiladero empinado.

“Algunas oraciones fueron pronunciadas incluso por los miembros ateos del grupo”, dice Ian. “Si hubiera sabido algo de esto de antemano, no hay forma de que me hubiera atrevido a intentar la E27”.

Otras peripecias

Después de viajar durante el día, estacionaban en cualquier lugar para pasar la noche: playas, apartaderos y, en una ocasión, un bosque en las afueras de Múnich que resultó ser un campo de tiro del ejército.

Un puente cerca del Danubio en Viena parecía agradable hasta que los drogadictos locales comenzaron a congregarse.

Visitaron tantos lugares que Wendy, ahora una viajera experimentada, no puede recordarlos todos.

Reflexionando sobre la clara evidencia de que fueron a un concierto en la famosa catedral de San Esteban de Viena, dice que “no tiene ningún recuerdo”.

Su diario dice que fueron, “así que definitivamente he estado allí”.

Ian, el cerebro del viaje, había recorrido parte de la ruta el año anterior en una motocicleta y un sidecar con Dave.

Conocía los mejores lugares para ir, dice Margaret, que ahora vive en Sandhurst. en Berkshire.

“Recuerdo que me llevaron por una ciudad con un calor sofocante similar y me dejaron en una piscina, que era la más fría que había experimentado. ¿Cómo diablos supo que estaba allí? Entonces no había wi-fi ni Google”.

Ian dice que tenían “algunos mapas razonables”.

Sin embargo, también tenían que tener cuidado con su dinero. A finales de los años 60, los controles destinados a mantener estable la economía significaban que la suma máxima de dinero que los viajeros británicos podían sacar del país era de 50 libras esterlinas.

Los pantalones vaqueros y bolígrafos occidentales resultaron ser una buena alternativa al dinero en efectivo y los amigos descubrieron un hospital en Kavala, en Grecia, que pagaba por donaciones de sangre.

También deseosos de no gastar más de lo necesario, idearon un plan para evitar un impuesto a los pasajeros que viajaban a Yugoslavia.

Después del puesto fronterizo griego, se bajaron del autobús y caminaron, fingiendo estar solo de paso, y se volvieron a subir una vez pasado el punto de control yugoslavo, no sin antes tener que hacer una larga caminata que los dejó de mal humor.

Las fronteras

Los cruces fronterizos no siempre fueron fáciles: el grupo generalmente fue interrogado y con frecuencia registrado.

En Bulgaria, los funcionarios de aduana sospecharon que transportaban artículos de contrabando.

“Me obligaron a pasar por un foso de inspección que me dio una oportunidad útil, y la única, de revisar la parte inferior del autobús mientras los guardias fronterizos buscaban drogas o lo que sea”, recuerda Ian.

Cruzar el Telón de Acero hacia Hungría fue difícil y lento, pero por diferentes razones que solo se hicieron evidentes más tarde, dice.

The Red Army and the troops of four other member countries of the Warsaw Pact (Hungary, Poland, Bulgaria and East Germany) invade Czechoslovakia, 21 August 1968

Keystone-France/Getty Images
Fue un año inestable en esa parte de la Cortina de Hierro.

Al ver un gran número de transportadores de tanques rusos, estaban “muy conscientes” de que algo se estaba gestando, dice Wendy. Pero no sabían qué y no se quedaron mucho tiempo.

Unas semanas más tarde, en la noche del 20 al 21 de agosto, Hungría se unió a otros cuatro países del Pacto de Varsovia -Polonia, Bulgaria, Alemania Oriental y la Unión Soviética – en la invasión de Checoslovaquia.

Los amigos acababan de evitar la Operación Danubio, la represión militar soviética a la Primavera de Praga, un intento de cuatro meses de los checos por recuperar parte del control de su país de manos de Moscú.

El regreso

Pero cuando los tanques se preparaban para cruzar la frontera, Ian y el grupo ya estaban de camino a casa, cruzando el Canal en el ferry de Dunkerque a Dover.

Wendy regresó pronto a Dundee con seis peniques en el bolsillo y las primeras 7.500 millas de lo que se convertiría en toda una vida de viajes.

La relación de Ian con el autobús duró un poco más. A principios de septiembre de 1968, lo condujo por última vez, de regreso a Aalst en Bélgica, donde estaba un hombre que había querido comprarlo cuando pasaron por la ciudad por primera vez dos meses antes.

The bus in 1981 in Meer, near the town of Aalst in Belgium

Ian Charlton
El bus en 1981.

Terminó como la carroza ganadora en el Carnaval de Aalst del año siguiente.

Y si los fanáticos del músico Cliff Richard encuentran que toda esta historia recuerda a su película de 1963 Summer Holiday, con el autobús, el grupo de amigos, el canto, el baile y la ocasional y peligrosa pista de montaña yugoslava, Ian dice que ni siquiera los inspiró.

La película pasó inadvertida para ellos por completo y todavía no la ha visto.


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