Mayas, en verdadero riesgo en 2012
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Mayas, en verdadero riesgo en 2012

Por Luis Castrillón
28 de abril, 2012
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Más allá de cualquier interpretación apocalíptica sobre el año 2012, quienes verdaderamente podrían enfrentar un riesgo para el futuro de su población y su cultura son los propios mayas, luego de verse envueltos en una corriente de ignorancia, supercherías y políticas públicas incorrectas, entre las que su voz como pueblo y la visión del mundo heredada por sus ancestros son lo menos escuchado.

Hasta junio del año pasado, según información de la Secretaría de Turismo del gobierno federal, había unas cuatro millones de páginas en Internet con alguna referencia, o descripción completa, de futuros hechos relacionados con el calendario maya. En todas se enfatiza el surgimiento de una “nueva era” para la humanidad, o del “fin de un tiempo” que incluye la eventualidad de desastres naturales. Algunas incluso “revelan” un apocalipsis.

Sin embargo, no existe hasta la fecha, o no ha tenido el reconocimiento ni la difusión necesaria, un espacio en la red virtual o algún foro público permanente en el que los integrantes del pueblo maya, que habitan un amplio corredor desde Chiapas, pasando por la Península de Yucatán, hasta Belice y el norte de Guatemala, puedan expresarse sobre el tema.

Para el arqueólogo de origen maya, José Guadalupe Huchim Herrera, la preocupación  ante tal escenario no es menor. Lo que él ve a través del ruido formado por un espectáculo de interpretaciones incorrectas sobre la forma de ver el mundo de la cultura base de Mesoamérica y su adopción como programa turístico público y privado, es un mayor riesgo de pérdida de valores y herencia cultural de los mayas de hoy, los que están vivos: “porque no nos fuimos a ningún lado”.

Advertencias y predicciones basadas en la experiencia y el conocimiento del entorno

Durante uno de los talleres de valoración de la cultura actual y ancestral que se realizaron entre comunidades mayas en el oriente de Yucatán el año pasado, Fulgencio Pat, con sus 91 años a cuestas, se acercó al arqueólogo José Huchim para pedirle que compartiera su historia con algunos de los jóvenes, niños y adultos que se encontraban en el encuentro organizado por el investigador.

Dirigiéndosele en maya, pidió que contara a los demás lo que él sabía, por voz de su tatarabuela, quien así se lo había contado y que tenía que ver justo con el lugar donde estaban: la ciudad y centro ceremonial de Chichén Itzá. Huchim haría de traductor pues, pese a su origen, algunos de los jóvenes y niños presentes no hablaban la maya, como resultado de la necesidad de aprender y usar el castellano como herramienta de adaptación social.

Y contó don Fulgencio que cuando niño, su tatarabuela, señalándole hacia los vestigios de la gran ciudad maya le dijo sobre la importancia de las estructuras, algunas de las cuáles apenas estaban comenzando a ser rescatadas, cubiertas de monte y derruidas en parte: “esos cerros les darán de comer. Por ellos traerán gente. Vendrán muchos blancos. Llegarán en mariposas de fuego. La ciudad será la madre del dinero”.

Para el arqueólogo yucateco, más allá de cualquier tinte mágico, místico o de misterio adivinatorio, la historia contada por don Fulgencio reveló la capacidad de una mujer maya de mirar hacia el futuro e inferir lo que ocurriría eventualmente una vez que la grandeza de uno de los principales centros ceremoniales mayas fuese revelada.

No se trata de una profecía o una adivinación, señala el investigador, sino de una forma de ver el mundo en el que la experiencia y el conocimiento, a través de la observación del entorno, de su relación estrecha con la naturaleza, le permitió a una cultura poder mirar hacia adelante y predecir las cosas que podrían ocurrir en un tiempo futuro, si ciertas variables se presentaban de nuevo.

En el caso de Chichén Itzá, su grandeza original y la alcanzada durante la época de mayor auge que atrajo a pueblos de otras regiones de Mesoamérica y el Altiplano central, al ser redescubierta, eventualmente tendría que atraer una vez más, multitudes y riquezas.

La tatarabuela de don Fulgencio no estuvo lejana a la realidad: en la última década, han llegado en promedio anualmente cerca de 1.2 millones de visitantes a la zona arqueológica. Es una de las que más ingresos recaudan a nivel nacional y de las más visitadas. Está prácticamente en todas las guías turísticas sobre México y es el principal atractivo a visitar para diciembre de 2012 en los paquetes de viajes internacionales al país.

Historias como las contadas por Fulgencio Pat y escuchadas en talleres similares realizados en comunidades similares cercanas a la zona arqueológica de Uxmal, o de sitios históricos como Palenque en Chiapas, motivaron a Huchim Herrera, junto con la astrónoma investigadora de la Universidad de Berkeley, Isabel Hawkins, a impulsar un proyecto para saber qué tenían que decir los mayas sobre el año 2012 y su relación con los calendarios civil y ceremonial de sus ancestros.

Según narra Huchim Herrera, en medio de todo el barullo mediático sobre las supuestas “profecías mayas” llamó su atención que la página web de la Administración Nacional Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) fuera uno de los sitios más consultados en Internet en materia de ciencia y principalmente astronomía, un conocimiento reconocido del pueblo maya. Y como comparación, encontró que entre las páginas más consultadas actualmente en general en la web están las relacionadas con el tema de los mayas y el 2012.

La mayoría de las consultas revisadas, agrega, estaban relacionadas con el apocalipsis, con profecías y pronósticos de desastres naturales. “Todas poniendo que si los mayas dijeron ésto y si los mayas dijeron lo otro”. La realidad es que los mayas no dijeron ni han dicho nada y lo que dicen y saben, ha sido ignorado, porque aunque estamos aquí, aunque las comunidades están ahí, presentes, no como algo exótico, sino como un pueblo vivo, inteligente y culto, nadie ha consultado realmente con seriedad, a los mayas, alega el arqueólogo.

Con esa premisa, planteó a la investigadora de Berkeley realizar un proyecto para consultar entre las comunidades mayas de la región, entre sus jóvenes, adultos y líderes religiosos tradicionales, como los ´jmeen (sacerdote maya)  y sacerdotisas qué pensaban de 2012.

Ambos especialistas entrevistaron y consultaron a poco más de medio centenar de líderes comunitarios, ´jmenes, ancianos y contadores de historias, encargados todos del traspaso de conocimientos de una generación a otra, a través de la tradición oral. Fue un recorrido de diálogos desde Chiapas, pasando por Tabasco, la Península de Yucatán y el norte de Guatemala.

El resultado es que ninguno de los consultados refirió un eventual apocalipsis, ni desastres naturales terribles o el inicio mágico de una nueva era o el cambio automático de la conciencia de los seres humanos en su relación con la naturaleza.

Nos encontramos con dos realidades, recuerda Huchim Herrera: una donde los mayas tendrían algo que decir al respecto, pero ante la falta de una herramienta para hacerlo, como una computadora y una conexión a Internet, no podían expresarlo y otra donde su condición de marginación social extrema los mantiene sin relación con el tema. “Algunos no sabían ni de qué se les hablaba, para ellos el futuro está en el día a día, en la simple subsistencia y tener alimento y un techo para vivir”, agregó.

De ahí la propuesta: que los mayas digan su versión, que hablen sobre su forma de ver el mundo. “Porque ahí está su conocimiento, no se trata de adivinaciones, ni de místicos o esoterismo, sino de su capacidad, de la construcción de una cultura tan relacionada con el entorno que puede observarlo, identificar lo que sucede en la naturaleza, razonarlo, sacar conclusiones, establecer pronósticos a partir de variables identificadas y desde ahí pensar en el futuro, pero desde su presente, desde el pasado. Gracias a su visión cíclica del tiempo y de la vida”, abunda Huchim Herrera.

El futuro está en el pasado

El proyecto, cuyos resultados serán expuestos a partir del mes de mayo próximo en Internet, contó con el apoyo del Instituto Smithsoniano y el Museo y Planetario de la Academia de Ciencias de California, en San Francisco, lo cual, resulta ser irónico para el arqueólogo de origen maya, quien creció, junto a su familia prácticamente en el seno de la zona arqueológica de Uxmal, donde sus parientes sirvieron por décadas como cuidadores y guardas del sitio.

Lo terrible, afirma, es cómo un par de instituciones extranjeras están más interesas en hablar con los verdaderos involucrados y saber qué piensan, qué dicen, mientras nuestras autoridades, a nivel federal y en el estado –Yucatán-, y en el resto de la región, están más interesados en lo turístico, en que vengan más visitantes porque traen dinero y dejan ingresos.

“Pero eso no sirve, no es cierto, para los mayas no es útil, ellos no reciben una ganancia real por eso y además se ven envueltos en toda esa serie de malas interpretaciones sobre su propia cultura, que los ponen en riesgo de hacer a un lado su conocimiento verdadero y adoptar tendencias que no les corresponden, relegando su origen y sus valores, o viéndolos solamente como algo exótico, desde una perspectiva materialista, no de identidad como pueblo y cultural”, abunda.

Uno de los videos que integrarán el documento final del proyecto asesorado por Huchim Herrera muestra a Vilma Poz, sacerdotisa maya guatemalteca, refiriéndose al año 2012, como un punto de inflexión que podría permitir a los seres humanos darse cuenta que van por el camino equivocado y que los problemas de la sociedad y del equilibrio natural del planeta tienen que ver con ello.

Las palabras de la líder religiosa del norte de Guatemala son explícitas y carecen de toda carga esotérica, apelando incluso a la lógica racional: “la naturaleza está reaccionando, vemos lo que pasa, con tormentas, terremotos, pero porque el hombre ha abusado de la naturaleza. Las cosas no van a suceder por suceder, sino por una razón, el abuso”.

Al respecto, Huchim Herrera recuerda que los calendarios mayas, el ceremonial de 260 días y el civil de 365, están basados en el ciclo solar y en las estaciones, que definían las épocas de siembra y cosecha, entre otras necesidades básicas de subsistencia y que a partir de ellos se puede inferir cómo se comportará el clima o cómo afectará el entorno determinado fenómeno, a futuro.

Debido a su visión cíclica del tiempo, explica el arqueólogo, para ellos, el futuro está en el pasado, entendiendo esto como esa posibilidad de utilizar los conocimientos ancestrales, lo que ocurrió antes para vivir el presente y enfrentar el futuro, prepararse.

Su argumento coincide con las expresiones de Vilma Poz, quien explica la visión que persiste entre los mayas de hoy, herederos de los mayas prehispánicos, y que determina su vida en lo común y en el aspecto religioso, pero sin separarlos. Lo que ambos señalan, en el video y en la entrevista, es la existencia de una fuerte carga religiosa y un pensamiento lejano al materialismo de la actualidad.

“Don Fulgencio Pat nos contaba, también entre otras enseñanzas de su tatarabuela, como los ancestros de ella hablaban sobre la subsistencia de la comunidad: ‘les decían vayan al monte y tomen sólo lo que necesitan para comer y vivir, no conviene acostumbrarse a los excesos’. La lección es clara ahí. De eso es lo que hablan los mayas, no del fin del mundo”, añade el investigador.

La desvinculación de las raíces, el principal riesgo.

Para Huchim Herrera una de las bases de lo que ha generado muchas de las interpretaciones incorrectas sobre los calendarios mayas, ha sido la ignorancia sobre el tema y la desidia o superficialidad con la que ha sido tratado. En ese sentido explica que existen dos fuentes que han sido tomadas por quienes publican “cosas” sobre 2012 y los mayas: los calendarios y los libros del Chilám Balám.

En ese sentido, refiere un primer elemento en el que la sabiduría de los mayas tomó un camino distinto al ocurrir un proceso de sincretismo con la religión judeo-cristiana, durante la evangelización católica de México durante la Colonia. Explica que en esa época se escribieron los libros del Chilám Balám, los primeros narrados con grafías del castellano y que implicaron una interpretación de la cosmovisión maya a partir del conocimiento occidental europeo.

Sin adoptar una postura radical, Huchim Herrera identifica en ese proceso un primer elemento de desvinculación de la cultura maya con su herencia ancestral, y que se ha venido reproduciendo a lo largo de la historia de México no sólo con los mayas, sino también con otros pueblos originales del territorio nacional previos a la conquista española.

El grado actual de separación con las raíces tiene que ver también con la capacidad de subsistir, de adaptarse a una sociedad que diferencia, discrimina y margina lo “indígena” y le da a esa palabra cualidad de sinónimo o comparación con ignorancia, suciedad, e incluso menor calidad humana.

“Si a este escenario en el que ya viven los mayas de hoy, el que tenemos que enfrentar muchos sólo porque hablamos la maya, porque tenemos un color de piel oscuro, o venimos de comunidades rurales o poco urbanizadas, le agregamos esta carga de exotismo, enfrentamos un mayor riesgo de desvinculación de nuestras raíces. Por eso el riesgo es para los mismos mayas”, considera el investigador.

Esto es preocupante, agregó, porque estamos hablando de una población marginada, que vive en su mayoría en condiciones de pobreza, que recibe apoyos asistenciales que no garantizan su desarrollo, que muchas veces desconocen sus propias raíces e incluso, viviendo a menos de 15 kilómetros de una zona arqueológica no la conocen, porque nunca han podido entrar debido al costo –en Chicén Itzá deben pagar más de 100 pesos por entrada- o porque ni siquiera saben qué es lo que está ahí.

“Nos han tomado como pretexto para programas turísticos, nos usan de escenografía, mal interpretan el conocimiento de nuestra cultura y nos utilizan para obtener ganancias, tanto el gobierno como los empresarios turísticos”, lamenta Huchim Herrera.

No obstante, el arqueólogo maya ve 2012 como una oportunidad de tomar conciencia, de que los mayas revaloren quiénes son y al pueblo que pertenecen, que identifiquen, conozcan y asuman su cultura, su visión del mundo y se sientan orgullosos de ello. No lo ve como un proceso fácil, pero confía en que pueda impulsarse, aunque reconoce que para ello, la primera condición es que los mayas puedan decirle al mundo que están presentes, vivos y que aquí seguirán.

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¿Es posible saber cuál país está haciendo lo correcto ante la COVID-19?

Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, nos ayuda a entender el complejo proceso de tomar decisiones en un contexto como el actual, en el que “la ciencia no nos puede decir qué hacer”.
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6 de septiembre, 2020
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“La ciencia no nos puede decir qué hacer”, reflexiona Dominic Wilkinson, profesor de Ética Médica de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones, pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética“, le dice el doctor a BBC Mundo.

Wilkinson fue consultado en el artículo: “The philosophy of COVID-19: is it even possible to do the ‘right thing’?” (“La filosofía de COVID-19: ¿es posible hacer lo ‘correcto’?)”, publicado en el sitio de la universidad británica.

En el texto se reflexiona sobre el hecho de que en los últimos seis meses, en todos los continentes, autoridades y científicos han estado tratando de determinar qué se debe hacer frente a la pandemia.

“Por primera vez, en mucho tiempo, las consideraciones filosóficas se han convertido en materia de debate político y de conversaciones cotidianas“, indica el blog del que está a cargo Sarah Whitebloom.

“¿Es correcto privar a la gente de su libertad o no; dictar el comportamiento personal o no; cerrar las fronteras o no; para proteger la vida o el servicio sanitario o la economía o no?”, pregunta.

Entre opciones

En ese artículo, el investigador resalta que nuestro conocimiento sobre la COVID-19 ha ido cambiando con el paso de los meses y eso es clave a la hora de tomar decisiones y de juzgarlas.

Profesor Dominic Wilkinson

Cortesía: Dominic Wilkinson
Como profesor, Wilkinson se especializa en ética médica y como médico, en neonatología.

“Entonces” -se plantea en el texto- “¿cómo interpretamos los intentos de los países para abordar la pandemia? ¿Alguien está haciendo lo correcto?”

Según el profesor Wilkinson, ‘No hay una única respuesta correcta, depende de cómo sopesas tus opciones. Debes distinguir entre varias cosas'”.

¿Serían todas las decisiones igualmente validas? “No” -responde- pues hay que tomar en cuenta el contexto: algo que podría ser correcto de implementar en un país, puede no serlo en otro.

Además, pese a la incertidumbre propia de un virus cuyas características y efectos seguimos descubriendo, hay opciones que son erróneas.

Por ejemplo, “recomendar intervenciones no basadas en evidencia (como la cloroquina) podría verse como opciones ‘moralmente incorrectas‘”.

La pandemia nos ha puesto cara a cara con dilemas éticos muy complejos.

“Hay muchos paralelismos con las profundas y difíciles preguntas que enfrentan los países cuando están en guerra“, señala Wilkinson.

La prioridad tiene que ser “salvar vidas”, destaca el profesor que conversó con BBC Mundo.

La entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión.


En términos de qué es correcto hacer. ¿Qué desafíos nos está presentando esta pandemia?

El desafío fundamental es lo que están enfrentando los gobiernos.

En cierto sentido, son problemas con los que las sociedades tienen que lidiar todo el tiempo: cómo equilibrar las diferentes y, algunas veces, contrapuestas necesidades de su población.

Un placa de los pulmones

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Aunque nuestro conocimiento sobre el virus Cov-2 ha aumentado sustancialmente desde que se desató el brote hace seis meses, aún hay incógnitas que se están tratando de responder.

Lo que hace que la cuestión de la pandemia sea tan grave es la escala del problema y la necesidad de hacer concesiones muy difíciles.

Eso implica hacer sacrificios y buscar soluciones intermedias entre el bienestar de unos y de otros. Por ejemplo: entre las personas en riesgo de contraer COVID-19 versus otros miembros de la sociedad y los efectos en su bienestar desde la perspectiva económica y de empleo.

En adición, hay desafíos muy grandes debido a la incertidumbre que existe. Una de las razones que hace esta pandemia tan compleja es que los problemas que está suscitando no son los problemas estándar con los que los gobiernos están acostumbrados a encarar.

Obviamente, las enfermedades infecciosas y los temas de salud pública son asuntos con los que los gobiernos están relativamente familiarizados, aunque no siempre sean simples de enfrentar.

Pero estamos ante una nueva amenaza que trae muchos desafíos e incertidumbre sobre los beneficios, así como también sobre los costos, de las distintas maneras de responder a ella. Por ejemplo: las diversas formas de confinamiento y de distanciamiento social.

Quizás sin notarlo mucho, cada día, todos hemos estado envueltos en consideraciones filosóficas debido a la pandemia. ¿Por qué ocurre eso?

La pandemia ha resaltado ciertos asuntos éticos que son muy difíciles y que ameritan soluciones de compromiso, concesiones.

Una mujer frente a una pantalla

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Varias economías ya han empezado a sentir los efectos de la crisis que desató la pandemia.

Algunos de ellos se presentan en tiempos de normalidad, pero quizás de una forma no tan visible o dramática.

Por ejemplo, evaluar el costo en la economía, en términos de dinero, y la cuestión de las vidas que son salvadas, es un planteamiento con el que están muy familiarizados los gobiernos. No es una pregunta muy cómoda de responder, pero a la que están acostumbrados todo el tiempo:

‘¿Cuánto dinero invierto en mejorar las carreteras para prevenir accidentes de tránsito? ¿Cuánto invierto en fármacos o en el sistema sanitario en general para mejorar la salud de las personas y evitar muertes?’

Le tienen que poner un precio a la cantidad que están dispuestos a pagar para salvar una vida.

Personas fuera de un hospital

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En muchos países, gran parte de la atención médica se ha concentrado en atender a las personas afectadas por la COVID-19.

La misma pregunta, en esencia, se invoca cuando los gobiernos tienen que tomar decisiones sobre cómo intentar balancear los beneficios potenciales de salvar vidas versus el costo económico.

Obviamente, podrías salvar el máximo número de vidas manteniendo a todos los países en confinamientos totales hasta que haya una vacuna disponible. Pero eso va a provocar un costo económico muy grande y, la medida en sí misma, va a cobrarse vidas en diferentes maneras.

Existe evidencia de que las crisis económicas por sí solas acarrean graves consecuencias sanitarias, incluyendo: efectos en las tasas de pacientes con cáncer, personas con enfermedades mentales, suicidios.

Este tipo de cálculos son los que tienen que hacer los gobiernos todo el tiempo, pero en el contexto de esta pandemia se hacen muy visibles.

¿Cuán difícil es para quienes diseñan las políticas públicas tomar decisiones basados en un virus del cual aún se desconocen muchos aspectos porque es muy nuevo?

Es tremendamente difícil.

Hay dos tipos de incertidumbres: la científica y médica, que tiene que ver con el virus: que pasaría si los gobiernos no hacen nada, cuántas vidas se podrán en riesgo, que sucedería si se toman acciones, cuán efectiva será la vacuna cuando esté disponible.

Y está la incertidumbre ética: cómo actuar frente a esta amenaza.

En ese contexto, los diferentes gobiernos tomarán decisiones distintas y no sabremos hasta dentro de muchos años, cuando veamos hacia atrás, qué país hizo la elección que resultó siendo ventajosa, pero ahora es muy difícil saber cuál es la decisión correcta.

En el artículo de la Universidad de Oxford, usted señala que en el actual contexto, algunas decisiones son tomadas de buena fe. ¿Es eso suficiente?

Desde el punto de vista de la ética, todo lo que podemos hacer es tomar decisiones con la información que tenemos.

Médicos en un hospital

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Dilemas éticos y filosóficos que siempre han enfrentado médicos, legisladores y líderes políticos ahora son parte de las conversaciones de muchos ciudadanos en todo el mundo.

Cuando me refiero a tomar decisiones de buena fe, es hacerlo sobre la base de las motivaciones y las intenciones correctas y con la información con la que se cuenta.

Puede pasar que la información que tienes es incorrecta, que las estimaciones de las diferentes opciones terminen siendo erróneas, pero no puedes tomar decisiones sobre la base de información que desconoces.

Algo que tienes que hacer es tomar en cuenta la posibilidad de que puedes estar equivocado. Por eso, los gobiernos tienen que mirar un abanico de diferentes resultados potenciales y la incertidumbre que rodean las estimaciones.

Esa es una de las razones por las cuales no se trata simplemente de seguir la ciencia porque la ciencia no da una sola respuesta sobre lo que pasará o cuál podría ser el efecto de una particular acción.

Se trata más bien de una gama de diferentes posibilidades y sobre la base de eso, tomar las decisiones.

En el artículo se plantea que los esfuerzos internacionales buscan preservar la vida. “¿Pero la vida de quién? ¿un enfermo que sufre de COVID-19, un paciente con cáncer, una persona que pierde su trabajo?” Es un dilema inmenso para enfrentar en tan corto periodo de tiempo desde que comenzó el brote ¿no?

La dificultad es que no hay manera de evitar tomar decisiones. No hacerlo o no actuar es una resolución en sí misma.

Personas aplaudiendo

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Al inicio de pandemia, muchos ciudadanos en todo el mundo coincidieron con sus gobiernos en la necesidad de quedarse en casa.

Dado el número de decisiones que los gobiernos tienen que tomar y de lo cambiante de la situación que están enfrentando, es inevitable que no opten por algo determinado.

Y podrían llegar a tomar resoluciones que serán criticadas y que podrían terminar siendo, a la luz del conocimiento adquirido con posterioridad, no las mejores opciones.

Por eso, tienen que estar preparados para cambiar de idea, para revisar sus puntos de vista a medida que la ciencia evoluciona y para admitir que tomaron una decisión que no fue la mejor.

Muchas personas podrían pensar que, como se trata de una pandemia, la ciencia debería indicar qué se debe hacer, pero usted señala: “La ciencia no puede decirnos a qué valores debemos darle peso”. ¿A qué se refiere?

Cuando hablamos sobre lo que deberíamos hacer, sólo llegaremos a una respuesta con una serie de hechos y un conjunto de valores éticos.

Un ensayo clínico

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“La ciencia tiene que estar en el centro de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética”, indica Wilkinson.

La ciencia no genera valores éticos, la ciencia nos ayuda a entender los hechos.

Cuando queremos actuar en relación a ellos: ¿qué deberíamos hacer?, aparecen los valores éticos.

Por esa razón la ciencia no nos puede decir qué hacer o que deberíamos hacer, la ciencia sólo nos puede decir qué pasaría si actuamos de determinadas maneras.

Nosotros tenemos que decidir cómo balancear diferentes valores éticos que podrían estar en riesgo: cuál es el más importante, a cuál le vamos a dar prioridad, cuál precio estamos dispuestos a pagar y cuál no, y, entonces, tomar una decisión.

Considero que es profundamente engañoso sugerir que la ciencia, en sí misma, es la base de la toma de decisiones.

La ciencia tiene que estar en el corazón de la toma de decisiones pero no te puede decir, por sí sola, qué decisión tomar. Eso se debe hacer sobre la base de la ética.

Usted señaló que “el momento más complicado aún está por venir”, pues nos esperan más decisiones éticas difíciles que van más allá de los confinamientos, por ejemplo: quiénes recibirán las primeras vacunas. “No sabemos todavía qué tolerará la gente, qué harán”. En relación a eso, hay personas que sienten que los confinamientos han afectado sus derechos. ¿En este contexto, es difícil llegar a la decisión con la que todos estemos satisfechos?

La política está familiarizada con la idea de que no puedes complacer a todo el mundo.

Dos mujeres se saludan con una ventana de por medio

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Las medidas para evitar la propagación del coronavirus han tenido impacto en los diferentes grupos de edad.

Uno de los aspectos interesantes es que en las fases iniciales de la pandemia, en muchos países, hubo un amplio apoyo hacia las acciones tomadas por los gobiernos, en algunos casos dramáticas y con un impacto significativo en las vidas de las personas.

Pero algo que se está volviendo evidente es que a medida que pasa el tiempo, parte de ese apoyo se ha disipado y hay más división sobre lo que debe pasar: algunos están a favor de continuar con las restricciones para evitar otras olas (de contagios); otros creen que los gobiernos no pueden seguir imponiendo restricciones y deben relajar las medidas para que la economía se recupere.

Esa es una de las razones por la cual los gobiernos están en una creciente presión para flexibilizar las medidas que tienen que ver con los confinamientos, pero, hasta que no haya una vacuna, la potencial consecuencia de eso es que hayan olas de infecciones, como hemos visto en Europa y en otras partes.

Y existe la posibilidad de que coincida, en el hemisferio norte, con el invierno, que es tradicionalmente una época difícil.

Hay una gama de razones por las cuales algunas de las decisiones más difíciles están por venir.

También ha dicho que no todas las decisiones pueden ser válidas y hace una especial reflexión sobre tratamientos que no han sido probados científicamente.

En la situación actual, los gobiernos tienen más de una opción razonable para escoger.

Personas con mascarillas

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Existe evidencia científica de que el uso de mascarillas ayuda a frenar la propagación del coronavirus.

Para algunas naciones, puede ser razonable continuar con la decisión de mantener el número de casos muy bajo con la implementación de medidas restrictivas.

También pueden haber otros países que se inclinen por medidas más flexibles.

El decir que hay potencialmente más de un enfoque razonable no significa que cualquier enfoque es aceptable.

Claramente hay algunas respuestas que no son razonables y que debemos rechazar, incluyendo las que se apartan significativamente de una comprensión científica de lo que se pone en riesgo o de lo que puede ser útil.

Por ejemplo, quienes rechazan las mascarillas o quienes sugieren medidas que no tienen una base científica o que la ciencia ha demostrado que son perjudiciales.

Considero que es importante criticar cuando gobiernos o personas que hablan en público recomiendan cosas que son irrazonables.

Usted ha dicho que es muy difícil saber qué países están haciendo lo correcto en medio de estas dramáticas circunstancias y que sólo en varios años se podrán saber cuáles fueron las mejores estrategias. ¿Por qué hay que esperar años?

Estando en plena pandemia, es difícil conocer todos los impactos de las decisiones que estamos tomando, algunos no serán visibles por años.

Planeta

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De acuerdo con Wilkinson, el tiempo es clave para poder evaluar el impacto de las medidas que se están tomando en plena pandemia.

Las comparaciones entre países, por ejemplo, sólo se harán patentes con el tiempo.

Cuando veamos todas las diferentes consecuencias en la salud de los pacientes -excluyendo quienes hayan sufrido covid-19- se verá el impacto en quienes sufren de cáncer, quienes no recibieron algún tratamiento, quienes desarrollaron enfermedades mentales o quienes sufren problemas de salud debido a la recesión económica.

Esos efectos no se sabrán hasta después de un tiempo, cuando tengamos suficiente información para juzgar.

Es decir, en su opinión, es casi imposible saber quién está haciendo lo correcto.

Así es. Vale la pena señalar que se puede distinguir entre una decisión correcta y un proceso correcto para tomar esa decisión.

Una trabajadora de la salud

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La pandemia encontró a algunos países mejor preparados que otros para lidiar con sus efectos.

En las decisiones que se han tomado de una manera transparente, el público puede ver por qué los gobiernos están optando por determinadas alternativas, que se trata de decisiones guiadas por la evidencia científica y que son susceptibles a los cambios que se producen en la ciencia y a la incertidumbre que puede conllevar.

Eso es muy importante.

Que son decisiones que están abiertas a las revisiones y al cambio de opinión en el futuro en caso de que varíe la información.

Todas esas características son positivas en el proceso de toma de decisiones y los países en los que se han dado esos elemento, creo que tendrán una mejor probabilidad de justificar sus decisiones, incluso si, en retrospectiva, se les pueda cuestionar por haber tomado las decisiones equivocadas.

Desde la perspectiva de un doctor dedicado a la ética médica, ¿qué lecciones le está dejando esta pandemia?

Uno de los aspectos más sorprendentes es que algunos países se habían preparado extremadamente bien para tomar decisiones difíciles en el contexto de una pandemia, habían hablado con su población con anticipación y les habían dicho:

‘Si alguna vez nos enfrentamos a una pandemia de gripe realmente grave, ¿qué les gustaría que hiciéramos si tuviéramos que tomar decisiones relacionadas, por ejemplo, con los respiradores: ¿quién debería utilizarlos?”

Hace cinco o diez años, comunidades en algunos estados de Estados Unidos participaron en discusiones sobre esas decisiones. Eso las puso en una posición muy fuerte cuando llegó la pandemia para decir: ‘Está bien, ya tuvimos una discusión. Tenemos preparadas algunas pautas, ahora podemos implementarlas’.

Creo que la dificultad cuando estás en el ojo de la tormenta es que no hay una manera significativa de promover conversaciones hipotéticas con la comunidad, porque el desafío es reaccionar y muchas veces se hace de forma instintiva porque ya la tienes al frente.

Y eso podría llevar a que no se tomen las mejores decisiones.

Creo que una de las lecciones importantes es que debemos prepararnos para amenazas muy sustanciales como esta.

A algunos países les ha ido bien en esa preparación y a otros menos bien.

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