Me enterré en tu piel
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Me enterré en tu piel

Por Moisés Castillo
14 de abril, 2012
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El escritor Roland Barthes dice que las heridas provienen más de lo que se ve que de lo que se sabe. La imagen tiene la última palabra. Y Roxi tiene diez tatuajes que son “escudos” y “amuletos” que la protegen de todo mal. Son dibujos con historias muy personales que sólo ella conoce. Algunas tristes, otras alegres. Cada tatuaje son momentos de su vida que quiso marcar para siempre en su piel morena.

Estudió artes plásticas en la Escuela Nacional de Pintura Escultura y Grabado “La Esmeralda” del 2005 al 2009 y, en ese tiempo, le atrajo poderosamente el tatuaje como una forma alternativa y lúdica para fusionar su obra. Ya no sería solamente en el lienzo sino en la piel humana donde expresaría sus emociones, preocupaciones y placeres cotidianos.

¿Por qué la gente se tatúa? ¿Cuáles son sus motivaciones reales? ¿La memoria se cansa? ¿Todo lo que miramos, lo olvidamos? Quizás la gente no quiere olvidar que fue feliz, al menos, por un instante. Tal vez algún día me tatúe para acordarme de que el destino ha sido puerco conmigo o que una mujer me volvió un ser miserable. Otros corren con mejor suerte y alardean con un tatuaje de un tiburón enojado: “Cabrón desde morrito”.

La joven artista dice que cada tatuaje tiene un contenido simbólico, la imagen está a la vista de todos: desde la mirada del otro también me miro. Su tatuaje favorito es una resortera cuyo mango es la pierna de una mujer. Ese juguete que su amigo le regaló lo tiene colorido a la altura de la muñeca derecha. Le encantó ese objeto raro que ahora decora su cuerpo.

En “La Esmeralda” pensaba que se iba a inclinar por la pintura, pero se decidió por la escultura monumental y terminó por quedarse con la cerámica y el dibujo, su gran pasión. Primero dibujó una serie de joyas con sus prismacolor y después trasladó sus diseños a la piel de sus clientes. Sin embargo, como un reto personal trata de separar su obra más formal del mundo del tatuaje.

Lleva más de tres años tatuando y fue aprendiz dos años de su maestro Ernesto, quien le ayudó a conservar la virtud de observar. Saber desde un principio el objetivo del dibujo y conocer la técnica porque en la piel no hay marcha atrás.

“Para corregir errores es fundamental seguir tatuando y descubrir por qué se dibuja mal. Conforme más tatúas, mejor es el trabajo. A veces dejo de tatuar tres días o una semana, y cuando vuelvo me siento como si fuera nueva porque la mano se enfría”.

El estilo que practica es el tradicional americano: sombras muy pesadas, negros saturados que cortan tajante para darle la bienvenida al color. Las líneas son gruesas y sencillas. Hay otros artistas que hacen tatuajes tipo prehispánico o japonés. Sus temáticas son diversas como la naturaleza, la música, el amor, los animales.

Sus dibujos están inspirados en las cosas que le suceden en su vida cotidiana: conversaciones que escucha en el metro, frases que alguien dijo en la calle, canciones, películas, leyendas callejeras, algunos gestos de sus amigos. De inmediato saca su libreta o la palma de su mano para captar el momento y se convierta en su próximo dibujo.

-¿Qué se requiere para ser un buen tatuador?

Si nada más ves el resultado final, puede ser un buen tatuador el que dibuje mucho y sepa de composición. Pero para mí hay otro aspecto importante: cómo es su relación con sus clientes. A mí no me importa mucho un tatuador “pesado” si él no es una persona honesta y que respete a sus clientes. Algunos son muy “creídos”, egocéntricos, “soy el único y el mejor”. Prefiero a alguien que lo haga bien. Gente sencilla y que comparta sus conocimientos.

-¿Cómo definirías la relación con tus clientes?

Ellos me contactan y me dicen quiero hacerme esto… A mí me gusta trabajar personalizado y les presento una propuesta de la idea que tienen, les ofrezco algo más de la idea original para que su tatuaje sea único. Muchos piden corazones, dragones, anclas, pero yo les hago un diseño para darles una esencia mía. Busco que sea su tatuaje de mí para ellos, algo original.

-¿A quién le hiciste tu primer tatuaje?

Fue a mi hermano. Él obviamente sabía que iba a ser mi primer tatuaje y aceptó. Estaba nerviosa y aparte fue raro porque era mi hermano y como que intervenía mucho, eso no me dio comodidad. Le tatué cerca del tobillo una cabeza de rata samurai con un sable en la boca. El sable era de líneas continuas rectas-curvas y me fui chueca porque no coincidieron las puntas, quedó como desfasado. Nos reíamos porque quedó mal y después se lo corregí. Mi segundo tatuaje ya fue un cliente: un señor que conocí y traté de escoger algo que no me complicara demasiado. Fue un sol tribal con las iniciales de sus hijas y se lo hice cerca de su tobillo.

-¿Cómo evitar errores irreversibles en una labor tan delicada?

Tiene mucho que ver el comportamiento del cliente. Cuando se mueve mucho, está inquieto, tenso, no se puede trabajar bien. Si se mueve continuamente pueden salir mal los trazos, eso me ha pasado. Uno tiene que lidiar con esas cosas y hablar antes con los clientes y comentarles las implicaciones si se están moviendo: “Yo también quiero que en tu piel luzca”. Además tengo mucha autocrítica, soy exigente. En el tatuaje no se usan reglas ni compases, es algo artesanal. Trato de trabajar lo mejor que puedo para que mis clientes se vayan contentos.

-¿Después de que una persona es tatuada debe darle mantenimiento a su dibujo?

El tatuaje si está bien realizado no necesitará un retoque por varios años. Cuando pasan 10 o 7 años, sí se le puede dar un retoque para revivirlo. Se retoca también cuando hay algún defecto. El peor enemigo de los tatuajes es el sol porque decolora, quema la piel, se opacan los colores. Entonces hay que protegerlo del sol y que esté humectado, no es nada difícil.

-¿Cuánto vale un tatuaje en promedio?

Más bien se trabaja por sesión y el precio varía. Según el diseño del tatuaje, cuando es un tatuaje que se termina en una sola sesión igual puede aumentar el precio. No porque sea un tatuaje chico es más barato, a veces los más pequeños tienen su grado de dificultad por los detalles.

-¿Cuáles son las partes del cuerpo donde se siente más dolor?

Hay partes que son más difíciles y dolorosas como las costillas hacia la panza. Los empeines, la cara, son zonas muy sensibles, la entrepierna. Por ejemplo, eso que dices si alguien quiere un tatuaje en las costillas y es su primera vez, le tengo que decir lo difícil que sería y su sufrimiento. Es decir, que lo piense dos veces.

-¿Cómo manejas la higiene para darle certezas a la persona que vas a tatuar?

Cuando es el momento de tatuar siempre abro el material nuevo esterilizado enfrente de ellos, armo las máquinas en su presencia. Después hay que explicarles todo el proceso creativo: dibujo, tiempo, sesiones. Obvio si usas una aguja en una persona y en vez de tirarla la ocupas en otra se corre el riesgo de contagiar algún virus. Por eso tengo cuidados estrictos que evitan todos esos riesgos. Me pongo a pensar qué pasa en los restaurantes y sus cubiertos; en las estéticas donde te arreglan las uñas, no creo que esterilicen sus instrumentos. Te hacen una cortada y usan el mismo material. Al tatuaje lo tienen muy satanizado en ese sentido.

-¿Crees que haya menos prejuicios “malignos” hacia las personas que lucen sus imágenes?

Ha cambiado bastante. Pero en algunos círculos sociales sigue siendo mal visto. Los padres de familia de pronto tienen ideas así. Siempre han pensado y relacionado a los tatuajes con los vagos y delincuentes. Por otro lado, hay más artistas del tatuaje, ya no es visto como una práctica de ocio, ahora hay más gente que lo hace y se ha profesionalizado.

Roxi llevaba una numeralia de sus tatuajes pero perdió la cuenta de cuántas personas han pasado por sus agujas precisas. Para ella el tatuaje implica una relación fraternal con el otro para que en esas horas de continuas perforaciones haya confianza total. Hay clientes que le cuentan la historia de su tatuaje y se vuelve un momento único: compartir el dolor o la alegría. Un chico, por ejemplo, se tatuó un fénix porque estuvo a punto de morir a raíz de un accidente. Una señora quiso tatuarse el nombre de su hermano favorito que murió inesperadamente. Lo único que puede hacer Roxi en ese instante es “tatuarlos bonito”. La felicidad crece a cada trazo, dejando huellas luminosas y diciendo adiós a la mala nostalgia.

Contacto: http://facebook.com/ROXITATTOO

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Qué es la "renuncia silenciosa" y por qué puede ser buena para trabajadores y empresas

Renunciar silenciosamente puede ser la solución para un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal.
22 de agosto, 2022
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En muchas oficinas (y aun más en aplicaciones como Zoom, Teams y Slack), tanto empleados como gerentes cuchichean sobre la “gran renuncia”.

Reino Unido experimentó un fuerte aumento en el número de personas que renunciaron a sus trabajos en 2021, y una quinta parte de los trabajadores en este país europeo aún dice que tiene pensado renunciar el próximo año en búsqueda de una mayor satisfacción laboral y de mejores salarios.

Si no estás feliz con tu trabajo, pero dejarlo no es una opción o no cuentas con alternativas atractivas, puedes intentar “renunciar silenciosamente“.

Esta tendencia de simplemente hacer lo mínimo que se espera de uno en su trabajo ha despegado en TikTok y claramente ha causado ruido entre los jóvenes.

También ha frustrado a gerentes, y algunos parecen estar preocupados por la holgazanería de sus empleados.

Pero renunciar tranquilamente no se trata de evitar hacer tu trabajo, se trata de tener una vida significativa fuera de tu trabajo.

En los últimos 20 años, muchas personas se han sumado a una cultura de exceso de trabajo en todo el mundo, en la que el trabajo no remunerado se ha convertido en una parte que se espera que muchos trabajadores lleven a cabo.

Diferencias generacionales

Después de múltiples recesiones y una pandemia global, los millennials y la generación Z en particular suelen no tener las mismas oportunidades laborales y de seguridad financiera que tuvieron sus padres.

Muchos jóvenes en trabajos profesionales que esperaban una progresión relativamente sencilla en la vida se han enfrentado a contratos precarios, incertidumbre laboral e intentos fracasados de comprar una vivienda.

Hay quienes constantemente dedican horas extra y van más allá en el trabajo para tratar de asegurar promociones y bonificaciones, pero aún así encuentran complicaciones.

Mujer sentada en su oficina.

Getty Images
Muchos millenials y jóvenes de la generación Z rechazan el estilo de vida de vivir para trabajar.

Quizás en respuesta a esta decepción, un estudio reciente de Deloitte descubrió que los jóvenes buscan cada vez más flexibilidad y propósito en su trabajo, además de equilibrio y satisfacción en sus vidas.

Muchos jóvenes profesionales ahora rechazan el estilo de vida de vivir para trabajar. Continúan trabajando pero no permiten que el trabajo controle sus vidas.

Trabajar a una capacidad mínima puede parecer extraño. Pero tú (y tu empleador) no debéis temerle a la renuncia silenciosa. De ​​hecho, podría ser bueno para ambos.

Bueno para la salud mental

Diversos estudios han concluido que el equilibrio entre el trabajo y la vida están conectados a la salud mental en una variedad de trabajos.

Y una encuesta de 2021 en la que se entrevistaron a 2.017 trabajadores de Reino Unido, realizada por Glassdoor, un sitio web que analiza empleadores, encontró que más de la mitad de los entrevistados sentía que le faltaba equilibrio entre el trabajo y la vida personal.

Renunciar en silencio tiene como objetivo restablecer ese equilibrio, en situaciones donde el trabajo ha tomado tiempo de la vida personal.

También puede ayudar a separar tu autoestima personal de tu trabajo. Cuando todo lo que haces es trabajar, es difícil no enfocar tu sentido de valor en él.

Los fracasos percibidos en el trabajo, como no obtener el ascenso que querías o que no te reconozcan tus logros, pueden internalizarse como fracasos personales.

Esto puede aumentar la ansiedad y hacer que te preocupes por cómo mejorar tu rendimiento.

Hombre con su laptop escuchando musica.

Getty Images
Muchas personas ahora rechazan trabajar en exceso para evitar la fatiga, y prefieren elegir un equilibrio y una vida más alegre.

A menudo, las personas responden trabajando más, lo que exacerba aún más el círculo vicioso del exceso de trabajo y baja autoestima.

Los peligros de la fatiga

En el peor de los casos, todo puede terminar en fatiga.

En 2019, la Organización Mundial de la Salud reconoció oficialmente la fatiga como un fenómeno ocupacional caracterizado por sentimientos gotamiento, cinismo, distanciamiento mental del trabajo y bajo rendimiento.

La fatiga es un riesgo significativo cuando se trabaja en exceso y puede tener impactos a largo plazo en la salud física, emocional y mental.

La fatiga es difícil y costosa tanto para las personas como para los empleadores.

Muchas personas con fatiga terminan ausentándose del trabajo, o trabajando a una capacidad inferior a la plena. Renunciar en silencio puede crear un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal y, por lo tanto, podría proteger contra la fatiga antes de que suceda.

Mejorar las relaciones de trabajo

Las investigaciones muestran que los empleados más felices son más productivos y comprometidos. Esto incluso puede mitigar el hecho de sentirse distraído o no querer estar presente.

Cuando las personas se sienten felices, es más probable que sean más amigables, abiertas y que fomenten amistades en el lugar de trabajo. Muchas personas han asegurado que toman en cuenta esto al estimar cuánto disfrutan su trabajo.

Mujer en su escritorio mirando por la ventana.

Getty Images

El enfoque de la renuncia silenciosa en simplemente enfocarse en hacer su trabajo también elimina el impacto negativo de sentirse constantemente en competencia con colegas.

Tener amistades en el lugar de trabajo alimenta nuestra necesidad básica de un sentido de pertenencia y, a su vez, puede aumentar la lealtad al lugar de trabajo y mejorar el desempeño laboral.

Todo esto puede resultar en una mayor productividad, lo que por supuesto significa mayores ganancias.

Renunciar tranquilamente podría ser una “gran liberación” y una respuesta a la gran resignación.

Las personas ahora rechazan trabajar en exceso para evitar la fatiga, y prefieren elegir un equilibrio y una vida más alegre. Además están poniendo cada vez más límites para que su identidad y autoestima no esté ligada a su productividad laboral.

En lugar de ponerse nerviosos por la pérdida de productividad, los empleadores deben aprovechar este movimiento silencioso de renuncia para apoyar el bienestar de su personal.

Fomentar un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida les mostrará a los trabajadores que son valorados, lo que generará un mayor compromiso, productividad y lealtad: todos ganan.

*Este texto fue escrito por Nilufar Ahmed, quien es profesora de Ciencias Sociales en la Universidad de Bristol.

Puedes leer la nota original en inglés en The Conversation..


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