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Migrantes realizan "Viacrucis" en México
7 de abril, 2012
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Migrantes participan en una resemblanza de La Pasión de Jesús en el pueblo de Tenosique, Tabasco. Foto: AP.

Rony Mazariego Barreda, de 23 años, de oficio agricultor y oriundo de Comayagua, Honduras, fue crucificado este Viernes Santo, arriba de uno de los vagones parados del tren bautizado como La Bestia, en la culminación del Viacrucis del Migrante.

Mazariego personificó el papel de Cristo en esta representación organizada por el fraile franciscano Tomás González Castillo, conocido como Fray Tormenta por su labor como encargado de “La 72, Casa del Migrante”, ubicada a 256 kilómetros de la capital de Tabasco.

El Viacrucis inició el jueves 5 de abril, en la comunidad La Palma, a 30 kilómetros de la ciudad de Tenosique, con la recepción de más de un centenar de migrantes de países como Honduras, El Salvador, Guatemala y hasta un cubano, que ingresaron a México luego de un viaje de tres horas en lancha proveniente de la población Los Naranjos, Guatemala.

Los migrantes centroamericanos que cruzan México con la esperanza de encontrar trabajo en Estados Unidos son blancos frecuentes de extorsión, secuestros y robos a manos tanto de los carteles como de las autoridades corruptas.

“Hacemos un llamado a todas las corporaciones policiales y militares, también al crimen organizado y a los maquinistas de La Bestia para que pongan un alto a la violencia que emprenden contra nuestros hermanos centroamericanos”, pidió el sacerdote.

Para González Castillo, este momento es crucial para que se detenga el clima de hostigamiento: “Arrepiéntanse y busquen su conversión. Reconozcamos en cada uno de estos hermanos a nuestro Señor Jesucristo, y démosle el trato que merecen, que es de seres humanos”.

Rubén Figueroa, representante aquí del Movimiento Migrante Mesoamericano, también parte de la logística del Viacrucis, calcula que de enero a marzo de 2012 se han registrado alrededor de 180 casos de violencia contra los migrantes, que van desde asaltos, lesiones y abusos sexuales.

“Hemos monitoreado que en el tramo de La Palma a Tenosique ocurren en promedio cinco asaltos diarios a grupos de migrantes”, sostuvo Figueroa, quien destacó que su presencia aquí tiene como propósito hacer visible esta franja limítrofe con Guatemala a la que han llamado “la frontera olvidada”.

De acuerdo con el Informe Especial sobre Secuestro de Migrantes, rendido por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en 2011, al año ingresan a México aproximadamente 150 mil migrantes indocumentados, la mayoría provenientes de Centroamérica.

Sin embargo, según el propio documento firmado por el presidente de la CNDH, Raúl Plascencia Villanueva, algunos organismos de la sociedad civil vinculados al monitoreo del flujo migratorio estiman que esta cifra asciende a 400.000.

Entre los centroamericanos que participaron en el Viacrucis del Migrante está Juan Ramón Vázquez, de 22 años y nativo de Cortés, Honduras. Este es su sexto viaje a los Estados Unidos.

Todos sus intentos han sido exitosos, aunque ha sido deportado igual número de veces. Su primera experiencia como migrante ocurrió en 2004, en que logró llegar a Houston, Texas.

“Aquellos días todo era muy tranquilo, no te preocupabas por ladrones ni por secuestradores. Ahora es muy diferente, ahora te tienes que cuidar de todos”, relató Juan Ramón Vázquez, el menor de 13 hermanos.

Durante el Jueves Santo el centenar de migrantes, a cuya cabeza caminó Roni Mazariego con una cruz de madera a cuestas, anduvo alrededor 25 kilómetros en una temperatura ambiente de 38 grados centígrados.

AP*

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Qué buscaba originalmente la 'Guerra contra las drogas' que declaró EU en 1971
Nixon describió el abuso de drogas como una 'emergencia nacional' y le pidió al Congreso casi US$400 millones de dólares para abordar el problema. Todos estos años y muertos más tarde, Jeffrey Donfeld le contó a la BBC cuál era el enfoque en un principio.
13 de mayo, 2019
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“La adicción a las drogas es el enemigo público número uno de Estados Unidos”.

La frase fue pronunciada por el entonces presidente estadounidense Richard Nixon, en una conferencia de prensa que tuvo lugar en la Casa Blanca en junio de 1971.

De esa manera comenzó lo que se ha conocido como la “guerra contra las drogas”, que ha llevado al gobierno estadounidense a gastar cerca de US$51.000 millones con el fin de combatir la compraventa de sustancias ilegales, a las que consideran un flagelo.

Y que ha hecho que cerca del 22% de la población carcelaria del país esté tras las rejas por delitos relacionados con la tenencia y el consumo de estupefacientes.

Sin embargo, más allá de los resultados y las estadísticas, esta “guerra” en un principio tuvo un enfoque muy distinto al que presenta actualmente.

“Se pensaba más en encontrar al adicto y ayudarlo que en encontrar al adicto y encerrarlo en una cárcel”, le dijo a la BBC Jeffrey Donfeld, un abogado californiano que fue el encargado de liderar la improbable misión de erradicar el consumo de drogas en el país.

Él fue el primer director de la Oficina Especial de Acción para Combatir la Adicción a las Drogas, tal su título formal.

“Era algo que realmente estaba presente en la cultura. Era el tercer tema que más preocupaba a los estadounidenses en aquellos años después de la guerra de Vietnam y la economía”, explicó.

Pero, ¿cómo fue esa primera aproximación de la llamada “guerra contra las drogas”, casi medio siglo atrás?

Emergencia nacional

En su tercer año como presidente, Richard Nixon vio cómo los niveles de adicción a las drogas y la criminalidad aumentaban dramáticamente en el país, por lo que decidió decretar la emergencia nacional y buscar recursos en el Congreso.

En junio de 1971, con un presupuesto cercano a los US$71 millones aprobado por los legisladores, comenzaron los programas para controlar la adicción a las sustancias ilícitas en todo el país.

Uno de ellos contemplaba presionar a otros países como Francia, Tailandia y Turquía para que tomaran acciones en contra de la producción de estupefacientes en sus respectivos territorios.

“Los otros dos fueron quitarle el glamour que estaba asociado a la idea del consumo, que estaba muy extendido en EE.UU. por entonces, y desarrollar un nuevo acercamiento para tratar a los adictos”, relató Donfeld.

Aunque se consumía mucho LSD y marihuana -la cocaína no había hecho su aparición a gran escala todavía-, lo cierto es que la droga que más llamaba la atención era otra: la heroína.

Por esa razón, Donfeld viajó por todo el país visitando centros para el tratamiento de adictos a este potente opioide.

Y aunque se encontró con muchas clínicas donde prevalecía la terapia como enfoque para dejar la adicción, le llamó la atención un lugar en particular: el centro terapéutico Daytop, que tenía sus principales sedes en Nueva York y Washington DC.

Nos dimos cuenta que a los adictos les daban metadona como reemplazo de la heroína“, explicó Donfeld.

“Era algo novedoso en aquellos tiempos. Aunque era una droga, la persona que la consumía, además de estar en terapia, podía ir a trabajar y tener una vida cercana a normal”, explicó el exdirector.

Metadona y racismo

Pero su viaje no solo le reveló este dato, sino que también le mostró que había una fuerte relación entre los crímenes y el consumo de drogas en varias de las principales ciudades de EE.UU.

“En aquellos centros de tratamiento había muchas personas que habían estado en la cárcel”, explicó.

“Y dentro de esa evaluación general que hicimos en el país, recibimos unas cifras que señalaban que las personas que recibían la metadona eran mucho menos proclives a reincidir en el crimen que aquellas que solo asistían a procesos de terapia”, recordó el abogado.

Entonces, Donfeld diseñó una campaña para convertir el uso de la metadona en un asunto nacional.

Pero se topó con varios problemas. Uno de ellos: lo acusaron de que su estrategia era racista.

“Varias entidades indicaron que esa idea, que podía ayudar a reducir los índices de criminalidad, era en realidad una estrategia del gobierno de Nixon para subyugar a las comunidades negras de EE.UU.”, relató.

“Era una acusación falsa. Nuestra intención no solo era reducir el consumo y ayudar a combatir el crimen, sino reducir las muertes por heroína”, se defendió el exfuncionario.

Así las cosas, la ayuda para extender su idea y convencer al presidente Nixon le llegó de donde menos lo esperaba: Vietnam.

Regreso a casa

Por entonces, dos congresistas hicieron un viaje de visita a las tropas estadounidenses desplegadas en Vietnam y, al regreso, reportaron que entre el 10% y el 15% de los efectivos en el terreno eran adictos a la heroína.

Donfeld, enviado por Nixon, se reunió con los generales que, según él, no tenían la menor idea de cómo combatir ese flagelo. Entonces les propuso una idea.

“La propuesta era llevar dos máquinas que podían detectar rastros de drogas en la orina. Y allá les avisaron a los soldados que si se hallaban drogas en las muestras, se iban a demorar una semana más en llegar a casa, porque había que desintoxicarlos”, recordó.

“Nadie quería quedarse una semana más. Así que muchos dejaron de consumir o se sometieron a un tratamiento. Ese fue un enfoque distinto al que existía previamente, que era simplemente enviar ante una corte marcial a quienes fueran sorprendidos consumiendo drogas”.

Lo cierto es que ese enfoque comenzó a aplicarse también en algunas ciudades de Estados Unidos a través de la oficina antidrogas de la que Donfeld era director.

“Al año siguiente los índices de criminalidad se redujeron entre un 20% y un 30% en ciudades como Nueva York y Washington. Creo que era una estrategia válida y efectiva, aunque creo que ha cambiado mucho en los últimos años”, concluyó.

El proyecto fue modificado después de que Nixon -quien había sido el propulsor de la guerra contra las drogas- se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en renunciar a su cargo, tras haber sido reelegido en 1972 y por cuenta del encubrimiento en el sonado caso de Watergate.


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