Pep, el recogepelotas que soñaba en blaugrana
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Pep, el recogepelotas
que soñaba en blaugrana

Josep Guardiola llegó al banquillo del Futbol Club Barcelona en junio de 2007. Tras pasar por las etapas de aficionado, recogepelotas, jugador, capitán y símbolo de La Masia, se despidió como precursor de un futbol preciosista repleto de títulos.
Por Manu Ureste
27 de abril, 2012
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Un joven Pep Guardiola pide la camiseta al jugador del FC Barcelona, Víctor Muñoz, en 1986. //Foto: diario AS

Probablemente, sea una de las imágenes más icónicas de Pep Guardiola (Santpedor, 1971): una desgastada fotografía en blanco y negro en la que un adolescente de apenas catorce años y cara de niño pide nervioso y entusiasmado la camiseta al entonces jugador del Futbol Club Barcelona, Víctor Muñoz.

Corría el lejano año 1986 y el equipo blaugrana acababa de vivir una de esas noches mágicas de Copa de Europa tras remontar un 3-0 en la congelada Suecia frente al Goteborg. Tras el silbatazo final del árbitro, Guardiola –siempre impulsivo, a pesar de sus enormes cualidades para organizar con cabeza fría y dirigir equipos tanto dentro de la cancha como desde el banco- abandonó su puesto de recogepelotas detrás de la portería y saltó al césped del inmenso y abarrotado Camp Nou para salir al encuentro de uno de los ídolos culés de la época. Desde entonces, y pasando antes por aquella otra fotografía, donde un Pep aún más niño aplaude con una sonrisa de oreja a oreja al entrenador inglés Terry Venables tras un triunfo blaugrana, han pasado veintiséis años. Tiempo en el que aquel aniñado recogepelotas vestido con el chándal del equipo de sus amores se convirtió primero en el hombre referencia en la media cancha del Barcelona… y luego en leyenda.

Josep Guardiola llegó al banquillo del Futbol Club Barcelona en junio de 2007, tras pasar por las etapas de aficionado, recogepelotas, jugador, capitán y símbolo –como mediocampista predilecto de su mentor, El Flaco Johan Cruyff, ganó seis Ligas, dos copas del Rey, una Copa de Europa, una Recopa de Europa y dos Súper Copas de Europa-, hasta tomar las riendas del primer equipo luego de ascender de categoría al Barcelona de Tercera División, y después de que, contra todos los pronósticos, la directiva de Joan Laporta le convirtiera en el entrenador elegido para reconducir la situación del conjunto culé tras la destitución del holandés Frank Rijkaar.

Desde entonces, El Noi de Santpedor, como le dicen en su pueblo natal, o El Filósofo, como lo acuñó el denostado Zlatan Ibrahimovic, el cual se vio obligado a emigrar a Milán, al igual que el camerunés Samuel Etoo, por falta de “feeling” con el técnico, ha dirigido 242 partidos en todas las competencias –aún le faltan cinco hasta el final de la temporada-. Ha ganado 176, casi el 75% de ellos, ha empatado 46 y ha perdido 20, con un abrumador balance: su espectacular nómina de jugadores, han marcado 610 goles y han recibido 178.

“Son números de récords, en plural –asegura el diario español El País en su edición digital-: su Barcelona es el equipo de la Liga que más partidos ha ganado en una temporada, 31, y el que más puntos ha conseguido, 99, el que ha obtenido un mejor goalaverage general (+74), el equipo que más victorias consecutivas ha conseguido, 16… todos ellos puestos en riesgo por el Real Madrid de esta temporada. En la Champions, Guardiola también ha registrado su nombre: es el entrenador más joven en conseguir dos Ligas de Campeones, y el sexto en alzarse con el máximo título europeo como jugador y como técnico”.

No obstante, al margen del espectacular palmarés conseguido como director técnico a sus 41 años -tres años y 13 títulos que pueden convertirse en 14 si en éste, su cuarto y último año en el Barcelona, vence de nuevo en la Copa al Athletic de Bilbao-, Pep Guardiola ha pasado a la historia del Futbol Club Barcelona y del deporte por ser el precursor de una filosofía romántica de juego, basada en una estética preciosista –inspirada de nuevo en Cruyff-, fundamentada en posesiones eternas y frenéticas transiciones de toque-toque, y apoyada en una generación de futbolistas de La Masiahasta 22 canteranos han debutado bajo su tutela– que ya son leyenda. Los Messi, Xavi, Iniesta, Puyol, Piqué, Busquets, Pedro, Víctor Valdés… han tocado varias veces el cielo de los dioses del balompié de la mano de aquel cuatro que formó parte del Dream Team que alzó la primera Copa de Europa azulgrana en Wembley, y que ahora ha dejado su imborrable huella en la historia de este conjunto, al que ya llaman el Pep Team.

Hoy, el capitán Guardiola dice nuevamente adiós al Barsa. El equipo de sus amores que lo vio crecer año con año hasta convertirse en lo que es en la actualidad: una leyenda. Ésa que cuenta la historia de un recogepelotas de mirada entusiasta, que soñaba con una camiseta de su ídolo blaugrana.

Aquí el anuncio de Guardiola:

****

El adeu de Pep, en la prensa.

Desde que terminara el encuentro frente al Chelsea, en el que el Barcelona quedó fuera de la eliminatoria de semifinales de la Champions League tras perder en el marcador global, se comenzó a barruntar por las redacciones de los diarios deportivos de España la posible marcha de Pep Guardiola del banquillo azulgrana. No obstante, a pesar de que de acuerdo con el propio Pep la decisión ya la tenía tomada desde hace varios meses, ha sido hoy cuando se ha hecho oficial su salida a través de una rueda de prensa. Instantes después, las ediciones digitales de los periódicos de medio mundo eran un hervidero: Pep Guardiola, el entrenador más laureado en la historia del Futbol Club Barcelona, decía adeu.

Diario AS (Madrid, España)

 

 Diario Marca (Madrid, España)

Diario Sport (Barcelona, España)

Diario Mundo Deportivo (Barcelona, España)

The Guardian (Inglaterra)

Gazzetta dello sport (Italia)

Medio Tiempo (México)

Clarín (Argentina)

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Las 2 causas científicas por las que se cayeron las Torres Gemelas tras el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001

El violento choque de dos aviones contra los edificios más altos de Nueva York fue el comienzo de una secuencia de horror que redujo a escombros los emblemáticos colosos de acero y concreto.
7 de septiembre, 2021
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MITEl 11 de septiembre de 2001 dos aviones Boeing 767 embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York.

El primer avión chocó contra la torre norte a las 8:45 de la mañana. El edificio ardió durante 102 minutos y luego, a las 10:28 a.m. se derrumbó en solo 11 segundos.

Dieciocho minutos después del primer choque, a las 9:03 a.m., el segundo avión impactó la torre sur. El rascacielos resistió en llamas durante 56 minutos, tras lo cual, a las 9:59 a.m., colapsó en 9 segundos.

“Luego del increíble sonido del edificio colapsando, en pocos segundos todo se volvió más oscuro que la noche, sin sonido, y no podía respirar”, recuerda Bruno Dellinger, un sobreviviente que trabajaba en el piso 47 de la torre norte.

“Estaba convencido de que estaba muerto, porque el cerebro no alcanza a procesar algo como esto”, dice Dellinger en su testimonio compartido por el Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre en Nueva York.

Trayectoria aviones

BBC

El saldo fueron 2.606 personas muertas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres resistieron varios minutos antes de venirse abajo.

¿Por qué se cayeron las torres?

“La respuesta aceptada por toda la gente seria es que las torres se vinieron abajo porque fueron objeto de un ataque terrorista“, le dice a BBC Mundo el ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Justo después de los ataques, Kausel fue el líder de una serie de estudios y publicaciones en las que expertos del MIT analizaron las causas de los derrumbes desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico.

La respuesta de Kausel encierra una serie de fenómenos físicos y químicos que desataron una catástrofe que nadie, para ese entonces, era capaz de imaginar.

Combinación fatal

Los estudios del MIT, que se publicaron en 2002, coinciden en gran parte con los hallazgos del reporte que el gobierno de Estados Unidos le encargó al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés) para averiguar por qué se cayeron las torres, y cuya versión final se publicó en 2008.

Torres Gemelas

Getty
En 2001 las Torres Gemelas eran los edificios más altos de Nueva York.

Tanto el MIT como el NIST concluyen que las torres se derrumbaron debido, principalmente, a la combinación de dos factores:

• El severo daño estructural que causaron los choques de los aviones en cada edificio

• La cadena de incendios que se expandieron a lo largo de varios pisos

“Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado”, dice Kausel.

“Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo”.

“Las torres tenían mucha resistencia”, dice el ingeniero.

El informe del NIST, por su parte, afirma que existen documentos oficiales que indican que las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707, que era la aeronave comercial más grande que existía al momento de ser diseñadas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres quedaron reducidas a escombros.

Los investigadores del NIST, sin embargo, advierten que no encontraron información sobre los criterios y los métodos que se utilizaron para llegar a esa conclusión.

Lo que sí está claro es que, juntos, el impacto y el incendio, produjeron un desenlace fulminante: el colapso de ambas torres.

Cómo estaban construidas las torres

Las Torres Gemelas tenían un diseño que era estándar en la década de los 60, cuando comenzaron a ser construidas.

Cada edificio tenía en el centro un núcleo vertical de acero y hormigón, que albergaba los ascensores y las escaleras.

Cada piso se formaba con una serie de vigas de acero (horizontales) que partían desde ese núcleo y se conectaban con columnas de acero (verticales) para formar las paredes exteriores del edificio.

El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso, a su vez, servía como un soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran, lo que en ingeniería civil se conoce como pandeo.

Torres Gemelas

Getty
Las torres tenían una columna central a partir de la cual salían las vigas que se conectaban con las columnas exteriores.

Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como un protector de vigas y columnas en caso de incendio.

Las vigas y las columnas, además, estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego.

Impacto, fuego y aire

Ambas torres fueron golpeadas por modelos distintos de aviones Boeing 767, que son más grandes que un Boeing 707.

El impacto, según el informe del NIST, “dañó severamente” las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios que recubría el entramado de vigas y columnas de acero.

“La vibración del choque hizo que el recubrimiento antifuego del acero se fracturara, con lo cual las vigas quedaron más expuestas al fuego“, explica Kausel.

Así, el daño estructural le abrió camino a las llamas, que a su vez iban causando más daño estructural.

Torres Gemelas

Getty
Gran parte del combustible se quemó durante la bola de fuego que se produjo al momento del impactó de los aviones.

Mientras eso ocurría, las temperaturas, que llegaban a los 1.000 °C, hacían que los vidrios de las ventanas se dilataran y se rompieran, con lo cual entraba aire que servía de alimento al fuego.

“El fuego se autoalimentó de aire y por eso se propagó“, dice Kausel.

“Bombas voladoras”

Los datos oficiales estiman que cada avión cargaba cerca de 10.000 galones de combustible (más de 37.850 litros).

“Eran bombas voladoras”, dice Kausel.

Gran parte de ese combustible se quemó durante la bola de fuego que se formó en el momento del impacto, pero también hubo mucho combustible que se derramó a los pisos inferiores de las torres.

Eso hizo que el fuego se expandiera, encontrando a su paso varios objetos inflamables que le permitían seguir avanzando.

Torres Gemelas

Getty
El fuego causó daños severos a las columnas de las torres.

Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales, explica el ingeniero del MIT.

Primero, el intenso calor hizo que se dilataran las vigas y las losas de cada piso. Esto causó que las losas se separaran de sus vigas.

Además, la dilatación de las vigas también empujó las columnas hacia afuera.

Pero luego hubo un segundo efecto.

Las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.

Eso hizo que lo que antes eran estructuras rígidas, ahora parecieran cuerdas que al arquearse comenzaron a impulsar hacia adentro las columnas a las que estaban unidas.

“Eso fue fatal para las torres”, señala Kausel.

Colapso

En ese momento ya estaban todos los ingredientes para desencadenar el colapso.

Torres Gemelas

Getty
El calor del fuego dilató las vigas, que a su vez empujaron las columnas.

Las columnas ya no estaban totalmente verticales, debido a que las vigas primero las empujaron hacia afuera y luego las halaron hacia adentro, así que comenzaron a pandear.

Así, según el informe del NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas a las que estaban conectadas tiraban de ellas hacia adentro.

El análisis de Kausel, por su parte, añade que, en alguno casos, las vigas halaron tan fuerte de las columnas que destrozaron los pernos que las ataban a las columnas, lo que causó que estos suelos se derrumbasen y los escombros fueran causando sobrepeso en los pisos inferiores.

Esto produjo un estrés adicional a la capacidad de las ya debilitadas columnas.

El resultado fue una caída en cascada.

Torres Gemelas

Getty
Las paredes se derrumbaron “como quien pela un banano”.

Una vez que el edificio entró en caída libre, explica Kausel, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, lo que causó un viento fuerte hacia la periferia.

Esto hizo que el derrumbe quedase envuelto en una nube de polvo, y que las paredes externas se derrumbasen hacia afuera, como quien pela un banano, dice el experto.

Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.

Veinte años después, el horror y el dolor que causaron los atentados aún no se apagan.


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