¿Por qué murió Cristo en Iztapalapa?
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¿Por qué murió Cristo en Iztapalapa?

Por Abenamar Sánchez
7 de abril, 2012
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El Cristo de Iztapalapa durante la procesión de ayer. Foto: Cuartoscuro.

—¡Aquí, Judas! ¡Aquí!

Desde el techo de una casa, una niña manotea, brinca, pretende llamar la atención de Judas Iscariote. Tendrá unos seis o siete años. ¡Judas! ¡Judas!, gritan también las que están junto a ella.

Solitario, seguido por una cuadrilla de soldados romanos, Roberto Guillén Flores, Judas, el hombre que vendió a Cristo, camina confuso, de aquí para allá, con sus treinta monedas de plata en una bolsa oscura.

Sacude la bolsa, como cualquier hombre que mueve apuestas, como si de entre la gente que está sobre las aceras, en los balcones, en los techos, pretendiera encontrar el mejor postor.

—¡Aquí! ¡Aquí!, insiste la pequeña.

—¡Soy un traidor! ¡Un pordiosero!, monologa Judas, con la cara crispada. Lleva una herida en el pómulo izquierdo, viste túnica gris y un manto tono azul turquesa.

Sacude la bolsa y las monedas tintinean.

—¡Traidor!, grita un hombre a cierta distancia.

—¡Vendido!, secunda otro.

Judas Iscariote, moreno, alto, robusto, de grandes aros dorados en la oreja izquierda, va adelantado de camino al Cerro de la Estrella, la parte más alta de la Delegación de Iztapalapa, donde hoy mismo, pasado las dieciséis treinta horas, morirá crucificado Jesucristo. Éste, personificado por David López Domínguez, viene como a dos cuadras, en medio de la turba de soldados romanos, periodistas, policías y seguidores que avanzan empujados por su propio peso. Trae a cuestas una larga cruz, con el que camina trastabillando, en zigzag.

Foto: Cuartoscuro.

Se calcula que trescientas mil personas están sobre las aceras, en las puertas y en los techos y en los balcones de sus casas de una planta o dos o tres pisos como máximo, presenciando hoy la Pasión de Cristo, correspondiente a la 169 representación de la Semana Santa en Iztapalapa, la delegación más poblada del Distrito Federal; que cien mil están allá en el cerro, desde donde se divisa casi por completo a la Zona Metropolitana de la Ciudad de México con su contaminación y sus edificios y casas y departamentos habitados por cerca de 20 millones de personas, esperando que llegue la procesión final y la crucifixión; que quinientas mil presenciaron hace rato, de la una a las dos y media de la tarde, el informal juicio a Jesús ante Poncio Pilato y Herodes y el vano arrepentimiento de Judas Iscariote, en la Macroplaza Cuitláhuac, de donde salió David López Domínguez cargando la cruz.

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Sucedió que Poncio Pilato se lavó las manos y dejó que los sacerdotes encabezados por los embravecidos Anás y Caifás hicieran con Jesús lo que quisiesen. Así fue como antes de las tres de la tarde, tras mandarlo a azotar sobre un breve templete por dos soldados, le colocaron la cruz y salieron camino al Cerro de la Estrella, para completar los doce kilómetros que hay desde la Casa de Ensayos hasta ese lugar, aunque Jesús de Nazaret se sumó a la procesión desde esta plaza. Pero antes de llegar a la primera estación, antes de que Jesús doblara la primera esquina, caminando dando traspiés, para enfilarse hacia ella, los soldados romanos y sus seguidores pasaron barriendo, a empellones, a aquellos que feliz se habían colocado con antelación junto a la rampa de la primera estación para presenciar a casi un estirón de brazo el acto de la primera caída. Algunos hombres y mujeres salieron a gatas o de hinojos mientras una fila de policías huía, demeritada su fuerza.

—¡Salgamos por donde los civiles! ¡Por donde los civiles!

Esa era la orden de un policía a otro que iba encabezando la fila. La multitud los traía de aquí para allá. Los espectadores de ambas aceras se mantenían firmes, observando a la procesión encabezada con cierto aire de tranquilidad por los sacerdotes montados a caballos, entre ellos Anás y Caifás, y seguida por aquellos que se iban quedando rezagados y expulsados por la fuerza de ese centro violento en el que, a lo lejos, se alcanzaba a ver la sobresaliente punta de la cruz cargada por Cristo. Antes de tomar la vía recta al Cerro de la Estrella, donde ya esperaban las tres cruces levantadas, en lo alto de un polvoso campo, María, María Fernanda Calderón de la Rueda, la madre de Jesús, vestida de bata blanca y manto azul, lloraba. Más adelantado que ella iba Judas Iscariote, quien por ratos hacía creer que era un personaje designado especialmente para aventar a diestra y siniestra monedas de chocolates.

—¡Corrupto!, gritó alguien más.

Foto: Cuartoscuro.

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La primera procesión de hoy, la que llegó a la Macroplaza Cuitláhuac a las once treinta horas, salió poco después de las ocho de la mañana desde la Casa de los Ensayos, allí donde se organizaron durante meses los cinco mil actores que están participando. Son quinientos actores más, comparado el número con la cifra de policías asignados para la semana que reporta la participación de dos millones cuatrocientos cincuenta y cuatro mil espectadores. Hoy participan 1.1 millones de personas, porque a los cien mil que esperan allá arriba, en el cerro, se sumarán doscientos mil más cuando la hora de la crucifixión. En esa procesión no estaba Jesucristo, y como la multitud aún no era compacta los nazarenos, esas centenas de hombres que peregrinan cargando una cruz ya sea chica o grande; los hebreos, esos hombres de traje sencillo a rayas y mantos claros; los soldados romanos de menor rango y también los agentes de seguridad podían estirar la mano y coger no con tanta prisa uno o dos de esos ciento cuatro mil pedazos de naranja o de esos 64 mil pedazos de limones o alguno de los cuarenta y cinco mil litros de agua que ofrecían mujeres y hombres desde las puertas de sus casas.

Conforme fueron llegando, los actores ingresaron al área despejada de la Macroplaza, un espacio de unos ciento cincuenta metros por cien metros, y los espectadores se fueron acomodando en los límites del cerco. Aún sin la presencia de los sacerdotes encabezados por Anás y Caifás, y tampoco de Pilato y Herodes y de Jesús, los actores, provenientes de los ocho barrios de la delegación, se relajaron: algunos buscaron sombra, otros bromearon con compañeros y unos respondieron a las preguntas de algunos periodistas. Eduardo Ronquillo, adolescente vestido de bata gris a rayas y manto blanco, tocado con turbante, mientras sentado en el piso se protegía del sol en una breve sombra que daba el templete colocado en el centro del área y que luego serviría para el azote de Jesús, contó que su participación podría entenderse como un acto “hereditario”: su tío, de nombre Fidel, hizo el papel de Jesucristo durante varios años, y él ahora estaba personificando a un hebreo. Juan Pablo Serrano habló de sus trece años de participación y de su traje de sacerdote de sanedrín, túnica azul y manto oscuro, que, sumado el costo de ochocientos pesos del casco dorado, le ha salido un promedio de cuatro mil pesos. Alfredo Cruz, soldado romano, también cifró en cuatro mil pesos, en promedio, el costo de su traje, y eso que las alpargatas los mandó a fabricar hace algunos años. Hoy mismo se sabrá, tras la muerte de Jesús, que con esta semana de representación, declarada recientemente por el gobierno como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México, entre todos han propiciado una derrama económica estimada en ciento ochenta millones de pesos.

El Cristo de Iztapalapa. Foto: Cuartoscuro.

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Judas arroja otras monedas.

Mujeres y hombres se lanzan a recoger allí donde caen los chocolates.

—¡Corrupto!, se vuelve a oír.

Judas Iscariote está por llegar a la rampa de la cuarta estación. Monologa una vez más. Se dice pordiosero. Llega y alguien le pasa un micrófono. Esta es la estación donde a él le toca presenciar el paso de Jesucristo.

De aquí se irá más aprisa hacia el cerro y se colgará en la rama de un viejo árbol.

No se alcanza a oír con claridad lo que dice, porque las treinta trompetas que preceden a Cristo suenan esquizofrénicas, chillan como los claxon de cualquiera de esos cuatro millones de coches de la ciudad cuando pretenden abrirse paso, desesperados, durante alguno de los constantes bloqueos de tráfico.

—¡Abran paso! ¡Despejen el paso!, se acerca un hombre, con la playera amarilla de los integrantes del Comité Organizador de la Semana  Santa, dando órdenes a los espectadores que se han bajado de la banqueta.

Un chiquillo grita un ¡Viva a Judas!

El niño quiere chocolates, pero Judas se limita a corresponderle con un gesto que consiste en levantar a lo alto su brazo derecho, con cierto asomo de alegría, pero en eso…

—¡Vendido!

Se torna más sombrío su semblante, como si un mal recuerdo lo torturase.

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Primero quiso devolver el saquillo de treinta monedas que recibió por haber entregado a Jesús, ora nomás observaba, al margen, cerca del cerco.

Jesús estaba de pie frente a Poncio Pilato, en lo más alto del pretorio, mientras Anás y Caifás y otra decena de sacerdotes, vestidos de brillosas túnicas y parados en el más bajo nivel del templete, pedían por segunda vez se le castigara con la muerte. A David López Domínguez se lo observaba débil, con ligeras manchas color sangre en la espalda.

Se encontraba en el más grande de los dos palacetes. A la derecha, en el palacete menor, se observaba al tetrarca Herodes, quien arrellanado sobre un ancho sillón disfrutaba de su paraíso poblado de hermosas doncellas.

A la izquierda de ambas infraestructuras estaba una pantalla gigante que hacía ver, en sus transmisiones, con más drama la representación: se centraba más en los actores que estaban sobre los templetes y pocas veces encuadraba a las decenas de soldados romanos, de hebreos y mirones que ocupaban el campo abierto. Jesús, con el rostro ensangrentado, ya traía puesta en la cabeza la corona de espinas. Su caso no será sumado entre las cerca de mil atenciones médicas brindadas durante la semana.

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Dimas y Gestas, los dos ladrones, están uno a la izquierda y otro a la derecha. Jesucristo en medio, crucificado en la cruz más alta, de unos diez metros. Llegaron al cerro hace media hora. María, su madre, llora. También Denisse Calderón, quien personifica a Magdalena. Vista desde el Cerro de la Estrella, donde el viento remolina el polvo, la contaminación provoca la impresión de que está por llover sobre la ciudad. Francisco, un adolescente, quien personifica al Arcángel, espera con una paloma blanca en mano, tras la cruz de Jesús, en lo alto, sobre los últimos travesaños de una escalera metálica. Espera que muera Jesús para que él suelte la paloma, vuele el espíritu. Alguien del Comité Organizador le dice que suba otro travesaño, pero él ni se inmuta; da vértigo el solo hecho de verlo allá en lo alto, donde el viento le mueve las alas. “Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”, pronuncia Jesucristo y Francisco suelta la paloma. Judas Iscariote murió hace rato, ahorcado, con la lengua por fuera, y Jesús acaba de recibir una estocada con una lanza plateada, con tinta en la punta. Llora María, llora Magdalena, lloran las otras mujeres, y también lloran algunos hombres. Entre los espectadores, pegados a los cercos, allí en la parte baja, lloran unas mujeres. Se empiezan a dispersar los trescientos mil espectadores. Clara Brugada, la jefa delegacional, dirá al rato, al procurar las cifras de la representación 169 de la Semana Santa en Iztapalapa, que se estima una derrama económica de ciento ochenta millones de pesos. Judas se ahorcó por treinta…por treinta monedas de plata.

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'Es como si fumaran 20 cigarrillos al día': riesgos de los cigarros electrónicos de moda entre jóvenes

Los cigarrillos electrónicos se han promocionado como menos nocivos para la salud, pero son igual de adictivos y su consumo entre niños triplica sus posibilidades de acabar fumando en el futuro.
27 de julio, 2022
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Se promocionaban bajo el argumento de que serían menos nocivos para la salud y que servirían como tratamiento para personas que querían dejar de fumar.

Sin embargo, los cigarrillos electrónicos no solo son tan adictivos como el tabaco, sino que cada vez están enganchando a más adolescentes al hábito de fumar.

“Cada vez recibo en mi consultorio más jóvenes de 16 a 24 años que usan este producto y tienen un índice de nicotina en el cuerpo equivalente al consumo de más de 20 cigarrillos al día”, explica la cardióloga Jacqueline Scholz, que dirige el Ambulatorio del Tratamiento del Tabaquismo del Instituto del Corazón de Sao Paulo.

Estos productos “van dirigidos con frecuencia a niños y adolescentes en las promociones de las industrias tabacaleras e industrias conexas que los fabrican, mediante miles de aromas atractivos y afirmaciones engañosas”, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su último informe publicado en 2021.

Los niños que vapean, como se denomina al uso de estos dispositivos, tienen hasta el triple de posibilidades de acabar fumando en el futuro, según el organismo internacional, que recomienda a los gobiernos que los regulen para impedir que el hábito de fumar vuelva a normalizarse en la sociedad y para proteger a las generaciones futuras.

La venta o distribución de cigarrillos electrónicos está prohibida en 37 países, entre ellos Argentina, Colombia, México, Nicaragua, Panamá, Uruguay, Venezuela y Brasil.

Pero esto no impide que estos productos lleguen de contrabando y sin ningún control sanitario.

Líquidos de vapeo.

Getty Images
Los cigarrillos electrónicos se ofrecen en multitud de sabores que atraen a jóvenes y adolescentes.

“Si no nos ocupamos de este problema ahora, el uso de estos dispositivos tiene todo para convertirse pronto en una epidemia“, ha dicho Scholz a André Biernath, del servicio brasileño de la BBC.

La cardióloga señala que, desde la aparición de las primeras versiones hace unos 20 años, estos dispositivos siempre se han promocionado bajo el argumento de que son menos nocivos para la salud.

“Todavía se dice que, como no tienen combustión y no producen humo, estos aparatos supuestamente son más seguros”, explica.

La experta recuerda que esta información sirvió de base para vender cigarrillos electrónicos en muchos países como una especie de “reducción de daños” o un tratamiento para las personas que querían dejar de fumar.

¿Lobo con piel de cordero?

El gran problema, argumenta, es que no hay suficientes estudios científicos para respaldar tales afirmaciones, y toda la publicidad relacionada con estos productos parece estar más enfocada en ganar nuevos usuarios (especialmente los jóvenes), y prácticamente ignora este posible sesgo terapéutico.

“Varios países, como el propio Reino Unido, aceptaron este argumento y lanzaron los cigarrillos electrónicos. Lo que sucedió en estos lugares fue un aumento en la prevalencia de fumadores “, señala Scholz.

Para la médico, no tiene sentido ver el cigarrillo electrónico como un tratamiento médico y dejarlo solo en manos de las personas, para que ellas decidan cuándo y cómo usarlo. “Si el propósito de este producto fuera realmente terapéutico, no se podría vender en ningún lado, como se vende ahora”.

“Tendría que ser recetado después de una evaluación médica, en la que el profesional concluiría que el paciente no puede dejar de fumar con los otros métodos que tenemos para ofrecer. A partir de ahí, se podría indicar la dosificación y el uso correcto de esta sustancia. “.

Pulmones.

Getty Images
Los cigarrillos electrónicos pueden causar espasmos respiratorios e incluso enfermedades inflamatorias en los pulmones.

Ingredientes nocivos

Scholz señala que, además de no cumplir las promesas terapéuticas, los cigarrillos electrónicos pueden ir en sentido contrario y ser perjudiciales para la salud, y llama la atención sobre tres de los principales ingredientes que aparecen en estos dispositivos: propilenglicol, nicotina y sustancias aromáticas.

El propilenglicol funciona como una especie de vehículo, capaz de diluir y transportar la nicotina por nuestro organismo.

La nicotina, por su parte, es una sustancia psicoactiva que se encuentra originalmente en el tabaco, lo que provoca una dependencia muy fuerte.

Durante el uso de los cigarrillos electrónicos, se inhala por la boca, pasa por los pulmones, cae al torrente sanguíneo y acaba en el cerebro, donde provoca una sensación momentánea de bienestar.

Por último, están las sustancias aromáticas, que imitan los más diversos olores, desde la menta hasta las natillas.

Scholz señala que estos tres ingredientes pueden presentar riesgos para la salud de diferentes maneras.

“Para empezar, los olores hacen que estos dispositivos sean socialmente más aceptables. Después de todo, el olor a menta, miel o fresa es mucho más agradable que el de los cigarrillos convencionales”.

Y ese atributo, argumenta la doctora, aumenta la curiosidad y quita el miedo a un público más joven, que desde niño está acostumbrado a oír hablar de los efectos nocivos del tabaquismo “tradicional”.

“El propilenglicol, por otro lado, se usa ampliamente en la industria alimentaria, y la gente simplemente asumió que, dado que es seguro consumirlo en los alimentos, no hará daño cuando se inhale”, dice.

“Pero no tenemos suficientes estudios al respecto, sobre todo porque estos dispositivos hoy en día traen tantos aditivos que no tenemos una idea exacta de las reacciones químicas que se dan allí, a una temperatura alta”.

“Y ya hemos visto algunos estudios que han detectado sustancias cancerígenas en la vejiga y la orina de los usuarios de cigarrillos electrónicos”, agrega el especialista.

Para cerrar la lista, no podemos olvidar la nicotina.

Dependencia

“Las nuevas generaciones de cigarrillos electrónicos traen sales de nicotina cada vez más pequeñas y entregadas en grandes cantidades, lo que aumenta la dependencia”, dice Scholz.

La doctora asegura que, al recibir en el consultorio a un nuevo paciente que consume estos dispositivos, siempre le realiza un examen rápido de orina, que mide la cantidad de nicotina que tiene el individuo en el organismo.

“Es muy común que los pacientes jóvenes, de 16 a 24 años, tengan un nivel de nicotina equivalente a fumar más de 20 cigarrillos convencionales al día“, calcula.

Dos preadolescentes fuman un cigarrillo electrónico.

Getty Images
Los cigarrillos electrónicos van dirigidos con frecuencia a niños y adolescentes con aromas atractivos y afirmaciones engañosas según la OMS.

De hecho, el propio mecanismo de estos dispositivos facilita su uso constante. Además de no tener ningún olor desagradable, no es necesario encenderlo ni apagarlo. “Este es un producto que puedes usar una y otra vez. Lo guardas en tu bolsillo, le das una calada y lo guardas. Luego puedes volver a tomarlo cuando quieras”, explica Scholz.

“Esto crea una rutina, y la persona empieza a usar cigarrillos electrónicos en la calle, en el trabajo, en el baño de la escuela, acostado en la cama…”

Además de ser adictiva, la nicotina también tiene efectos sobre órganos importantes como el corazón y los pulmones.

“La nicotina no es una sustancia inocua. Aumenta el ritmo cardíaco, altera la presión arterial y puede dañar el endotelio, la capa interna de los vasos sanguíneos”, enumera.

“Por lo tanto, el riesgo cardíaco de un usuario de cigarrillos electrónicos es casi el mismo que el de alguien que fuma cigarrillos convencionales”.

“En los pulmones, las nanopartículas de nicotina pueden ingresar a los alvéolos, causar espasmos respiratorios e incluso enfermedades inflamatorias“, agrega la médico.

“Hace unos años tuvimos una serie de casos de este tipo, sobre todo en Estados Unidos , que llamaron la atención. Una parte de estos pacientes consumía otras sustancias, pero alrededor de un tercio consumía exclusivamente nicotina”.


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