Prohibición de toda discriminación aguarda aprobación en San Lázaro
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Prohibición de toda discriminación aguarda aprobación en San Lázaro

Por Paris Martínez
27 de abril, 2012
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Tan pronto como la Cámara de Diputados apruebe la reforma a la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, que el pasado lunes fue avalada por el pleno del Senado, en México aplicará una nueva definición de exclusión social, más estricta que la actual y acorde con las convenciones internacionales firmadas en la materia, además de otras disposiciones con las que se pretende…

A continuación, Animal Político te presenta las novedades incluidas en la ley, y que fueron promovidas por los senadores Rosario Ibarra, Renán Zoreda, José Luis García, Manuel Velasco y Alfonso Elías Serrano:

1. Nueva definición

Ya desde que fue establecida la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, en 2003, ésta se definía como “toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil, o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas (y) también se entenderá como discriminación la xenofobia y el antisemitismo en cualquiera de sus manifestaciones.”

Además de los anteriores criterios para identificar un acto de discriminación, la reforma aprobada esta semana en el Senado añade aquellas distinciones basadas en la homofobia, la misoginia, la apariencia física, el género, las características genéticas, la situación migratoria, la identidad o filiación política, la segregación racial o cualquier otra “forma conexa de intolerancia” que ataque la dignidad humana o impida el cabal ejercicio de los derechos humanos.

La reforma, además, deja explícitamente sentada la prohibición de cualquier acto de discriminación, y aclara que ésta puede darse lo mismo “por acción” que “por omisión”.

Con esta nueva definición, explicó Ricardo Bucio, titular del Conapred, “se homologaría la descripción de discriminación aplicable en México con aquella plasmada en la Convención Internacional de Discriminación Racial, algo que, de hecho, la ONU recomendó al Estado mexicano concretar justo el mes pasado.”

2. Garantías concretas
Con el objetivo de que la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación no se limite a enunciar derechos, sino también medidas que garanticen su ejercicio, con la reforma le fueron añadidas medidas de “igualación, inclusión y acciones afirmativas” que otorguen condiciones de “igualdad real” en el trato otorgado a todas las personas.

De lo que se trata, explicó Bucio, es de “dar ciertos beneficios o apoyos a los grupos en situación de discriminación” y orientar el diseño, la implementación y la evaluación de políticas públicas emprendidas con este fin en todas las dependencias del gobierno federal.

Así, señala la reforma, las medidas de igualación e inclusión obligan a las autoridades federales a eliminar “barreras físicas, comunicacionales, normativas o de otro tipo” que impiden el goce de los derechos de los distintos sectores de la población, en tanto que las acciones afirmativas están orientadas a corregir situaciones de desigualdad en favor de grupos que enfrentan una situación de vulnerabilidad específica, como los indígenas, los discapacitados, las mujeres, la infancia, la población afrodesdenciente o los adultos mayores y, se aclara, éstas deben ser temporales, en la lógica de que su objetivo es erradicar la inequidad que les dieron origen.

Esta nueva perspectiva, añadió Bucio, “permitirá crear políticas públicas expresamente con contenidos antidiscriminatorios, de igualdad entre los grupos de la población, y contrarrestará esa idea de que los grupos en situación de vulnerabilidad lo que requieren es siempre apoyos del Estado pero no mecanismos específicos para que puedan ejercer cada uno de los derechos”.

3. Los particulares
Dado que 70% de las denuncias de presuntos actos discriminatorios que recibe el Conapred van dirigidas contra particulares (empresas, escuelas, comercios, transportes), la reforma dota al organismo de más atribuciones para actuar en estos casos ya que, afirmó su titular, “hoy en día el Consejo tiene posibilidades de acción muy amplias contra funcionarios públicos, pero ante los particulares es muy débil”.

Así, con esta reforma el Conapred adquiere nuevas atribuciones para proceder en contra de ciudadanos que incurran en actos discriminatorios, con la misma dureza que lo puede hacer contra funcionarios, y para ambos se prevé que, de comprobarse la falta, se apliquen “medidas reparadoras”, consistentes en la restitución del derecho violentado; una compensación por el daño ocasionado; amonestaciones públicas; la obligatoriedad de rendir disculpas, de forma pública o privada; así como la garantía de que el hecho discriminatorio no será repetido.

Cabe destacar que, a diferencia de los organismos de derechos humanos, el Conapred está autorizado por la ley para emitir “resoluciones vinculantes”, es decir, de cumplimiento obligatorio, y a las que ya no sólo estarán sujetos los servidores públicos, sino también los particulares a los que se les compruebe haber discriminado.

4. Iniciativa discriminada
En el presente sexenio, al menos en 19 ocasiones se ha intentado aplicar reformas a la Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación, sin que ninguna haya logrado concretarse, “lo que da cuenta de la falta de importancia que ha dado el Congreso a este tema”, se lamentó el titular del Conapred, organismo que el pasado miércoles emitió un exhorto a la Cámara de Diputados para que, tal como hizo la de Senadores, apruebe la más reciente iniciativa de modificaciones en el presente periodo de sesiones, que concluye el lunes 30 de abril, para evitar que quede estancada, como ha ocurrido con los anteriores intentos.

“Hemos tenido acercamientos con distintos representantes de las fracciones parlamentarias de la Cámara de Diputados –remató Bucio–, pero lo que representa la mayor fortaleza del Conapred es, también, su mayor debilidad: la autonomía, porque pareciera que al no estar arropado por ninguna fuerza política en particular, no hay quien asuma el tema de la discriminación y lo empuje hasta su aprobación definitiva, por lo que yo esperaría que los legisladores asuman y cumplan el compromiso que tienen con la ciudadanía y con la defensa de sus derechos.”

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¿Es la inflación más dañina que la recesión?

Las medidas que toman las autoridades para detener la inflación, como subir el costo de los créditos, le ponen un freno a la economía. Si las tasas de interés son demasiado altas y el freno económico demasiado profundo, puede llegar una recesión.
11 de agosto, 2022
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Hay que apagar el fuego antes de que se salga de control.

Esa parece ser la consigna de los países afectados por la gigantesca inflación que recorre el mundo y que ha llegado a máximos históricos en décadas.

Con Alemania marcando el nivel más alto en casi medio siglo -en medio de una crisis energética derivada de la guerra en Ucrania-, Estados Unidos y Reino Unido en el más alto nivel de los últimos 40 años y América Latina también bajo presión por la escalada en el costo de la vida, los bomberos están trabajando a toda velocidad.

Bomberos encargados de la política fiscal y monetaria de los países que intentan apagar una hoguera sin descuidar otro foco de incendio: la recesión.

Empleado de un fondo de inversiones mira varias pantallas de computadora

Getty Images

Pues bien, ¿qué tiene que ver la inflación alta con una recesión económica?

Mucho. Cuando se dispara la inflación, los bancos centrales suben las tasas de interés (el costo de los créditos) para desincentivar la compra de bienes o servicios.

Es una política que busca reducir el consumo y las inversiones con la esperanza de que bajen los precios.

Con este mecanismo se controla la inflación pero, al mismo tiempo, se frena el crecimiento económico.

Si el frenazo es demasiado grande, la economía se estanca y aumentan las posibilidades de que el país entre en recesión.

Trabajador estadounidense

Getty Images

Frente a este dilema las autoridades tienen que hacer de equilibrista y preguntarse: hasta dónde puedo subir las tasas de interés sin ahogar demasiado la economía.

Y ese equilibrio precario entre inflación y recesión es lo que tiene a los economistas tratando de apagar un incendio sin echarle leña al otro.

De ahí viene la pregunta: ¿es peor la inflación o una recesión económica?

El mal menor

No es tanto cuál es peor, sino qué es lo primero que hay que atajar. Yo creo que un país que quiere mantener su estabilidad macroeconómica, no puede permitirse una inflación elevada”, argumenta Juan Carlos Martínez, profesor de Economía en la universidad IE Business School, España.

“Una recesión es un mal menor comparado con una inflación persistente en la economía”, dice en diálogo con BBC Mundo.

cONSUMIDORA CON CAJA DE FRESAS EN LA MANO

Getty Images

Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del centro de estudios Wilson Center y profesor de la Universidad Johns Hopkins, en EE.UU., también argumenta que disminuir el costo de la vida es algo prioritario.

Las dos cosas son malas, pero la inflación es más difícil de superar en muchos casos”, apunta el experto.

Una inflación crónicamente alta, agrega, le impone muchos costos a una sociedad.

No solo se trata del frenazo económico. “También crea tensiones sociales, ya que los trabajadores exigen aumentos salariales recurrentes, los propietarios exigen subidas del alquiler y los comerciantes deciden aplicar repetidos aumentos de precios”, le dice Gedan a BBC Mundo.

Desde otra perspectiva, José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC) de México, agrega al debate que controlar una inflación elevada puede tomar muchos años, mientras que las recesiones, al menos en los últimos años, se han podido superar más rápidamente.

Persona comprando gasolina en Estados Unidos

Getty Images

“En este momento es fundamental contener la inflación porque las experiencias de los últimos 50 años nos muestran que una espiral inflacionaria acaba desencadenando una recesión”, le dice el economista a BBC Mundo.

“Se puede atajar una recesión sin que esto implique inflación, pero en el otro caso, la inflación termina provocando una crisis”.

Estados Unidos, por ejemplo, “está pagando el costo de un error”, agrega, porque las autoridades dejaron pasar mucho tiempo antes de subir las tasas de interés para controlar el consumo y la inversión.

De esa manera, la demanda siguió alta y los precios continuaron escalando, señala de la Cruz, sin que se eliminaran los incentivos para seguir gastando.

¿Qué pasa en América Latina?

Tal como está ocurriendo en otras partes del mundo, Latinoamérica también ha sufrido la ola inflacionaria.

En países como Chile, la inflación se disparó a un histórico 13,1% (la mayor en casi tres décadas), seguido por Brasil y Colombia (superando los dos dígitos), mientras países como Perú y México, donde la espiral inflacionaria es un poco menor, también han sufrido las consecuencias de precios que están dejando huellas aún más profundas en los sectores más vulnerables.

Mujer en supermercado, foto genérica.

Getty Images

Argentina, que sufre un problema crónico de inflación, tiene la herida abierta con un aumento anual del costo de vida de 64%.

Ante este escenario, los bancos centrales de la región han aplicado históricos aumentos de las tasas de interés para tratar de sacarle la presión a la olla.

En los buenos tiempos económicos, muchos gobiernos solían ponerse como meta inflacionaria un rango de entre 2% a 4%.

Pero ahora que el costo del crédito está disparado, esas metas se esfumaron, al menos por ahora.

Brasil, por ejemplo, tiene sus tipos de interés en 13,7%, mientras que en Chile el costo de los préstamos escaló a un máximo histórico de 9,7% y en Colombia al 9%.

Pocas ganas les quedan a los consumidores que aspiraban a comprarse una casa con un crédito bancario, o a los empresarios que pensaban renovar equipos, ampliar sus operaciones o iniciar nuevos proyectos de inversión.

Manos con billetes chilenos

Getty Images

Claramente la época del “dinero barato”, es decir, de los préstamos más asequibles, quedó en el pasado.

Tan veloz y profundo han sido el aumento del costo del crédito, que los economistas esperan ver resultados prontamente.

De hecho, en países como Estados Unidos o Brasil, la inflación dio una tregua y disminuyó levemente, aumentando las expectativas de que los precios podrían estar alcanzando sus niveles máximos.

¿Quiénes son los más perjudicados con la inflación?

“Lo peor de todo es que la inflación es un impuesto sobre los pobres, que tienen escasos ahorros y normalmente trabajan en el sector informal, con poca capacidad para proteger su poder adquisitivo”, explica Gedan.

“Dada la pobreza generalizada de la región y el gigantesco sector informal, los impactos de la inflación son particularmente severos en América Latina”, apunta.

Trabajadora colombiana en empresa textil.

Getty Images

En ese sentido, las autoridades no han dudado en subir las tasas, especialmente por los episodios de escalada de precios en Latinoamérica en las décadas pasadas.

“Es que dados los traumas pasados ​​de la región con la hiperinflación y el deseo de conservar la credibilidad ganada con tanto esfuerzo de los bancos centrales, no sorprende ver medidas rápidas en muchos países para frenar los aumentos de precios”, dice el experto.

El debate en Estados Unidos

Si bien inflación y recesión son dos amenazas económicas de alto calibre, en Estados Unidos el debate se ha centrado en cuánto y a qué velocidad la Reserva Federal (el equivalente al banco central en otros países) debe seguir subiendo las tasas para detener la escalada de los precios.

Criticada por no haber actuado antes, la Fed se ha embarcado este año en una serie de subidas de los tipos de interés.

Y como esas subidas le ponen un freno a la economía, la pregunta que muchos se hacen es si Estados Unidos caerá o no caerá en una recesión con todas sus letras.

Porque ya está atravesando lo que se conoce como una “recesión técnica”, equivalente a dos trimestres seguidos de contracción económica.

Foto genérica de buque carguero con contenedores y bandera de Estados Unidos.

Getty Images

Pero en EE.UU. esos números rojos no representan una verdadera recesión, según los estándares que se utilizan en ese país.

El árbitro que la define, por decirlo de alguna manera, es una organización independiente: la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).

En ella participan destacados economistas que se reúnen regularmente y analizan todas las variables que pueden incidir en un proceso recesivo.

La definición que ellos utilizan está lejos de ser una fórmula matemática: “Una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses”.

El enfoque del comité de economistas es que, si bien cada uno de los tres criterios (profundidad, difusión y duración) debe cumplirse individualmente hasta cierto punto, las condiciones extremas reveladas por un criterio pueden compensar parcialmente las indicaciones más débiles de otro.

Precisamente porque no es una fórmula infalible hay tanto debate en Estados Unidos sobre si realmente el país va camino a una recesión o si no llegará a ese punto.

Las máximas autoridades del país (encargadas de la política fiscal y monetaria) se han mostrado optimistas argumentando que el mercado del trabajo se mantiene fuerte.

Y en julio la inflación bajó levemente (de 9,1% a 8,5%), aportando una cuota de alivio frente a los pronósticos que consideraban como inevitable una recesión en el país.


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