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“Muerte querida” es un compendio de las mejores tiras que ha escrito y dibujado el incansable novelista gráfico Augusto Mora
Por Moisés Castillo
7 de abril, 2012
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En el 2000 sacaron al PRI de Los Pinos pero la alternancia fracasó. Ahora se presenta otra oportunidad, “ahora sí”, para el “verdadero cambio”. Hace más de 40 años el escritor Jorge Ibargüengoitia dijo que el estilo mexicano de gobernar es el de un prestidigitador que es, al mismo tiempo, padre amoroso. Pareciera que nada ha cambiado. Nos han hecho creer que el arte de gobernar es un acto de magia. Al pueblo le toca esperar a que salgan los conejos del sombrero.

El poder corrompe y el que se mete en la política termina corrompido: desde el cargo más alto como la Presidencia de la República hasta la pequeña y lejana presidencia municipal. Sin embargo, todas esas prácticas oscuras ocurren tan divertidas en el municipio de Mictlantepec, que ya no importan. “Señor presidente le vengo a implorar, que a este pueblo, no venga a saquear”, canta un señor sombrerudo en el mercado principal.

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Un día el secretario particular del presidente llegó a la oficina y encontró botellas de alcohol tiradas, olor a cigarro, guácaras, una verdadera escena guarra. Regino le pregunta sorprendido: “Señor presidente, ¿ya vamos a empezar a trabajar o va a seguir chupando?”. Con botella en mano y apoyado del escritorio responde el cornudo: “Hic… Nnno Reg-gino, vamos… a aventarn-nos ttodo el… Hic… Guadalupe-Reyes… Hic”. Con su agenda, el alebrije dice resignado: “Pero ya estamos en marzo señor”. El todopoderoso alcanza a escupir: “Burp!”.

 

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Y así son los personajes principales de “Muerte querida” (Caligrama Editores 2012), un compendio de las mejores tiras que ha escrito y dibujado el incansable novelista gráfico Augusto Mora. Si en “El Maizo. La maldición del vástago” recrea el mundo de los Tlacololeros, una mitología de Guerrero; en “Muerte querida” presenta los absurdos y el valemadrismo de la clase política mexicana.

 

El “¿y yo por qué?”, de Vicente Fox; “Voy a defender el peso como un perro”, de José López Portillo; “No tengo cash”, de Ernesto Zedillo; “Yo vi a miles, miles de ‘spring breakers’ en México divirtiéndose y tengo entendido que los únicos ‘shots’ que recibieron eran de tequila”, de Felipe Calderón; ya no resultan graciosos sino indignantes. Mejor vámonos todos a Mictlantepec donde la única regla es estar de fiesta y tomar “frucsi de osito” adulterado.  

 

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Desde hace 10 años Augusto creó esta tira cómica que no sólo habla de política sino también de las contradicciones perversas de la religión católica. Los curas Carmelo y Martincillo explican, por ejemplo, que el narco diezmo es un acto de “fe y humildad”: es como el lavado de pies que hace el Papa, nomás que aquí en vez de pies es dinero.   

 

Además, para los que tienen poca fortuna en el amor está el inocente pobre amigo de Enjuto Buendía, que ama ciegamente a la española pelirroja La Petenertita, que sólo juega con el tonto corazón del joven huesudo: “Préstame tu belleza cadenciosa, esta linda noche sigilosa, déjame pasearte en el cielo frío, cantando que tu corazón es mío”, soltaba a todo pulmón el jaranero en Navidad. Ella bajó del balcón y antes de que Buendía le plantara un beso, atajó: “¡Momento! ¿Me vas a llevar en un trineo más cool que el de Rodolfo?”, preguntó un poco fresa. Sorprendido, Enjuto Buendía dijo: “Yo sólo tengo un burro”. Jajaja se río la europea: “Entonces sorry, es que ya tengo planes”, y se subió al Ferrari de Rodolfo el Reno.        

 

“Muerte querida” apareció hace una década en el periódico del PRD capitalino “La Fuerza del Sol”, y la primera colaboración de Augusto fue ilustrar unas calaveras por el día de muertos. Al siguiente número propuso la tira cómica y aceptaron las situaciones cínicas y humorísticas de los protagonistas del pueblo.

 

En esos años de euforia foxiana cursaba la preparatoria y le entusiasmaba las tradiciones mexicanas, sus cantos y danzas. Admiraba la obra del artista José Guadalupe Posada y fue creando, a través de las calaveras, personajes con personalidad propia. Posteriormente involucró a otras celebridades que tienen que ver con la juguetería del arte popular mexicano como los alebrijes.

 

“La muerte festiva atrapó mi atención, por eso el nombre de ‘Muerte querida’. Es una alegoría a las tradiciones mexicanas, al día de muertos. Los personajes son calaveras con vida, calaveras de papel maché”.

 

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En esos primeros años, los cartones eran en blanco y negro, nunca tuvo problemas de censura. Estuvo en esa publicación partidista tres años y después apareció a todo color en la revista MAD México en 2007 y duró hasta el 2010. Anduvo también por “El Chamuco” y actualmente publica “Muerte querida” en la revista Emeequis y en Internet.

 

“Es un riesgo muy grande. Tengo una autocrítica muy fuerte para saber si lo que estoy haciendo vale la pena. No todas las tiras son buenas. De repente estoy iluminado y se me ocurre una idea muy cagada cuando camino por la calle: la cara de una persona, una anécdota que me contaron. De alguna forma mido si los chistes funcionan por el número de comentarios, likes en Facebook o tuits”.

 

La tira dibujada la termina en una hora pero después vienen las complicaciones con el guión, ya que puede tardarse tres días. Por eso también checa el trabajo de otros moneros como los de La Jornada, que son los que más le gusta cómo escriben. Se siente más identificado con Trino por sus relatos desmadrosos y de puro cotorreo.  Sin embargo, su gran influencia es Eduardo del Río, “Rius”. Su madre es historiadora y en su biblioteca siempre estaban a la vista sus libros del caricaturista michoacano.

En “Muerte Querida” encontraremos tiras audaces con un sarcasmo inteligente que descubre la realidad que vivimos. El humor de Augusto Mora nos da la posibilidad de reírnos y descubrir que estamos vivos.

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Por qué Nueva España se disgregó en tantos países tras la independencia de México y Centroamérica hace 200 años

El 2021 marca los 200 años del fin de la Nueva España, un extenso territorio dominado por la corona española que intentó mantenerse unido pero al final se fragmentó en múltiples países. ¿Cómo se dio tal transformación?
16 de septiembre, 2021
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Este septiembre es bicentenario para seis naciones de América Latina.

En ese mes, pero del año 1821, se dieron declaraciones de Independencia sobre la corona española que, después de varios experimentos políticos, concluyeron con el nacimiento de seis países que hoy conocemos: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Incluso los territorios de Chiapas, Yucatán y Texas tuvieron una corta vida independiente.

Todos ellos emanaron de la Nueva España, uno de los vastos territorios en América que el imperio español creó y administró durante tres siglos.

Pero ¿por qué uno de los mayores imperios del milenio pasado perdió el control de su más extensa posesión y su territorio terminó tan fragmentado?

Para responderlo hay que mirar a qué ocurría a comienzos del XIX.

¿Cómo era la Nueva España?

La Nueva España era una de las naciones más grandes de su época.

Se extendía por más de 7 millones de kilómetros cuadrados, desde regiones del suroeste y sureste del actual Estados Unidos hasta el noroeste de Panamá.

El territorio actual de España cabría 14 veces tan solo en la Nueva España (más aún en sus otros virreinatos y territorios de América, África y Asia).

Su conformación territorial era diversa: había reinos como el de México y Nueva Galicia en la región central. (Los siguientes mapas muestran las extensiones territoriales con base en los límites actuales de países y estados locales).

Nueva España central

BBC

Al norte, estaban las provincias internas del oriente, como Nuevo León o Nueva Extremadura, y las provincias internas del occidente, entre ellas las Californias, Nueva Navarra o Nueva Vizcaya.

Nueva España norte

BBC

Hacia el sur, estaban las capitanías generales de Yucatán y Guatemala.

Esta última también se subdividía en provincias: Chiapas (actual estado de México), Guatemala (incluyendo el actual Belice), San Salvador (actual El Salvador), Nicaragua y Costa Rica (entonces una sola unidad) y Comayagua (actual Honduras).

Nueva España sur

BBC

La capital era Ciudad de México, pero Ciudad de Guatemala actuaba como una segunda capital en términos de gobierno.

“Era un empalme jurisdiccional muy complicado, pero en términos prácticos sí había mucha independencia de las provincias centroamericanas respecto a México, pero también había algunas funciones en las cuales dependían de México”, dice a BBC Mundo el historiador Alfredo Ávila.

En materia económica, de religión y de justicia a través de la Santa Inquisición, el gobierno de Ciudad de México tenía el control sobre la Nueva España entera. Pero en el resto de cuestiones, como la fuerza armada, la Capitanía de Guatemala o Yucatán tenían su autonomía.

“En Centroamérica no había un virreinato en términos generales, sino una audiencia, con un jefe político, una capitanía general”, continúa Ávila, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Y es muy difícil hablar de identidades. Una persona que nació en San Salvador era guatemalteca, porque dependía de la Audiencia de Guatemala. Pero si era hijo de españoles, era español”, apunta.

https://www.youtube.com/watch?v=W3yHdmZ_rF8&t=358s

Todo eso tuvo un papel importante en lo que ocurriría alrededor de 1810.

El ocaso de un enorme imperio

Las élites ligadas al poder político, comercial y religioso fueron exponiendo sus discrepancias con España luego de tres siglos de convivencia.

A partir de 1808, el descontento de la clase gobernante en América llevó al surgimiento de varios movimientos de independencia que se fueron fortaleciendo al tiempo que la corona española atravesaba sus propios conflictos bélicos en Europa con Inglaterra y Francia.

Eso dejó a la corona española muy debilitada para hacer frente a las rebeliones en América. Incluso el gobierno de Ciudad de México había perdido el control militar en sus dominios.

“El virrey de México no mandaba en la comandancia de Guadalajara o en Monterrey”, explica Ávila. Ahí los jefes militares eran los que “tenían tanta fuerza que el virrey ya no tenía influencia sobre ellos”.

“Ahí empezó un proceso de desarticulación virreinal que alcanzó a Centroamérica”, señala.

Capitulación de Madrid, Antoine-Jean Gros

Museo de Historia de Francia
El cambio de monarquía en el trono español fomentó los movimientos de independencia en las colonias.

El gran estallido en la Nueva España es el de la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando una conjura independentista se vio descubierta y el cura Miguel Hidalgo llamó al pueblo mexicano a alzarse en armas en el famoso Grito de Dolores.

La guerra de independencia mexicana culminó 11 años después, el 27 de septiembre de 1821.

Por su parte, la Capitanía de Guatemala tuvo un proceso relativamente pacífico en el que la determinación independentista se dio en una asamblea con miembros de las provincias el 15 de septiembre de 1821.

Aunque esas son las fechas más recordadas, en los hechos hubo un momento que semanas antes fue determinante para la Nueva España.

Los Tratados de Córdoba

Cuando México y las provincias de Centroamérica declararon su independencia, ya tenían un plan en marcha: conformar un imperio.

La idea fue plasmada en los Tratados de Córdoba, que fueron firmados entre los independentistas mexicanos y autoridades de la Nueva España el 24 de agosto de 1821. Tenían como objetivo final la fundación del Imperio Mexicano.

Los españoles sabían que no podían contener más el movimiento de independencia, pero querían rescatar las valiosas vías de comercio.

El documento “reconocía la independencia de México, pero buscaba mantener la relación comercial de ambos lados. Y una parte de la élite de Guatemala quería aprovechar eso”, explica Ávila.

Chiapas -que era parte de la Capitanía de Guatemala- fue la primera provincia centroamericana en unirse al imperio, seguido poco después por la Capitanía de Yucatán.

“Y la discusión de los centroamericanos entonces fue qué convenía más: permanecer independientes de España o unirse a alguna de las dos grandes potencias limítrofes, Colombia o el Imperio Mexicano”, señala el historiador.

“Claramente por vínculos históricos tenía más sentido unirse al Imperio Mexicano”.

Panamá, que hoy es parte de Centroamérica, quedó en la Gran Colombia.

Reunión del Ejército Trigarante

Getty Images
El ejército de Iturbide ayudó a reprimir a los opositores a la unión con el imperio de San Salvador.

Bajo el nuevo imperio se delimitaron 24 provincias, muchas de las cuales conservan sus nombres en México y Estados Unidos (Texas, Nuevo México, California) hasta la actualidad.

Por lo que respecta a Centroamérica, se dio la delimitación casi actual: Guatemala (incluyendo a Belice), El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica (estas dos últimas ya no eran una sola).

La fragmentación final

No obstante, el Imperio Mexicano duró poco.

La inestabilidad política que persistía desde la asunción del emperador Agustín de Iturbide condujo a un golpe de Estado en febrero de 1823, el cual llevó a la disolución del Imperio Mexicano un año después.

Las provincias mexicanas, a las que se integró Chiapas, conformaron la primera República Federal Mexicana, mientras que las provincias del sur crearon la República Federal de Centroamérica.

Pero aquel intento de mantener la unión de tan diversos territorios no se pudo sostener. Las razones no solo eran por los acuerdos políticos del momento, sino históricas.

Mapa de Centroamérica

iStock
Centroamérica intentó mantenerse unida, pero a partir de la década de 1830 inició su separación.

En Centroamérica no se alcanzó a construir una identidad más amplia. De un millón, la mitad vivía en Guatemala. Otra buena parte en Chiapas. El resto de las provincias estaban muy poco pobladas y casi no tenían contacto entre sí”, explica Ávila.

“Y había un cierto rechazo a Guatemala, porque se veía como la ciudad que cobraba impuestos, que mandaba tropas, que era un poco opresora”, añade.

En la década de 1930 hubo diversos conflictos que derivaron en la disolución de la unión de las provincias que buscaban tener mayor autodeterminación.

Fue entonces que nacieron cinco repúblicas independientes: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw&feature=emb_title

Y en el caso mexicano, en la década de 1830 y 1840, México perdió importantes territorios ante Estados Unidos: Texas, la Alta California y Nuevo México.

Incluso Yucatán declaró su independencia durante ocho años, pero volvió a la unión mexicana.

Fue así que los más de siete millones de kilómetros cuadrados quedaron divididos en las naciones que este año celebran dos siglos de independencia.


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