La Marcha "Yo soy 132": La curiosa vida de los símbolos
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La Marcha "Yo soy 132":
La curiosa vida de los símbolos

Primero fueron 131, entonces fueron miles y miles de 132; ser la/el 132 implica oponerse a cualquier acción o señal que merme la democracia y el libre flujo de información
Por José Merino
24 de mayo, 2012
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Llegué a la Estela de la Luz pasaditas las seis de la tarde; estaba completamente llena. En mi vida, confieso, he ido a pocas marchas; pero de inmediato noté algo: muchos sonreían. Las sonrisas no suelen ser un atributo común en esas pocas marchas a las que he acudido. Había en esta congregación, como en la marcha del sábado, alegría.

La felicidad en la protesta, o por la protesta, o desde la protesta. Como sea, felicidad y protesta, una novedad en mi asombrada adultez. “Estos jóvenes se están viendo al espejo”, pensé; están dimensionándose. Probablemente los últimos en entender el peso de los símbolos, son sus creadores. Primero fueron 131, entonces fueron miles y miles de 132.

El 132 es una aclaración, sí, pero sobre todo una afirmación contundente: ser la/el 132 implica oponerse a cualquier acción o señal que merme la democracia y el libre flujo de información. Esa me parece la única síntesis posible. De ahí abrevan muchas posturas factibles, una feroz crítica a la cobertura de medios de todo lo ocurrido desde el 11 de mayo, y como hemos visto, una oposición abierta a Peña Nieto.

Lo primero que hice al llegar a la Estela de la Luz fue buscar “el centro” de la congregación, estuve arriba, al lado, bajé a la base del monumento… todo inútil. El movimiento no tenía un centro. Mejor dicho, cualquier punto era un centro posible. No había instrucciones, micrófonos o templete.

“¡Una congregación sin centro! ¡Una marcha sin frente!” Pensaba mientras ponía cara de estar entendiendo todo. Sigo intentándolo. Pertenezco a una generación que ha visto pasar miles de marchas prototípicas. Pertenezco también a la generación que siendo aún estudiantes universitarios atestiguamos la alternancia en la Presidencia de la República. En fin, pertenezco a la generación que acudió por primera vez a votar en 1994; que en el DF votó por primera vez por un Jefe de Gobierno en 1997… y que lleva por lo menos 12 años diagnosticando pasivamente la democracia mexicana, buscando tímidamente hacerla representativa.

En más de un sentido, tratar de entender este movimiento es tratar de entender las causas de mi propio entusiasmo.

La congregación mutó en marcha y ahí terminó el discurso que no mencionaba candidatos. Los muchos centros se volvieron muchas marchas y mismo número de posiciones. A los jóvenes del movimiento #YoSoy132 podrá incomodarles, pero son el núcleo simbólico de un círculo mucho más amplio que incluye apasionadamente su agenda para tener medios propios de una democracia (que no es lo mismo que democratizar medios), pero con similar pasión incluye la oposición al candidato del PRI a la presidencia.

La #marchayosoy132 tuvo su momento en la Estela de la Luz… y ahí se quedó. Quienes se movieron hacia el Zócalo y Televisa, estudiantes también, ampliaron la agenda restringida a medios e información, y la conectaron explícitamente con Peña Nieto.

Eso en nada cuestiona ni a unos ni a otros.

Los jóvenes de la #marchayosoy132 están defendiendo la democracia en la que crecieron (ellos sí), y en ella, identifican con mucha fortuna a la información como condición necesaria de su efectividad. Sus demandas, incuestionables, quedaron ya aclaradas en un pliego petitorio que dieron a conocer en la propia Estela de la Luz.

No sé si en ello se agoten, si continúen movilizándose, o si muden a espacios institucionales para garantizar el cumplimiento de su pliego petitorio. Lo que sí creo, es que en torno a ellos, dentro del espacio simbólico que abrieron, habrá quienes seguirán movilizándose con ese y otros discursos (pro y anti)… esos que como hoy, siguieron andando al Ángel, y de ahí a Televisa, y de ahí al Zócalo…

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Estados Unidos tendrá un gobierno dividido tras la victoria republicana en la Cámara de Representantes

Estados Unidos tendrá un gobierno dividido en el que un partido tendrá la Presidencia y el otro, el control de una cámara del Congreso. ¿Cuáles son las repercusiones?
16 de noviembre, 2022
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Los demócratas, que controlan la presidencia y el Congreso desde enero de 2021, acaban de perder su mayoría en la Cámara de Representantes.

Estados Unidos tendrá “un gobierno dividido” a partir de enero.

El término se refiere a una situación en la que una o las dos cámaras del Congreso están bajo control de un partido distinto al del presidente en ejercicio, actualmente el demócrata Joe Biden.

El control que el Partido Republicano logró de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término, según proyecciones divulgadas este miércoles de noche, significa que Estados Unidos tendrá un gobierno de este tipo cuando los nuevos representantes asuman su cargo.

Gobiernos divididos han sido bastante comunes desde los años 70, el más reciente se dio durante los dos últimos años de la presidencia de Donald Trump, cuando los demócratas controlaban la cámara baja del Congreso.

Que los republicanos recuperen la mayoría de la Cámara de Representantes que habían perdido en 2018 puede significar dos años de confrontación política con pocos logros legislativos, anticipan expertos.

“Creo que un acuerdo bipartidista sería muy difícil, dada la enorme división entre los dos partidos en casi todas las cuestiones importantes a las que se enfrenta el país”, dijo Alan Abramowitz, un politólogo de la Universidad Emory que ha escrito varios libros sobre elecciones estadounidenses a BBC Mundo.

El camino que sigue una ley

En Estados Unidos cada cámara puede iniciar un proceso legislativo. El proyecto de ley tiene que ser aprobado por las dos, antes de ser enviado al presidente para que lo firme y lo convierta en ley.

Nancy Pelosi, Mitch McConnell y Kevin McCarthy

 

Una ley puede morir en cualquier fase si una de las cámaras vota en contra, o si el presidente la veta.

Algunas personas apoyan un gobierno dividido porque significa que cada partido político puede vigilar al otro, por ejemplo, controlando medidas de gasto no deseadas o bloqueando ciertos proyectos para que no se conviertan en ley.

Recientemente, el empresario y actual dueño de Twitter Elon Musk aconsejó a sus millones de seguidores en la red social que votaran a los republicanos en las elecciones de mitad de período, dado que el presidente Biden es demócrata.

Su razonamiento, dijo, es que “el poder compartido contiene los peores excesos de ambos partidos”.

Ventajas e inconvenientes

Los gobiernos divididos pueden forzar a los legisladores a presentar leyes que tengan una base de apoyo más amplia, lo que hace que sean más difíciles de revocar cuando el poder cambie de manos.

En ese caso, la cooperación aporta estabilidad política.

El Capitolio en un atardecer

Getty Images

Pero cuando los partidos están polarizados en sus posiciones, un gobierno dividido puede hacer que a un partido le resulte imposible aprobar leyes, lo que conduce a un punto muerto en el que es difícil avanzar en políticas para todo el país.

Grandes cambios legislativos a menudo han ocurrido bajo gobiernos de un solo partido, como el New Deal del presidente Franklin Roosevelt y la ley de Cuidado de Salud Asequible de Barack Obama, coloquialmente conocida como Obamacare.

Gobiernos divididos también pueden llevar a más cierres de gobierno, que se produce cuando los partidos no se ponen de acuerdo en un presupuesto para continuar con la financiación pública.


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