¿Por qué es tan difícil para muchos latinoamericanos comprarse una casa?
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¿Por qué es tan difícil para muchos latinoamericanos comprarse una casa?

Una de cada tres familias latinoamericanas, alrededor de 59 millones de personas, reside en una vivienda inadecuada, construida con materiales precarios o carente de servicios básicos, reporta BBC.
15 de mayo, 2012
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Una de las imágenes más lacerantes y extendidas de América Latina son sus grandes zonas marginales a las afueras de las ciudades, en las que la inseguridad y la falta de higiene son la norma. Millones de personas necesitan un techo digno, ¿pero pueden los gobiernos construir tantas casas?

Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, hacen falta acciones que vayan más allá de la simple entrega directa de techo a las familias de bajos ingresos y de los subsidios para la compra de vivienda.

Los autores del estudio, llamado “Un espacio para el desarrollo: los mercados de la vivienda en América Latina y el Caribe”, creen que la participación del sector privado es crucial para resolver el déficit de vivienda que afecta a la región. Si los gobiernos quisieran resolver el problema por sí solos -por medio de programas de vivienda pública- necesitarían invertir US$310.000 millones, un 7,8% del PIB de la región, es decir, siete veces más del dinero destinado actualmente.

Una de cada tres familias latinoamericanas, alrededor de 59 millones de personas, reside en una vivienda inadecuada, construida con materiales precarios o carente de servicios básicos. Muchos de ellos quieren acceder a una vivienda adecuada y asequible, pero la oferta es insuficiente y en la mayoría de los casos, los recién llegados a las ciudades se ven obligados a instalarse en viviendas informales, como en las zonas marginales.

 

Demanda

¿Pero ante una demanda tan grande, por qué las grandes constructoras no aprovechan la oportunidad de negocio?

El economista que ha dirigido el estudio, el peruano César Bouillon, responde a BBC Mundo que pocas familias latinoamericanas pueden acceder a una hipoteca.

“Eso se debe en gran parte a que muchos de esos solicitantes no pueden documentar sus ingresos en la ventanilla del banco porque tienen trabajos informales”, comenta Bouillon. Otra causa que menciona es que para el constructor sólo es rentable edificar vivienda para los sectores de clase media y alta.

“En las zonas pobres, los márgenes de beneficio son muy pequeños, y además tienen la competencia de los constructores informales y de quienes se construyen su casa”.

Los autores creen que no hay una solución única para resolver este déficit de vivienda. Entre los cambios sugeridos se encuentran reformas legales que simplifiquen la burocracia y hagan más atractiva la construcción de viviendas destinadas a las clases bajas.

También recomiendan una reforma del mercado hipotecario que brinde mayor protección a los derechos de los acreedores, sistemas de evaluación del riesgo crediticio más eficaces y, además, registros de la propiedad más amplios.

Salud y educación

El estudio se basa en la premisa de que una vivienda es algo más que un techo y cuatro paredes. La región podría experimentar mejoras en muchos de sus problemas endémicos si solucionara su déficit de viviendas adecuadas y asequibles, según el estudio.

Las condiciones de la vivienda y el barrio influyen de manera decisiva en la salud, alimentación y educación de la población, así como en su acceso a oportunidades económicas y su grado de vulnerabilidad a los problemas sociales, señalan los autores.

Una de las conclusiones de la investigación es que más de la mitad de los residentes en muchas de las grandes ciudades latinoamericanas como Caracas, Lima o Buenos Aires, no tienen dinero para comprar una vivienda adecuada (ver cuadro).

Distintas estrategias

El caso más grave es el de la capital venezolana, según el estudio, donde a ocho de cada diez hogares no les alcanza el dinero para tener cada propia, debido principalmente a la escasa oferta privada de viviendas asequibles. Para paliar esa carencia, el gobierno venezolano puso en marcha el año pasado el ambicioso plan Misión Vivienda, que prevé construir dos millones de casas entre 2011 y 2019.

Preguntado sobre la viabilidad de ese plan, Bouillon responde que será posible si el gobierno tiene los fondos: “Esa opción es la que ha decidido seguir el gobierno venezolano”.

“Otros gobiernos de la región”, continúa el economista del BID, “combinan la inicitativa pública con los incentivos al sector privado para que construya vivienda social”.

En Colombia, destaca como ejemplo Bouillon, las autoridades incentivan a los desarrolladores privados de viviendas para que en su proyecto incluyan casas para todos los niveles de ingresos.

Otro caso que señala es el de Sao Paulo. Mientras que la mayoría de políticas públicas ponen el énfasis en el acceso a la propiedad, las autoridades locales de la megaurbe brasileña tratan de facilitar vivienda de alquiler a las familias pobres.
En México, algunas iniciativas no se enfocan en la vivienda nueva, sino en la mejora de la existente. El programa Patrimonio Hoy de la cementera Cemex apoya a las familias que construyen su propio hogar con microcréditos y asistencia técnica.

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Consecuencias del covid-19: 'Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes'

La fatiga crónica es uno de los síntomas que experimentan miles de pacientes recuperados de covid-19, incluso aquellos que no estuvieron tan enfermos como para estar hospitalizados. Jade cuenta cómo fue su caso.
22 de septiembre, 2020
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Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Jade Gray-Christie nunca fue hospitalizada, pero meses después de haberse recuperado sufre fatiga crónica.

Si has leído noticias de personas con coronavirus que experimentaron síntomas “permanentes”, puede que la historia de Jade Gray-Christie te resulte familiar. Ella tenía síntomas “leves” y no fue hospitalizada, pero su vida dio un vuelco desde que se enfermó en marzo.

Antes de la pandemia, Jade tenía una vida muy ocupada.

Esta londinense, de 32 años de edad, compaginaba un gratificante trabajo dando apoyo a jóvenes de entornos desfavorecidos con una vida social activa, e iba al gimnasio tres veces por semana.

Pero en las primeras horas de la mañana del 15 de marzo, Jade llegó a casa tras un largo día de trabajo y supo que algo no iba bien.

“Me sentía fatal. Tenía mucho calor y mucho frío, y no paraba de toser, toser y toser”, me contó en voz baja, con dificultad para respirar.

A medida que pasaron los días, Jade, que es asmática y vive sola, comenzó a sentirse peor y más asustada.

Llamó al 111 (el número de emergencias). Le enviaron una ambulancia, pero los paramédicos se negaron a entrar. “Me hablaron a través de la ventana y me preguntaron qué me pasaba”, dice ella.

Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Los paramédicos no quisieron entrar a casa de Jade.

Tumbada en la cama y sin apenas poder pronunciar las palabras, Jade explicó que tenía problemas para respirar y que le dolía mucho el pecho.

Le dijeron que tenía la típica “tos covid”, pero por su edad no podían llevarla al hospital. Eres joven y tu cuerpo es lo suficientemente fuerte como para recuperarse, le dijeron.

Jade se sorprendió. “¿Qué hago con mi respiración? Soy asmática. Vivo sola, así que si pasa algo no tengo a nadie que me ayude“, les comentó.

Pero ellos le respondieron que no se llevaban a nadie menor de 70 años por si pudiera contagiar a alguien más en el hospital.

“Comprendí lo que decían, pero al mismo tiempo estaba muy mal y no sabía qué iba pasar. Por las noches sentía miedo al acostarme”, dice Jade.

Con el tiempo, parecía mejorar poco a poco. Pero cada vez que pensaba que estaba recuperándose, sus síntomas volvían.

En mayo, se sintió lo suficientemente bien como para comenzar a trabajar desde casa a tiempo parcial. Tenía dolor en el pecho y a veces se sentía cansada, pero pensó que se las podría arreglar.

Hasta que a finales de mes, algo cambió.

Durmiendo 16 horas al día

“Mi pecho volvió a empeorar. Me costaba respirar y no podía salir de la cama”, dice ella. “Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes”.

Los inhaladores de Jade

Zoë Savitz/BBC News
Jade tiene un inhalador para el asma y recibió dos más para tratar la covid.

Los meses pasaron con pocas mejoras. A veces dormía más de 16 horas al día y le costaba hacer las actividades diarias para cuidar de sí misma.

Cuando hablé con Jade a fines de julio, me contó que su médico le había dicho que tenía fatiga posviral, pero no le dieron ningún consejo sobre cómo manejar sus síntomas, más allá de que estableciera una rutina para dormir y despertar.

La idea era aprender estrategias de recuperación para ayudar a mejorar su calidad de vida y estabilizar su salud.

Pero a Jade le costó entender cómo aplicarlo a su vida. Mantener una rutina le resultaba casi imposible, ya que a menudo se despertaba agotada y se volvía a dormir.

“Cuando hablé con el médico sobre mis mareos, el hecho de que me hubiera desmayado y también sobre mi fatiga, me dijo abiertamente que no sabía cómo ayudarme y que el virus todavía es muy nuevo. Esto, por supuesto, me hizo sentirme aún peor “, comenta.

“Si los médicos no podían ayudarme, ¿entonces quién?”, se preguntó.

Jade Gray-Christie usando su laptop

Zoë Savitz/BBC News
Jade se sintió desesperada; no sabía a quién pedir ayuda.

Covid “de largo plazo”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que no comprende por completo la covid-19.

Dice que los plazos de recuperación típicos son de dos semanas para pacientes leves, y hasta ocho para los que están graves, pero reconoce que hay personas como Jade que continúan teniendo síntomas durante más tiempo.

En tales casos, dice la OMS, los síntomas pueden incluir fatiga extrema, tos persistente o intolerancia al ejercicio. El virus puede causar inflamación en los pulmones, los sistemas cardiovascular y neurológico, y el cuerpo puede tardar mucho en recuperarse.

La experiencia de Jade le ha ocurrido a otras decenas de miles de personas,y se conoce como “covid de largo plazo”.

Barbara Melville, administradora de un grupo de apoyo en Facebook para este tipo de pacientes, explica que muchos de ellos dicen que no tienen acceso al cuidado y apoyo que necesitan, que no les toman en serio o que les dicen que sus síntomas son causados por ansiedad.

Short presentational grey line

BBC

Cómo conservar la energía si tienes fatiga

  • Para lidiar con la fatiga, los terapeutas ocupacionales usan “las tres pes”: planificación, pacing (ritmo) y priorización
  • Esto implica identificar estrategias para facilitar las cosas y gestionar la energía de forma más eficaz
  • Por ejemplo, si la ducha es agotadora, inténtalo en otro momento del día o siéntate en lugar de quedarte de pie
  • Divide las actividades en tareas más pequeñas y distribúyelas a lo largo del día
  • Planifica de 30 a 40 minutos de descansos entre actividades

Lauren Walker, Royal College of Occupational Therapists, Reino Unido

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BBC

¿Dónde deja esto a los pacientes? Para muchos es una cuestión de paciencia.

En el caso de Jade, su salud sigue con altibajos, pero ahora recibe sesiones de fisioterapia y de terapia ocupacional en la clínica covid del centro hospitalario University College Hospital de Londres.

Sus jefes han sido un gran apoyo, lo cual ha marcado la diferencia. Le dijeron que habían visto muchos casos similares.

“Fue un gran alivio,”, dice ella, tras haber pasado muchos meses sintiendo que tenía que demostrar que lo que le estaba ocurriendo no estaba “todo en su cabeza”.

Al final, recibió una carta confirmando su diagnóstico de covid-19 esta semana.

Jade planea ahora trabajar desde casa por el resto del año, con horas y responsabilidades reducidas, y le han aconsejado que divida su día, trabajando en períodos de dos horas con pequeños descansos en el medio.

Está contenta de poder volver al trabajo y de tener su mente activa.

jade en la puerta de su casa

Zoë Savitz/BBC News
A la joven inglesa le gusta haber vuelto a trabajar.

Barbara Melville advierte que no todos los empleadores son tan comprensivos y afirma que ha leído muchas historias en su grupo de apoyo de personas obligadas a regresar al trabajo demasiado pronto.

“Tienen miedo de no poder alimentar a sus familias. El descanso y la regulación del ritmo de vida son un privilegio“, comenta a la BBC.

Otros le han dicho que sufren discriminación en el trabajo porque no pueden proporcionar pruebas de que tenían la enfermedad, a pesar de que no hubo tests disponibles durante meses, y no se les dieron los ajustes que necesitaban para trabajar de manera segura.

Sin embargo, tiene la esperanza de que esta crisis lleve a un cambio cultural en cómo se trata a las personas que viven con problemas de salud a largo plazo.

“La covid ha puesto de relieve las desigualdades y esta es una oportunidad para empezar a hacer algo“, señala.

Jade dice que tras haberse enfermado sintió realmente que su vida se acababa. Solo cuando comenzó a recibir apoyo, atención y comprensión las cosas comenzaron a cambiar para ella.

Ahora siente que puede encontrar una manera de hacer frente a su nueva normalidad.

Fotografía de Zoë Savitz

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

https://www.youtube.com/watch?v=FkdL3esx7t0&t=14s

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