Abuso de analgésicos en futbolistas alarma a la FIFA
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Abuso de analgésicos en futbolistas alarma a la FIFA

El director médico de la FIFA, Jiri Dvorak, encontró que casi el 40% de los jugadores del Mundial de 2010 tomaron medicamentos para el dolor antes de cada partido.
5 de junio, 2012
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Las carreras de los jugadores de futbol -y eventualmente también su salud- están en riesgo debido al creciente “abuso” de los analgésicos. Así lo considera el director médico de la FIFA, Jiri Dvorak, quien encontró que casi el 40% de los jugadores del Mundial de 2010 tomaron medicamentos para el dolor antes de cada partido. Por ello, antes de la Eurocopa 2012, Dvorak ha instado al mundo del futbol a estar consciente del problema.

El especialista dijo a la BBC que los jugadores más jóvenes están imitando a los mayores al tomar analgésicos con demasiada frecuencia. En la Copa del Mundo de 2010, los médicos de la FIFA solicitaron a los doctores de los equipos que les proporcionaran una lista de los medicamentos que los jugadores tomaran antes de cada partido.

Encuestas realizadas en torneos internacionales anteriores ya habían sugerido que una gran cantidad de jugadores estaba usando analgésicos para el dolor y antiinflamatorios no esteroideos (AINE).

Sin embargo, los resultados del Mundial de Sudáfrica 2010 -publicados recientemente en la revista British Journal of Sports Medicine- muestran que los niveles de uso de esos medicamentos son más altos que nunca, pues según esos datos, el 39% por ciento de todos los jugadores tomó un analgésico antes de cada juego.

¿Qué hay detrás del aumento?

Las cifras varían entre países. En algunos equipos los jugadores tomaban hasta tres medicamentos por partido. Los equipos del continente americano fueron quienes mostraron el mayor uso de medicamentos por partido y por jugador.

“Creo que podemos llamarlo abuso porque los números son demasiado altos”, explicó Dvorak a la BBC.
“Desafortunadamente existe una tendencia a que la ingesta de medicamentos aumente y eso es algo que tenemos que tomarnos muy en serio. Debemos preguntarnos qué hay detrás de eso”, añadió.

Expertos aseguran que la medicación analgésica puede ser particularmente peligrosa en el deporte profesional. Durante un ejercicio de alta intensidad como el futbol, los riñones del jugador están continuamente trabajando y eso los vuelve más vulnerables a los daños provocados por las drogas fuertes.

Dvorak considera que un factor importante en el aumento del uso de analgésicos en el futbol es la presión que existe sobre los médicos de los equipos para que los jugadores lesionados regresen al terreno de juego rápidamente. “Deben realizar el diagóstico y recetar el tratamiento apropiado. Y si transcurre demasiado tiempo para que el jugador se recupere, es posible que los médicos incluso pierdan su trabajo”.

Demasiada presión

El exjugador internacional alemán Jens Nowotny sabe por experiencia propia que la presión es enorme. “Es difícil cuando alguien del club viene y te dice que es importante que juegues, que el equipo te necesita. Se supone que es tu decisión, pero la presión de la gente es imposible de ignorar”.

Foto: GQ

Algunos científicos también coinciden en que la investigación de la FIFA es preocupante. El doctor Hans Geyer, director adjunto de la Agencia Mundial Antidopaje acreditado en el laboratorio antidopaje de Colonia (Alemania) aseguró que se trata de una señal alarmante. “Hemos cooperado con la FIFA y podemos confirmar sus datos. Lo que hemos visto es que muchas veces los atletas toman analgésicos de manera preventiva. Los toman para evitar dolores que pudiesen generarse, para volverse totalmente insensibles. El problema es que si se desactivan los sistemas de alarma que protegen a los tejidos, puede ocurrir una destrucción irreversible”.

Nowotny explica que a los jugadores lo que más les interesa es estar en el terreno de juego. Lesionarse significa que alguien más jugará y recuperar el puesto puede ser muy difícil. En su opinión, los futbolistas están dispuestos a hacer lo que sea necesario para permanecer en el terreno de juego. “Es parte del trabajo. Tal vez sería mejor no tomar calmantes para el dolor, para no ignorar la señal del organismo. Pero es parte del trabajo con el que hacemos dinero”.

No es sólo el futbol soccer

Otros deportes también están llegando a un acuerdo sobre el uso de medicamentos analgésicos. En Estados Unidos, 12 exjugadores de la NFL han demandado a la liga por el uso de la poderosa droga antiinflamatoria de gran alcance, Toradol. Ellos argumentan que el medicamento oculta el dolor provocado por las lesiones en la cabeza, por lo que continúan jugando y terminan sufriendo conmociones cerebrales. Los jugadores aseguran que a veces les pedían que se alinearan -como si fuesen ganado, dicen- para inyectarles la droga, sin importar que estuviesen lesionados o no.

La doctora Tanya Hagen del centro médico de la Universidad de Pittsburgh trabaja con muchos equipos de diferentes deportes y también ha sido consultora de los Acereros (Pittsburgh) Steelers en la NFL durante 10 años. Según ella, la fácil disponibilidad de potentes medicamentos para el dolor contribuye al abuso. “A pesar de que el uso de analgésicos es un tema candente para mí, les garantizo que muchos de los atletas con los que trabajo están tomando AINE sin mi consentimiento, sin que yo ni siquiera se los recete. A veces ni siquiera vemos a los atletas… sólo vienen cuando sienten que se trata de una lesión lo suficientemente grave”.

Daños

Los riesgos del uso de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) no sólo se limita a los riñones y el hígado; también hay preocupaciones sobre su impacto en el corazón.

El doctor Stuart Warden de la Universidad de Indiana es un experto en el uso de estas drogas por parte de los atletas. “Hay un riesgo elevado de que los medicamentos AINE produzcan efectos cardiovasculares secundarios. Ese riesgo aumentará con la duración del uso. Lo mejor sería limitar su uso a lo que el especialista indique: sólo cuando exista dolor agudo o inflamación. Sin embargo, el riesgo de efectos cardiovasculares secundarios dependerá de la existencia de otros factores de riesgo y del tipo de AINE que esté tomando”.

Al doctor Dvorak, no sólo le preocupan jugadores de alto nivel que utilizan medicamentos para el dolor en los torneos como la próxima Eurocopa 2012, sino también -y sobre todo- los jugadores más jóvenes. “El futbol tiene que despertar, los jóvenes están imitando a los mayores. El abuso de AINE se observa en las competencias de menores de 17 años de edad, en algo así como el 16 o 19% de los jugadores. Esto para mí es lo más alarmante. Tenemos que cambiar de actitud. Se trata de un fenómeno cultural debido a que se puede acceder a los medicamentos muy fácilmente”.

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Por qué hace 100 años muchos en EU se negaron a usar cubrebocas contra la gripe española

En el peor momento de la gripe española de 1918 muchos estadounidenses se negaron a usar tapabocas, algo que también está sucediendo este 2020 con la pandemia de covid-19.
9 de agosto, 2020
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Manifestación en Estados Unidos contra el uso de mascarillas

Getty Images
Durante la pandemia de covid-19, se han organizado manifestaciones en contra del uso de mascarillas en Estados Unidos.

Todos hemos visto los titulares alarmantes: los casos de coronavirus están aumentando en 40 estados de Estados Unidos, con nuevos fallecimientos y tasas de hospitalización aumentando a un ritmo alarmante.

Los funcionarios de salud advirtieron que EE.UU. debe actuar rápidamente para detener la propagación o se correrá el riesgo de perder el control sobre la pandemia.

Para controlarlo existe un claro consenso de que se deben usar mascarillas en público y practicar el distanciamiento social.

Si bien la mayoría de los estadounidenses apoyan el uso de tapabocas, el cumplimiento generalizado y constante ha resultado difícil de mantener en las comunidades de todo el país.

Manifestantes se reunieron frente a los ayuntamientos de la ciudad de Scottsdale, Arizona; Austin, Texas; y otras ciudades para protestar contra los mandatos locales respecto a las mascarillas.

Varios alguaciles del estado de Washington y de Carolina del Norte han anunciado que no harán cumplir las normativas de uso.

He investigado extensamente la historia de la pandemia de 1918.

En ese momento, sin vacunas o terapias farmacológicas efectivas, las comunidades de todo el país instituyeron una serie de medidas de salud pública para frenar la propagación de una epidemia de influenza mortal: cerraron escuelas y negocios, prohibieron reuniones públicas y aislaron y pusieron en cuarentena a los infectados.

Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española

Getty Images
Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española que incluyen: “Redadas policiales en bares en la guerra contra la influenza”, “Toque de queda en la ciudad” y “Quien estornude sin taparse será detenido”.

Muchas comunidades recomendaron o exigieron que los ciudadanos usaran mascarillas en público, y eso, no los onerosos encierros, fue lo que provocó la mayor ira.

Por la patria

A mediados de octubre de 1918, en medio de una terrible epidemia en el noreste y brotes de rápido crecimiento en todo el país, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos distribuyó folletos recomendando que todos los ciudadanos usaran tapabocas.

La Cruz Roja sacó anuncios en los periódicos alentando su uso y ofreció instrucciones sobre cómo fabricar mascarillas en casa con gasa e hilo de algodón.

Algunos departamentos de salud estatales lanzaron sus propias iniciativas, sobre todo California, Utah y Washington.

En todo el país, los carteles presentaban el uso de mascarillas como un deber cívico: la responsabilidad social se había incrustado en el tejido social mediante una campaña de propaganda federal masiva en tiempos de guerra lanzada a principios de 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.

barrendero con una máscara en Nueva York

Getty Images
Siguiendo la recomendación de la Junta de Salud de Nueva York, es “Mejor ser ridículo que estar muerto”, un barrendero usa una mascarilla en octubre de 1918.

El alcalde de San Francisco, James Rolph, anunció entonces que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” del uso de tapabocas.

En las cercanías de Oakland, el alcalde John Davie declaró que “es sensato y patriótico, sin importar cuáles sean nuestras creencias personales, proteger a nuestros conciudadanos uniéndonos a esta práctica”.

Sin orden

Los funcionarios de salud entendieron que cambiar radicalmente el comportamiento del público era una tarea difícil, especialmente porque a muchos les resultaba incómodo usar mascarillas.

Los llamamientos al patriotismo solo podían llegar hasta cierto punto.

Como señaló un funcionario de Sacramento (California), las personas “deben ser obligadas a hacer las cosas que son mejores para sus intereses”.

La Cruz Roja declaró sin rodeos que “el hombre, la mujer o el niño que no use mascarilla es ahora un negligente peligroso“.

Numerosas comunidades, particularmente en todo el Occidente del país, impusieron ordenanzas obligatorias. Algunos condenaron a los delincuentes a penas de cárcel breves y las multas oscilaron entre US$5 y US$200.

Juicio en un parque en San Francisco

Getty Images
En San Francisco,los jueces se salieron de las cortes y los juicios se hicieron al aire libre… pero sin mascarillas.

La aprobación de estas ordenanzas fue con frecuencia un asunto polémico. Por ejemplo, el director de salud de Sacramento tuvo que intentar varias veces antes de lograr convencer a los funcionarios de la ciudad de que promulgaran la normativa.

En Los Ángeles, no fue aprobada. Un proyecto de resolución en Portland, Oregón, provocó un acalorado debate en el consejo de la ciudad y un funcionario declaró la propuesta como “autocrática e inconstitucional”, y agregó: “Bajo ninguna circunstancia me pondrán un bozal como a un perro hidrófobo“. La medida no prosperó.

La junta de salud de Utah consideró emitir una orden obligatoria de mascarillas en todo el estado, pero decidió no hacerlo, argumentando que los ciudadanos sentirían una falsa seguridad y relajarían sus cuidados.

A medida que la epidemia resurgía, Oakland debatió una segunda orden de uso de tapabocas después de que el alcalde contara enojado que lo habían arrestado en Sacramento por no llevar una puesta.

Un médico prominente que asistió al debate comentó que “si un hombre de las cavernas apareciera… pensaría que los ciudadanos enmascarados son todos lunáticos“.

Con orden

En los lugares donde las órdenes de usar mascarillas se implementaron con éxito, el incumplimiento y el desafío se convirtieron rápidamente en un problema.

Barbería en Chicago en 1918

Getty Images
En Chicago, solo uno de los barberos de este local usa mascarilla, algo que, en este caso, es imposible para cualquiera de los clientes.

Muchas tiendas que no estaban dispuestas a rechazar clientela, no prohibían el ingreso a los desenmascarados.

Los trabajadores se quejaron de que los tapabocas eran demasiado incómodos para usarlos todo el día.

Una vendedora de Denver se negó porque dijo que “se le dormía la nariz” cada vez que se ponía una. Otra dijo que creía que “una autoridad superior al Departamento de Salud de Denver se ocupaba de su bienestar”.

Como lo expresó un periódico local, la orden de usar máscaras “fue casi totalmente ignorada por la gente; de hecho, la orden es motivo de burla”.

La regla fue enmendada para aplicarse solo a los conductores de tranvías, quienes luego amenazaron con hacer huelga. Se evitó una huelga cuando la ciudad flexibilizó la norma una vez más.

Denver soportó el resto de la epidemia sin ninguna medida que protegiera la salud pública.

En Seattle, por su parte, los conductores de tranvías se negaron a rechazar a los pasajeros sin tapabocas.

Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa máscara, Seattle, Washington, diciembre de 1918.

Getty Images
Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa mascarilla en Seattle, Washington, diciembre de 1918.

El incumplimiento estaba tan extendido en Oakland que los funcionarios delegaron a 300 voluntarios civiles del Servicio de Guerra para conseguir los nombres y direcciones de los infractores para que pudieran ser acusados.

Cuando entró en vigencia una orden de mascarillas en Sacramento, el jefe de policía ordenó a los oficiales: “Salgan a las calles y siempre que vean a un hombre sin tapabocas, tráiganlo o manden a buscar el carro”. En 20 minutos, las estaciones de policía se inundaron de delincuentes.

En San Francisco hubo tantos arrestos que el jefe de policía le advirtió a los funcionarios de la ciudad que se estaba quedando sin celdas en la cárcel. Los jueces y oficiales se vieron obligados a trabajar hasta altas horas de la noche y los fines de semana para despejar la acumulación de casos.

Protestas

Muchos de los que fueron sorprendidos sin mascarillas eran personas que pensaron que podían ir a hacer un mandado o al trabajo sin que los atraparan.

En San Francisco, sin embargo, el incumplimiento inicial se convirtió en un desafío a gran escala cuando la ciudad promulgó una segunda ordenanza sobre tapabocas en enero de 1919, momento en que la epidemia se disparó nuevamente.

Muchos denunciaron lo que consideraron una infracción inconstitucional de sus libertades civiles.

Policía estadounidense con máscara.

Getty Images
La decisión de arrestar a quienes no usaran mascarillas llenó las cárceles de “delincuentes”.

El 25 de enero de 1919 aproximadamente 2,000 miembros de la Liga Antimascarilla hicieron una manifestación para denunciar la ordenanza de tapabocas y proponer formas de derrocarla. Entre los asistentes se encontraban varios médicos destacados y un miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco.

Ayer y hoy

Es difícil determinar la efectividad de las máscaras utilizadas en 1918.

Hoy en día, tenemos un creciente cuerpo de evidencia de que los revestimientos faciales de tela bien confeccionados son una herramienta eficaz para frenar la propagación del covid-19.

Sin embargo, queda por verse si los estadounidenses mantendrán el uso generalizado de mascarillas mientras la pandemia actual continúa desarrollándose.

Los ideales profundamente arraigados de la libertad individual, la falta de mensajes cohesivos y liderazgo en el uso de mascarillas y la desinformación generalizada han demostrado ser los principales obstáculos hasta ahora, precisamente cuando la crisis exige consenso y un cumplimiento generalizado.

Ese fue ciertamente el caso en muchas comunidades durante el otoño de 1918. Esa pandemia finalmente mató a unas 675,000 personas en EE.UU.

Ojalá que la historia no esté repitiéndose.


* J. Alexander Navarro es el subdirector del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee la nota original en inglés aquí.

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

https://www.youtube.com/watch?v=FkdL3esx7t0&t=

https://www.youtube.com/watch?v=Fq8jbuaUW0M

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