La soledad del mejor amigo del Solitario George
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La soledad del mejor amigo del Solitario George

Don Fausto Llerena fue el principal cuidador de la tortuga gigante durante tres décadas.
Por Alejandra Martins BBC
27 de junio, 2012
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Con la muerte del Solitario George, el mundo perdió al último sobreviviente de una subespecie y Ecuador al gran símbolo de las islas Galápagos. Pero don Fausto Llerena perdió a su mejor amigo.

Foto: Dirección del Parque Nacional Galápagos, BBC

Durante tres décadas, Llerena fue el cuidador principal de la tortuga gigante de más de 100 años, último sobreviviente de la subespecie Chelonoidis Abingdoni. Y su devoción al solitario George y a la conservación fue reconocida incluso en el nombre del centro donde habitaba el quelonio, el Centro de Crianza de Tortugas Gigantes Fausto Llerena, en la isla Santa Cruz.

El pasado domingo, cuando el guardaparque de 72 años fue a visitar a su amigo, como solía hacer incluso en sus días libres, notó que no fue a recibirlo como siempre y lo halló muerto en un sitio en su corral.

“Yo estuve cuidándolo desde el año 1983, siempre venía a dar el encuentro”, dijo Llerena a BBC Mundo.

El solitario George tenía una “personalidad compleja”, y sólo “aceptaba hasta tres personas en su corral a un mismo tiempo, si no, se retiraba. Si estaba yo solo era cuando se quedaba más tiempo”.

“Yo sentía mucho afecto por él, incluso lo iba a visitar los fines de semana. Venía a mi encuentro, se paraba enfrente y estiraba el cuello y abría la boca. Y ahí se quedaba parado con la boca abierta un buen momento, con la mirada fija, sin parpadear, como si quisiera decirme algo”.

“Yo lo acariciaba en la cabeza, le daba unas palmaditas y él estiraba más el cuello, y cuando yo salía del corral él se iba al lugar donde descansaba”.

Para Llerena, cuando subía la cabeza y estiraba el cuello, el solitario George “quería comunicar un saludo, darme la bienvenida, como si me preguntara, ¿cómo estás?”.

“¿Qué te pasa?”

El cuidado de la tortuga incluía la limpieza del corral y la laguna donde se bañaba, así como proveer su dieta de vegetales como porotillo y otoy.

Llerena cuidó al solitario George las dos veces en que la tortuga gigante sufrió quebrantos de salud. “Una vez estaba más lento, no se movía, y yo le decía, ¿qué te pasa? Y él sólo alzaba la cabeza y miraba”.

En una primera ocasión un episodio de indigestión fue curado con papaya. “Le dimos primero un cuarto de papaya, luego una mitad y finalmente una entera hasta cuando estaba bien y se suspendió la papaya”.

“Otra vez se le cayo una uña. No se movía, fui a verlo y tenía inflamado el brazo. Los veterinarios le pusieron unas inyecciones y ya se compuso”.

La fascinación de Llerena con las tortugas comenzó a los 12 años, cuando el guardaparque, que había nacido en la provincia de Tungurahua, en el centro del país, llegó por primera vez con su familia a Galápagos.

“Mi ambición era tener una tortuga en mi casa, en aquellos tiempos no había todavía un parque nacional. Yo traje una tortuga y la tuve en mi casa 20 años, hasta que se escapó del corral”.

Llerena conoció al solitario George desde que fue rescatado en 1972 en la isla Pinta, durante una misión para remover cabras, una especie introducida por el hombre que devastó el hábitat de las tortugas.

Se cree que en el pasado existieron cerca de 300 mil tortugas gigantes en las Galápagos, pero fueron diezmadas por piratas que las cazaban por su carne y que introdujeron especies depredadoras.

Desde que fue hallado en la Pinta, George integraba el programa de crianza en cautiverio del Parque Nacional Galápagos, pero no logró dejar descendencia.

“Yo siempre tuve en mi pensamiento que alguna vez se iba a morir pero no se sabía cuando, siempre estaba pensando en eso. Tenía la esperanza de que dejaría un descendiente de él pero no fue así”, dijo Llerena a BBC Mundo.

Los científicos batallaron para evitar la extinción de la subespecie a la que pertenecía la tortuga gigantes y se intentó cruzarlo con hembras de características genéticas similares, como las de la especie del volcán Wolf en la isla Isabela.

Pero la tortuga se tomó su tiempo. Sólo después de 15 años de contacto con las hembras Jorge se apareó con una de ellas, pero los huevos no fueron fértiles.

El legado de George

El solitario George murió sin dejar descendencia, pero no sin dejar un gran legado para la lucha por la conservación de especies.

“Hay que ser fuerte y continuar con el mismo ánimo nuestro trabajo porque aquí hay muchas tortugas, tenemos 70 adultas y más de mil pequeños, entonces no tenemos que decaernos. Tenemos que coger más fuerza porque tenemos más especies que recuperar. No están perdidas todavía pero si nos descuidamos puede suceder algo grave con esas especies, todavía están en peligro”.

Llerena cree que la muerte del solitario George es una pérdida no sólo para Ecuador sino para todo el mundo y tiene un mensaje especialmente para la juventud. “Tenemos que tener más conciencia sobre las especies naturales, especialmente aquí en Galápagos”.

El guardaparque no oculta su sensación de soledad. “Yo le tenía mucho cariño, la primera visita al centro siempre era a él, y ahora ya no hay quien reciba”.

“Siento como que se ha ido el mejor amigo, hay un vacío y me da mucha pena, especialmente cuando veo las fotos. En mi corazón es como que no estoy convencido que se ha muerto”.

“Pero hay que resignarse y seguir adelante y tener al solitario George siempre en el corazón y en el pensamiento toda una vida”.

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5 factores que predicen el éxito de las relaciones de pareja (y por qué el amor no es uno de ellos)

Científicos siguen tratando de encontrar el secreto de la felicidad en las relaciones de pareja.
19 de septiembre, 2020
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Puede que el corazón tenga razones que la razón no entiende, pero eso no les ha impedido a los científicos seguir tratando de encontrar el secreto de la felicidad en las relaciones de pareja.

Y gracias a la ayuda de la inteligencia artificial un equipo internacional de 85 investigadores cree haber identificado los principales factores detrás de una relación satisfactoria.

El estudio -el más extenso de su tipo a la fecha- utilizó algoritmos de aprendizaje automático para analizar los casos de casi 12.000 parejas contenidos en 43 bases de datos de 29 laboratorios diferentes.

“Básicamente analizamos toda la información que pudimos encontrar sobre el tema”, le dijo a BBC Mundo Paul W. Eastwick, profesor de psicología de la Universidad de California (EE.UU.) y uno de los coordinadores de la investigación.

Y una de sus principales conclusiones es que las características individuales no son tan determinantes a la hora de predecir el éxito de una relación como los juicios que uno se hace sobre esta.

De hecho, según el estudio, no hay nada más importante para la bienandanza de una relación que la convicción de que el otro integrante de la pareja está comprometido con la misma.

Otro predictor importante es el nivel de intimidad: en palabras de Eastwick, “esa sensación de que tu pareja te entiende y que realmente entiende quién eres”.

Y entre las cinco principales “predictores específicos a la relación” también están el nivel de gratitud o reconocimiento, la propia satisfacción sexual y la percepción de satisfacción con la relación que tenga el otro miembro de la pareja.

Mujer enamorada

Getty Images
Curiosamente, el amor no está en el “top 5” de los factores de éxito.

“Los propios juicios de las personas sobre la relación en sí, como cuán satisfechos y comprometidos sentían que estaban sus parejas, o cuán agradecidos se sentían hacia ellos, explicaron aproximadamente el 45% de su satisfacción“, es el resumen de los principales hallazgos del estudio publicado en la edición de agosto de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, PNAS.

En contraste, las diferencias individuales solamente dieron cuenta del 21% de la satisfacción en las relaciones analizadas.

Factor distal

“Los predictores individuales tienen que ver con lo que uno piensa sobre sí mismo y, en principio, son independientes a cualquier relación; por ejemplo, eso que acostumbramos llamar personalidad o las ideas abstractas que uno puede tener sobre cómo le gustaría que fuera su pareja romántica”, explica Eastwick.

Pareja

Getty Images
Lo que uno piensa de uno mismo no es tan importante como lo que piensa del otro.

“En contraste, los predictores específicos a la relación son constructos que requieren que pensemos en una persona en particular, usualmente nuestra pareja: esta es una persona en la que puedo confiar, alguien a quien quiero, alguien que me aprecia… Y tienen dos o tres veces más impacto a la hora de predecir qué tan satisfecho se está con la relación que las diferencias individuales”, le dijo a BBC Mundo.

Esto no significa que las diferencias individuales -que incluyen entre sus principales predictores satisfacción con la vida, negatividad, depresión y problemas de apego– no juegan un rol en la felicidad de una pareja.

Pero, como explica Eastwick, lo hacen sobre todo mediando la propia experiencia y condicionando el juicio que uno se puede hacer de la relación, que es lo que termina importando.

“Por ejemplo, si soy un misántropo entonces lo más probables es que no confíe en la gente y por lo tanto no pueda ser feliz en mi relación”, ilustra el profesor de la Universidad de California en Davis.

Pero para el éxito de la relación el factor clave no es tanto la misantropía, que sería un factor distal, como la confianza, un predictor importante que, como el amor, no alcanzó en el “top 5” pero sí en el “top 10” en términos de importancia.

¿Fue esa relativamente baja clasificación una sorpresa para los investigadores?

Amor

Getty Images
El amor es lo que se busca.

“Al amor de hecho le fue muy bien, lo que pasa es que es algo tan parecido a la satisfacción, a lo que estábamos tratando de predecir, que en muchos casos no lo incluimos siquiera como candidato”, explica Eastwick.

“En otras palabras, no es que no importe, es que es esencialmente lo que estábamos buscando“, le dice a BBC Mundo.

Y el psicólogo también insiste en que el hecho de que el estudio hable de “predictores” no significa que se sientan capaces de predecir el futuro.

“No somos adivinos”, dice. “Pero los aspectos de las relaciones que destacamos son cosas en las que uno puede trabajar y mejorar y así mejorar su relación en el presente”, concluye.


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