"Tanta muerte", una entrevista con Carmen Boullosa
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"Tanta muerte", una entrevista con Carmen Boullosa

30 de junio, 2012
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En 1921, el poeta Ramón López Velarde se preguntaba, ¿quedará prudencia a la nueva patria? La respuesta fue pesimista: el país se renueva ante los estragos y ante millones de pobladores que no tienen otros ejercicios que los de la animalidad. Esa brutal virtud de la palabra inesperada es retomada por la poeta Carmen Boullosa en su libro “La patria insomne” (Ediciones Hiperión 2011). Es un largo poema fragmentado que navega entre la angustia y el dolor que provocan más de 60 mil muertos de esta guerra contra el narcotráfico.

Insomne.

A Carmen le ahoga la sangre que corre por las calles de México. Escucha desde Nueva York el aullido de la Patria: las desapariciones, las decapitaciones, las cabezas trocadas, los dedos mutilados.

¿Pero a dónde vas?
Entre los humos de una guerra entre todos,
en la que nadie
sino mercenarios
participa
-las balas que vuelan no tienen convicciones,
son de paga federal, estatal, o de este capo o el otro
etcétera…
Ráfagas a sueldo-,
te nos escapas, Patria en fuga.

La escritora chilanga estaba sentada en su escritorio y una llamada de su hermano mayor provocó que el poema saltará tras de ella, no fue una decisión sino una revelación. Todos los días que leía los periódicos encontraba una noticia más escalofriante que la anterior. Escuchaba voces de otros colegas para entender mejor la realidad mexicana, pero no la comprendía del todo. Sin embargo, tenía la certeza de que su Patria se hundía en la catástrofe.

Los dos bandos,
a punto de ser o de ya no ser
disueltos por la jauría,
resisten,
¡sus trincheras!
Ya nadie tendrá territorio.
Ni piel siquiera.
La batalla se extiende.
Es ciega.

Agarró su libreta ante el horror que le comentaba su hermano mayor, la volteó al revés, tomó la contraportada y comenzó a escribir ese largo poema recurriendo a López Velarde, José Gorostiza, Manuel José Othón Agustín Lara, a las leyendas de la fundación de Tenochtitlán, al Himno Nacional y al mundo imaginario de su infancia.
“Cuando quedó lo guardé en un cajón porque no fue una propuesta mía, fue una necesidad para no quedar hecha añicos. Lo que ha pasado en México me ha lastimado de manera irreversible. Mi patria -que es una cuna, mi mundo social en el que crecí- está en llamas, en una asfixia. Ya no era un refugio, un sentido, un sentir de pertenencia a una comunidad. Es una catástrofe”.

-Llegaste a Nueva York en 2001, ¿cómo percibes la realidad nacional desde la distancia?

Te voy a responder de una manera irresponsable: es más fuerte desde afuera porque vivo en el ansia y en la angustia de México. Es una respuesta irresponsable porque yo no vivo en Monterrey, ni en ciudad Juárez, no soy un joven cuya vida está en riesgo todos los días. Soy una persona que llega a un departamento en Coyoacán, me queda cerca el mercado, es una situación de privilegio. Decir que es más doloroso estando afuera pues lo digo porque no soy la madre de un desaparecido, porque a mí no me han secuestrado, porque no he perdido un hijo o un hermano, porque no he perdido amigos cercanos, porque en mi calle no hay ráfagas de “cuernos de chivo”.

-Precisamente en la presentación del insomnio preguntas quién va ganando la batalla…

El mal va ganando la batalla. Honestamente no sé si hay estrategia posible en manos de México, lo último que desearía es que Estados Unidos nos envíe a los Marines, no gracias. Ya nos mandaron la fabricación y el tráfico de drogas que consumen ellos. Nosotros tenemos los decapitados y los destazados. Ellos la fiesta y el placer, que para eso son las drogas, no estoy en contra de eso. El problema es que son ilegales. El problema es que no pasa nada allá y acá hay una violencia enorme, es algo todavía inimaginable aunque sea una realidad contundente. Llevamos cuántos cadáveres, cuántos desaparecidos y esto no parece tener fin. No he leído una propuesta clara, pero es que no está en manos de México una solución, es terrible. Por eso hay una exasperación colectiva.

-¿Por qué recurriste a la poesía para expresar este dolor?

Lo lógico hubiera sido escribir un ensayo, pero para hacer un ensayo uno tiene que tener la idea completa y yo no la tengo. Y para escribir un cuento, una novela o una obra de teatro tiene que haber una coherencia, un principio, un cuerpo, un desarrollo y un final. En todo eso hay una captura de la realidad, un ordenamiento y todo hace sentido. El escribir el poema para mí todo no hacía sentido, todavía.

Carmen Boullosa.

-El escritor Jordi Soler explica que le parece irresponsable firmar ciertos manifiestos contra la violencia cuando él vive en Barcelona, ¿compartes esta visión desde NY?

Toda visión es respetable. Yo sólo firmo cuando sé de qué se está hablando. Hay cosas de las que tampoco quiero estar fuera, pero si siento que tengo “menos pelos de la burra en la mano”, mejor no lo hago. Por otra parte, ya perdí la fe que tenía cuando cumplí 30 años. Honestamente ya no tengo ninguna fe, mi única fe está en que la ciudadanía deje la pasividad y participe colectivamente. Para mí eso ha sido una lección vivir en NY. Ver la manera en que todo mundo se involucra en la vida comunitaria -que al principio me pareció un fastidio- y ahora comprendo que es la única manera de construir un mundo habitable. Papá gobierno no sirve para nada, ni menos los últimos que hemos tenido, han conducido al buey a la barranca. También, en parte, es cosa de la edad, no es la distancia, es cuestión de edad y no estar enterada bien de todo. Ahora lo que sé es que la catástrofe es muy grave y muy grande. El pasado proveyó las estructuras para que la catástrofe floreciera.

Sicilia, #Yo soy 132 y NY

Carmen viste de negro, mira y medita. Su manía preferida es peinarse su cabello largo que le llega a la cintura. Llegó a Nueva York en 2001 gracias a una beca del Cullman Center Institute y también porque su hija iba a estudiar teatro en la Gran Manzana. Fueron tiempos difíciles tras los ataques terroristas pero pocos años después conoció al destacado historiador, Mike Wallace, quien actualmente es su esposo.

La premio Xavier Villaurrutia 1989 fue profesora visitante o distinguida de Columbia University, City University of New York y Cátedra Andrés Bello de NYU. Todo se fue dando de manera natural, no tenía la ambición de triunfar porque llegó con un proyecto definido de seguir escribiendo. En el 2005 la invitaron a formar parte de CUNY TV, un programa de televisión para celebrar la existencia de un Nueva York en español. La ciudad es muy competitiva y eso le gusta porque le ha ayudado a crecer como persona.

“El gancho número uno en NY eran las bibliotecas que son formidables, pero lo siguen siendo los museos, el vértigo del cine, la ópera y los amigos. Yo no me fui con el deseo de conquistar ninguna Gran Manzana”.

-¿Qué opinión tienes del movimiento que encabeza el poeta Javier Sicilia?

Javier Sicilia es todo un personaje, es un poeta católico, un ensayista, antes era un activista. Recuerda cómo terminaba sus textos en Proceso o en La Jornada: “Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés”. Lamentablemente le ocurrió la tragedia de la perdida de su hijo, que es lo peor que le puede pasar a alguien. Él en lugar de encerrarse en su propio dolor creó un movimiento con una respuesta enorme. Lo que más me gusta de su movimiento es que es apartidista, ciudadano y que él tiene una sobriedad moral. Por el otro lado, lo que me preocupa es que no tenga el suficiente olfato político para saber cosechar algo que enriquezca estructuras, y que no sea sólo una protesta. No sé si está en él. Javier encabeza a las familias de las víctimas y a las víctimas. Lo veo con respeto y me asombra la repercusión que ha tenido el Movimiento por la Paz.

-¿Simpatizas con el movimiento #Yo Soy 132 que surgió en la Ibero?
Yo fui a la Ibero un año y es raro porque los estudiantes de esa universidad siempre estaban al margen. Escuché a los jóvenes explicando que les habían quitado carteles y lo que les enfureció fue la postura de Enrique Peña Nieto sobre el caso Atenco. Me cayeron muy bien. No debió contestar Peña Nieto, fue un error político de su parte. Él tenía que haber comprendido que uno no se enorgullece de un crimen y que esos no fueron errores sino asesinatos. De un crimen a un error, hay un abismo. Vi a los jóvenes con simpatía y más porque a la Ibero se le sumaron chicos del ITAM, UNAM, Poli y UAM. Me parece muy alentador porque es una nueva generación que dice: “Nosotros no somos desechables”. Se sacrificaron dos generaciones en México, los dejamos sin oportunidades, las promesas no se cumplieron… “A nosotros no nos va a pasar”, eso están diciendo. Lo que me gusta de ellos es que es apartidista y lo interesante es que se haga realidad una voz democrática. Me caen muy bien y simpatizo con los jóvenes.

-Por otra parte, ¿hubo sueños incumplidos de tu generación?

Muchísimos. Pero para empezar te voy a decir lo siguiente: mi generación somos lo inmediato del 68, tenía 14 años. Todavía no estaba en la universidad, además había ido a una escuela de monjas. Me tocó estar un poco distante. Vi en la TV que no pasaba nada, supe que sí sucedía algo porque mi madre, que estaba en la universidad, iba a las manifestaciones. Vi la restricción de los medios porque recibíamos en casa Excélsior. Mi generación fue una generación que arrancamos sin sueños porque los del 68 habían sido reprimidos y despojados. México parecía un país que iba hacia arriba, me acuerdo la primera vez que fui a Europa de jovencita y lo pobre que me parecieron algunas ciudades europeas en comparación con México. Teníamos una sensación de que era un país con futuro y en ese barco nos subimos. Todos éramos poetas en mi generación, es lo que describe Roberto Bolaño perfectamente en “Los detectives salvajes”. Algún raro quería ser cineasta o actriz. Había una confianza de que íbamos a tener un mundo en crecimiento y eso no pasó. Y ese sueño que tuvimos no ocurrió.

Carmen se enrolla su cabello y dice que Nueva York es formidable. Siempre es el tema a discutir cuando está en casa con su marido y sus amigos, ya que tienen una pasión loca por “La ciudad que nunca duerme”. Pero su primera ciudad y la favorita es la ciudad de México, donde de niña llenó sus pulmones de chocolates y dulces, al calor de la estufa.

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Coronavirus y teletrabajo: 5 modelos de 'oficina del futuro' que están emergiendo gracias a la pandemia

La pandemia es "una enorme oportunidad" para cambiar el diseño de las oficinas del futuro, opinan algunos especialistas. ¿Cómo se están transformando nuestros espacios de trabajo?
4 de octubre, 2020
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Oficina con mascarillas y distancia social

Malte Mueller/Getty Images

¿Es la oficina, tal y como la conocíamos hasta ahora, una reliquia del pasado?

David Mott, un inversor de capital emprendedor se hace esa pregunta mientras reflexiona sobre la pandemia. Cree que el nuevo coronavirus nos ha brindado una “enorme oportunidad para un cambio histórico real” y para “reinventar el concepto de oficina”.

Mott, socio fundador de Oxford Capital, una firma de inversiones inmobiliarias en Londres, Reino Unido, dice que en muchas de sus reuniones de los últimos meses ha debatido con su equipo sobre cómo serán los espacios de trabajo de aquí en adelante.

“Y no solo mi empresa, sino muchos de nuestros clientes -empresas de todo tipo, dentro y fuera de Reino Unido- se plantean cuál es el futuro del trabajo“, le cuenta a BBC Mundo.

Él asegura que “la covid-19 ha cambiado las normas”.

La oficina, dice Mott, “ya no es el lugar en el que se espera que pasemos turnos fijos con rígidos horarios de reuniones. La mayoría de las personas que trabajábamos en una oficina podemos hacer el trabajo desde casa, desde un café, desde la casa de un amigo o desde un sitio de coworking“.

“Por supuesto, para algunas profesiones, la ubicación es fundamental. Pero los trabajadores de oficinas estamos viendo una página en blanco. Tenemos una oportunidad increíble para redefinir la manera en la que trabajamos y reescribir las normas“.

Distancia social

Luis Alvarez/Getty Images
La distancia social es algo instaurado en muchas oficinas de todo el mundo.

Pero tenemos que hacerlo bien, dice él. “Necesitamos herramientas digitales que nos ayuden con esto”.

Mott, apasionado del tema, hizo su propia investigación, y llegó a la conclusión de que hay al menos cinco modelos nuevos de oficinas que están emergiendo en el mundo. “Y puede que surjan más”.

Veamos cuáles son…

1. La oficina totalmente remota

“Hemos abierto los ojos a las maravillas del trabajo remoto. Zoom y otros sistemas de videollamadas no son perfectos, pero nos han liberado de la oficina. Los nómadas digitales, ya lo estaban haciendo, y ahora nosotros aprendemos de sus experiencias. Yo mismo lo hice viajando por Asia y sentí la confianza de que este sistema puede funcionar”, explica Mott.

“Es una posibilidad real para muchos negocios, pero requiere un arduo trabajo y mucha tecnología para que funcione bien”, explica el especialista, que sugiere opciones como Slack o Facebook Workplace.

“Se trata de buscar herramientas sociales para que la gente pueda interactuar”.

“Una de mis empresas comenzó a trabajar de manera totalmente remota y han establecido un ‘comité social‘, un pequeño grupo encargado de hacer que el trabajo sea más humano, cercano y divertido, organizando noches de pizza online y experiencias reales que la gente pueda compartir”.

“Yo mismo participé en una cata de chocolates a través de Zoom. Todos lo recibimos por correo correo y nos reunimos unas 20 personas con un experto que nos iba explicando. ¡Fue una experiencia increíble!”

Mott cree que el principal reto de este modelo es la falta de contacto con el equipo.

Trabajo remoto

Alistair Berg/Getty Images
El trabajo remoto tiene muchas variantes.

Por otro lado, Mott explica que este modelo tiene como una de las principales ventajas la posibilidad de hacer nuevas contrataciones en lugares lejanos, “de expandir el talento”, además de ahorrar en costes.

“Todos estos modelos de oficina tienen pros y contras”, añade.

2. El modelo híbrido

Consiste en trabajar uno o dos días a la semana en la oficina y el resto de forma remota.

“Es el que hemos decidido aplicar en mi empresa”, dice Mott. Su compañía tiene 18 oficinas repartidas en Reino Unido, en las que han diseñado algunos espacios comunes y otros individuales, adaptados a las circunstancias.

Es un modelo por el que también apuesta Marco Minervini, investigador de diseño organizacional en la escuela de negocios INSEAD en Singapur. Se trata de combinar el trabajo a distancia con el trabajo de oficina, dice él. Aunque también advierte que podría acentuar algunas desigualdades entre trabajadores -por ejemplo, en función de su conexión a internet o su situación familiar-.

Nicholas Bloom, profesor de economía en la Universidad de Stanford especializado en trabajo remoto, le dijo a la BBC que dos días de trabajo en casa por semana son óptimos para lograr un equilibrio entre la vida personal y profesional, reduciendo el estrés y el tiempo de traslado.

Sin embargo, no funciona para todo el mundo, sobre todo para quienes prefieren tener una rutina más establecida.

3. Modelo remoto “plus”

Una semana en la oficina, seguida de tres semanas trabajando de forma remota.

“Esto permite a las personas vivir más lejos, pero hacer el esfuerzo de pasar tiempo trabajando junto a su equipo aproximadamente una vez al mes”, cuenta Mott.

Espacio de oficina dividido

SDI Productions/Getty Images
En algunas empresas solo se permite ir a la oficina a un número excepcionalmente limitado de empleados (y con mascarilla).

No es el modelo más extendido, pero algunas grandes empresas, como Estee Lauder, se lo plantearon a sus trabajadores durante la pandemia, y pronto lo empezarán a aplicar.

“Nos preguntaron qué modelo era el que preferíamos y al final esa fue la opción”, le cuenta a BBC Mundo Carolina Salvador, coordinadora de comercio electrónico en la sede de Londres de la multinacional.

“En noviembre esperamos reabrir la oficina de Londres, pero solo dos plantas, con comedor y cocina cerrados y sin espacios compartidos. Será obligatorio el uso de mascarilla y tendremos que reservar un sitio en la oficina antes de ir. El número máximo de plazas son 100 personas”.

Ella dice que considera que trabajar desde casa “tiene muchísimas ventajas, pero también estar en la oficina y en contacto con los compañeros. Yo no soy menos productiva por trabajar tres semanas desde casa, pero sí es cierto que ir esa semana a la oficina puede ser bueno para el trabajo en equipo”.

4. Hub & Spoke

Este modelo toma su nombre de un paradigma de distribución radial, que se expande desde el centro, como una especie de “radios” o rayos de sol.

Consiste en que la empresa “se expanda, con oficinas remotas en otras ciudades o países para aprovechar las habilidades locales”, explica Mott.

“Si por ejemplo, 10 colegas viven en la misma zona, pueden socializar de forma más frecuente en esos espacios o poner en práctica el concepto WFA (trabaja desde donde quieras por el tiempo que quieras)”.

Es digamos, una variante de la oficina híbrida con opciones más locales, según la distribución del equipo.

5. Tiempo de calidad

Este quinto modelo tiene que ver con las empresas que priorizan la calidad de producción, sin supervisar tanto el tiempo de trabajo: no importa que los empleados trabajen de 9 de la mañana a 5 de la tarde; cada persona es diferente y tiene sus compromisos. Lo importante es el trabajo resultante.

Midiendo la temperatura de los empleados

Luis Alvarez/Getty Images
Por increíble que parezca, estamos normalizando esta imagen.

“Ofrece una flexibilidad para adaptar el trabajo a otros compromisos, en lugar de supeditar la vida familiar a los compromisos laborales”, resume el inversor.

“La otra cara de la moneda del trabajo flexible es que debemos realmente confiar en nuestros colegas y empleados. Cuando la gente está en casa, no sabemos lo que hacen en cada momento. Por eso este modelo necesita que se haya desarrollado un alto nivel de confianza“.

“¿Pero a quién no le gusta que confíen en su trabajo? Yo tampoco estaría feliz en mi organización si no confiaran en mí”.

Pero.. ¿y la oficina “del pasado”?

“Cuando comencé a reflexionar sobre esto me pregunté: ¿qué es una oficina?”, le explica Mott a BBC Mundo.

Si echamos la vista atrás, vemos que la primera oficina fue creada el 31 de diciembre del año 1600 por la Compañía Británica de las Indias Orientales. En ella, filas de empleados llevaban la contabilidad y la administración de la empresa.

“El modelo no ha cambiado mucho”, dice Mott. “Pasaron cientos de años y vemos cómo siguió siendo todo prácticamente igual”.

Las nuevas tecnologías impulsaron cambios en la forma de trabajar y en la productividad, pero no tanto en los espacios de trabajo. Primero fueron las máquinas de escribir y las fotocopiadoras, más tarde llegaron las computadoras.

Pero la rutina en la oficina seguía siendo más o menos la misma.

Mott dice que su abuelo trabajó en IBM cuando las máquinas de escribir electrónicas comenzaban a cambiarse por computadoras. Y él mismo empezó su carrera sumando columnas de números escritas a mano con calculadora, antes de que llegaran las tablas de Excel y las computadoras.

Luego llegó internet.

“Por supuesto, la revolución digital cambió mucho las cosas en los últimos 10 o 20 años. Algunas empresas como Google, Facebook o Bloomberg invirtieron en oficinas realmente modernas e innovadoras -los más cínicos dicen que fue para que la gente se quedara más tiempo en la oficina- pero eso ya es cosa del pasado”, considera el inversor.

El verdadero cambio, según él y otros especialistas en el campo, viene ahora, con la pandemia.

Limpiando el teclado en una oficina

Basak Gurbuz Derman/Getty Images
Nuevas rutinas de oficina…

“El hábito de ir a trabajar todos los días a una oficina se ha visto alterado, y cuándo un hábito se rompe es cuando se puede crear uno nuevo. La era del escritorio permanente ha acabado“, resume Mott.

El Chartered Institute of Personnel and Development, una asociación de recursos humanos con base en Londres, prevé que la mayoría de las oficinas mantendrán sus oficinas física.

Pero eso no quiere decir que la forma de trabajar no vaya a cambiar, le dijo recientemente a la BBC Peter Cheese, director de esa organización: “La pandemia está obligando a pensar de manera diferente a los empleadores sobre la viabilidad de permitir a sus empleados trabajar de forma flexible”.

“Estamos viviendo un momento de cambio real en el mundo laboral impulsado por una crisis existencial”, explicó Cheese.

Y ese cambio pone a los empleados en el centro de decisiones estratégicas como nunca antes.


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