Londres 2012: el arte urbano transforma Londres en una galería a cielo abierto
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Londres 2012: el arte urbano transforma Londres en una galería a cielo abierto

La BBC de Londres presenta estas imágenes del arte urbano en la ciudad sede de los Juegos Olímpicos.
16 de julio, 2012
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El británico Codefc tiene como marca registrada crear imágenes de personas con cámaras en lugar de sus cabezas. Él le dice a BBC Brasil que la idea de crear esa "firma" estuvo influenciada por su trabajo anterior, que involucraba el uso de video. La obra que se muestra en esta imagen, ubicada en Fashion Street, en el este de la ciudad, es parte de una serie sobre los Juegos Olímpicos de Londres. (#Codefc)La obra pintada por los artistas del colectivo cultural End of The Line es un homenaje al francés Jean Giraud, más conocido como Moebius. La obra reproduce el universo temático del artista de comics de fantasía y ciencia ficción. //FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.ukEl británico Stik ha dibujado obras en Londres con sus típicos personajes que tienen muy pocos rasgos. Esta obra en Brick Lane contó con el consentimiento de los propietarios locales. //FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.ukEsta es una de las imágenes con más leyendas en la historia del arte urbano de Londres. Originalmente se trataba de una creación del famoso Banksy, que muestra a tres niños izando una bolsa de plástico del supermercado Tesco como si fuera una bandera. La imagen, ubicada en la pared de una farmacia de Essex Road, en el norte de Londres, había sido protegida por una tela de plástico transparente. Pero el grafitero Robbo, que tiene una larga disputa con Banksy, manipuló la obra original y la firmó con su nombre. //FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.uk

Esta imagen de The Beatles, que ocupa una pared del barrio de Holborn, cerca del Museo Británico, fue hecha a plena luz del día, como cuenta el diseñador Joseph Epstein, que registra imágenes de arte callejero en Londres y las publica en su página web LDNGraffiti.co.uk. //FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.ukEl francés Invader se volvió famoso por crear mosaicos con los alienígenas del juego Space Invaders. Sus obras ya fueron halladas en ciudades importantes como Sao Paulo, Ginebra, Nueva York, Tokio y Mombasa, además de Londres, obviamente, donde su alienígena ya posó en diferentes espacios públicos. En la foto aparece en un edificio en Rathbone Place, Hanway Street, en el centro de Londres.//FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.ukEl británico Ben Slow, que vive en Londres, dice que trata de retratar el ambiente urbano y las “personas que viven en la ciudad que amo”. En esta obra sin título, en Hanbury Street, en el este de la ciudad, cerca de Brick Lane, él pone a un skinhead al lado de un musulmán de origen asiático, como una forma de destacar los extremos de la vida urbana británica. //Foto: BBC BrasilEste pájaro creado por el belga Roa es “vecino” de la obra de Ben Slow en Hanbury Street, lo que refuerza la reputación del este de Londres como el centro principal del graffiti y el arte urbano. La marca registrada de Roa son sus impresiones enormes de animales en blanco y negro. Las calles de varias ciudades le han servido de lienzo, pero él prefiere el este de la capital británica, como Shoreditch, Brick Lane y Hackney.El arte callejero es tan fuerte en la zona de Brick Lane que incluso las empresas locales se han rendido ante él. La dupla de artistas Mallary y Mr Penfold pintó esta obra en la puerta de una tienda con el consentimiento de su propietario, como cuenta el diseñador Joseph Epstein. Pero esta no siempre es la práctica. “El estatus del graffiti y del arte urbano varía de acuerdo con cada gobierno local. Algunos pintan sobre los trabajos y sancionan a sus autores”, dice. //FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.ukLa obra del artista Zadok, aún incompleta, empezó a ser creada durante el “Encuentro de Estilos” de 2011. Se trata de un festival anual realizado por el colectivo End of The Line, que reúne a graffiteros y artistas urbanos de diferentes estilos en un mismo espacio llamado The Studios, situado en el barrio de Islington, en el norte de la ciudad. En ocasiones, los visitantes pueden escuchar música y ver nuevas obras. //FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.ukEl arte callejero forma parte del paisaje de la ciudad y le da color a una capital que acostumbraba a ser descrita como gris y sombría. Esta foto fue tomada en Great Eastern Street y todos los graffitis mostrados fueron realizados con el consentimiento de los propietarios locales. //FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.ukLa crítica política también es un tema constante de los artistas callejeros, sobre todo para los londinenses. Esta obra, de autoría desconocida, presenta un cartel con la cara del magnate Rupert Murdoch con las palabras “Qué Jeremy Hunt”, un juego de palabras entre una palabra obscena en inglés y el secretario de cultura británico, Jeremy Hunt, acusado de haberse beneficiado del grupo mediático de Murdoch.//FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.ukLa llamada Pared de la Fama, en Stockwell, en el sur de Londres, es un tradicional bastión de varios graffiteros. Los jóvenes artistas acostumbran a pintarla cada semana. De acuerdo con Joseph Epstein, en la pared están reunidos algunos de los mejores artistas de la ciudad. El fragmento acá mostrado reúne obras de Snatch, Zaki, Aroe, Jadell y Twesh. //FOTO: Joe – LDNGraffiti.co.uk

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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