Los nuevos valores y deberes del periodismo en la era digital
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Los nuevos valores y deberes del periodismo en la era digital

Gumersindo Lafuente, director adjunto del diario español El País, habla de la relevancia que toman las redes sociales en el periodismo y ese gran canal que abre entre la audiencia y el medio
Por Luis Castrillón
29 de julio, 2012
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Gumersindo Lafuente, director adjunto de El País. // Foto: Especial

Con el impacto de Internet en los medios de información, lo que para algunos es un temor debe entenderse más bien como la oportunidad de reivindicar el periodismo y hacerlo necesario en forma permanente en un ecosistema comunicación donde cualquier que esté conectado puede producir, gestionar y propagar datos.

De ahí que también sea importante regresar a los valores básicos del periodismo como escuchar a la audiencia que dejó de ser pasiva y ahora pude incidir en la agenda de temas y convertirse en una estructura de control social de los medios, asegura Gumersindo Lafuente, adjunto al Director del periódico español El País.

Con más de 12 años en el periodismo en Internet, pasando también por ElMundo.es, y Soitu.es, para Lafuente es claro que un periodista enfrenta riesgos en ese entorno, como el exceso de credibilidad en lo que circula por la red de información. En eso incluso es contundente: “Creerse a pie juntillas lo que está en Internet o en Twitter o en Facebook es de una inocencia que no es precisamente el atributo que debería tener un periodista”.

En una charla con Animal Político, no falta el análisis de la discusión central para muchos en el tema: si el periodismo sobrevivirá entre la superabundancia de información y la posibilidad de los ciudadanos de convertirse en informadores.

“Yo creo que no sólo va a sobrevivir. Va a mejorar su compromiso con los lectores, con la sociedad. La potencia de Internet va poder ayudarnos a hacer eso”, afirma Lafuente.

La red puede ser una fuerte herramienta como bien social, por eso el periodismo puede utilizarla para cumplir su función, su deber básico.

GL.- Claro, el sentido clásico del periodismo era ejercer la intermediación entre los poderes y los ciudadanos; lleva, de alguna forma, por delegación, un control a los mismos poderes. Pero hemos visto que probablemente en todos los países, no sólo en España o México, no todos los medios y no todos los periodistas cumplían esa misión. Muy al contrario, estando están más cerca del poder que de la gente.

Creo que este nuevo escenario digital ofrece a los ciudadanos herramientas de control social también del trabajo de los periodistas. Eso nos obliga a replantearnos el compromiso que probablemente no todos, pero sí algunos y en algunas ocasiones, habíamos olvidado.

Cómo que se nos había perdido la agenda, nos olvidamos de los ciudadanos. Se volvió más importante si tal político o empresario nos lee, si la competencia nos lee.

GL.- Claro, porque el ciudadano era un sujeto pasivo y ahora, con el acceso por parte de cualquier persona a la posibilidad no sólo de leer, sino de publicar y de influir, tiene posibilidades de que su voz sea escuchada, de hacer un control real de los periódicos y de los periodistas.

Eso nos plantea problemas dos sentidos: los que tienen que ver con cómo se establece el negocio y además aquellos retos desde el punto de vista profesional. Ahora de ninguna manera podemos ignorar a las audiencias. Eso no significa que tenemos que hacer lo que la gente nos diga, pero sí tenemos que escuchar lo que nos quiere decir…

Tenemos que darles ese espacio, finalmente

GL.- Efectivamente. Tenemos, de alguna forma en la sociedad, una situación privilegiada. Corremos riesgos, y especialmente en un país como México es lamentablemente así en determinadas zonas, pero también estamos protegidos por algunas leyes específicas para ejercer nuestro trabajo, porque se supone que es una labor que tiene una parte de servicio público. Yo creo que esa parte probablemente se había olvidado y este nuevo ecosistema tecnológico nos lo recuerda todo el rato. No podemos olvidarlo ya más.

Pero con los cambios podemos estar frente a la computadora revisando los cajones de comentarios de una nota y también se pude volver un poco abrumador.

GL.- No se trata de estar charlando con todo el mundo, pero sí de admitir que entre la audiencia hay personas que sobre asuntos determinados pueden llegar a saber mucho más que los medios y los periodistas y que nos pueden ayudar a mejorar la construcción de nuestras historias, a ser más rigurosos. Nos podrían corregir errores, pero también darnos pistas para que cubramos nuevos caminos que completen las historias que estamos contando.

Eso solo lo podemos hacer leyendo los comentarios de las noticias, pero también persiguiendo su rastro: la vida que las noticias tienen fuera de los medios, porque viven en las redes sociales. En ese entramado que es Internet, que es muy extenso y en el que las noticias son recomendadas, criticadas, matizadas o alabadas…

Esas críticas o comentarios son parte de un diálogo social que también puede irse a enjuiciamientos, como ocurre con los que se han hecho en México sobre la forma en la que algunos corporativos de medios informativos manejaron el tema electoral.

GL.- Los periodistas profesionales que trabajamos en medios privados, ni nos podemos engañar ni tampoco a la gente. Detrás de las grandes corporaciones hay intereses económicos y también posiciones ideológicas. Los medios no son neutros, pueden intentarlo haciendo bien su trabajo ser neutrales. Pero muchos ni tan siquiera lo son, ni quieren serlo. Lo importante es que las audiencias estén al tanto de en qué posición está ese medio, qué intereses están detrás, para poder tener claro a lo que se arriesga consumiéndolo. Y eso no en todos los mercados está claro.

Otra de las ventajas entonces de esta nueva tecnología es que dio a los ciudadanos la posibilidad de tener más claridad sobre eso, aunque el medio no lo exponga abiertamente.

GL.-Yo creo que ahora mismo el control social que se puede hacer es enorme, por la cantidad de información que los medios están obligados a dar; pero no sólo los medios, cualquier empresa tiene cada vez más una obligación de transparencia y compromiso que no tenía antes. Están sometidas al escrutinio constante de sus clientes.

Cierto, pero por otra parte hay un efecto cuyo impacto no queda tan claro para el periodismo en el manejo del social media y tiene que ver con cómo utilizamos la información que está ahí. El último reporte de la Fundación Nieman para el Periodismo, en Harvard, señala algo que parece preocupante: quienes estamos en los medios de información “hemos puesto de nuevo de moda la verificación como una práctica y valor de los periodistas”. ¿Es que habíamos dejado de hacerlo entonces?

GL.- Claro esa es la conclusión, porque ahora hay que revisar más, verificar la información, porque cualquier error que cometamos va a ser expuesto inmediatamente por el lector, que también está deseando encontrarlos.

En realidad, lo que ocurre no es nuevo, los periódicos, sobre todo cuando informan de asuntos relacionados con la ciencia, la tecnología, legislación, cosas muy específicas, se enfrentan a lectores que saben más de esas historias.

O que estuvieron ahí, donde ocurrió el hecho…

GL.- Hay personas que son testigos directos o que han tenido, con razón de su cargo o posición, conocimiento cercano de determinados datos que confirman o no la información… además ahora la gente puede ponerse en contacto directo con el periodista y cuestionarlo, y esperar a que le conteste, y si no le contesta, ahí mismo se sabe. Eso hace que efectivamente muchos periodistas tengan la necesidad de verificar más y mejor las cosas que publican. Bienvenido sea eso.

Pero finalmente es algo que se supone siempre debíamos hacer. ¿En qué momento nos perdimos?

GL.- Pues en ese mundo donde los periódicos formaban parte de un oligopolio, tenían un campo muy extenso en el que podían hacer muchas cosas que ahora no pueden. Además, ahora, los periodistas tenemos la obligación de reivindicar la necesidad de nuestro oficio. De pronto hay una legión de gente que hace cosas parecidas a las que nosotros hacemos; y las hacen bien. No todos, pero algunos sí, y no trabajan en un medio, no son periodistas, ni lo quieren ser…

Y como decimos en el gremio: no tienen los contactos, ni la experiencia o la metodología…

GL.- Ni les hace falta. Hay algunos que lo hacen bien y que nos hacen la competencia en algunos campos. Eso nos obliga a reivindicar la necesidad del periodista. Eso solo puede hacerse con que nuestro trabajo sea útil, relevante, necesario.

Es el gran tema…

GL.- Lo que pasa es que en los grandes medios y entre muchos periodistas ha habido mucha soberbia y pérdida de contacto con la realidad. Es normal cuando se está en un gran medio y se labora, sobre todo, en el periodismo político o económico. Al final los políticos y los grandes empresarios tienen muchas herramientas para seducir al periodista y las saben emplear.

No siempre se necesita darles dinero en efectivo, los cuidan, los consienten, o les dan información exclusiva.

GL.- Pero no es el hecho material –lo que seduce- sino el poder acceder a determinados sitios y círculos, conversar con determinadas personas. Eso va situando al periodista en un nivel de vida que no le corresponde por su nivel de sueldo, y claro, perder eso cuando te has acostumbrado es duro y es un enredo muy fuerte. Son pequeñas corruptelas.

Cuando dices ser necesario, pienso en este formato donde la inmediatez nos gana por dar el dato básico, la nota, pero perdemos el contexto, el fondo y la capacidad de volvernos necesarios porque podemos explicar parte de la realidad a quien muchas veces no está tan cerca del fenómeno.

GL.- Es verdad que Internet nos trae la posibilidad de informar en tiempo real todo lo que ocurre y de una manera que es accesible en prácticamente cualquier lugar del mundo en forma simultánea. A los periodistas que ambicionamos a contar con una inmediatez radical cualquier cosa, nos coloca en una situación que a veces es un poco peligrosa, porque la velocidad puede aumentar la falta de rigor. Yo soy partidario de llegar cinco minutos más tarde, de no equivocarme nunca o mucho menos que la competencia.

Debemos aprovechar que Internet es tan poderoso para contar una historia de ultimísima hora, como también una muy profunda. La red no tiene espacio, no tiene límites, además permite usar elementos como video, foto e hiperenlaces. Es el ámbito donde mejor puedes contar una historia y por lo tanto tiene sitio para la inmediatez y también para la reflexión y para la opinión, todo depende de cómo se utilice.

Volviendo a la discusión del futuro de los medios tradicionales, principalmente los impresos que auguran cierres y desapariciones ¿está justificado ese temor?

GL.- El asunto es que se desmonta el ecosistema económico que ha sostenido a los medios. Los medios vivían en un oligopolio en el que no solo mandaban y decidían la agenda informativa, sino que también eran los intermediarios necesarios para la publicidad: la radio, la televisión y los periódicos impresos. Ahora eso cambia de una manera radical porque hay muchos más actores que no tienen que ver con la industria de los medios y que también son soportes publicitarios y muy eficientes.

Eso abona más a su temor…

GL.- Creo que lo que está pasando con los medios es que les ha faltado capacidad de adaptación. Comprender que el nuevo escenario no se rige en ninguno de sus elementos fundamentales por las reglas del anterior. Mientras no nos demos cuenta de eso, el futuro de los medios es muy oscuro.

El problema es que muchas veces son los dueños de los medios o los directores los que no ven esto.

GL.- Yo en julio del año 2000 dije en un sitio: mando desde aquí un mensaje a todos los editores de periódicos en España no invirtáis una peseta más en rotativas que no os van a hacer falta. Al día siguiente el consejero delegado de la empresa donde trabajaba vino muy preocupado a reclamar como había dicho eso cuando justo acababan de convencer a los inversores de comprar equipo nuevo.

Volviendo al tema de la fuerza de las redes sociales. Acabamos de pasar un proceso electoral en el que muchos nos preguntamos cuál sería el papel de ese servicio de comunicación en el proceso. Más allá de miles de bots partidistas y de cómo los partidos las usaron, sus usuarios regulares crearon una suerte de clima de opinión pública que permeó, principalmente en favor de la izquierda, pero parecería que al mismo tiempo creyeron que lo mismo ocurría afuera y su encono ha crecido con la derrota de la Alianza Progresista.

GL.- Sucede que son realidades paralelas y que en muchos casos no coinciden. Es un riesgo y que corremos además los periodistas que estamos en esas redes, pensar que lo que ocurre ahí es exactamente lo que ocurre afuera de las mismas, cuando representan más bien una parte de la realidad.

Creo que lo que ocurre en Internet no es virtual, cada vez es más real, pero sólo una parte de la realidad, lógicamente. Como pensar que lo que ocurre en las grandes capitales es extrapolable al ámbito rural.

La gente que está en Twitter, tanto en México como en España, se representa a sí misma, no al resto de cada país. ¿Es influyente? Sí lo es; ¿puede mover corrientes de opinión?, claro que sí; ¿puede desde ahí organizarse movilizaciones para expresar descontento? Sí.

Pero pretender que el plebiscito de Twitter se traslade al resultado de unas elecciones es no saber cómo funciona esto, es saber muy poco, una simpleza. Alguien con un mínimo de capacidad intelectual no puede hacerlo.

Pero en algunos sectores, incluso periodísticos, en México parecieron quedarse casados con la idea de que lo que ocurría en Twitter era toda la realidad.

Si sólo el 30 por ciento de la población mexicana tiene acceso de alguna manera cotidiana a Internet, eso te define una representatividad. Probablemente ese 30 por ciento tiene un cierto nivel socioeconómico que le hace liderar la opinión, pero luego la gente va a votar por lo que quiere, o bueno, también puede que no sea así…pero habría que investigarlo.

Sería muy insensato de mi parte opinar sobre eso –el proceso electoral- porque no he estado aquí, lo desconozco, pero es verdad que pretender hacer una traslación de las mayorías de Twitter a las mayorías electorales es absolutamente ridículo. No tiene ningún sentido.

Ya tenemos problemas con la demoscopia, con las encuestas que supuestamente tienen un valor científico, como para fiarnos. Las redes son un indicador de corrientes de opinión, una herramienta de agitación social, pero no sustentan un plebiscito válido de ninguna manera.

Pero son un espacio que puede ser tomado para medir tendencias de cosas que pueden convertirse en historias…

GL.- Sí y además justo por todo eso los periodistas somos lo que más tenemos que desconfiar de todo esto, en un sentido positivo. A los periodistas se nos ha supuesto siempre una capacidad para analizar la calidad de las fuentes, de la información que vamos a transmitirle a la gente, de los datos que nos da una persona que sabemos y tenemos en cuenta porque nos las en cierto momento, a nosotros y qué le impulsa a darnos esa información. Siempre debe haber algo que nos debe hacer reflexionar por qué vamos a publicar eso.

Creerse a pie juntillas lo que está en Internet o en Twitter o en Facebook es de una inocencia que no es precisamente el atributo que debería tener un periodista.

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Cuánto se ha construido realmente del famoso muro de Trump con México y quién lo está pagando

Qué hay de cierto en las cifras que aporta el presidente estadounidense cuando dice que está prácticamente listo.
17 de octubre, 2020
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“¡Construye el muro! ¡Construye el muro! ¡Construye el muro!”.

Este fue uno de los cánticos más repetidos por los fervientes seguidores de Donald Trump en sus mítines de campaña por la presidencia en 2016.

Rápidamente, el “infranqueable, grande y hermoso muro” que iba a construir Trump en la frontera entre Estados Unidos y México se convirtió en una de las promesas bandera de su candidatura.

La propuesta venía acompañada, además, de otro compromiso: México iba a pagar los costos de la ambiciosa obra.

Cuatro años después, en plena campaña para su reelección, el presidente afirma que el muro pronto estará listo y que México está pagando por él.

Ya hemos construido 300 millas (480 kilómetros) del muro fronterizo“, exclamó Trump el 28 de agosto en un mitin en New Hampshire, recién terminada la Convención Nacional Republicana.

“El muro pronto estará listo y nuestros números en la frontera son los mejores de la historia. Por cierto, México está pagando por el muro, por si no lo sabían“, añadió el mandatario.

Desde entonces, en todos sus actos de campaña, incluidos los de esta semana en Florida y Pensilvania en su reaparición tras el contagio de covid-19, Trump ha insistido en estas dos ideas: que el muro avanza rápidamente y que la factura está del lado mexicano.

¿Son verídicas estas cifras? ¿Cuál es la situación actual del muro?

Cómo es la frontera

La frontera entre Estados Unidos y México tiene una longitud de 3.142 kilómetros.

Antes de que Trump llegara a la Casa Blanca, había barreras o vallas de separación en un tercio de la frontera, unos 1.050km.

Mapa de la frontera entre EE.UU. y México

BBC

En las zonas más urbanas, las barreras están hechas para impedir el paso de peatones y vehículos.

Las vallas son de diversos tipos: en algunos segmentos son paneles de chapa o acero corrugado, en otras partes hay una malla de alambre o varias superpuestas, y en ciertos sectores, hay barras verticales que miden entre 5,5 y 9,1 metros de altura colocadas sobre cemento y separadas por pequeños espacios.

Instalación de postes verticales en la frontera

Getty Images
Instalación de una valla secundaria de postes verticales en California.

En las áreas más remotas, el gobierno usa “cercas vehiculares”, que son postes de madera cruzados (generalmente obtenidos de las vías ferroviarias) que impiden el paso de vehículos pero que pueden ser superados por peatones.

En el puesto fronterizo entre San Diego y Tijuana, las vallas se adentran hasta 100 metros en el mar y están hechas por materiales resistentes al óxido y la corrosión salina.

Valla se adentra en el océano Pacífico

Getty Images
El muro o valla separa a San Diego y Tijuana y se adentra unos 100 metros en el mar.

En el resto de la frontera, donde hay zonas montañosas, desiertos, humedales y canales en torno al río Bravo (o río Grande), no existe una estructura hecha por el ser humano: la naturaleza forma su propia barrera.

En algunos puntos, la frontera tiene dos o hasta tres capas de barreras, una detrás de otra. Las autoridades se refieren a ellas como barreras primarias, secundarias y terciarias.

Gráfico de detenciones en la frontera EE.UU.-México

BBC

La promesa y las cifras de Trump

Durante la campaña de 2016, Trump prometió construir el muro a lo largo de toda la frontera.

Posteriormente aclaró que solo cubriría la mitad, dado que la naturaleza se encarga del resto.

El rio Bravo (río Grande en EE.UU.)

Getty Images
El rio Bravo (río Grande en EE.UU.) y otros accidentes geográficos crean una frontera natural de por sí difícil de cruzar.

Las dificultades para encontrar financiación para el muro retrasaron los planes del presidente.

Ahora, a unas semanas de las elecciones y con más de tres años y medio de gobierno en la espalda, Trump se jacta de que el muro está prácticamente listo.

Muro en el desierto de Sonora

Getty Images
Partes del muro atraviesan el desierto como esta que separa San Luis, Colorado, de Sonora.

El presidente dice que ya se han construido 480km y espera que para principios de 2021 se haya completado un total de 800km.

Pero las cifras oficiales muestran una cara diferente.

Los datos

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) envió a BBC Mundo su último informe sobre el estado del muro, con datos actualizados al 4 de septiembre de 2020.

Desde enero de 2017 -cuando Trump asumió la presidencia- hasta primeros de septiembre se han construido aproximadamente 507 kilómetros del llamado nuevo sistema de muro fronterizo”, que además de barreras con balizas de acero incluye patrullas, carreteras adaptadas a todas las condiciones climáticas, iluminación, cámaras y otras tecnologías de vigilancia como sensores o drones.

Una excavadora en la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez

Reuters
En distintos puntos fronterizos de Texas se pueden ver trabajos de construcción o sustitución del muro.

Si se comparan los números con las cifras que maneja Trump, no hay apenas diferencia.

Lo que sucede es que la mayor parte de los 507km construidos -unos 451km- son sustituciones o reparaciones de estructuras ya existentes que estaban deterioradas (421km de barreras primarias y 30km de barreras secundarias).

En conclusión, únicamente se han construido 56 kilómetros de muro nuevo, de los cuales 43km corresponden a vallas secundarias, lo que nos deja un total de 13km de barreras primarias totalmente nuevas.

Las dificultades para construir de cero

El hecho de que el gobierno no haya podido avanzar en la construcción de un muro totalmente nuevo se explica por varias razones.

Una de ellas es la ya mencionada dificultad para construir en zonas donde la naturaleza se impone, especialmente en las inmediaciones del río Grande.

Valla en Texas

Getty Images
La valla también cruza zonas rurales y agrícolas, como esta cerca en Brownsville, Texas. Los rancheros del norte que tienen propiedades en el sur cruzan la frontera por una gran puerta metálica con cerrojo de seguridad.

También hay que tener en cuenta que muchas de las zonas libres de barreras se encuentran en tierras de propiedad privada y sus dueños no están dispuestos a permitir que se erija un muro en su terreno.

A diferencia de los estados del oeste, donde gran parte de la tierra está bajo control del gobierno, hay cientos de granjas en la ribera del río, ranchos y otras propiedades en manos privadas en Texas.

Algunas carecen de registros de propiedad, otras están en manos de múltiples herederos.

El gobierno planea hacer uso de su derecho de expropiación para adquirir los terrenos, pero el proceso es lento e implica acciones legales que se pueden prolongar en el tiempo.

A estos obstáculos se les suma la falta del presupuesto total necesario para completar la construcción prometida.

Donald Trump en un mitin en New Hampshire el 28 de agosto de 2020

Reuters
La visión de Trump sobre cómo será el muro ha cambiado desde que llegó a la Casa Blanca.

Lo que nos lleva al siguiente punto: ¿quién está pagando por el muro?

México en la mira

El 25 de enero de 2017, Trump firmó un decreto que autorizaba la construcción del muro en la frontera sur.

Pocos meses después, en abril, Trump tuvo que renunciar a hacer la obra en su primer año fiscal como presidente, como era su promesa.

El mandatario insistió en que la gran obra de infraestructura sería financiada por México.

Trabajador en el muro entre Estados Unidos y México a la altura de Mission, Texas

Reuters
El presidente Trump insiste en que México está pagando la construcción del muro fronterizo.

El entonces presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, rechazó esa afirmación y aseguró en varias ocasiones que su país no pagaría ningún muro.

Y en su reciente encuentro en la Casa Blanca, tanto el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, como Trump evitaron hablar del delicado asunto.

Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump en la Casa Blanca el 8 de julio de 2020

Reuters
Los presidentes de México y Estados Unidos no hablaron sobre la financiación del muro durante su encuentro en la Casa Blanca a primeros de julio.

Aun así, el mandatario estadounidense insiste en que México “está pagando” el muro, algo que los datos oficiales también contradicen.

Según la CBP, la financiación para la construcción procede de los Departamentos de Seguridad Nacional, Defensa yTesoro.

Esto ha sido posible gracias a la declaración de estado de emergencia nacional en la frontera firmada por Trump el 15 de febrero de 2019 y que todavía está en vigor.

El presidente justificó que la declaración era necesaria para proteger al país de una “invasión de drogas y criminales” procedente de México y que supone “un grave riesgo para la seguridad nacional”.

Gráfico de detenciones en la frontera EE.UU.-México

BBC

La medida le permitió desviar para el muro US$6.300 millones de partidas presupuestarias del Departamento de Defensa para la lucha contra las drogas.

A esa cantidad se le sumaron US$3.600 millones del presupuesto del Departamento de Defensa para construcciones militares más unos US$3.400 millones de los presupuestos anuales de la CBP (que depende del Departamento de Seguridad Nacional).

Muro de paneles metálicos

Getty Images
Muro de paneles metálicos vistos desde México.

Todas esas partidas más los US$1.375 millones que sí fueron aprobados por el Congreso en 2018 suman un total de unos US$15.000 millones, una cantidad inferior a los US$25.000 millones inicialmente presupuestados para la construcción del muro.

En cualquier caso, ninguna de estas partidas parece proceder de México.

BBC Mundo se puso en contacto con el equipo de campaña de Trump para aclarar las discrepancias en los datos de construcción y financiación y nos remitieron a la Casa Blanca.

Hasta ahora no hemos obtenido respuesta.

raya separatoria

BBC

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