¿Qué hacemos con la policía?
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¿Qué hacemos con la policía?

Un análisis de Caleidoscopio Electoral nos dice que las funciones de prevención e investigación de los elementos de seguridad pública requieren ser restructuradas
Por Mariana Tápia
22 de julio, 2012
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Entrenamiento de policías estatales en el Estado de México.//FOTO: Cuartoscuro

Además de las políticas de combate a la delincuencia organizada que el Gobierno Federal ha llevado a cabo desde el 2006; está pendiente el problema de los delitos de fuero común. Las funciones de prevención e investigación de los elementos de seguridad pública requieren ser restructuradas  como parte de la estrategia de seguridad nacional, pues sólo cuando el orden público pueda considerarse dentro de niveles normales de delincuencia, podrán combatirse efectivamente estructuras de delincuencia organizada, tráfico o lavado de dinero.  El debate de continuar con el modelo municipal o cambiar al mando único es muy relevante en estos días; sin embargo, hay algunos puntos que se han dejado olvidados y que son, igualmente fundamentales en la reforma de esta institución.

Incidencia delictiva de fuero común

Los homicidios relacionados con la delincuencia organizada no son los únicos que han aumentado. La siguiente gráfica muestra el comportamiento de los delitos del fuero común—como robo, secuestro, violación, lesiones, delitos patrimoniales y otros—, que en los últimos 11 años ha pasado de 1,400 a más de 1,500 por cada  100 mil habitantes.

La buena noticia es que este caso no es como el de la delincuencia organizada, en el que no se puede asegurar si se trata de la violencia desencadenada por la presencia del ejército, de organizaciones que se disputan un territorio o algo que aún no se nos ha ocurrido. Los delitos de fuero común tienen una explicación sencilla: la policía no tiene el poder disuasivo necesario para que los delitos no se cometan. Por eso, es fundamental una reforma al sistema de reclutamiento, capacitación y evaluación de los miembros de la policía; pero también de la organización de la misma institución.

En 2011 había 511,275 policías en México (federales, estatales y municipales), eso significa 427 policías por cada 100 mil habitantes, de los cuales, aproximadamente 190 mil policías son municipales,  casi 260 mil estatales y el resto federales.

Tener más de 460 mil elementos encargados de la prevención y detención de los responsables de los delitos del fuero común sería una buena idea si cumplieran con alguna de las funciones que les ha sido encomendada. Exigir esto es difícil si pensamos que 61% de los policías ganan menos de $4,000 pesos mensuales,muchos carecen del equipo básico para garantizar su propia integridad física, no están capacitados ni educados—el Gobierno Federal estima que 2% de policías municipales son analfabetas y más del 60% sólo cuenta con educación básica –y algunos de ellos ven este empleo como su última opción.

Continuar con este modelo policiaco implica seguir subsidiando con más de 50 mil millones de  pesos anuales a corporaciones que no están del todo seguras del número de elementos que tienen, lo que hace imposible contar con una base de datos confiable para saber quién entra y quien sale de cada cuerpo policiaco; que no han sido capaces de evaluar las competencias de todos sus elementos, lo que debería de indignarnos como contribuyentes; tampoco podemos esperar que estas corporaciones sean eficientes en la prevención y protección de la población.

Nuestra otra alternativa es cambiar la organización de las corporaciones a mandos únicos estatales, como propuso Felipe Calderón en octubre de 2010.

De este modo, las policías municipales que no cumplan con requisitos institucionales establecidos en la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública, cederán sus recursos—humanos y económicos—a la policía estatal. La policía estatal, por su parte, estará a cargo del gobernador quien puede designar un director de la policía si lo considera necesario. Aquellas policías municipales que sí cumplan con los requisitos establecidos en la ley, podrán mantener sus corporaciones, nuevamente, el director será designado por el gobernador de cada estado.

En teoría, este esquema de operación facilitaría la coordinación de las 32 policías bajo esquemas generales de política y la implementación de políticas locales adecuadas a las problemáticas de cada estado, así como el control administrativo—multas o quejas de servicios—por medio de los bandos de gobierno.

Lo que no queda muy claro es si los gobiernos estatales estarán dispuestos a asumir los costos políticos que implica responsabilizarse de las policías estatales, principalmente en entidades como Nuevo León, Veracruz, Chihuahua o Guerrero. Para los municipios podría ser un alivio no  tener que desempeñar funciones de seguridad dada la escasez de sus recursos, pero también podría significar una disminución significativa de sus percepciones anuales.

De reformarse la organización de la policía, los centros de evaluación de los estados tendrían más carga de trabajo durante los próximos años: alrededor del 60% de los estados están rezagados en las evaluaciones de sus miembros. Del mismo modo, el nuevo reto será garantizar la calidad de los elementos evaluados y reformar el esquema de carrera policial para que los policías sean respetados por la sociedad y para ellos, garantizar la seguridad de los ciudadanos sea una manera de vivir.

SESNSP, Estado de fuerza actualizado, 2012

 Presidencia de la República, Iniciativa de mando único policial, disponible enhttp://www.secretariadoejecutivosnsp.gob.mx/es/SecretariadoEjecutivo/Iniciativa_de_Mando_Unico_Policial_

 Presidencia, op cit

 Presidencia, op. Cit

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'Luna Azul': el raro evento cósmico que podrá verse este 31 de octubre (y no se repetirá hasta 2023)

El de la "Luna azul" es un fenómeno inusual que se produce cada 2.5 años aproximadamente debido al tiempo que duran los ciclos lunares.
27 de octubre, 2020
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En realidad no es azul. Es una Luna llena, como cualquier otra, del color que se ven la mayoría de las Lunas llenas: entre gris pálido, blanco lechoso o plateado.

Lo que hace raro a este fenómeno, que el folclor bautizó como “Blue Moon” o “Luna azul”, es que se dan dos Lunas llenas en un solo mes, cuando lo normal es ver una.

Un ciclo lunar, el período en el que ocurren todas las fases de la Luna, se repite cada 29,5 días aproximadamente.

Si coincide que la Luna llena se produce el primer o segundo día y el mes tiene 31 días, es entonces cuando es probable que aparezca una segunda Luna llena.

Esta es la conocida como “Luna azul”.

El mes de febrero, que tiene 28 días, nunca verá una.

Luna en el Capitolio

Getty Images
Así se vio la Luna Azul detrás del domo del Capitolio, en Washington D.C. en 2015.

¿Cuándo es la “Luna azul” de 2020?

Es un fenómeno inusual que se da cada 2,5 años.

La última vez que ocurrió fue el 31 de marzo de 2018.

Este año aparecerá en el cielo en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, cuando muchos países celebran Halloween y en México empieza la festividad del Día de Muertos.

Ya hubo una Luna llena el 1 de octubre y a finales de mes podremos ver la segunda.

Calabaza de Halloween

Getty Images
Este año coincide con Halloween.

¿Por qué azul?

Tal como explica la NASA en su sitio web, la definición de Luna azul surgió en la década de los 40 del siglo XX.

En esa época el Maine Farmer’s Almanac (la fuente más confiable en todo lo relacionado con el clima desde hace casi 200 años) ofrecía una definición de la Luna Azul tan enrevesada que muchos astrónomos tenían dificultades para entenderla.

Para poder explicar las Lunas azules en lenguaje llano, la revista Sky & Telescope publicó un artículo en 1946 titulado ‘Una vez cada Luna Azul’. El autor, James Hugh Pruett (1886-1955) citó al almanaque de Maine de 1937 y dijo: “La segunda (Luna llena) en un mes, tal como yo la interpreto, se llama Luna Azul”.

Esto no era correcto -asegura la NASA- pero por lo menos pudo entenderse.

Y así nació la Luna Azul moderna.

El volcán Krakatoa

Getty Images
El volcán Krakatoa, en Indonesia, volvió a expulsar cenizas el pasado 11 de abril de 2020.

Lunas y volcanes

Aunque la que veremos no fue una verdadera Luna azul, sí existen las lunas de este color.

Pero sólo pueden verse azules después de una erupción volcánica.

En 1883, después del terremoto del volcán Krakatoa en Indonesia, la gente dijo que casi cada noche se podían ver Lunas azules.

Con la fuerza de la erupción, similar a una bomba nuclear de 100 megatones, se elevaron hacia lo más alto de la atmósfera terrestre nubes de ceniza cuyas partículas hicieron que la Luna se viera azul.

También hubo informes de Lunas azules en México en 1983, tras la erupción del volcán El Chichón, y en el estado de Washington en 1980, tras la erupción del Monte Santa Helena.


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