TPP, un secreto tratado internacional que amenaza a internet
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TPP, un secreto tratado internacional que amenaza a internet

Mientras siguen las negociaciones en secreto del tratado internacional TPP, se mantienen los riesgos a la libertad de Internet. Conoce qué implicaría este tratado.
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Por Omar Granados
31 de julio, 2012
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El Acuerdo de Asociación Trans-Pacífica (TPP o Trans-Pacific Partnership Agreement) podría eliminar completamente la ley de propiedad intelectual que conocemos hoy, sin embargo, los detalles permanecen en secreto aún, pues el último texto que se conoce es de hace casi un año y medio y sólo es sobre un capítulo de 20 que lo componen.

Campaña de activistas estadounidenses contra el TPP.

En esencia el tratado, por lo que se sabe hasta hoy, busca proteger los derechos de propiedad intelectual en internet, de las medicinas y los derechos de inversionistas en todos los países que firmen el acuerdo, que hasta el momento son 13, contando a México, que recién ingresó a las negociaciones.

Fuera de los negociadores, lo único que se conoce es una versión del tratado internacional propuesto hace 16 meses, en febrero de 2011, sin embargo, en ese periodo de 16 meses, hubo ocho rondas de negociaciones que pudieran haber cambiado alguna parte o todo el texto, sin que nadie haya confirmado la precisión del texto que se conoce.

Sin embargo, a pesar de la secrecía y de la oferta “tómala o déjala” –como le llamó la revista Slate, en mayo pasado el representante de Estados Unidos en materia comercial planteó los términos en que se negociaría el capítulo de derechos de propiedad intelectual del tan importante, pero poco conocido Acuerdo de Asociación Trans-Pacífica (TPP, por sus siglas en inglés).

Para Slate, “desafortunadamente, esta modesta y triste excusa para evitar la participación del público fue la mejor oferta que han hecho para preguntar y ofrecer opiniones a los negociadores del TPP desde que la ronda de negociaciones públicas empezara hace más de dos años.”

Así que los grupos de la sociedad civil, académicos, expertos  y el ciudadano preocupado común y corriente aceptaron este escenario kafkiano, el cual revela una verdad inusual y preocupante para el siglo XXI: Preguntar de manera informada es, ante la secrecía del poder, la única y más antigua forma de saber los puntos de vista de los representantes comerciales del gobierno.

A pesar de toda la tecnología actual, que permite flujos de información sin precedentes todos los días, según Slate “los vestigios de la secrecía del siglo XX continúa permeando la legislación internacional, como refleja la negociación del TPP.”

Protesta contra el TPP afuera del hotel donde se negociaba en San Diego durante la primera semana de julio. Foto: derechosdigitales.org.

El presidente Barack Obama, quien anunció la meta de la creación del TPP desde noviembre de 2009, ha dicho que “impulsará nuestras economías, bajando las barreras al comercio y a la inversión, incrementando las exportaciones y creando más empleos para nuestra gente, la cual es mi prioridad número uno.” Según Slate, esto suena “muy importante pero muy vago”, pero “desafortunadamente, no conocemos mucho más allá de estas obviedades.”

Para el autor del texto, David Levine, “dentro del tema, son más las conjeturas y especulaciones que los hechos verificables, mientras que el cuello de botella en la información la provoca el procedimiento de negociación”, la “secrecía estilo siglo XX” de los negociadores del TPP.

Sin embargo, el pasado 2 de julio, Levine viajó a San Diego, California, para formar parte de un “bizarro, nuevo y experimento del deber civil”: ser parte de la fracción de casi 300 “accionistas registrados” que hablaron con los negociadores que atendieron a la treceava ronda de discusiones del TPP, “aunque ninguno de los 300 tenía idea de qué estaba pasando.”

Para Levine, “lo único que se sabe con certeza es que fuera del círculo de negociadores, sólo algunos asesores saben qué se está negociando en el TPP”, mientras que la mayoría de los miembros del Congreso de EU no saben qué hay en este acuerdo.

Levine confirmó también que el último texto disponible del TPP data del 10 de febrero de 2011. Sin embargo, la fallida meta del evento de accionistas era dar un “foro abierto y productivo”, según los organizadores, a pesar de que el público sabe más de las ojivas nucleares que han eliminado EU y Rusia con el nuevo tratado START (para eliminar armas nucleares) que de las posiciones de los negociadores del TPP.

De esta forma, la apertura de los negociadores del tratado y el representante de comercio de EU, fallaron en la intención de tener un foro abierto en San Diego, y esto se dio, según Levine, por la misma mentalidad cerrada que mató a SOPA y que está llevando a su muerte a ACTA.” Levine prevé además que esto podría aniquilar al TPP si sus negociaciones no cambian su curso.”

Dentro de la reflexión de Slate, las negociaciones del TPP son parte de una gran tendencia de mantener los últimos vestigios de una sociedad pre-digital, en la cual mantener el secreto era mucho más fácil, pero especialmente en el acto legislativo, los funcionarios deberían estar a la vanguardia del momento, ajustándose a los nuevos flujos de información. Por otra parte, los ciudadanos y todos los implicados deberían tomar la bandera de hacer preguntas nerds e informadas en temas de derechos de autor, internet y contenidos en línea.

Las críticas al TPP

El TPP está confusamente marcado como un acuerdo comercial, haciéndolo pasar como un acuerdo relativamente limitado, implicando temas tradicionales como tarifas e intercambio de bienes -el tipo de cosas que discutirían los gobiernos- y que parecen cuestiones lejanas en su impacto al ciudadano cotidianamente.

Sin embargo, el TPP es mucho más que sólo eso: Según explicó el representante de EU en materia comercial, el TPP es un “ambicioso acuerdo comercial de nueva generación, entre Asia y el Pacífico, el cual refleja las prioridades y los valores de EU.”

Slate afirmó que basado en las filtraciones que han ocurrido sobre el tratado TPP “parece que una aprobación del acuerdo requeriría cambios significativos en EU y en los otros países firmantes y sus leyes. En primer lugar, reduciría el acceso público a vastas cantidades de información bajo la bandera del combate a los delitos contra la propiedad intelectual (o piratería, dependiendo de la elección de palabras.)

El propietario del copyright de una película o una canción podría usar una medida de protección tecnológica -comúnmente conocidos como candados digitales- para prevenir el acceso al archivo, aún para propósitos educativos y sin importar si el dueño de la autoría tiene derecho a hacer esto. Incluso la lectura de artículos como éste, con hipervínculos y contenidos externos, se vería afectada por el TPP. Así que también el acceso a trabajos actualmente de dominio público y disponibles de forma gratuita al público se vería afectado.

Y estas preocupaciones sólo se relacionan con el capítulo relacionado a la propiedad intelectual, y aún hay -al parecer- otros 20 capítulos bajo negociación, incluyendo “aduanas, servicios a través de las fronteras, telecomunicaciones, procuración de justicia, políticas de competencia, y cooperación y capacidad de construcción,” así como investigación y servicios financieros.

Técnicamente, el TPP sólo entraría en vigor en los diez países que lo negocian, mientras que México, que acaba de entrar a la negociación, podría ser acompañado por Canadá y Japón. Los díez países originales son: Australia, Brunei, Chile, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam. Sin embargo, en el análisis de Slate, el TPP afectaría a todo aquel que tenga nexos con cualquiera de los diez o trece países, lo cual significa que hasta el totalmente aislado régimen de Corea del Norte sentiría su influencia.

El abogado especialista en temas de libertad de expresión y regulación de internet, Antonio Martínez Velázquez (@AntonioMarvel), dijo a Animal Político que el TPP es una moneda de cambio para México, aunque reitera que no es para nada un asunto nuevo y que incluso, las primeras filtraciones datan de diciembre de 2010.

Para Martínez, la defensa excesiva a los derechos de propiedad intelectual es la más preocupante amenaza contra internet como lo conocemos hoy, pues en su opinión, gobierno e iniciativa privada convergen en un juego perverso de interés que afecta a la sociedad de la información. Se trata de un obstáculo que no sólo pone en peligro internet sino a las actividades sociales en su conjunto.

La lista de leyes que privan a los usuarios de la red de derecho a la información y a la privacidad es larga e incluye iniciativas como SOPA, PIPA, CISPA, ACTA, la “Ley Sinde”, la HADOPI, e iniciativas como COICA o TPP.

En esencia, para @AntonioMarvel, el TPP podría caracterizarse de la siguiente manera puntual:

1.- México ha iniciado las negociaciones de un tratado avanzado que no conoce.

2.- El TPP reedita lo peor de ACTA en sus primeras versiones.

3.-EU busca a través de estos acuerdos afianzar hegemonía económica y cultural.

4.- El proceso de negociación copia al de ACTA y debe rechazarse. Imaginar un futuro en donde las políticas públicas se hagan en secreto no es deseable para la democracia.

5.- EU impulsa el TPP para contrarrestar otras visiones distintas a la suya respecto a la propiedad intelectual y su protección, protege a los intermediarios que lucran con obras y no a quienes las crean. En suma, la visión de proteger monopolios culturales a costa de derechos fundamentales.

6.- México quizá no ha cuantificado lo problemático que será modificar leyes locales para restringir acceso a información o medicinas genéricas, probablemente pierda más de lo que ganará de hacerse realidad.

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Karol Czinege/EyeEm/Getty Images

¿Por qué nos gusta tanto la comida crujiente? (y cómo el sonido se convirtió en el sabor olvidado)

Decimos que comemos con los ojos, ¿pero sabías que también puedes comer con los oídos? Por extraño que parezca, los sonidos - y especialmente lo crujiente y crocante - tienen mucho que ver con la experiencia culinaria.
Karol Czinege/EyeEm/Getty Images
18 de octubre, 2020
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El sonido es el sabor olvidado. No solo comemos con la boca, con la nariz o con los ojos. También lo hacemos con el oído.

Lo dice el experto en psicología experimental Charles Spence, que lleva casi dos décadas investigando cómo nuestro cerebro procesa información de cada uno de nuestro sentidos, y cómo comprender eso puede ayudarnos a diseñar mejores alimentos (o unos que nos agraden más).

“Desde el crujido de la comida, hasta el ruido del empaquetado, el roce de la cuchara en el plato o la música que escuchamos mientras comemos; todos los sonidos afectan a nuestra experiencia culinaria, unos más que otros, y también al sabor”, le cuenta a BBC Mundo.

Spence, autor de Gastrophysics: the new science of eating (“Gastrofísica: La nueva ciencia de la comida“, 2017), dirige el laboratorio Crossmodal Research de la Universidad de Oxford, Reino Unido, integrado por especialistas en psicología, neurociencia y cocina. También colabora con chefs de renombre -como el español Ferrán Adriá o el británico Heston Blumenthal- para crear experiencias culinarias “multisensoriales”.

Y es que, según el científico, comer es una experiencia mucho más multisensorial de lo que solemos reconocer, sobre todo a nivel auditivo.

No es el único que lo piensa. “Hay varias cosas que nos hacen sentirnos satisfechos con la comida: el olor, el gusto y la textura, en la que incluimos el sonido”, le dice a BBC Mundo la consultora en alimentación Amanda Miles-Ricketts. “Y no hay nada más satisfactorio que algo crujiente o crocante”.

"No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella".", Source: Charles Spence, Source description: psicólogo experimental, Universidad de Oxford, Image:

Precisamente, la preferencia del ser humano por lo crujiente es algo que lleva años fascinando a Spence.

Uno de sus mayores logros es haber creado un ruido electrónicamente modificado de la papa frita para convencer al consumidor de que era más crujiente. Fue un experimento que surgió de la pregunta de si el sabor de una papa frita sería diferente si alteramos su crujido. Y resultó que sí.

La Universidad de Harvard le entregó por ello un Ig Nobel, una parodia del prestigioso galardón “para hacer reír, y luego pensar”.

Pero la cuestión de por qué nos gusta tanto la comida crujiente tiene un trasfondo más serio de lo que parece.

niño comiendo alitas de pollo

Chakarin Wattanamongkol/Getty Images
¿Te entró el apetito?

“Cuando hicimos ese experimento en 2009 era difícil creer que habría interés en el tema, pero desde entonces han surgido muchos trabajos y experimentos para combinar diferentes sonidos y sabores”.

¿Qué nos pasa con la comida crujiente?

“La comida rápida suele ser crujiente, crocante, casi siempre ruidosa”, dice Spence. “A nadie le gusta la idea de una papa frita esponjosa, incluso aunque sepamos que tiene todos los elementos que le dan ese sabor”, comenta el psicólogo.

En su laboratorio de Oxford, ha podido demostrar que las diferentes frecuencias de crujidos pueden alterar cómo percibimos su sabor o incluso que algunos alimentos nos parezcan de mejor o de peor calidad.

“Es una reacción instantánea en nuestro cerebro”, dice Spence. “Todavía estamos investigando por qué nos atrae tanto lo crujiente, pero existen varias teorías”.

“Una de ellas parte de que las verduras y los vegetales más ‘ruidosos’ suelen ser más frescos (y viceversa), por lo que asociamos lo crujiente con lo saludable“.

“Por otro lado (y paradójicamente), algunos alimentos crujientes -como las galletas, los cereales o las frituras- suelen tener un alto contenido en grasa…. y a nuestro cerebro le gusta la idea de grasa, lo cual explicaría nuestra preferencia por ese sonido”.

cereales

Getty Images
Cuando comes algo crujiente, prestas más atención a lo que ocurre dentro de tu boca.

A Miles-Ricketts -que tiene una marca propia de tés especializada en salud y bienestar que lanzó tras sufrir problemas en la piel- le preocupa eso. “Al margen de las manzanas, que obviamente son saludables, los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes. No es pura coincidencia“.

“Finalmente”, añade Spence, “otra teoría que surgió hace un par de años es que cuando empezamos a degustar algo nos suele resultar más sabroso, y nuestro cerebro se va adaptando y desconectando a medida que le parece menos ‘interesante’, pero cuando comes algo ruidoso eso dirige tu atención hacia tu boca, lo cual ayuda a que el sabor se quede por más tiempo”.

Eso significaría que puede que nos guste más la comida crujiente porque sentimos que su sabor dura más.

Pero la cuestión de la experiencia sensorial -y sonora- de la comida va más allá de lo crujiente.

Maridaje fonético

“Piensa en el sonido cuando abres una lata, una botella, el corcho del vino o incluso el del microondas. Todo ello afecta a nuestra experiencia y a cómo percibimos el sabor”, explica Spence. “No es casualidad que las papas fritas se vendan en bolsas de plástico especialmente ruidosas; es puro marketing intuitivo”.

Y así como los ruidos afectan al sabor, también lo hace la música.

"Los alimentos poco saludables y adictivos que no son naturales suelen ser crujientes".", Source: Amanda Miles-Ricketts, Source description: consultora en alimentación y fundadora de Niche Tea, Image:

Spence y su equipo han investigado cómo los sabores dulces y agrios suelen asociarse con notas de alta frecuencia, mientras que los amargos equivalen a notas de baja frecuencia.

“Si, por ejemplo, escuchas cierta música mientras tomas una taza de café o comes una porción de chocolate, puedes intensificar su dulzura“, explica Spence.

Es lo que él llama “sazonar fonéticamente” la comida.

El científico asegura que muchas marcas y músicos se han interesado por esta técnica y ya están poniendo en prácticas maneras de combinar sabores y sonidos para mejorar la experiencia culinaria y responder a la pregunta de “cuál es el sonido de su sabor”.

Miles-Ricketts cree que cada vez más actores en la industria alimentaria tienen en cuenta la “funcionalidad y el propósito de sus productos” y el hecho de que la alimentación es “una experiencia multisensorial”.

papas fritas

Getty Images
¡Ese “crunch” es muy deseable!

“Podríamos incluso aprovechar esto para comer de forma más saludable”, propone Spence. “Podríamos comer con menos azúcar si añadimos un poco de ‘música dulce’ para sazonar alimentos, en lugar de la alta música de algunos restaurantes que, de hecho, suprime nuestra capacidad de saborear adecuadamente”.

“Así como maridamos ciertos alimentos con ciertos vinos, podemos maridar sabores con sonidos y formas“.

“Muchos nunca habrían imaginado que la música puede alterar el sabor de la comida, pero es todo un nuevo campo por explorar. ¿Por qué no maridar un sabor con un sonido?”

“No importa que música escuches: hay un sabor que seguro combina bien con ella”.


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