Armando Barajas: la adicción por el béisbol
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Armando Barajas: la adicción por el béisbol

Recordamos a Armando Barajas, beisbolista mexicano que inició su carrera en la década de los sesenta y que hoy sigue enseñando béisbol a niños y jóvenes.
Por Kristian Antonio Cerino
4 de agosto, 2012
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Armando Barajas.Por la bocina del parque se anuncia con voz prolongada el debut de un pelotero de Mexicali: es un joven de 21 años que de niño jugó en un campo desértico del ejido Guanajuato en Baja California. La misma voz dice que el norteño jugará con el número 5 y que es la nueva adquisición de los Diablos Rojos del México.

El beisbolista no sabe que 47 años después estará en un campo enseñando cómo cachar y cómo batear a niños de Tabasco. No lo sabe porque hoy es 1965. Él sólo está concentrado en cuidar que los bolazos que vayan por su zona, la segunda base, sean atrapados por el guante, y está pendiente, con una mirada fija, en pegarle a la bola cuando sea su turno al bat.

Uno años atrás, Armando Barajas Hernández ya había jugado béisbol en Baja California y en Sonora. Lo hizo en ligas menores. Ésta vez, está consciente -lo dice en 2012-  que ya las piernas no deben temblar, que ya la bola no puede perderse, porque no está jugando como un practicante, con otros niños, allá en el ejido. Aquel día que un roletazo salió con dirección a segunda base, tomó la bola, pisó la almohadilla y lanzó a primera, supo que el sueño de jugar en la Liga Mexicana aún comenzaba.

En 1963, Barajas salió de Mexicali. Jugó en Sonora y también lo hizo en Tabasco. Viajó de norte a sur para preparar aún más su carrera profesional en la Liga del Sureste. Sus “grandes atrapadas”, reseñan las crónicas deportivas, y sus batazos de hits, fueron méritos suficientes para que Diablos, “una noche”, lo llevara de Tabasco a Puebla, el equipo al que enfrentaría en la segunda vuelta de la temporada. La idea era reforzar al club de la capital:

“Al bat, con el número 5, Armaaaaando Baraaaaajas”…

Armando Barajas

Barajas, un joven moreno y delgado, se ha parado cerca del pentágono. Es un bateador derecho que sus números le avalan.

Imagínese usted lector. En este momento un cronista poblano está diciendo “o lo ponchan o da de hit. No es lo mismo un cuarto que un séptimo bat”. Barajas es séptimo: “señoras y señores, de costado el pitcher lanza una recta de 85 millas, y Baraaaaajas da de hit”.

Barajas ha corrido muchas veces, en ligas estatales, por las bases. Ahora que le vemos correr y envasarse es la primera ocasión que lo hace en el máximo circuito.

En 3 juegos celebrados en Puebla, entre viernes y domingo, el bajacaliforniano les conectó cinco sencillos a los Pericos. Si los aficionados a los Diablos estaban contentos por el segunda base y bateador Bajaras, lo estaba más el manager Tomás Herrera El Sargento.

“La promesa del beisbol mexicano”, llamado así en las notas periodísticas y en algunas columnas, regresó al parque de pelota del Seguro Social, la casa de los Diablos. En el autobús, ya relajado, estaba feliz por el debut en Puebla.

Sin presiones de la prensa, porque los recortes periodísticos -guardados por la familia Barajas- coincidieron en los halagos, Barajas también les bateó con fuerza a los Sultanes de Monterrey. ¡Y no sólo eso! También evitó, como intermedialista, que muchas pelotas se fueran de hit.

Armando Barajas.

La respuesta del jugador no fue fortuita. Leo Rodríguez, instructor de béisbol, y el cubano Héctor Rodríguez, le habían dicho al Sargento que Bajaras “era seguro” a la defensiva como a la ofensiva. De tres turnos al bat, Barajas -desde ya- lograba envasarse en un par de ocasiones.

Al norteño, escuchar su nombre por el altavoz del parque y los aplausos de los fanáticos, le emocionaron: “era lo máximo (porque) se enchinaba un poquito el cuero”.

En los años en que el hijo de Rito Barajas y Guillermina Hernández empezó a jugar pelota caliente, a los beisbolistas no les ponían canciones como sucede ahora en los estadios.

Lo único que les imponían eran multas si no estaban atentos a las instrucciones del manager. A Bajaras nunca le amonestaron pero sí a otros de sus compañeros por llegar tarde al hotel, ser frecuentes a fiestas, y por no asistir a un entrenamiento.

Cómo podría no asistir Barajas a un entrenamiento si el béisbol siempre es y será su pasión. Algunos aún recuerdan que los Diablos Rojos del México -con Barajas, Abelardo Balderas (short stop) y Moisés Camacho (tercera base)- llegaron a poseer la defensiva más joven de la Liga Mexicana.

Armando Barajas (B) y Abelardo Balderas (B) eran las iniciales más sonadas en las crónicas publicadas entre 1965 y 1966:

“Estos peloteros, los B, juegan a ritmo de a gogo”, “Barajas es un chamaco que ha jugado con acierto en la Liga del Sureste y en quien los directivos Rojos cifran grandes esperanzas… con este movimiento el México luce una muy juvenil llave de dobles matanzas: los doble B o los BB”.

 * * *

Los Barajas de Baja California Norte amanecen hablando de béisbol. Así pasan durante el día, y cuando la cae la noche sólo se les escucha decir fue safe o out: ¿Vería bien el ampáyer la jugada?

Armando Barajas.

Armando Barajas aprendió a jugar béisbol por su abuelo Fernando y por Rito, su padre. No sabe la fecha exacta, sólo que al abrir los ojos ya tenía el guante y el bate como todo un Barajas y que en el ejido Guanajuato había un equipo llamado Licores Alba dirigido por José Montes.

En la colonia Gómez realizó sus primeros lanzamientos. Don Fernando era el manager del equipo de la familia y Don Rito la hacía de ampáyer en aquellos campos sin césped que pululan en el norte. Con el tiempo, dejaría la colonia, el ejido, y se centraría en jugar en Mexicali para representar al estado en olimpiadas, ganaría en la ciudad de México y también en San Luis Potosí.

A Barajas, en el proceso, le acompañaron otros hermanos menores. Uno de ellos, Roberto, que pudo llegar a Liga Mexicana más una fractura en el brazo lo hizo cambiar de opinión y de profesión.

Barajas, Armando, siguió jugando en la adolescencia con el respaldo económico del abuelo y del padre. No era una familia adinerada pero al menos no vivían en otras condiciones como el resto de los californianos. Tenían ranchos. No eran muchas vacas, pero de las ganancias se tomaba el dinero para comprar guantes, pelotas y bates. Una de las razones sobre el porqué en varias comunidades del país no se juega béisbol es porque hacerlo requiere de mayor inversión si se le compara con el fútbol, practicar el balompié basta con comprarse una pelotita aunque se juegue descalzo.

Guillermina, la madre de Armando, pocas veces opinó sobre el futuro del mayor

—Nunca me regañó, ni nada —dice el ex pelotero en su casa.

Sin embargo, Guillermina sí sufrió aquella tarde en que un pitcher de nombre Homero Buendía le dio un pelotazo “a su niño” en la oreja. Armando creyó que al serpentinero le daría de hit. Se quedó con las ganas.

—¡Tiraba duro!

La sangre en el rostro de Barajas impactó a los aficionados, a los jugadores del Diablos y a los periodistas que llevaron a sus páginas el “bolazo” con las fotos del momento en que el pelotero era retirado del parque en camilla.

Unos años antes de debutar en Liga Mexicana, Barajas también se lesionó jugando con Alijadores, un equipo norteño.

En una fotografía de periódico, el beisbolista es retirado en brazos, sin un zapato, y con un rostro doloroso por una lesión en el tobillo.

—Un paisano de Mexicali por barrerse me cortó un poco la pierna. A él, Armado Murillo, el pitcher (en venganza) le dio un pelotazo cuando estaba en la caja de bateo.

Esto no lo detuvo. Barajas regresó y apareció de nuevo en llamados, crónicas, portadas y contraportadas de los diarios deportivos: “con bambinazos de Barajas el equipo vuelve a ganar”. Así vivió varios años sin olvidarse de Mexicali a donde regresaba constantemente a firmar autógrafos, bates, guantes, camisolas, y de paso, convivir como un auténtico hijo del pueblo.  El diario El Mexicano tituló: “Fiestón en honor del pelotero de la colonia Gómez, Armando Barajas”, con un segundo párrafo: “alegría desbordante en la casa de los Barajas, donde Rito, el jefe de la misma, sonriente y amable, atendía a los numerosos amigos del retoño”. Aún no llegaban los años maravillosos de su carrera pero ya Tomás Morales, redactor del diario La Afición, escribía: “el novato Armando Barajas vivió su mejor día en esta capital con tres imparables en cuatro viajes”.

* * *

Armando Barajas.

Cuando le pregunto a Barajas a quién le debe su paso por el béisbol mexicano, no duda en decirlo con inmediatez: al buzo Montes. Jesús “Buzo” Montes Hernández observó con atención la manera en que Barajas se movía con velocidad en la segunda base y creyó que el joven de Mexicali  tenía como arma pública el no cometer errores durante el juego.

Barajas vivió en la casa del Buzo en los días en que el pelotero trabajaba en una mueblería a la espera de una oportunidad de debutar en una liga como la mexicana.

—En la mueblería que nos patrocinaba los juegos, trabajamos varios beisbolistas jóvenes, (entregando roperos y camas)

El Buzo fue promotor del béisbol norteño en Mexicali y manager de varias categorías y equipos de la pelota caliente.

—También le debo (mi carrera) al Guaymas Suárez, otro promotor del béisbol en Mexicali.

El Buzo Montes, con Barajas y otros “chamacos” de Mexicali, sorprendieron a muchos. El selectivo del Buzo llegó a jugar la final contra Sinaloa en  los V Juegos Juveniles que se realizaron en la ciudad de México.

La selección de Mexicali, con sus victorias, acapararon los espacios de la prensa “Gana Mexicali a (Cerveceros de) Carta Blanca”, “Vimos brillar con luz propia a Armando Barajas, con atrapadas de ensueño en el jardín central” en el parque Hidalgo, uno de los primeros estadios con barda en el que Barajas se sintió grande a los 17 años:

—Me motivaba porque (el parque) estaba lleno.

El Buzo, como El Guaymas, vio jugar al joven Barajas en el jardín central. Pero a su llegada a Sonoyta, Sonora, lo empezaron a “probar” en la segunda base. Aquí, en esta posición, quedó por muchos años. Algunos que le vieron en acción, juran, que en días extraños lo alinearon como short stop y tercera base, unos juegos con el número 5 en la camisola, y otros con el 18 y el 27.

Mexicali es una cantera de peloteros en México. El 4 de septiembre de 1965 en la página 3 deEl Mexicano, los lectores del norte leyeron: Los pingüicos en la oficina de Pepe Ibarra. Armando Barajas no sólo había firmado con una de las mejores franquicias del país, sino también otros paisanos.

En una imagen en el ático de la página principal de deportes, publicada hace 47 años, se lee como pie de foto: “para conocer las condiciones económicas, físicas y morales en que se encuentran en San Luis Potosí, bajo la dirección de los Diablos Rojos, ayer se reunieron los peloteros de Mexicali que juegan con aquella sucursal en la oficina de José Ibarra, consejero de la organización. Una panorámica de Chuy Ramírez captó dicha reunión”. Los peloteros (Adalberto Contreras, Jaime Isabel Salas, Raúl Gómez, Armando Barajas y José Luis Salas), fichados por los Diablos, posaron para la lente de Chuy Ramírez días después de haber ganado el gallardete de la Liga Central a los Tuneros.

Ya en Diablos, Barajas fue cedido a la liga invernal y en 1965 jugó con los Naranjeros de Hermosillo. Además de jugar durante el verano en la Liga Mexicana de Béisbol lo hizo en la del Pacífico en donde “lució”, con el bateo, según los cables de agencias.

A través de un mensaje telegráfico a los diarios de Baja California (ahora lo habría hecho en Twitter o Facebook) el mismo Barajas confirmó su pase a Naranjeros. Con el tiempo, y después de permanecer 10 años en la organización Diablos Rojos del México como jugador, coach, manager de sucursales y buscador de talentos, aún jugó con otros equipos como Rieleros de Aguascalientes:

Barajas dio la victoria al Aguascalientes 5 a 4 al derrotar a los Tigres de Salamanca. El batazo de Barajas fue de esos imposibles de alcanzar para los jugadores de cuadro y para los jardineros.

Y en Tabasco, jugó con Plataneros. La prensa campechana destacó un día que los Piratas de Campeche habían perdido el juego ante Plataneros de Tabasco, 4-3, “por un bambinazo de Barajas”.

De lo que podría sentirse triste, quizás el pelotero Barajas, fue que no ganó un campeonato en la década de los sesentas vistiendo la camiseta de los Diablos. Participó en una final con los Tigres del México y vivió la adrenalina de ser parte de la llamada Guerra Civil en los duelos entre Diablos y Tigres en el ya desaparecido parque de pelota del Seguro Social.

En la primera postemporada jugada por Barajas, Tigres ganó el título en 5 juegos de 7.

—Le di triple (en uno de los juegos)  al “Huevo” Romo. Empatamos el juego pero después ellos (los Tigres) se repusieron —dice Barajas.

Aún escucha el ruido del madero cuando le chocó la pelota al Huevo Romo y se fue hasta la esquina del parque, aún oye los cubiertos del restaurante donde comían los Diablos, cerca del parque de pelota y a una “esquinita” del restaurante de los Tigres, aún le retumba en los oídos los gritos de “Vamos Diablos” y “Arriba  Tigres”, y los días en que los chamucos y los felinos, por unas barridas “duras”, terminaban a empujones. Así era la guerra  civil: “era muy bonito el ambiente en las gradas”.

Diablos Rojos del México, en los siguientes años, fue campeón, pero Barajas ya había sido enviado, de nuevo, a la Liga del Sureste.

La vida de Barajas comenzaría a tener una vuelta de tuerca el día en que Tomás Herrera le regaló un libro a los 29 años de edad. Era el manual para jugar el beis, eran las reglas que debía memorizarse.

—Ya me vas a retirar muy joven ­—le dije.

*  *  *

Armando Barajas Hernández (27-10-1943) fue manager -y antes coach- unos cuantos juegos en Monterrey y otros más en Tabasco. Podríamos decir que empezó a destacar como estratega del beisbol  el día (entre 1979 y 1983) en que los Azules de Coatzacoalcos -un equipo ya desaparecido de la LMB-se quedaron sin manager. Barajas encontró una rebelión de peloteros a su favor y la directiva le dio el respaldo para que concluyera “decentemente” la temporada. Los Azules llegaron a ser un gran equipo y aquí lanzó Ramón Arano, el Tres Patines, el pitcher que ganó 334 juegos en México.

Azules, a decir de Barajas, era un equipo perdedor, pero se metió a la postemporada y enfrentó a Diablos, el equipo en el que debutó el californiano.

Con Barajas, y con el Huevo Romo lanzando buena pelota, los Azules cerraron la temporada con un record de más juegos ganados consecutivamente. En esta racha le ganaron a Poza Rica, Tigres y a Diablos.

Barajas no titubea, fue el Huevo Romo el que dijo: para qué traer a otro manager si aquí está mi paisano, no tenemos nada qué perder.

Así, Barajas dirigió en Campeche, lo hizo en Tabasco y en algunos municipios de éste cuando se ha organizado La Liga Tabasqueña de Béisbol. Entre 1991 y 1995 perteneció a la organización de Olmecas de Tabasco. Fue el manager que sustituyó a Joel Serna Barrientos. El día que se oficializó su llegada, los diarios tabasqueños como el Tabasco Hoy y Presente, resumieron sus 20 años de experiencia en el béisbol profesional, y con el tiempo también dirigió a los Jicareros de Jalpa de Méndez, el municipio tabasqueño en donde decidió vivir, casarse con Rosalba Madrigal y procrear 2 hijos: Armando y Perla

Barajas, el adicto al béisbol, se dedicó muchos años a buscar talentos en el sur de México. Pocos saben que Armando Barajas encontró una joya en ciudad  del Carmen, Campeche. Halló a uno de los peloteros y “cañoneros” más importantes de México: Nelson Barrera

—Nelson no estudiaba, andaba en los barcos (camaroneros)

En 1976 Barajas fue por él a la isla y no sólo supo que él sería bueno para la pelota caliente. Vio que otros quince chamacos también estaban en forma para debutar en cualquier equipo profesional. Pero Diablos Rojos del México se interesó en Barrera, llamado El Almirante (1957-2002).  Un año después los Escarlatas y sus tridentes lo debutaron en la LMB. Pero a los 16 años, Barajas le vio madera para jugar en suelo nacional y en el extranjero.

—Estaba fuerte y tenía un buen brazo —sentencia Barajas.

El tío de Barrera, que vivía en la capital de Campeche, le dijo a Barajas “si tú me dices que sirve para el béisbol” firmo el contrato. Si no es así, que regrese a los barcos camaroneros. Ahí comenzó la carrera de Nelson Barrera, el carmelita que jugó 26 temporadas, que conectó 455 home runs, que produjo 1,928 carreras, y unos 2937 hits, campeón con Diablos en 4 ocasiones y una vez más con los Guerreros de Oaxaca. El Nelson que sólo vivió 55 años porque una descarga eléctrica le quitó la vida en su casa de Campeche

*  *  *

Barajas vive en Jalpa de Méndez, un municipio a 30 kilómetros de Villahermosa, capital de Tabasco. Vive a unas cuantas cuadras del panorámico de béisbol Manuel Vargas. Los jalpanecos ya perdieron la cuenta de cuántos niños ha aprendido a jugar el rey de los deportes en los campos de este prado de Tabasco. Barajas no piensa en el retiro, piensa en que entre los niños podría estar el nuevo Nelson Barrera. De lunes a viernes, como instructor de beisbol del ayuntamiento de Jalpa (camino sobre arena en náhuatl) enseña bateo, pitcheo y jugadas de doble play o robo de base, como si fuera el mismo el que lo aprende en aquellos campos desérticos de Mexicali.

Por las tardes, se le ve llegar al Panorámico o a otro pequeño campo del Deportivo Campestre, con una mochila repleta de pelotas y un bate de aluminio. A quienes les rodea les cuenta historias de ayer, de hoy y de lo que pronostica en el futuro del beis. Los niños ríen con él, lo cansan y le piden que les lance más bolas durante las 2 horas de entrenamiento. Por cada gran atrapada Barajas los felicita, y por cada bola que cae en el césped o entre la arena, Barajas les dice “ya para la próxima”. Cuánta razón tenía Tomás Herrera cuando le dio el libro con las reglas del béisbol y le dijo que muchos jóvenes estaban contentos porque además de saber jugar, sabía enseñar el deporte. Con sus tenis color azul  y un guante desgastado que lo llena de pelotas, se sube al montículo para dar la voz de ataque: no mires para otra parte, ponle ojo a la bola, saca la varilla y dale duro. 

A muchos de los niños, cuando ya son adolescentes, los ha llevado a olimpiadas nacionales en Campeche o en Yucatán. Y todos ellos dicen que aprendieron a jugar “el beis” por Barajas que fue “paciente”. Uno de ellos ahora está con los Padres de San Diego, Juan Pablo Oramas, el pitcher tabasqueño que fue firmado por Diablos Rojos del México y que en su primera temporada ganó 9 juegos y fue nombrado novato del año.

A los que llegan a los campos de entrenamiento, Barajas los reciben si noción alguna del juego. A los 6 meses, los niños ya han aprendido algo más que este deporte: a convivir

—Es una satisfacción grandísima -sonríe Barajas- porque no cualquiera trabaja con niños. Se logra con paciencia.

—¿Te sientes un desempleado del béisbol en los últimos años?

—Siempre he vivido del béisbol y no me ha faltado trabajo.

Cuando concluyen los entrenamientos, el de Mexicali, el tabasqueño por adopción, guarda sus pelotas, el bat y el guante desgastado. Lo que nunca guarda es la plática sobre la droga más imprescindible de su vida: el beis y sus números.

—Nos vemos el lunes —le grita a los niños.

*  *  *

—Cómo una mujer religiosa como usted se enamoró de un hombre que jugó para los Diablos, si siempre está hablando de Dios.

—Porque cuando me enamoré de él no era muy religiosa como ahora —dice Rosalba Madrigal, la esposa de Armando Barajas.

Sin embargo, cuando abre el closet o el armario de la casa en Jalpa de Méndez, ve que algunas camisetas aún tienen impreso el nombre de Diablos. Y justo ahí, ella sostiene un epitafio: Yo sé que con mi fe, ahuyento al diablo.

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Alejandro Madrigal, el científico mexicano honrado en el cumpleaños de la reina Isabel II

Dos veces al año, en Reino Unido, se entregan honores para reconocer los aportes extraordinarios y el servicio al país de personas de diferentes ámbitos. Este año, en la lista está incluido un médico mexicano. Esta es su historia.
3 de junio, 2022
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Cuando en su adolescencia Alejandro Madrigal iba de puerta en puerta vendiendo ropa y zapatos para ayudar a mantener a su familia, poco se imaginaba que sería condecorado por la reina de Inglaterra.

“Tuve que buscar todo tipo de oficios”, cuenta este doctor mexicano. “Pero fue un periodo que me ayudó mucho y vino la medicina a buscarme”.

Y se “enamoró” de ella. Las ganas “locas” por estudiar no se comparaban con las que frustró un maestro de primaria que le pegaba con una regla por escribir con la mano izquierda.

Con su “zurdera y dislexia”, llegó a universidades como Harvard, Stanford y University College of London (UCL), y se convirtió en una eminencia mundial en el trasplante de médula ósea.

Y es su aporte al campo científico el que le abrió un espacio en la lista de figuras cuyos logros y servicios al país son reconocidos por la monarca.

“No lo podía creer, uno nunca espera que estas cosas lleguen”, dice Madrigal a BBC Mundo con la carta en la mano.

Reina Isabel II

EPA
Isabel II cumple 70 años en el trono británico.

En la misiva, se le informaba que su nombre le había sido “recomendado a su Majestad la Reina para el honor de Oficial de la Orden del Imperio Británico (OBE) en la lista de honores del cumpleaños de 2022″.

OBE significa Officer of the Most Excellent Order of the British Empire y es una de las categorías de un sistema de reconocimiento a la labor extraordinaria de civiles y miembros de las Fuerzas Armadas.

Madrigal fue el fundador y director científico, por 27 años, del Instituto de Investigación de la fundación británica Anthony Nolan, que se especializa en combatir el cáncer de sangre.

Como investigador y profesor ha hecho contribuciones en el campo de la hematología en el University College of London y en el Hospital Royal Free de la Universidad de Londres.

Lideró la Asociación Europea de Trasplante de Médula Ósea y ha recibido múltiples distinciones.

Esta es su historia.

El recuerdo del maestro

Madrigal creció en la Ciudad de México y tiene recuerdos muy bonitos de su infancia en familia, no así de la primaria.

Madrigal cuando era niño

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal creció en Ciudad de México, vivió en la colonia Juárez.

“Llegué muy emocionado y contento al primer día de escuela porque veía que mi hermano mayor regresaba muy feliz a la casa”.

“Cuando el maestro Méndez me vio agarrar el lápiz con la mano izquierda, me dijo que eso no lo podía hacer en su salón”.

Intentó escribir con la mano derecha, pero inconscientemente pasó el lápiz a la izquierda, algo que el docente interpretó como un “acto de rebeldía”.

Le arrebató el lápiz y le dijo que no toleraría a “insolentes”.

“Además, con la dislexia empecé a tener problemas para escribir ciertas palabras. El maestro me ponía en el pizarrón a escribir horas y horas con la mano derecha”.

“Me decía una frase que siempre me molestó: ‘La vergüenza la llevas en la suela de los zapatos’, y me hacía sentar en el fondo del salón, viendo a la pared”.

Junto a sus hermanos.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Junto a sus hermanos.

Los intentos de escribir con la mano izquierda terminaron muchas veces en insultos, golpes con una regla sobre la palma de la mano y días sin recreo.

“Con suerte la educación ha cambiado, pero fue un periodo bastante difícil que me llevó a un inicio en el sistema educativo muy complicado”.

Odiaba la primaria, no me sentía diestro en muchas cosas, el futbol no se me daba y la secundaria tampoco fue de lo mejor”.

Una misión

A los 17 años, sufrió “una de las pérdidas más grandes”.

Su padre murió de un infarto cuando se encontraba en uno de sus tantos viajes por el país vendiendo diferentes tipos de productos.

Como sus otros tres hermanos, tuvo que trabajar.

Madrigal en el día de su graduación en la UNAM.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal en el día de su graduación en la UNAM.

Esa es la época en la que iba de casa en casa con un maleta llena de cosas, en la que fue mesero y en la que intentó abrir un restaurante con su familia, que “fracasó”.

Se ganó una beca para estudiar computación y eso le permitió conseguir un trabajo en programación.

“Empecé a estudiar como loco, terminé la preparatoria con grado de excelencia y luego vino la UNAM”.

“Como Neruda dice en su poema que la poesía vino a buscarlo, yo digo que la medicina me encontró. Ya sentía que tenía una misión”.

Con 19 años, iba a la universidad en la mañana y poco antes de las 3:00 de la tarde se salía de la clase.

“Tenía que recorrer prácticamente toda Ciudad de México para llegar al trabajo. A veces me tenía que ir de aventón porque no tenía para el camión”.

Su jornada laboral terminaba en la noche y repasaba las materias en la madrugada. “Pero estaba enamorado de mi carrera“.

“La mejor universidad del mundo”

La situación económica en la casa comenzó a mejorar y las buenas calificaciones se volvieron, “para su sorpresa”, una constante.

En el día de su boda.

Cortesía: Alejandro Madrigal
Conoció a María Elena cuando tenía 14 años y se casó a los 23. Ha sido un gran apoyo en su carrera.

Se fue a Tijuana a hacer las prácticas en un hospital.

“Un maestro me preguntó qué iba a hacer después y le respondí que quería ir a la mejor universidad del mundo”.

“Se rió y me dijo: ‘¿Y cuál es esa universidad?’, y le contesté: ‘Pues, no sé, ¿cuál sería?’. A lo que me respondió: ‘Harvard’, y le dije: ‘Ah, bueno, esa, voy para allá'”.

El docente se volvió a reír y le dijo: “Alejandro, te estoy invitando a almorzar, tienes un agujero en el zapato, y ¿vas a ir a Harvard?”.

La respuesta fue un contundente: “Sí”.

Y lo consiguió. Harvard lo aceptó, tras ganarse una beca de la Organización Mundial de la Salud.

Madrigal en Harvard

Cortesía: Alejandro Madrigal
En Harvard conoció a dos grandes científicos: Baruj Benacerraf y Edmond Yunis.

En la universidad estadounidense conoció a los profesores Baruj Benacerraf, Premio Nobel de Medicina nacido en Venezuela, y Edmond Yunis, destacado investigador de inmunología y cáncer, que se convertiría en su mentor.

“Llegué con un inglés básico, lo estudiaba cada vez que podía. A veces, no les entendía nada, la ventaja era que Edmond es colombiano”.

“Estaba en Harvard y era la persona más feliz del mundo”.

Como una margarita

Después vino el doctorado en la Universidad de Londres, el postdoctorado en la Universidad de Stanford y una oportunidad laboral que vio en un anuncio de la revista Nature y que terminó marcando su destino.

Alejandro Madrigal en la Universidad de Londres

Cortesía: Alejandro Madrigal
En Londres, ciudad que se convirtió en su hogar.

Entre unos 60 candidatos, fue escogido para liderar, desde 1993, la investigación científica en la organización Anthony Nolan, creada en 1974.

El hijo de su fundadora, Shirley Nolan, había nacido con un raro trastorno sanguíneo llamado síndrome de Wiskott-Aldrich y la única manera de salvarlo era con un trasplante de médula ósea.

Como ningún familiar era compatible, comenzó la búsqueda de un donante, pero no lo encontró y Anthony murió, a los siete años, en 1979.

En el proceso de búsqueda, Shirley ayudó a concebir un sistema pionero: el primer registro de donantes de médula ósea en el mundo para el tratamiento de leucemia y otros tipos de cáncer.

De acuerdo con la organización, ese registro “ha ayudado a 22 mil personas a recibir un trasplante que les salvó la vida”.

Shirley Nolan junto a su hijo Anthony.

Evening Standard/Hulton Archive/Getty Images
Shirley Nolan junto a su hijo Anthony.

La flor favorita de Anthony era la margarita.

“Shirley la puso como símbolo (de la fundación) porque una margarita tiene muchos pétalos y, aunque le quites uno, seguirá siendo una margarita: puedes dar médula”.

“Ese mensaje lo llevé a todo el mundo, a las conferencias que iba, y empecé a generar registros, a ayudar a varios países a crearlos y actualmente hay 40 millones de donantes en todo el mundo”, cuenta Madrigal.

Formando en el camino

El doctor también ayudó a establecer el primer banco de cordón umbilical de Reino Unido, con fines de trasplante e investigación.

Madrigal junto a estudiantes

Cortesía: Alejandro Madrigal
El primer grupo de investigadores que ayudó a formar cuando arrancó como director del Instituto de Investigación de la fundación Anthony Nolan. Eran estudiantes de doctorado y posdoctorado que procedían de México, Venezuela, Alemania e Inglaterra.

“En el Antony Nolan hay unos 10 mil cordones y eso ha permitido salvar a muchos pacientes”, indica Madrigal.

En 2020, fue nombrado miembro honorario de la Sociedad Europea de Trasplante de Sangre y Médula Ósea en reconocimiento a sus aportes en el campo del trasplante de células madres hematopoyéticas (HSCT).

“Tuve la fortuna de estudiar en universidades muy reconocidas y por eso me dicen que tengo muy buen pedigrí, pero cuando me preguntan cuál es la universidad que más quiero, digo que es la UNAM“, cuenta.

“Me abrió las puertas y me cambió el universo”.

Madrigal dando una conferencia

Cortesía: Alejandro Madrigal
Madrigal ha visitado decenas de ciudades para ofrecer conferencias.

El investigador ha publicado más de 500 artículos en revistas especializadas y ha dictado cientos de conferencias en más de 50 países.

En su casa, muestra los cuadros que ha pintado y los dos libros que ha escrito: Nosotros y Días de rabia.

Libros

Mariana Castineiras/BBC Mundo

Dice que su “pelea a muerte” es contra el cáncer.

Actualmente, trabaja en un proyecto para desarrollar terapias celulares contra diferentes tipos de esa enfermedad, no solo leucemia.

Tras el retiro de Madrigal de Anthony Nolan, su directora, Henny Braund, ofreció un discurso en su honor.

Enumeró varios logros y añadió que su legado iba más allá de lo científico: “Más que cualquier cosa, su contribución al mundo de los individuos a los que se les ha dado una segunda oportunidad de vida, directamente gracias a su investigación, no se puede subestimar”.

Y concluyó: “En nombre de Anthony Nolan, la comunidad científica global, los pacientes cuyas vidas has salvado, nunca serás olvidado. Gracias”.


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