De Noriega a Assange: diez refugiados de alto perfil
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De Noriega a Assange: diez refugiados de alto perfil

Algunos casos históricos y emblemáticos de personas que se han refugiado (hasta por 21 años... y contando) en representaciones diplomáticas
20 de agosto, 2012
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Julian Assange, fundador de Wikileaks, en el balcón de la embajada de Ecuador en Lóndres. Foto: AP

Julian Assange lleva 63 días en la embajada de Ecuador en Londres. Es imposible saber cuánto más permanecerá mientras se mantenga el conflicto entre Ecuador, que le dio asilo, y Reino Unido, que quiere extraditarlo a Suecia, donde el fundador de WikiLeaks es requerido por delitos sexuales que él niega.

Pueden pasar algunos días más, podría ser una cuestión de semanas o de meses. ¿O serán años?

Mientras tanto, BBC Mundo aprovecha para repasar algunos casos históricos y emblemáticos de personas que se han refugiado (hasta por 21 años… y contando) en representaciones diplomáticas.

El cardenal húngaro

El cardenal Jozsef Mindszenty vivió 15 años en la embajada de Estados Unidos en Budapest, entre 1956 y 1971. Mindszenty, anticomunista y opositor a la persecución estalinista en su país, fue acusado de traición y conspiración en 1949 y condenado a cadena perpetua .

Salió en libertad siete años después en medio de la Revolución Húngara de 1956 y cuando la Unión Soviética retomó el control, el cardenal recibió asilo político en la embajada.

Murió en el exilio en Austria cuatro años después de salir.

21 años… y contando

En la embajada de Italia en Adís Abeba (Etiopía) dos miembros del régimen del Derg, la junta militar que controló Etiopía entre 1974 y 1991, llevan allí…21 años.

En un principio eran cuatro, pero dos murieron en circunstancia que no han sido del todo aclaradas. Se cree que uno se suicidó en 1993 y otro habría muerto en una pelea en 2004.

A ritmo de Welcome to the jungle

Manuel Noriega no soportó el rock y salió de la Nunciatura Apostólica.

En diciembre de 1989 Estados Unidos invadió Panamá, y el gobernante de facto Manuel Antonio Noriega se refugió en la sede de la Nunciatura Apostólica, la embajada del Vaticano, de la capital panameña hasta que se entregó a las tropas estadounidenses el 3 de enero de 1990.

Durante ese tiempo, los soldados que rodeaban la embajada hicieron sonar a todo volumen música rock, y la primera canción fue “Welcome to the jungle”, del grupo Guns N’ Roses.

Muchos pensaron que la música estaba destinada a molestar a Noriega, cuya aversión al rock era popularmente conocida. Aguantó 11 días y luego, al salir, fue tomado como prisionero de guerra por Estados Unidos.

En la ONU

En abril de 1992, el presidente afgano Mohamed Najibulá fue derrocado por los muyahidines y se refugió durante cuatro años en un local de la ONU en Kabul.

Él y su hermano fueron ahorcados cuando el Talibán tomó la ciudad.

Del palacio a la embajada

El general cristiano Michel Aoun se alojó durante 10 meses en 1990 en la embajada de Francia en Beirut (Líbano). Aoun fue expulsado del palacio presidencial tras una ofensiva sirio-libanesa.

Tras el refugio en la embajada fue obligado a exiliarse en Francia, donde pasó 15 años.

Jefe opositor

Morgan Tsvangirai, primer ministro en la actualidad de Zimbabue, se alojó durante una semana en la embajada de Holanda en Harare en 2008, cuando era el jefe de la oposición y había renunciado a participar en la segunda vuelta presidencial debido a la violencia en su contra.

El refugio de “Mel”

Manuel Zelaya pasó casi cuatro meses en la embajada brasileña en Tegucigalpa.

A fines de junio de 2009 el presidente de Honduras, Manuel “Mel” Zelaya, sufrió un golpe de Estado y fue sacado del país.

Pero el 21 de septiembre volvió clandestinamente al país y se refugió en la embajada brasileña en Tegucigalpa donde permaneció hasta el 27 de enero de 2010, luego de la toma de posesión de Porfirio Lobo como nuevo presidente de Honduras.

El precedente

Uno de los casos emblemáticos fue el del político socialdemócrata peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del partido Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), quien se refugió en la embajada colombiana en Lima en 1949.

Perseguido por la dictadura de Manuel Odría, la reclusión diplomática de Haya de la Torre duró cinco años.

El tribunal de La Haya reconoció en 1950 el derecho de Colombia a otorgar asilo en su embajada sin la aceptación peruana, algo que más tarde dio lugar al Tratado de Caracas de 1954 y su Convención sobre asilo diplomático, que permitía a los estados receptores de refugiados calificarlos como perseguidos políticos.

Cuatro años en Buenos Aires

Casi cuatro años fueron los que pasó el expresidente argentino Héctor Cámpora en la sede de la representación diplomática mexicana en Buenos Aires.

El político que facilitó el regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina para su tercera Presidencia fue acogido en la embajada de México días después del golpe militar de 1976, lugar que sólo pudo abandonar con destino al país que le dio asilo en 1980.

El disidente chino

Chen Guangcheng, el activista chino asilado en Estados Unidos.

El activista disidente chino Chen Guangcheng, que se encuentra en Estados Unidos tras escapar de su arresto domiciliario, se refugió 22 de abril de este año en la embajada estadounidense en Pekín.

Tras dos semanas de disputa entre las autoridades de ambos países dejó el país luego de recibir un pasaporte chino.

Chen Guangcheng había estado bajo arresto domiciliario desde su salida de la cárcel en 2010.

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6 formas en las que la pérdida de olfato por COVID-19 te puede afectar a largo plazo

Después de COVID-19, muchas personas se han quedado con impedimentos a largo plazo en su sentido del olfato.
Por Johan N. Lundström / BBC News Mundo
12 de junio, 2022
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Al principio de la pandemia, múltiples estudios mostraron que aproximadamente la mitad de las personas con COVID-19 perdieron el sentido del olfato (un trastorno llamado anosmia) en algún momento durante el curso de la infección.

Aproximadamente, entre un 20% y un 35% adicional experimentó una reducción clínica en su capacidad para oler (hiposmia).

Aunque la evidencia más reciente sugiere que Ómicron podría no conducir a la pérdida del olfato tanto como las variantes anteriores, dado que más de 500 millones de personas han tenido al menos una de las variantes hasta la fecha, todavía son muchos millones de personas que probablemente han experimentado esta condición en algún grado.

Para la mayoría, esto es solo una pérdida temporal de la función. Pero una parte considerable experimentará problemas a más largo plazo.

Estudios recientes muestran que entre 12 y 18 meses después del diagnóstico inicial de COVID-19, entre el 34% y el 46% de las personas aún experimentan una reducción clínica en su sentido del olfato.

Sin embargo, la mayoría de estas personas no son conscientes de ello.

Un problema relacionado es la parosmia, en la que la percepción de los olores de una persona cambia y, a menudo, descubre que se vuelven más desagradables.

La investigación sugiere que hasta el 47% de las personas que han tenido COVID-19 podrían verse afectadas.

Al igual que con la pérdida del olfato, la mayoría de las personas con parosmia probablemente sanarán con el tiempo. Sin embargo, algunas podrían tener problemas más duraderos.

COVID-19 no es la única enfermedad que puede conducir a la pérdida del olfato. También puede ser causada por otros virus o infecciones, o traumatismo craneoencefálico o una variedad de enfermedades neurodegenerativas.

Efectos a largo plazo

Si bien la evidencia sobre la pérdida del olfato posterior a COVID-19 aún está surgiendo, los datos de otros tipos de disfunción olfativa nos dan una idea de algunos de los efectos que la pérdida del olfato a largo plazo puede tener en la vida cotidiana.

1. Seguridad alimentaria

Las personas con esta discapacidad son más propensas a ingerir alimentos en mal estado porque es el olor, ante todo, lo que nos advierte cuando algo se echó a perder.

Esto puede aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por los alimentos.

olfato

Getty Images

2. Gusto

Aparte de las sensaciones gustativas centrales (dulce, salado, amargo, ácido y umami), casi todo lo que experimentamos como sabor es producido por los olores que llegan a los receptores olfatorios en la nariz a través del pasaje oral-nasal en la parte posterior de la garganta.

Desafortunadamente, sin el sentido del olfato, la mayor parte de lo que comes tendrá poco o ningún sabor.

Si se elimina la capacidad de detectar olores, una manzana sabrá como una papa si cierras los ojos.

3. Apetito

Más allá de darnos placer al comer, los olores de la comida también nos estimulan el apetito.

Esto significa que cuando no podemos oler los aromas de la cena que se cocina en el horno, es menos probable que tengamos hambre.

4. Fluctuaciones de peso

La pérdida combinada de apetito y placer de comer hace que la mayoría de las personas con un trastorno del olfato recién adquirido pierdan peso inicialmente.

Sin embargo, nuestros cuerpos están diseñados para mantenernos con vida. Las personas con pérdida del olfato rápidamente comienzan a buscar el placer de otros estímulos sensoriales al comer, como la textura, por ejemplo, en el crujido de los alimentos fritos.

Y en lugar de esperar a tener hambre, muchos simplemente comerán con más frecuencia.

Estos cambios no conscientes en el comportamiento alimentario a menudo dan como resultado un aumento de peso, lo que puede provocar problemas cardiacos a largo plazo y otros problemas de salud relacionados.

5. Relaciones

Hay algunas consecuencias de la pérdida del olfato en las que quizá no pienses de inmediato.

Tomemos, por ejemplo, el hecho de que una persona que no puede oler no podrá controlar su propio olor corporal. Esto puede ser una fuente de timidez e inseguridad en situaciones sociales.

olfato y gusto

Getty Images
Cuando no podemos oler los aromas de la comida es menos probable que tengamos hambre.

Varios estudios han demostrado que un sentido del olfato deficiente está relacionado con una reducción en las interacciones sociales, el número de amigos y el disfrute sexual reportados.

Esto último también podría estar relacionado con la pérdida de la capacidad de sentir el olor de una pareja.

6. Salud mental

Un tercio de las personas que buscan tratamiento para sus problemas de olfato informan haber experimentado una reducción en su calidad de vida y bienestar general, en comparación con su vida antes de tener estos problemas.

Es probable que esto se deba a una combinación de los factores descritos anteriormente.

Las personas con disfunción del olfato a menudo reportan síntomas de depresión, y no es raro que los relacionen con sus problemas de olfato.

Opciones de tratamiento

Lamentablemente, existen pocos tratamientos para las personas que experimentan disfunción del olfato.

Para los problemas de olfato inducidos por virus, el único tratamiento que tiene algún efecto demostrable es el entrenamiento del olfato.

Esto es un poco como la fisioterapia para la nariz y consiste en una terapia de exposición, en la que se le pide al paciente que huela una variedad de olores durante unos 20 minutos, cada mañana y tarde, durante un periodo de dos a tres meses.

Aunque los pacientes rara vez se recuperarán por completo, los estudios han demostrado que el entrenamiento del olfato mejora las funciones olfativas con el tiempo.

Dicho esto, la pandemia de COVID-19 ha dado impulso a la investigación olfatoria, y varios tratamientos nuevos e interesantes se encuentran actualmente en ensayos preclínicos.

Dentro de unos años, es posible que veamos una variedad de tratamientos novedosos para la disfunción del olfato.

Mientras tanto, ¿qué debes hacer si crees que tu sentido del olfato no es como debería ser?

Puedes comenzar a entrenarte con el olfato usando olores domésticos comunes. Si no ves una mejora notable después de seis semanas de entrenamiento, comunícate con tu médico para una evaluación.

*Johan N. Lundström es profesor asociado del Departamento de Neurociencia Clínica del Instituto Karolinska. Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión en inglés aquí.


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