El número mágico de la fertilidad femenina
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El número mágico de la fertilidad femenina

El ginecólogo Jasper Vergtus ha conseguido hallar una relación entre el número áureo y el aparato reproductor femenino
19 de agosto, 2012
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Un grupo de ginecólogos encontró una estrecha relación entre las dimensiones del útero de la mujer y su fertilidad: cuanto más se acerquen al llamado número áureo, más fértil será la mujer.

Los matemáticos, están familiarizados con la ley Fibonacci, una serie de números en la cual cada valor es el resultado de la suma de los dos números anteriores.

Esta ley está íntimamente relacionada con un número muy importante, ya que la relación entre cada número y su anterior tiende a ser 1,618, o lo que es lo mismo: el número áureo.

Esta “relación de oro” se usa para establecer las dimensiones que se cree son las más agradables para el ojo y aparece en infinidad de lugares tanto en la naturaleza como en el mundo del arte, especialmente en la pintura y la arquitectura.

Uno de los ejemplos más comunes es el llamado “rectángulo áureo”, una figura cuya longitud dividida entre su ancho es 1,618.

Pero ahora un grupo de médicos holandeses creen haber encontrado un lugar más donde se da esta relación áurea: dentro del cuerpo humano.

Según publica un artículo del diario The Guardian, el ginecólogo Jasper Vergtus, de la Universidad de Leuven en Bélgica, ha conseguido hallar una relación entre este mágico número y el aparato reproductor femenino.

Más “áureo”, más fértil

Los ginecólogos aseguran poder identificar si un útero está más o menos sano de acuerdo con sus dimensiones, pero Vergtus ha ido más allá y le ha dado un número a estas dimensiones, y lo ha relacionado con su fertilidad.

Durante los últimos meses Vergtus y su equipo han medido el útero de 5.000 mujeres usando ultrasonido, y han reflejado sus mediciones en una tabla, relacionando la edad de las mujeres con las dimensiones de su útero.

Según los datos recogido por el equipo la relación entre el largo y el ancho de los úteros de las mujeres era cercana a 2 en el momento del nacimiento e iba decreciendo a medida que aumentaba la edad.

En mujeres de edad avanzada la relación de acerca a 1,46.

Pero el descubrimiento importante llegó cuando Vergtus pudo confirmar que en el momento de mayor fertilidad femenina, entre las edades de 16 y 20 años, la relación se convierte en 1,6, una muy buena aproximación al número áureo.

Aunque el interés puramente científico de este descubrimiento no es tan grande, sí lo es el hecho de que refleja un lugar más en la naturaleza donde aparece esta relación mágica entre las dimensiones de

Un número mágico

Los expertos creen que varias proporciones del Partenón de atenas reflejan también el número áureo.

El número áureo ha fascinado a todo tipo de artistas y científicos desde hace cientos de años. Sumidos en la creencia de que esta relación tenía cualidades que la hacían agradable al ojo humano, muchos artistas basaron sus obras en este número mágico.

Platón, Kepler, el arquitecto suizo Le Corbusier y muchos otros creían en las cualidades superiores de esta relación y las aplicaron en varias de sus obras.

Expertos creen que la pirámide de Giza, en Egipto, tiene proporciones que la acercan al número áureo y muchas de las dimensiones del Partenón griego se cree se aproximan a 1,618.

Se especula que pintores como Dalí y músicos como Bártok usaron esta relación en sus obras.

Pero no solo en el arte aparece la relación dorada; en la naturaleza hace su aparición en lugares como plantas y las venas de sus hojas, o en las conchas de varios animales marinos.

En 2010 la prestigiosa revista Science publicó el descubrimiento de relaciones áureas entre partículas a nivel atómico, y muchos investigadores han sugerido la conexión entre el número de oro y el genoma humano.

Los astrónomos piensan que muchas galaxias están ordenadas según la proporción áurea, aunque después del descubrimiento de Vergtus parece que no hay que ir tan lejos para encontrar el número dorado; basta con mirar en el interior del cuerpo humano.

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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