El país más poderoso en los Juegos, ¿es el más poderoso del mundo?
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El país más poderoso en los Juegos, ¿es el más poderoso del mundo?

EU ratifica su posición como el país que más Juegos de verano ha ganado (16 de 27), China vuelve a conformarse con "la plata", como en Grecia ocho años atrás
14 de agosto, 2012
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El declive de una potencia, el surgimiento de otra.

Ese pensamiento volaba sobre el estadio de Pekín el 24 de agosto de 2008. Lo reproducían en sus reportajes algunos periodistas deportivos, lo multiplicaban en su mente miles de espectadores que observaban la ceremonia de unos Juegos que tenían a China por primera vez en su historia en lo alto del medallero.

Estados Unidos venía de tres Juegos Olímpicos coronados al hilo (Atlanta 1996, Sidney 2000 y Atenas 2004) y tras la caída de la Unión Soviética nadie parecía hacerle frente, tanto en los Juegos como en el mundo.

Pero Pekín 2008 había sido diseñado por China para mostrarle al planeta que un nuevo actor internacional había llegado. Por motivos muy similares había viajado Yang Liwei al espacio, cuando el gigante asiático puso su primer hombre en órbita cinco años antes de sus Juegos.

Londres 2012 era otro escenario. Era el encuentro de estos dos gigantes en terreno neutral. Con sus 104 medallas (46 de oro) en la capital británica, EU ratifica su posición como el país que más Juegos de verano ha ganado (16 de 27), China vuelve a conformarse con “la plata” (con 87 medallas, 38 de oro) como en Grecia ocho años atrás.

¿Pero una derrota estadounidense hubiese corroborado aquel pensamiento que sobrevolaba Pekín? ¿Dos derrotas consecutivas era la confirmación de un declive imparable? La Historia dice lo contrario.

Arriba las medallas, abajo el Muro

EU ha perdido antes dos Juegos Olímpicos consecutivos. En 1956 (Melbourne) y 1960 (Roma) quedaron por detrás de la Unión Soviética. Lo mismo volvió a ocurrir en 1972 (Munich) y 1976 (Montreal).

En los juegos canadienses incluso llegaron terceros por detrás de la extinta Alemania del Este y luego no viajaron a Moscú 1980 debido al boicot decretado por el presidente Jimmy Carter tras la invasión soviética a Afganistán de 1979.

Pero aunque Seúl 88 fue también para los atletas soviéticos, un año después cayó el Muro de Berlín, desapareció Alemania del Este y la bandera de la URSS nunca volvió a ondear en el mástil olímpico (15 de sus ex repúblicas participaron como “equipo unificado” y se ubicaron en lo más alto de Barcelona 1992).

Los estadounidenses, que desde la década del 70 se habían quedado atrás de su geoestratégico archirrival (exceptuando Los Ángeles 1984 que se disputó con boicot soviético), eran los ganadores indiscutibles de una competencia más mortífera: la Guerra Fría.

Como a comienzos del olimpismo moderno, la cima del medallero no parecía reflejar como un espejo el poderío a nivel mundial.

La localía no garantiza la victoria

Durante el final del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, naciones del Viejo Continente como Inglaterra, Francia y Alemania dominaban un planeta divido en metrópolis y periferias, es decir, grandes capitales mundiales y países colonizados.

Estas potencias se aniquilarían mutuamente en dos trágicas guerras mundiales, mientras Estados Unidos se consolidaba lenta pero irrevocablemente como el país más poderoso, subido a una nueva fase de industrialización que priorizaba la producción en cadena, la industria del automóvil y el desarrollo de nuevas tecnologías en los sectores químicos y eléctricos.

Pero durante sus años de esplendor, ingleses, franceses y alemanes solo pudieron ganar una Olimpíada cada una, todas en condición de local (París 1900, Londres 1908 y Berlín 1936). Los franceses ni siquiera pudieron repetir este logro en sus segundos juegos en 1924 ni los ingleses lo consiguieron en los suyos, 24 años después.

En épocas en donde no participaban más de 50 países en cada uno de los Juegos Olímpicos (recién en Londres 1948 fueron 59), la nación anfitriona contaba con una ventaja considerable, pero aun así, Estados Unidos se quedó con los juegos de Atenas 1896, Estocolmo 1912, París 1924, Ámsterdam 1928, Londres 1948; sumado a los dos Olímpicos que se jugaron en su territorio: San Luis 1912 y Los Ángeles 1932.

Considerando lo ocurrido en los primeros 50 años del olimpismo moderno, uno podría decir que los Juegos eran un evento que tenía lugar cada cuatro años en diferentes ciudades del mundo para que festejaran siempre –o casi siempre- los atletas estadounidenses, más allá de quién tuviera más colonias, cavara más trincheras o invadiera más vecinos.

Digno de Tolkien

No se puede negar que existe una relación entre el poderío político-económico y la cima del medallero. Cómo ignorar que la Unión Soviética comenzó su dominio olímpico en 1956 cuando era una potencia y China ha seguido sus pasos en la última década.

Ningún país “periférico” ha ocupado ese puesto y muy pocos han logrado llegar al podio (Rumania en Atlanta 1984 –cuando Rusia no viajó por boicot-, Bulgaria en Moscú 1980 –cuando el boicot fue estadounidense- y Australia en 1956 –cuando realizó sus propios Juegos, los únicos del hemisferio Sur hasta Río 2016-).

El caso más exitoso ha sido Hungría, con terceros lugares en Berlín 1936, Helsinski 1952 y México 1968.

Pero el dinero y el poder solos no hacen la felicidad olímpica, si no existe el interés del Estado –por motivos que pueden ir desde el orgullo deportivo hasta el nacionalismo desenfrenado- por invertir en sus atletas olímpicos.

Nuestro caso “fuera del molde”, Hungría, fue uno de los primeros países en el mundo en crear un comité olímpico. Lo hizo en 1895, un año antes que los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna moderna y mucho antes que sus vecinos (República Checa en 1899, Rumania en 1914, Polonia en 1918 y Bulgaria en 1923). Eso muestra un temprano interés por el olimpismo.

Solo tres países se habían anticipado en 1894 en la conformación de un organismo olímpico nacional: Grecia, que organizaría los primeros Juegos; Francia, que organizaría los segundos; y un país que crecía del otro lado del Atlántico, EU, que albergaría los terceros y que acaba de ganar los últimos.

El “Señor de los Anillos” ha vuelto, pero el duelo con China continuará en tierras brasileñas, más caliente que nunca.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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